30.6.09

SOBRE “ELOGIO DE OTRA VANA INVENCIÓN” DE CARLOS EDUARDO QUENAYA


Escribe: José Gabriel Valdivia

El primer libro de un poeta tiene sus marcados defectos y sus impactantes virtudes. Son pocos los extraordinarios primeros libros. El tiempo se encarga, muchos años después, de dar brillo a los mejores poemas que pasan a formar parte de las antologías personales, las obras completas o los corpus de una literatura nacional, continental o universal. La mayoría de los primeros libros rara vez alcanzan la unidad temática, la conjunción de formas con el decir y el sentir del yo poético, menos aún logran la uniformidad del lenguaje y la audacia de las figuras y las propuestas.

El poemario de Carlos Quenaya logra las mejores respuestas de aprobación ante las variadas inquisiciones que los lectores de poesía nos hacemos con los primeros libros. Uno, el tema: la propia poesía. Dos, el lenguaje: sobrio y diestro en el trato de la palabra, aunque no tan sólido en el tratamiento retórico.

Un epígrafe de ese gran poeta argentino, Roberto Juarroz, el de Poesía Vertical, abre el libro que contiene 25 poemas concisos, que con el mismo título circularon en versiones inéditas y lograron el segundo premio en un concurso de poesía, auspiciado por los estudiantes de Literatura de la Universidad de San Marcos, cuando Carlos Quenaya estudiaba Filosofía en la cuatricentenaria casa superior de estudios. Y nos llama la atención el pórtico de Juarroz, porque es una especie de lítotes del conjuro poético, situado entre el silencio y la palabra, y muy emparentado con el tema y las formas elegidas por Quenaya para su escritura poética. El texto se cierra con unas sentidas y precisas palabras —escritas en la contratapa— de Pedro Granados, poeta limeño ligado a la generación del ochenta.

La joven poesía arequipeña y peruana no esperaba este libro sugerente y equilibrado, adusto y comprometido con el clásico y renovado oficio del poeta. Nuestra tradición poética se ha ido consolidando a lo largo del siglo XX, hasta convertirse en una de las más importantes en el contexto hispanoamericano. La poética arequipeña se ha sumado a este concierto de la mejor poesía peruana con voces de las diversas generaciones en las que provisionalmente se ha organizado nuestro corpus literario. Con su primer libro, Carlos Quenaya se ubica con sobrado esfuerzo y marcada actitud poética entre los mejores trovadores que abren el siglo XXI.

Carlos Eduardo Quenaya.
Elogio de otra vana invención.
Lustra Editores. Lima-Perú. 2008. pp 44

27.6.09

«POSTALES» DE JOSÉ GABRIEL VALDIVIA: ARQUITECTURA MINIMALISTA Y FIJACIÓN DE LA MEMORIA


Escribe: Darwin Bedoya

0. Introducción:

La poesía, por su naturaleza de ser imagen, metáfora, silencio, música, por esa intrínseca naturaleza traslaticia que la constituye, en fin, por ser intuición del misterio, síntesis del lenguaje, connotación del sentido semántico y particular sintaxis de las ideas, es —más que una categoría— la potencialidad de hacer coherente lo irracional, y es que la poesía parte de lo más recóndito del ser humano y por esta razón medular, la poesía es relación entre el ser humano y la sucesión de los días que le ha tocado vivir, relación que puede ser aprehendida por todo aquel que se deje provocar por la sensibilidad. Quizás esto explique por qué en lo poético siempre sentimos que debe gravitar un ángel. La poesía, consustancialmente, trae consigo el hecho de ser; o sea, el sello de la existencia del ser humano, puesto que sin el ser humano todo no es más que nada, que por ser tal no se acepta a sí misma. Tal vez por ello en la vida de un hombre, el dolor es una de las experiencias más profundas en la que la voz se ahueca en sustantividad buscando la permanente evocación de la pena. «Postales» (Cascahuesos Editores, 2008, 81 pp.), de José Gabriel Valdivia[1] (Lima, 1958), nos presenta una marcada y sensible nostalgia, buscando así un consuelo sobrenatural, y en esa soledad en que se repliega se torna rendido, con la sensación del abandono y el aislamiento. Es con los temas de la muerte, la memoria y el amor que se abre y se desarrollan estas páginas, esta avanzada hacia el centro de la poesía y, como es natural, se impone la idea de la desolación, omnipresente. Ése es el tono que JGV le da a este su nuevo libro.

Uno de los poemas de William Wordsworth, refiriéndose al recuerdo, empieza así: Aunque ya nada pueda devolver la hora / del esplendor en la hierba y de gloria / en las flores no hay que afligirse porque / la belleza perdura siempre en el recuerdo. El recuerdo como imagen presente en la poesía, —primera fijación de la memoria— esa será la ruta de los textos que esta vez alcanzarán perdurabilidad en estas postales que se envían desde Arequipa. «Rondas infantiles», la primera parte de «Postales», es esencialmente el dolor por el ser amado que se ha llevado la muerte. Es lógico que con estos textos quiera traspasarse al lector ese padecimiento indecible e imposible por la muerte de un ser querido. Esta muerte precipita al autor en un proceso de desgarro y depuración, y de muerte propia. Quien ha perdido un hijo o un nieto o un hermano, sabe que uno debe morir en el proceso de duelo, si es que quiere vivir después de la desesperación. JGV desciende a los umbrales de la más intensa angustia, una especie de infierno, estancia donde se ve alumbrado por el recuerdo, como antes hicieran otros poetas y héroes con sus seres queridos (Orfeo, Dante, Novalis, Nervo). Los versos de estos textos breves se confunden con cenizas y brasas del dolor y del fuego de la eternidad, desde el dolor vivido a fondo, no escamoteado detrás de lugares comunes y fáciles consuelos. Todo ese proceso permitirá al autor de «Postales» atravesar el río de sus propias lágrimas, para poder decir ya en la otra orilla: Hoy es domingo Ningún alga en el agua asoma Ninguna ola este invierno crece Pero en todos los horizontes inocencia de garúa tu lengua ríe y como un nudo en la rama brotas de mi sangre: me sobrevives. (Carta a Trilce p. 23). Para acceder a las claves de ese silencio interminable, aquí el poeta tuvo que pasar por los gemidos del duelo, sin los cuales estos versos esperanzadores serían un abismo de la más pura retórica. Leamos por ejemplo estas líneas: Si tu horizonte en una llaga se consume o las cenizas de una sonrisa llora ese cielo de hierbas No pierdas el sentido de lo que vive y no ha muerto todavía Tampoco olvides el tiempo perdido por tus padres en amarse a solas i escondidas. (Rondas infantiles, vena mía, p. 21). Ungaretti terminaba un poema de este modo: Si se enfrenta a tu suerte una mano, / la otra, de pronto, te asegura/ que puedes aferrarte solo / a restos de recuerdos. El recuerdo como epicentro y fijación de la memoria en la poesía.

Las cuatro partes restantes que conforman el libro siguen desarrollando la misma estela de angustia y ternura que envuelven al poeta. Esta su obra presenta secuencias que sellan y varían las diferentes formas de desgarro de un hombre, y las de él como poeta. «Rondas infantiles» es el dolor y la nostalgia, «Homínicas» marca el peso y la visión de la condición humana, la violencia, la visión de un sentimiento del tiempo que refleja la aflicción y la madurez. «Ecológicas» es la contemplación y preocupación de la naturaleza. «Madrigales» es la visión del poeta y la fijación de una columna de sentimientos, los recuerdos inmarcesibles que son poblados por los días idos. Finalmente «Coplas», es una revisión del drama del mundo. Las cinco partes constituyen un itinerario coherente y compacto que tienden a configurar la expresión de la subjetividad del poeta, y que el lector puede compartir por la desnudez del lenguaje que trasmite sus experiencias de humano, de exilado en su interior, de ciudadano, de padre, de hombre. Todo el libro es, finalmente, la fijación de la memoria erigida desde el instante mismo y la extensión de brevedad del poema, en una firme concisión y laconicidad de lo que son realmente las postales.

1. Arquitectura minimalista:

«Menos es más» fue la frase pronunciada por el arquitecto alemán Mies van der Rohe, pionero de la arquitectura moderna junto con Walter Gropius y Le Corbusier, quien así definía la base de su programa arquitectónico racionalista, depurado y despojado de excesivos elementos símbólicos y decorativos. Buscaban así la brevedad como núcleo de su propuesta estética. En la misma línea, Italo Calvino en su serie de conferencias tituladas «Seis propuestas para el próximo milenio», en uno de sus parágrafos dice: «Sueño con inmensas cosmogonías, sagas y epopeyas encerradas en las dimensiones de un epigrama.» Desde esta óptica, por cierto bastante compartida en las interpretaciones de la modernidad atemperada, vemos estos versos que se vinculan inclusive con lo que Ezra Pound dijera en sus postulados sobre el imaginismo, pues desde ese día logró metodificar lo que son hoy, sin duda, las bases de la poesía contemporánea[2]. Pound llevó adelante estos postulados utilizando una persona o máscara que le permitió establecer una distancia entre el objeto y la subjetividad, la que de todos modos estará siempre presente en el poema. Este elemento formal es de un valor inestimable en los versos que se puedan elaborar a partir de una primera persona: Recostado en tu vientre escucho el girar del universo como un sollozo de niebla en el patio Y cuando oigo el murmullo primitivo de tu leche por las rutas del Sol y la sangre Me alegro hasta los cabellos Y tengo ganas de ser bueno hasta los zapatos pero me crece el corazón como una nebulosa en el pecho. (Rondas infantiles, Mamapacha p. 31). Literatura instantánea. Pensamiento profundo en tres o cuatro versos. Línea perspicaz, cinco o diez palabras. Desarrollo de temas, un verbo, un nombre, pocos adjetivos y punch-line. Esta es la razón de la arquitectura minimalista. Las piezas en su lugar para armar un todo que se basa en la forma breve. Sagas y epopeyas encerradas en las dimensiones de una agudeza poética. He aquí el mejor ejemplo en que «flujo constante», «placer del ritmo», «lo efímero en la eternidad», «intercambio aclimatador» y «dilución de culturemas» tanto como de la «exigencia de autenticidad» y, sobre todo, «detención del tiempo vertiginoso», se cristalizan en un producto de auténticas características que apuntan al «neokitsch y la posvanguardia», tanto en forma como en contenido; este es el poema que se ha construido bajo los designios de una arquitectura minimalista.

Esta es también una de las peculiaridades de la poesía de JGV que parte desde su primer libro «Grafía» (1984) y continúa con «Versolínea» (1985), todo ello es sin duda el reflejo del arte de la brevedad, ese minimalismo que configura sus poemas hasta este su reciente poemario. En estas postales hay una arquitectura que se erige bajo el presupuesto de un lenguaje prosaico, el cual va ordenando las imágenes hasta convertirse finalmente en una ¿postal/poema? Esta brevedad nos recuerda la simetría y relampagueo que viene desde la rupestricidad de «Lascaux», allí se redujo toda la historia a un búfalo sobre la pared de una cueva, o como en Picasso la Paz no fue más que una Paloma de un único trazo. Por otro lado, alguna milenaria y oscura pasión lleva todavía a los japoneses a lograr dibujos de un sólo trazo. El minimalismo (haikus, epigramas, aforismos, micropoesia, microcuentos) tiene la edad de la humanidad. Este es el espacio de lo «bastante en casi un abrir y cerrar de ojos», pero tan imperecedero como los trabajos de los haikus de Issa Kobayashi, Matsuo Bashoo, Soguetsu Ni, Jack Kerouac, Borges; los Aforimos de Nietzsche, los «Artefactos» de Parra, los «Desconciertos» de Julio Cesar López, el «Archivo de cuentas» de Jan Martínez, versos de los «Ecos escondidos» de Renán Liseens, los poemas de «Epigramas» de Antonny Seupault, las «Greguerías» de Ramón Gómez de la Serna, la poesía del «Rincón de haikus» del físicamente extinto Mario Benedetti, los «Habitantes de las islas encantadas» de Herman Melville o las «43 historias de amor» de Wolf Wondratscheck, el ineludible caso de «La oveja negra y demás fábulas» de Augusto Monterroso, inclusive la prosa poética del «Confabulario personal» de Juan José Arreola, casi como si fuesen una epístola, un respiro/side-story/entremés/filler/. Brevedad, elipsis, al fin y al cabo.

Wittgenstein decía en uno de sus aforismos que: «En el arte es difícil decir algo que sea tan bueno como no decir nada.» En todo caso «Arte» y «Difícil» son palabras claves para entender lo que aquí quería decir Wittgenstein. La poética minimalista de JGV se encuentra, como ya mencioné, implícita en la tendencia de lo concreto y breve, sin duda este reciente texto suyo es el rigor de la brevedad. Hay una serie de bifurcaciones en el desarrollo de toda poética, ya que la obra de un escritor, especialmente si se trata de un escritor posmoderno, tiende a ser contradictoria, no responde siempre a un principio regente, sino que se mueve entre varios géneros[3], entre varios fragmentos, entre varios principios. ¿Qué hacer entonces ante esta nebulosa? La poética no intenta someter al texto a una serie de valores únicos e inamovibles. Por el contrario, la poética tiene la obligación de contemplar la variabilidad, el movimiento perpetuo, y tratar de formular principios que se adapten a esa volubilidad, a ese movimiento. ¿Hay una estética del fragmento en la poesía de JGV? En mi lectura/interpretación, los textos/mail de «Postales» en realidad apuntan hacia una poética del instante, una captura de la imagen como una fotografía, que en el fondo es de un significado tumultuoso que se va estructurando en verso y verso prosaico, lo cual basta y sobra para decir lo que uno tenía que decir. Pero en esta combinación también se pude decir que son microhistorias, epístolas, misivas; es decir una combinación de géneros que tiene un único objetivo: capturar en un instante la eternidad. El poema/postal como el espacio más reducido en el que se puede significar algo, con el que podemos crear, comunicar, decir. El poema/postal como la reducción mayor de una expresión significativa. La mínima expresión de un significado complejo. La expresión máxima de un minimalismo[4] serio e intenso. ¿Una estética del fragmento puede ser equivalente a una estética del minimalismo? Una cosa es trabajar con ciertos presupuestos como podrían ser los del minimalismo, como podrían ser los del fragmento en sí. El minimalismo puede que contenga el fragmento. Lo que no creo es que una obra, o una pieza fragmentaria, tengan que ser minimalistas necesariamente. Cuatro son, en resumen, los criterios que nos permitirán conocer las múltiples manifestaciones del minimalismo y en la poesía de este orden: a) Brevedad, (Casi emparentada con el espíritu del haiku japonés: Por más agua que la roce / bien sabe la rosa / que en florero no crece. Égloga, 1 p. 53); b) Autosuficiencia semántica, (entre dos orillas bala el río/entre cuatro muros corre el hombre. Ecológicas, 2, p. 49); c) Fijación-reproducción (La lluvia es un rezo / el bosque tu risa / un sollozo el desierto. Ecológicas, 3, p. 49); d) Función de tendencias metafórica-lúdica (Ah la ceguera terca i ufana que colorea ídolos clones dígitos polímeros o teorías de la ausencia el milagro o la vigilia. Episteme, p. 79). Esta es la velocidad elíptica de la poesía de JGV.

2. Fijación de la memoria:

La metafísica del arte, que declaró el mismo Nietzsche o la idea que encierran las palabras de Hegel, con las que clausura el texto «Problemas de la lírica» cuando señala que: «La vida del espíritu no es la vida que se espanta de la muerte y que se mantiene pura ante la desolación, sino la que soporta la muerte y se conserva en ella.» En «Postales» el sujeto poético contempla desde la desolación las formas de la muerte y las hace poesía: los pájaros pían sobre las tumbas sin nombre y gotas de lluvia destapan los ojos desenterrados de los inocentes, (Homínicas, 6, p. 43), la muerte se descubre en un andar poético de palabras vivas y efímeras. El poema/postal permite la espontaneidad y la emotividad. Estos versos son una presencia discreta pero ineludible. Las palabras que erigen esta poesía son vocablos tomados de un diccionario de la nostalgia que el autor de «Postales» ha inventado. Aminoran la pesadez de los intensos trayectos en las ciudades de nuestro siglo. El yo poético parte hacia un éxtasis donde se descabella y empiezan las palabras. Gottfried Benn escribió: «Probablemente el Yo lírico ha surgido de dos formas, la explosión y el recogimiento; una es brutal y una es tranquila y ambas conocen el método de la ebriedad: se cae en lo insondable, exangüe, y después sobrevienen los ímpetus con las pruebas de la visión». La poesía que parte del recogimiento es el grito modulado del hombre en su largo camino hacia el silencio. Es la manifestación de su impotencia para mantenerse en el silencio primordial de las cosas. El secreto de la poesía es que no tiene secreto, que está todo ahí, frente a nosotros, que lo que nos muestra como restitución final es lo que perdimos al inicio de nuestro viaje, lo que ya teníamos. No aprendemos, recordamos: La mano se deshace en otra mano igual o parecida y el universo enciende su cárdena pupila La mano que se arranca o se extiende como la hierba crecida en lo más contaminado de la Tierra. (2, Reencuentro. p. 63) Un recuerdo que no es solo el del idealismo platónico, sino el de las experiencias primeras que constituyen los fundamentos que arrinconamos en nuestras trayectorias vitales. Ese hondón del alma, esa unidad ancestral, esa riqueza espiritual de la palabra es lo que Benn, por diferentes caminos —incluido el examen de las drogas alucinógenas— trata de demostrar en sus ensayos. Benn entendió que el poeta moderno debe ser enciclopédico y que todo saber —incluso alguna banalidad— conduce a la búsqueda del poema, que es heredero y emisario de una espiritualidad —sin Dios— absoluta y total, como lo demuestra aquí JGV.

En un pasaje paratextual, el autor escribe: Pájaros revolotean sobre las tumbas / como ángeles o ramos de lluvia / para refrescar sus huesos. (Rondas infantiles, p. 27.) El «desde ahora y para siempre» de la muerte, empozado en vida, encuentra su antesala más palpable en la melancolía. Lo imposible de reponerse o restaurarse, digamos lo irremediable, se exhibe en aquélla como en un simulacro. Muerte en vida, le llaman algunos. Yo prefiero acuñarla como trampa salvadora. Porque nos induce al curso inverso de acción: incómodos ante la terminalidad de lo concluso, nos obliga a vivir bajo la premura de lo transitorio. O para ser más precisos: es la estela de la muerte la que en la melancolía se transforma en fuerza para no retenernos en nada. Así hablamos entonces del más posesivo de los desposeimientos. Urgido por su provisionalidad insoslayable, el hombre es el mejor heredero del hombre, con la melancolía como fundamento dinámico de su quehacer: Cuando pienso entristezco Como si pensara en la patria o en los muertos Como si entristeciera tu piel o la esperanza Muchacha Lejana. (Homínicas, 0, p. 39) En cada época histórica, nos han enseñado, se «exige nuevas formas de entender la melancolía»: ya sea como «tangibilidad de lo precario» según Burton o, también, más próxima a nosotros, como condición de posibilidad de lo humano de acuerdo a Ricoeur, al no ser acometible la existencia sino por «comunión con cierta esfera de lo desamparante». Lejos, pues, de ser pasto de miserias, la melancolía, como muchos han reconocido, brinda al hombre su estocada liberadora. Kierkegaard estaba en lo cierto al afirmar que la filosofía era heredera de la desesperación, no de la perplejidad. Y Hölderlin, cuando encaró su propia orfandad con aquellos hermosos versos que rezan «donde crece el peligro crece lo que salva», adivinó que lo frágil puede ser el salvoconducto fortalecedor de la persona, el germen al que precisa acudir para tomar posesión de sí. He ahí la misteriosa cara y cruz de la melancolía: un voto de confianza en un porvenir a culminar, promesa de una eternidad donde nada nos privará de ser aquello que fuimos: Si mi cuerpo no tuviera ternura ni consuelo Te tendría a ti Y si pierdo el tiempo el mundo o el sueño En el corazón de un no nacido Sé que no te perdería Pero al sentir que no te tengo y saber que te pierdo Me confortan estas ganas de tenerte o perderte en unas líneas electrónicas para siempre. (Mail d’amourt p. 69). El interés de JGV por lo breve tiene también su origen en la búsqueda vanguardista por la concretización y primacía de la imagen, por la fijación del instante lírico en un trazo verbal relampagueante. Empero, esta fijación se construye desde un suceso que marca al poeta y desde ese momento eterno nace la poesía, el verso como un cielo azul. Entonces comienza un andar en los vocablos, un recorrido que después también exigirá un presentido retorno al encuentro de su origen.

Ese camino de improbable regreso, del signo a la cosa significada, la fijación de la memoria se ha convertido paradójicamente, en una exploración de los límites de la palabra y su consiguiente problema: su referencia. En unidad contradictoria que no busca solución, la mirada de JGV se sostiene inmutable como un nudo, como el abrazo de Orfeo, el abrazo del silencio y el vacío. La relación con la realidad se desplaza de la representación referencial del realismo, a una suerte de imposición directa, donde el espacio se vuelve tiempo, queriendo vencer esa última alienación del hombre. En «Madrigales» dirá: He intentado retenerte en mis manos que escuchan las flores caer En tus senos que miran la lluvia caer En sus labios que prensan las palabras caer Y nunca las flores la lluvia las palabras se han contenido en el aire Se han confundido en el cielo. (Caída libre, p. 67). La sublime idea del ars longa, vita brevis recobra su valor existencial en el discurso de la totalidad intangible. La narración, la descripción y la fabulación se dan cita, aquí y ahora, desplegando la emoción de una belleza incólume y abren campos de pensamiento que no parecen tener horizonte inmediato, sino por la energía del deseo y por la búsqueda de una palabra lanzada a un receptor o dios que ha abandonado el mundo. Uno de los aspectos sobresalientes del arte contemporáneo, como mencioné líneas arriba, es la hibridación de los géneros que se sostiene en un proceso de continua experimentación y que lleva a redefinir las prácticas artísticas como prácticas contaminadas y contaminantes. La hibridación supone que ningún lenguaje o disciplina se encuentra ya en estado puro, sino sometida a una serie de cruces y desplazamientos de fronteras que provoca un desmontaje de todas las categorías tradicionales y la aparición de nuevas formas de producción. Los procesos creativos se nutren de una multiplicidad de recursos y lenguajes en una dinámica de contaminación permanente: Las crines erizadas como toques de queda / los pelambres oxidados en cercos eléctricos / los plumajes encanecidos en aleteos insomnes / las pupilas descoloridas de mis nobles animales. (Zoológico park, p. 55). Verso, prosa, descripción, carta, msn, parábola, fábula, poema, postal, narración versada. Lirismo humano, cercano a los fragmentos líricos de «Platero y yo de Juan Ramón Jiménez. Fusión. «Contaminar» es quebrar los límites disciplinares para dar origen a formas artísticas inéditas e inclasificables; y cada uno de estos productos es al mismo tiempo contaminante, es decir, capaz de encerrar en sí mismo un germen de contaminación transmisible. Lejos de una simple postal. Esta fusión es un acto de contemplación urgido por la secuencia, por el efecto dominó y vertiginoso que mueve al mundo, es un espacio enfrentado a la velocidad: el imposible cronotopo de nuestra época. Velocidad elíptica y haz de luz.

3. Coda:

El lector sentirá esta poesía como un testimonio: el de un hombre y el de un poeta, como lo que siempre disntinguió a la poesía desde sus orígenes. Criterios estéticos, ficción, ciencia, poesía. Solamente poesía con el espíritu de siempre[5]. JGV es un poeta interesado especialmente en la exploración del lenguaje poético como defensa de la libertad creadora y como resistencia ante la realidad. En su poesía podemos rastrear desde el influjo de la poesía vanguardista, hasta los maestros Pound, Eliot, Kavafis, Ungaretti, Pessoa, pasando por Vallejo, Neruda, Westphalen, Moro, etc. JGV obtiene en este libro, la tierra de la palabra precisa y el poema breve. Sin embargo en la serie repetible de palabras, sobresale un diafragma entre la historia del verso y la historia de la palabra para plegarse en el mismo grito, para sublimarse en la misma epifanía de memoria, de nombres, de la eternidad del instante en una estructura minimalista que es en realidad el espíritu del texto. Aventuro aquí una posible lectura de estos versos: el poeta habla consigo mismo. Frente a la noche vasta que lo rodea, a cuyo misterio se abren con atento fervor estos breves poemas como ventanas al cosmos, la noche interior de las vivencias y los recuerdos como una cárcel, un ámbito que lo limita y lo ilumina en esa noche estrellada que es siempre una invitación a salir de nosotros mismos y entablar un diálogo con lo desconocido: Un haz de luz plagia el universo sonroja las cortezas del planeta cubre tu rostro de cables y te arropa de pesadillas bajo tierra. (Laseración p. 75) El estilo sigue buscando nuevas posibilidades y medidas que adoptan la sutileza de las imágenes ya experimentadas por el poeta y heredados de la tradición poética peruana, y con la mirada atenta del poeta sobre sí mismo y sobre los hombres con melancólica e irónica sabiduría. En la lengua, en la sintaxis, en la elección de las soluciones rítmicas y en la formulación de los instantes esta actitud de meditación de la memoria se traduce en un canto terso y sostenido donde, ya dueño de la palabra, se permite las divagaciones más atrevidas, y las invenciones más gráciles y notorias. Su canto aquilatado por la experiencia se hace extenso, liberando a la palabra del peso contingente y reconduciéndola a una inocencia primordialmente mítica e iluminadora. JGV también ha publicado los poemarios: «Grafía» (1984), «Versolínea» (1985), «Al filo de la gravedad» (1986), «Flor de cactus y otras espinas» (1987) y «Funesta Trova» (2003). Pasar por alto este nuevo libro sería un tremendo error.

[1] José Gabriel Valdivia, junto con Leandro Medina, Oswaldo Chanove, Alonso Ruiz Rosas, Rolando Luque, Odi Gonzáles, entre otros, entonaron un nuevo canto en la poesía arequipeña de los años 80’. Sin duda, estamos hablando de una de las más prolíficas décadas de la poesía contemporánea del sur del Perú, pues fueron ellos quienes aportaron un conjunto de textos considerables para la literatura peruana. Dentro de este grupo, Valdivia tal vez sea uno de los que más ha destacado, no sólo por demostrar su destreza en el uso del lenguaje, sino también por el esfuerzo que supone darle continuidad a la labor del ejercicio poético.

[2] Los postulados del Imaginismo reposaban esencialmente en la técnica, en la forma, un tanto más que en la elección y trabajo con los temas. El imaginista está a la búsqueda continua de la palabra exacta, amén de la claridad y la concentración en la expresión. Hay una consonancia con los conceptos usados por Pound en su estudio fanopoeia (imagen), melopoeia (experiencia-lenguaje) y logopoeia (intelecto-idea). Sin embargo todo este espíritu descansaba por el rigor de la brevedad en el poema, un minimalismo rotundo diríamos ahora.

[3] La teoría moderna de los géneros, según Wellek y Warren, no dicta reglas a los autores, pues supone que los géneros pueden mezclarse para producir uno completamente nuevo. En suma, una obra literaria no es nunca pura, siempre está influida por otras y lo mismo vale para un género, pudiendo formarse él a partir de las influencias de uno en otro. Los géneros literarios no se cierran en un número inmutable y fijo: hay tantos como perspectivas de formulación para el fenómeno literario en combinación con la conciencia del escritor, la percepción del lector y los condicionamientos de un momento histórico y cultural determinado.

[4] El minimalismo como arte es una simplificación de las formas y una reducción del tamaño, en aras de una profundidad mayor, de una crítica implícita de la forma a través de prescindir precisamente de la parafernalia y la anécdota. Se torna así en una búsqueda intensa de la forma, que en su apariencia reducida o minimizada, resume la esencia de la proposición formal de la obra de arte.

[5] Como la vez que le preguntaron a Borges: ¿Qué es un objeto poético? Él, atendiendo a esta pregunta contestó: un objeto poético es todo aquello en lo que encuentra lo que espera encontrar en la poesía. Así, la emoción estética que produce una ecuación y su desarrollo no necesita más explicaciones para considerarse poesía. Tanto son hitos de la poética universal las obras completas de José Ángel Valente o César Vallejo, junto con ellos toda la poética vanguardista, como la «Teoría de la Relatividad» de Einstein, el «Tractatus Logico Philosophicus» de Wittgenstein, o el «Cántico Espiritual» de San Juan de la Cruz. Sin duda, muchos pensamos que algún día se leerá a Einstein o a Wittgenstein de la misma manera que hoy leemos a Homero, Dante, Lucrecio, Catulo, Marcial o como a San Juan de la Cruz: pura poesía.

BIBLIOGRAFÍA:

BENN, G.: El yo moderno y otros ensayos, España, Editorial Pretextos, 1999.
CÁCERES C., T.: Antología de la poesía arequipeña, 1950-2000, Arequipa, Editorial UNSA, 2007.
CALVINO, I.: Seis propuestas para el próximo milenio. España, Editorial Siruela, 2007.
CORNEJO P., J.: La poesía en Arequipa en el siglo veinte, Arequipa, ediciones de la pacpaquería, 1990.
NÚÑEZ R., R.: La poesía, Madrid, Editorial Síntesis, 1992.
SONTAG, S.: Contra la interpretación, España, Editorial Seix Barral, 1966.

26.6.09

WITOLD GOMBROWICZ Y FRANCESCO CATALUCCIO


Escribe: Juan Carlos Gómez

Las ideas dominantes que sedujeron al Cagamármoles para analizar el mundo de Gombrowicz fueron la juventud y la inmadurez, pero debido a su formación especialmente científica le interesaron más que los aspectos poéticos y metafísicos de estas ideas, los aspectos sociales sobre los cuales Gombrowicz también había hecho algunas reflexiones.

Las revoluciones son desencadenamientos sociales transformadores que realiza el pueblo y que por eso llegan a ser fuertes y espontáneos. Después de las primeras convulsiones vienen los razonamientos y los discursos con una avalancha de fórmulas prefabricadas, y este segundo momento de la revolución falsifica su autenticidad y debilitaba la energía del movimiento original. Este es más o menos el pensamiento de Gombrowicz.

Por tal razón consideró a los acontecimientos de mayo del 68 ocurridos en Francia como una derivación peligrosa de un aspecto de la cultura europea: la mistificación de las relaciones de los jóvenes con los adultos, y esta mistificación le parece peligrosa porque el adulto se estaba comportando como si tuviera miedo, perdiendo el control sobre la juventud porque no quiere hacer uso de su autoridad. El inmaduro, tentado a desempeñar un papel para el que no está preparado, actúa como revolucionario y como profeta de lo que resulta un teatro verdaderamente cómico y ridículo. Gombrowicz está seguro de que los jóvenes franceses eran víctimas de una deformación parecida a la que experimentaban los dos estudiantes polacos que entablan un duelo de muecas en uno de los capítulos de “Ferdydurke”. Uno de los estudiantes ensaya las muecas de un alma noble y el otro las de un alma vulgar, los dos están enmascarados, y si bien toman posiciones antitéticas, ambos caen en la vulgaridad y el anacronismo.

La juventud se comporta en forma salvajemente espontánea y es inferior al adulto en todo aquello que tenga un valor social. Débil e indolente frente al maduro es superior en un solo aspecto: en el de la propia juventud que es un valor en sí mismo, un valor cruel que destruye a los otros valores. Sin embargo, la juventud no quiere perdurar, quiere deshacerse de su falta de madurez lo más pronto que le sea posible, pero esta falta de madurez es, justamente, lo que fascina a los maduros. Dos adultos mirones y lascivos se desvelan por excitar a dos adolescentes en “Pornografía”, pero la fascinación que suscitan entre ellos los hace sentir inferiores. Esta superioridad del inmaduro sobre el adulto es la que legítimamente puede ejercer el joven, no la de las ideologías y las revoluciones, tan sólo muecas que encierran al joven en una inmadurez vulgar e inferior.

El hombre maduro de hoy siente que su etilo ha envejecido, desarmado frente al inmaduro como está le encarga a los especialistas que busquen en los movimientos de la juventud la mayor cantidad de problemas profundos para que los intelectuales puedan filosofar, se comportaron como sanguijuelas y le chuparon la sangre a los estudiantes de los acontecimientos de mayo. El acercamiento entre las generaciones está dominado en la actualidad por una retórica estúpida, una especie de revolución artificial que puede falsificar a la larga esta relación decisiva.

El problema que tiene el joven para situarse correctamente en la relación con el adulto es relativamente fácil de resolver, sólo necesita que el adulto le enseñe a ser maduro porque eso es, precisamente lo que quiere ser.

Para el adulto las cosas son bastante más complicadas porque quiere ser maduro pero también quiere ser inmaduro. Tiene sed de ligereza, de ausencia de responsabilidad y también de tontería. El joven no busca el poder que tiene el adulto, sabe que todavía es tonto, y si no lo sabe es más tonto todavía.

La vieja visión del mundo que descansaba en la autoridad, sobre todo la de la Iglesia, estaba siendo remplazada por otra, en la que cada uno tenía que pensar el mundo y la vida por cuenta propia, porque ya no existía la vieja autoridad.

El mundo del pensamiento empezó a caracterizarse por una extraordinaria ingenuidad, a la que animaba una juventud sorprendente, los intelectuales nos exhortaban a que pensáramos nosotros mismos, con nuestra propia cabeza.

Las ideas podían tener un salvoconducto si se las comprendía personalmente, y no sólo eso, teníamos que experimentarlas en nuestra vida, había que tomarlas en serio y alimentarlas con nuestra propia sangre.

El aumento de este exceso de responsabilidad tuvo consecuencias paradójicas: el conocimiento y la verdad dejaron de ser la preocupación principal del intelectual, una preocupación que fue remplazada por otra, por la preocupación de que descubrieran su ignorancia.

Después de este juego histórico ocurrido en la Francia de Charles de Gaulle Gombrowicz sigue tomando partido por el mundo mágico de la juventud, ése que busca un lugar junto al mundo racional.

La juventud era un estadio de la vida que le resultaba más familiar que la condición sofisticada de la madurez. Gombrowicz no quería ocupar su lugar de adulto en la sociedad y anduvo siempre conspirando aliándose con otros elementos, ambientes y fases del desarrollo.

En el tiempo que intentaba publicar las cartas que me había escrito Gombrowicz le escribí a Gabriella D’Ina de “Giangiacomo Feltrinelli”. Gabriella me respondió que la evaluación editorial de mi propuesta se la había pasado a Francesco Cataluccio.

Enseguida supe que estaba perdido, el Cagamármoles había convencido a la Vaca Sagrada de publicar “Curso de filosofía en seis horas y cuarto”. Me quedé esperando el ruido del trueno después de haber visto la luz del rayo. Y así fue.

“[…] Cataluccio le escribirá personalmente porque existen problemas (¿con los herederos?, ¿con la mujer?), para la publicación. Te he hecho mandar “Una giovinezza in Polonia”.

El Cagamármoles se estaba transformando en un demonólogo del infantilismo, una especialización que hizo desembocar en una obra a la que dio en llamar “Inmadurez. La enfermedad de nuestro tiempo”, un libro que dio la vuelta al mundo. Sea por la inmadurez, sea porque igual que Gombrowicz estaba subyugado por la filosofía, la cuestión es que el Cagamármoles se convirtió en el campeón de los gombrowiczidas italianos, en un asesor filosófico de la Vaca Sagrada, y en un personaje que le sacó bastante jugo a las ideas de la juventud y la inmadurez.

Estaba convencido de que entre las numerosas enfermedades del siglo XX, la inmadurez se había extendido velozmente como un virus hasta convertirse, en la segunda mitad del siglo, en un auténtico fenómeno de masas. Año tras año, el culto a la infancia se ha transformado y radicalizado: hoy los adultos se ven empujados de forma creciente a conservar, por todos los medios, su juventud, a pensar como un joven, a comportarse, a vestirse, incluso a jugar como niños. El niño se ha impuesto como paradigma de un ser ideal, y volver a serlo o seguirlo siendo parece ser ahora el destino de nuestra civilización. Este libro es una reconstrucción histórica —a través del análisis de novelas, poemas, pinturas, películas, ensayos de psicología, filosofía y sociología— de la difusión, en el siglo XX, de la voluntad de no crecer.

Una actitud que tiene sus orígenes en una cultura que, fuertemente influida por la religión del Hijo (el cristianismo), ha impuesto a la cultura occidental una visión de la infancia como bien, inocencia, belleza y felicidad. El psicoanálisis y Peter Pan, a principios del siglo pasado, pusieron en entredicho esta visión, junto con la crisis de la figura del Padre. La inmadurez es entonces para el Cagamármoles la causa de la decadencia del mundo occidental y del nacimiento de los totalitarismos.

“[…] ‘Peter Pan’ fue reescrito por lo menos dos veces en el siglo XX. La primera en 1937 por el polaco Witold Gombrowicz, en su novela “Ferdydurke”; y la segunda en 1959, por el escritor alemán Günter Grass, en “El tambor de hojalata”. Son dos versiones de Peter Pan, dos destinos diferentes […]”.

“En cada una de estas novelas se perfilan rumbos distintos, itinerarios diferentes para los Peter Pan. La bondad que le adjudica Gombrowicz contrasta con la maldad que le endosa Grass al niño protagonista de su novela. Si en un caso la juventud se presenta como promesa en la otra se la postula como problema”.

“En la novela de Gombrowicz el protagonista es un adulto que, al igual que el Gregorio Samsa de Kafka, por un extraño hechizo, una mañana se sorprende haciendo el papel del pavo, degradado a la condición de adolescente”.

“Pero a la confusión original le sucederá un estado de plenitud. Al fin y al cabo no se la pasa tan mal siendo un niño. Se tiene el privilegio de la verdad y no hay que rendirle cuentas a nadie por ello […]”.

“La vida es un divertimento donde la trasgresión a las reglas del mundo de los adultos, carga con el consuelo de que se trata de una etapa que, tarde o temprano, va a pasar”.

“En cambio, Oskar, el protagonista de “El tambor de hojalata”, es un niño que vive con vergüenza el mundo de los adultos. Alguien que se atrevió a pispiar el mundo mediocre de los padres y decidió no crecer más. Se convirtió en una freeki a los 3 años de edad, un enanito monstruoso que se la pasa taladrando el tímpano de los mayores con el repiqueteo de su tambor y los gritos distorsionados que pegaba”.

“La juventud es ambivalente. La inocencia puede asumir formas distintas, descabellar experiencias muy diferentes entre sí. En los dos casos la juventud es algo más que una estética, es una manera de habitar la sociedad […]”.

“En el primer caso la juventud se vuelve una idea positiva, está relacionada —como sostenía Nietzsche en “Las tres transformaciones” del Zarathustra— al santo decir sí del niño, la juventud es la oportunidad de poner a la voluntad en el centro de la escena, una voluntad que apunta a la creación, que lucha para conquistar su mundo; para Günter Grass, por el contrario, la juventud está vinculada a experiencias negativas, autodestructivas, que socavan las bases de cualquier sociabilidad, que no tardará en volverse contra su mundo”.

A mí se me había formado la idea de que una persona tan lúcida como el Cagamármoles me iba a ayudar a publicar las cartas de Gombrowicz en Feltrinelli venciendo la resistencia de la Vaca Sagrada, pero en vez de ayudarla a realizar una empresa tan noble la ayudó a cometer un desatino.

Gombrowicz se fue a la tumba sin saber que se publicaría un libro con unos textos suyos que no habían visto la luz del día mientras vivió: “Curso de filosofía en seis horas y cuarto”. Se publicaron con la santa bendición de la Vaca Sagrada, pero llamar textos de Gombrowicz a los apuntes que sacó en el curso de filosofía que dictó en Vence y que Gombrowicz no tuvo ocasión de revisar es una temeridad.

El Cagamármoles se puso a las órdenes de la Vaca Sagrada como doctor profesor honoris causa lameculos, y allá fue el engendro mortuorio.

Como Gombrowicz no era filósofo ni profesor de filosofía no disponía del automatismo que da la memoria mediante el cual podemos repetir cosas que dijimos antes una y mil veces sin pensar en lo que estamos diciendo ahora. Gombrowicz dio ese curso para olvidarse de la idea del suicidio, no disponía pues de la imaginación y de la conciencia agudísimas con las que de vez en cuando enfrentaba estos desafíos.

El Cagamármoles pasa por alto los aspectos poéticos y metafisicos que tienen para Gombrowicz las ideas de la juventud y de la inmadurez.

“Algunos verán en mi mitología del joven la prueba de mis inclinaciones homosexuales; pues bien, es posible. No obstante, deseo hacer una observación ¿es seguro que el hombre más hombre permanece insensible por completo ante la belleza del muchacho? Y aún más, ¿cabe decir que la homosexualidad, milenaria, extendida, siempre renaciente, no es otra cosa que extravío? Y si ese extravío es tan frecuente, si se halla tan universalmente presente, ¿no es acaso porque prospera sobre el terreno de una atracción innegable? ¿No parecen ocurrir las cosas como si el hombre, seducido para siempre por el joven y a él sometido, procurase refugiarse en los brazos de una mujer porque ésta representa para él, a fin de cuentas, una juventud? Hay mucha exageración en todo ello, pero también una pequeña parte de verdad”.

PREMIACIÓN DEL XII PREMIO DE NOVELA CORTA JRR DEL BCRP Y PORTADA DE ESTA NUEVA NOVELA DE JORGE EDUARDO BENAVIDES


Este miércoles 24 se llevó a cabo, en las instalaciones del Banco Central de Reserva del Perú, ubicado en el centro de Lima, la ceremonia central de premiación del XII Premio de Novela Corta Julio Ramón Ribeyro organizado por dicha institución, y esta vez en coordinación con el Grupo Santillana. Como ya sabemos, en esta oportunidad fue Jorge Eduardo Benavides quien logró obtener este importante premio con su novela titulada La paz de los vencidos.

Luego, al día siguiente, jueves, el Grupo Santillana organizó la presentación de la novela, la misma que estuvo a cargo de Raúl Tola y Alfredo Bryce Echenique. Según el mismo Benavides, La paz de los vencidos, es una novela que, en apariencia, no pretende indagar en los entresijos de la política peruana, sino, más bien, se adentra en la urdimbre personal de quienes tuvieron que sufrir aquellos tiempos casi apocalípticos tanto desde dentro del país, como desde la soledad de otra tierra en la que había que adaptarse casi como un desterrado.

En la imagen: portada de la nueva novela editada al parecer por el BCRP y el grupo Santillana (Alfaguara).

23.6.09

CARICATURISTA AREQUIPEÑO ALFREDO VILLAVICENCIO “EL MONO” FALLECIÓ AYER LUNES


ADIOS AL “MONO”

Por: Nilo Cruz Cuentas

Alfredo, el entrañable “Mono” Villavicencio, acaba de dejarnos —estupefactos— literalmente, hoy, lunes 22 de junio, a las 4 p.m.

Había luchado hasta el final. La semana pasada conversé con él, en la Casona, de lo mejor que se veía. Estaba contento (no sé por qué). Soltamos, como siempre, un chiste, alguna acidez de las acostumbradas.

Todos dirán “nunca perdió el humor”, y es cierto. “Me desmondongaron”, me dijo luego de su primera (¿o segunda, o tercera?) operación. Yo le dije que seguramente habían encontrado allí adentro una caja de chelas, un par de botellas de Cienfuegos (de los 80’s) y unas pencas de San Pedro. “No me hagas reír, huevón, que se me descose la costura”, me dijo.

Eximio cantante de rock, demoledor caricaturista, humorista ácido, entrañable amigo, era El Mono.

La mayoría lo conocía como caricaturista y cantante de Catedral de Humo, y pocos sabían que el ilustre Mono, ya en los primeros años de los ‘70 formaba parte de Los Crazys, rocanroleros, nuevaoleros, animadores de fiestas. En el 73 tomó parte de La nueva cosecha, y luego del grupo Opus, donde parafraseaban a Génesis.

Como artista gráfico, dueño de una demoledora pluma Rothring 0.5 (estudió arquitectura en Argentina), publicó durante muchos años una tira cómica en Arequipa al día, realizó exposiciones, publicó historietas, y hasta fue distinguido en la Quinta Edición Anual de Viñetas y Viñetas, en mayo del 2006, en el Centro Cultural de España, en Lima, por su aporte con el fanzine Grafistoria.

Su última exposición individual la realizó en el Centro Cultural de la UNSA, en diciembre del 2007, de donde proviene esta imagen.

¡El Mono ha muerto, viva El Mono!

PORTADA DEL NUEVO LIBRO DE ENRIQUE VERÁSTEGUI “TEORÍA DE LOS CAMBIOS”


Nuestros amigos de Cascahuesos Editores y Sol Negro editores, nos envían la portada del nuevo libro de Enrique Verástegui Teoría de los cambios que estará en circulación dentro de un par de semanas. El diseño ha estado a cargo del artista visual Augusto Carrasco.

Estaremos a la espera del día de su presentación.

21.6.09

WITOLD GOMBROWICZ Y JERZY ANDRZEJEWSKI


Escribe Juan Carlos Gómez

Gombrowicz desconcertaba tanto a los polacos como a los argentinos, el deseo permanente de descolocar a los demás lo fue convirtiendo poco a poco en un actor. El café Zemianska de Varsovia fue su lugar preferido de para realizar estas maniobras.

“Bien, Stefan, díganos qué impresión le causa el señor Jerzy Andrzejewski; —Jerzy es muy inteligente, tiene un gran simpatía y es sincero; —No, por favor, ahórrenos las virtudes y concéntrese en los defectos, suelen ser mucho más interesantes”.

Andrzejewski, en lugar de contestar con una broma, se ensombreció y se puso rígido, entre él y Gombrowicz se estableció una distancia glacial, el sentido del humor no era desde luego su fuerte, aunque hay que reconocer que Gombrowicz era un provocador profesional.

La capacidad histriónica que Gombrowicz mostró en Tandil lo ayudó a cautivar a los jóvenes de los que se hizo amigo.

“Desconcertaba mucho a los adultos, era un tipo que vestía un arrugado traje de poplin y una gorra que llevaba en el bolsillo, casi podría decirse que se parecía a Jacques Tati. Era cómico, pero al mismo tiempo tenía como una especie de dignidad aristocrática, un orgullo. Creo que había asimilado en sus gestos mucho del cine mudo. Un día le pidió prestada la bicicleta a uno de los muchachos y se puso a andar, logró andar cada vez a menor velocidad hasta dejarla casi detenida y como el piso era de arena iba dibujando cuadrados en vez de círculos con una lentitud cercana a la inmovilidad. Era un perfecto corto de cine mudo y nosotros llorábamos de la risa […]”.

“Su partida de Tandil fue también payasesca. Recuerdo que mientras lo saludábamos en el andén él estaba parado majestuosamente en el estribo del tren con su traje, su paraguas y su pipa. Parecía un conde. Tan rara era su imagen, que provocó una situación también rara: se le acercó un hombre que estaba caminando por el andén y sorpresivamente le preguntó: —¿Y usted, qué es?—, y se fue”.

La falta de seriedad que Gombrowicz mostró con Andrzejewski tuvo sin embargo un final feliz pues fue justamente gracias a Jerzy Andrzejewski que el Niño Ruso se convirtió en el traductor de buena parte de la obra de Gombrowicz.

“Un día el cartero me entregó una carta procedente de Vence, una población del sur de Francia […]”.

“La firmaba Witold Gombrowicz. ¿Se trataría, acaso de una broma? Me resultaba difícil creer que fuera auténtica. La mostré a algunos amigos polacos y se quedaron estupefactos. ¡Una carta de Gombrowicz recibida por un joven mexicano residente en Varsovia! ¡Qué exceso, qué anomalía! Yo asentía y me regocijaba. ‘Como todo en la vida de Gombrowicz’, me decía. En la carta me explicaba que alguien había puesto en sus manos la traducción al español de Las puertas del paraíso, de Jerzy Andrzejewski, y que le había parecido satisfactoria. Tanto, que me invitaba a colaborar con él en la traducción de su Diario argentino…”.

Andrzejewski había sido anatematizado antes de la guerra como un escritor que nunca lograría ser dramático porque nunca dejaba de ser dramático.

El verdadero horror de la vida se revela no a quien lo busca sino más bien a quien se defiende de él y lo experimenta contra su voluntad. A juicio de Gombrowicz Andrzejewski necesitaba de una ideología para escribir, era un moralista de principios.

“Ese hombre tenía realmente necesidad de Dios, ya que no estaba hecho para vivir en un mundo desordenado. Pero la falta de espontaneidad tomó venganza en él, haciendo que su arte fuera demasiado rígido, algo artificial, restándole originalidad”.

Gombrowicz alcanzó en “Pornografía” una de sus creaciones artísticas más logradas con el tema de la guerra, y Jerzy Andrzejewski la alcanzó con el mismo tema en “Cenizas y diamantes”.

Gombrowicz estaba rompiéndose la cabeza con una novela a la que primero llamó Acteón y después “Pornografía”.

Nos decía que a veces le gustaría mandarlo todo al diablo, que para escribir había que tener una paciencia de santo y él no la tenía, que no estaba hecho para escribir. Cuando ya llevaba a cuestas una buena parte de las páginas del libro hace unas reflexiones en los diarios.

“Esta novela (es difícil llamar a mis obras novelas) se me da mal. Su lenguaje, demasiado rígido, me paraliza. Me temo que todo lo que llevo escrito hasta ahora —ya va por las cien páginas— sea una terrible porquería. No soy capaz de apreciarlo, porque cuando se trabaja duramente largo tiempo en un texto, se pierde el sentido crítico, pero tengo miedo…, algo me pone sobre aviso… ¿Tendré que tirarlo todo a la papelera, todo el trabajo de meses, y empezar de nuevo? ¡Dios mío! ¿Y si he perdido el talento y ya nunca más nada…, al menos nada a la altura de mis obras anteriores? […]”.

“Me he inventado un tema fascinante, excitante, una realidad cargada de terribles revelaciones, y la obra está ya en estado de ebullición, estimulada por numerosas ideas, visiones e intuiciones. Pero hay que escribirlo. Me falla el lenguaje. Me he metido en un lenguaje de un género demasiado tranquilo, demasiado poco enloquecido”.

El Príncipe Bastardo le había sugerido a Gombrowicz que cubriera con el lenguaje, por lo menos un poco más, la legibilidad de “Pornografía”, y le dice que podía recurrir a dos técnicas diferentes: el sistema de la grilla que se aplica sobre un texto legible para hacer surgir un código, o el sistema del pintor que primero hace un cuadro realista y después cubre su legibilidad. Sobre la verosimilitud de la descripción de la ocupación alemana que Gombrowicz hace en “Pornografía” le confirma que sí, que así era Polonia en aquella época, como él la imaginaba, pero que esa realidad no tenía importancia, lo que sí tenía importancia era la forma en que él la veía.

Pero la materia prima del lenguaje es la palabra, las palabras tienen una importancia fundamental para Gombrowicz, tanto en el arte como en la vida.

“Las palabras se alían traicioneramente a espaldas nuestras. Y no somos nosotros quienes decimos las palabras, son las palabras las que nos dicen a nosotros, y traicionan nuestro pensamiento que, a su vez, traiciona […] Las palabras liberan en nosotros ciertos estados psíquicos, nos moldean… crean los vínculos reales entre nosotros”.

Gombrowicz estaba en condiciones de llevarnos de paseo por el lenguaje y por la palabra.

“De modo que el escritor debe cuidar no solamente el lenguaje, sino encontrar en primer lugar una actitud apropiada ante el leguaje. Una actitud apropiada quiere decir que, si es posible, no sea vinculante […]”.

“Quien deja que le echen en cara sus propias palabras es un estilista de poca monta, como lo es quien, al igual que algunas mujeres, se fabrica la fama de no pecador, puesto que entonces el mínimo pecadillo se convierte en un escándalo […]”.

El estilista contemporáneo debe tener un concepto del lenguaje como algo infinito y en continuo movimiento, algo que no se deja dominar. Tratará a la palabra con desconfianza, como algo que se le escapa. Esta relajación de la unión del escritor con la palabra supone una mayor desenvoltura en el uso de las palabras […] Con las palabras hay que intentar alcanzar a la gente y no a las teorías, a la gente y no al arte. Mi lenguaje en este diario es demasiado correcto”.

A Gombrowicz le echaban en cara que por no haber estado presente apenas tenía una débil noción de cómo había sido la transición en Polonia del capitalismo al comunismo.

A Jerzy Andrzejewski, en cambio, lo conocemos sobre todo por Cenizas y diamantes, un estremecedor fresco sobre los últimos días de la ocupación nazi en Polonia y la inmediata llegada del comunismo al poder.

La novela tiene lugar durante los últimos tres días antes de la capitulación alemana. La Polonia nacionalista y la socialista pugnan por ocupar el poder del nuevo Estado. La grandeza de Cenizas y diamantes reside, sobre todo, en la autenticidad histórica que destila: la desorientación de los protagonistas, la desmoralización unida a la esperanza, el pasado que se intenta borrar a toda costa, la lucha cotidiana por sobrevivir, las camarillas de jóvenes que se juntan para defender unos ideales, los oportunistas de todo pelaje, la ausencia de cordura.

Incluso el bien y el mal, el idealismo y el cinismo, se reparten en partes casi iguales entre los distintos bandos. Como trasfondo aparecen las cenizas en las calles de Varsovia hechas de las ruinas de la guerra mundial, y los diamantes y el lujo del Hotel Monopol, donde la decadente aristocracia polaca vive sus últimos días entre matones y facciones políticas.

18.6.09

CARMEN VALDIVIA SANTIBAÑEZ ES GANADORA DEL PREMIO DE POESÍA DE MUJERES “SCRIPTURA”


Busco en el horizonte tu baúl de misterio / donde guarda el ancestro su atado de recuerdos / La ciudad pinta gris el hambre de sus habitantes / Por los muros destila sangrante la tristeza” con estos versos se inicia el escrito “Desde la tierra” uno de los poemas que conforman el conjunto de la obra ganadora del Premio de poesía de mujeres “SCRIPTURA” que fuera convocado por la Comisión de Escritoras del Pen Club del Perú y el Centro Cultural de España en Lima.

Para esta primera edición participaron 214 trabajos en una convocatoria a nivel nacional dirigida a mujeres que escriben poesía y que no habían publicado un libro de poemas con anterioridad. El jurado estuvo conformado por el reconocido crítico literario Ricardo González Vigil, y los poetas Tulio Mora, Elvira Ordóñez y Graciela Briceño. El veredicto —por mayoría—, otorgó el Premio Scriptura al poemario “Voces”, cuyo seudónimo fue Madre Tierra y que una vez abierto los sobres, correspondió a Carmen María Valdivia Santibáñez.

La ganadora que será presentada en una conferencia de prensa este viernes 19 de junio a las 12 m en el Centro Cultural de España (Natalio Sánchez 181, Santa Beatriz) se hace acreedora de $ 1000 dólares y la publicación de 500 ejemplares del libro por la editorial Carpe Diem dentro de la serie “Nuevas Poetas”.

Carmen Valdivia Santibañez, nació en Lima. Sus estudios superiores los realizó en la UNMSM, graduándose de abogada. Ha proseguido los estudios de especialización en pedagogía religiosa en la Escuela Superior de Evangelización y Catequesis del Arzobispado de Lima, de Lengua y Comunicación en la UNMSM (Programa de Licenciatura en Educación). Y un post grado con Mención en Constitución y Derechos Humanos en la misma institución universitaria.

Ha enriquecido su vida profesional con la experiencia obtenida como Misionera en la Comunidad Misionera de Villa Regia (Parroquia de La Trinidad, Lima), durante los años 1985 y 1994. Es socia fundadora de diversos grupos dedicados al arte y la cultura, es socia de la Casa del Poeta Peruano y pertenece a la directiva del Centro de Escritoras de Arequipa (CEA).

Ha participado en múltiples encuentros de escritoras a nivel regional y nacional, e invitada a leer poesía en Arica (Chile). Además de plaquetas y opúsculos, tiene una vasta obra literaria que se aún mantiene inédita a la fecha y comprende poesía, narrativa y dramaturgia. Desde 1994 radica en la ciudad de Arequipa donde cumple labores como asesora jurídica y docente.

El evento contará con la presencia de la poeta premiada y en los comentarios estarán presentes la presidenta del Pen Club del Perú, la poeta Marita Troiano y un representante del Centro Cultural de España. Se entregará un ejemplar de la obra ganadora a los periodistas que asistan.

Además se darán detalles de la entrega oficial del premio y la presentación del libro que se realizarán en una ceremonia pública en el local del Centro Cultural de España, el próximo martes 30 junio a las 7:30 p.m.

Agradecemos nos puedan acompañar en este acto. (Prensa CC de España).

VIERNES 19: KREIT VARGAS Y AUGUSTO CARRASCO EN VISUAL POETRY & PERFORMANCE FESTIVAL


Nuestro amigo Kreit Vargas nos hace llegar esta información en donde se da cuenta de una exposicón de poesía visual denominado VISUAL POETRY & PERFORMANCE FESTIVAL en la que él participa y que se llevará a cabo a partir de mañana en la ciudad de San Francisco en los Estados Unidos. En esta exposición también participa nuestro amigo Augusto Carrasco, y la curaduría ha estado a cargo de Giancarlo Huapaya y Caterina Davinio.

Se nos ha hecho saber que esta misma exposición se realizará a mediados de agoto en la ciudad de Lima y para fines de año, la tendremos aquí en Arequipa. Esperamos con ansias ver esa exposición. Y por ahora, felicitamos a Kreit y Augusto. Por cierto, Kreit está anunciando la presentación de un nuevo libro que será muy ¿pronto? También esperamos el libro.


Friday, June 19

7:00 p.m. (opening reception)
1st San Francisco Visual Poetry & Performance Festival
Exhibition Dates: June 19 thru July 10
artists include: Adriana Diaz, Agneta Falk, Alberto Roblest,
Alejandra Rotondi, Alfonso Jaramillo, Augusto Carrasco, Cecile
Brillet, Charlyn Montiel-Trent, Eve Luckring, Giovanni Singleton,
Gloria Arteaga, Guillermo Valdizán Guerrero, Gustavo Reátegui
Oliva, Jorge Polar, José Antonio Galloso, Kreit Vargas Gómez,
Laron Biekerstaff, Lucía Fernández, Luis Alvarado, Ole Scovill,
Reina Prado, Renato Pita Zilbert, Sabina Nieto, Shelley Cook-
Contreras, Todd Brown, and Yu-Hang Huang.
at Mission Cultural Center for Latino Arts
2868 Mission (at 24th Street)
San Francisco
$5

*Pueden ver más información entrando a este vínculo o este blog.

VIERNES 19: PRESENTACIÓN DEL LIBRO “EL DOLOR AMERICANO. LITERATURA Y PERIODISMO EN GAMALIEL CHURATA” DE GUISSELA GONZALES


Mañana viernes el genial Gamaliel Churata cumple 112 años, y por ello se realizará la presentación del libro El dolor americano. Literatura y periodismo en Gamaliel Churata de Guissela Gonzales Fernández.

Presentan: Dorian Espezúa, Hildebrando Pérez y Ladislao Landa.

Hora: 7:45 p.m.

Lugar: Centro Cultural de España (Natalio Sánchez 181, Santa Beatriz; altura cuadra 6 de la Av. Arequipa).

17.6.09

WITOLD GOMBROWICZ, NOE JITRIK Y HORACIO SACCO


Escribe Juan Carlos Gómez

No es tan fácil encontrar entre los rostros de los gombrowiczidas alguno que represente el espíritu festivo de estos días, un rostro en el que aparezca especialmente una bondad feliz.

“Los medios literarios de todas las latitudes geográficas están integrados por seres ambiciosos, susceptibles, absortos en su propia grandeza, dispuestos a ofenderse por la cosa más mínima”.

Si el juicio de Gombrowicz se hubiera ajustado totalmente a la verdad yo no podría haber encontrado ese rostro benevolente pues la cara es a menudo el reflejo del alma. Sin embargo, a pesar de todas las prevenciones que tenía Gombrowicz contra la mezquindad de los hombres de letras, buscando con algún detenimiento encontré dos rostros que se ajustan cumplidamente a mi deseo, a saber: el del Benevolente y el del Gran Ortiba, dos gombrowiczidas con formaciones diferentes.

La inclusión de Gombrowicz en "Historia crítica de la literatura argentina" que llevó adelante el Benevolente venciendo la resistencia que le opuso una buena parte de la intelectualidad local es una de las señales más conspicuas que aparecen sobre la existencia de un Gombrowicz argentino.

A pesar de su rostro bondadoso y feliz el Benevolente es un tanto anfibológico pues en menos de lo que canta un gallo me escribió algunas palabras que se muerden la cola.

“[…] pero tengo un problema: el material de los gombrowiczidas es tan abundante que no tengo tiempo de leerlo pues cada día llega una nueva entrega […] Lo siento, pero mis límites son esos; sólo me quedaba advertírselo para que usted no creyera que me estoy dedicando a Witold Gombrowicz y no le comento la originalidad de su pensamiento y su prosa […]”.

“[…] Además, y no es poco en mi caso, he leído algunos de los grombrowiczidas, muy divertido. Me prometo cuidar mis elogios, se me pueden volver en contra y no debe haber nada peor que eso suceda a fin de año […]”.

Hay hombres que piensan observando el mundo, y otros que piensan después de leer un libro. Una de las ocupaciones principales que tienen los hombres de letras es la de leer, pero acostumbran a decir que leen más de lo que en realidad leen. Gombrowicz hizo experimentos memorables en Polonia y en la Argentina para demostrar que esta afirmación es cierta.

En dos momentos distintos y no muy lejanos entre sí, uno de los escritores más importantes de Polonia, Jan Lechon, escribía sobre Gombrowicz cosas contradictorias.

Que era loco, sórdido y hediondo, y poco tiempo después, que su obra era excelente y que le producía mucho placer. ¿Por qué cambió de opinión? Gombrowicz descubre que cambió de opinión porque nunca la tuvo. ¿Y por qué nunca la tuvo? Porque no lo había leído, o porque lo había leído así nomás, echándole un vistazo, que es lo mismo que había hecho Gombrowicz con los poemas de Jan Lechon. De este modo concluye que ésta es la razón por la que existe una mayor orientación en las lecturas que hacen los estudiantes obligados a leer, que en muchos literatos profesionales que hablan con maestría de textos que no conocen.

Dediqué horas enteras a estudiar el tipo de las relaciones que me vinculaban con los editores, comparé a las editoriales con cajas negras y analicé el comportamiento de los editores y de esos auxiliares que tienen llamados lectores a los que motejé de pulgones.

Asocié los extremos de su conducta al comportamiento de los asesinos seriales y de los rufianes melancólicos y determiné que su naturaleza sólo alcanza un desarrollo que no va más allá del nivel de los protoseres.

Dividí en cinco grupos las técnicas que utilizan los editores para contrariar a los autores y por fin, estos personajes vinculados a la actividad de escribir desde hace tantos siglos, terminaron por hacerme perder la paciencia y el humor.

El muro impenetrable que levantaron a mis escritos no me desalentó pues estaba protegido por el club de gombrowiczidas, y seguí escribiendo como si tal cosa con la esperanza de que algún día podría vivir del trabajo acumulado como le había ocurrido a Gombrowicz.

Los dos casos tienen, sin embargo, aspectos materiales bien distintos, pues el trabajo que tengo acumulado es de cuatro años solamente y no de treinta años como lo tenía acumulado Gombrowicz, y yo, por una gran fortuna para mí, no vivo de lo que escribo.

Mientras corrían los días, las semanas, los meses y los años fui incorporando miembros al club de gombrowiczidas valiéndome de una variedad de recursos, especialmente del conocimiento personal, más recientemente también de las páginas de Internet.

Y de repente una mano poderosa derribó el muro. El Gran Ortiba, uno de los príncipes del club de gombrowiczidas, empieza a publicar todo mi trabajo acumulado no editado en la Argentina, pero decide ir más allá y termina publicando también lo ya editado. La revista El Ortiba se ha convertido para mí en un hogar y el Gran Ortiba en un afectuoso benefactor.

Yo estoy un poco aturdido por estos acontecimientos recientes y me han asomado inesperadamente unos sentimientos religiosos sólo comparables con los que se tienen en la primera comunión y en las proximidades de las fiestas que necesitan de rostros parecidos a los que se ven en las fotos que forman parte de este gombrowiczidas.

Una sensación parecida a la que puede producir un trastorno del cosmos se apodera de mí cuando algún editor publica lo que escribo. Este fenómeno cultural increíble se ha producido en todo lo que me concierne cuando escribo sobre Gombrowicz y el Gran Ortiba, comandante en jefe de la revista “El Ortiga”, empezó a publicar desde el mes de marzo todo lo que llevo escrito, todo lo que estoy escribiendo y, si Dios lo permite, todo lo que escribiré en el futuro.

Yo pasé una sola Navidad con Gombrowicz, en Piriápolis, en la casa de los Swieczewski en el año 1961. En el momento del brindis a mí se me ocurrió decir “prosit”, una ocurrencia bastante extraña en una reunión de polacos. La cuestión es que Gombrowicz exclamó al instante y en voz alta: —Dijo “closet”. Como era un asunto que no se podía aclarar me puse colorado como un tomate, y sentí que Gombrowicz me estaba descolocando.

“Aullidos de sirenas, pitidos, fuegos artificiales, descorchar de botellas y el vasto murmullo de una gran ciudad en gran agitación. En este instante hace su entrada el año nuevo, 1955. Camino por la calle Corrientes, solo y desesperado. Delante de mí no veo nada… ninguna esperanza”.

Finalmente, el trabajo de oficina en el Banco Polaco lo había aplastado, no podía escribir nada aparte de los diarios. Se sentía un forastero en todo el universo. Sin embargo, pasados unos días después de las fiestas le cambia el humor y escribe en una página del diario cómo en un café de la calle Callao había puesto una inscripción en la puerta de un baño.

“A señoras y a señores, para nuestro beneficio, no lo hagan en la tapa, háganlo en el orificio”.

En seguida le advierte al lector que había dudado antes de confesar esta manía, pero le había resultado tan fascinante que se lamentaba de haber perdido tanto tiempo sin conocer un placer tan barato y desprovisto de riesgo.

“Hay en esto algo…, algo extraño y embriagador… debido probablemente a la terrible evidencia de la inscripción unida al absoluto ocultamiento del autor, al que es imposible descubrir. Y también al hecho de que se trata de algo absolutamente inferior al nivel de mi creación”.

16.6.09

MIÉRCOLES 17: “CÉSAR VALLEJO EN EL CALLAO. EL ADIÓS Y EL REGRESO EN CÉSAR VALLEJO, CALLAO FUE Y ES EL PUNTO DE ENCUENTRO”


Este miércoles conmemoramos el 86º aniversario de la partida de César Vallejo a París. El domingo 17 de junio de 1923 el gran poeta peruano le dijo adiós a nuestra tierra, pero fue un partir geográfico, físicamente presencial, pues en su espíritu, poesía, vida, acrecentó su amor al Perú, a sus seres, de una manera magistralmente humana y artística. En México o Chile, Octavio Paz o Pablo Neruda, son escritores símbolos, donde el Estado hace presencia de ellos en el mundo, como política de gobierno, como una forma de difundir su país, en nuestro Perú, por ejemplo, nos avergonzamos de no contar con una fundación César Vallejo. Aquel adiós sin aparente retorno viene a constituir la reserva universal y moral de Vallejo y su legado al mundo, donde la esperanza y la fortaleza es ejemplo de gloria y del forjamiento del país que todos necesitamos y merecemos, en esta tierra donde los Incas dieron ejemplo que desarrollo y grandeza. Como todos los años recordamos este episodio, que es parte, hito de nuestro Callao. Hace un lustro, siendo alcalde, el Dr. Alexander Kouri colocó una placa de mármol que flamea en el Muelle Dársena, hoy el frío mármol nos recuerda tan cálido acontecimiento, donde Néstor, el hermano de César, lo despide para nunca volver a ver. Ahora, este miércoles, junto al hijo de Néstor, el señor César Vallejo Ynfantes, y con los escritores Danilo Sánchez Lihón, hijo de Santiago de Chuco residente en el Callao y presidente de la Asociación “Capulí, Vallejo y su tierra”, historiadores, poetas, estudiantes, vecinos chalacos, entre los que enumeramos a Nello Marco-Sánchez, Pablo Briceño, César Iturregui, Mario Aragón, Felipe Rivas Mendo, Jesús Huayta, Vladimir Jáuregui, Ricardo Ayllón, Pedro Valdivia, Antonio Sarmiento, Carlos Orellano, Juan José Soto, Petroni Gutiérrez, Luz Bejarano, Guillermo Laura, Rosa Lévano, Elisa Mattos de Lynch, Santiago Risso. A partir de las 10:30 a.m. se leerá poemas de Vallejo en el Muelle Dársena (Plaza Grau), luego se realizará semblanzas en la institución educativa Dos de Mayo, donde destaca la ponencia “César Vallejo y su vigencia en la educación actual”, a cargo de Manuel Vejarano Sánchez, profesor a lo largo de 30 años en dicho centro educativo. Organizan: Gobierno Regional del Callao, Asociación Capulí, Vallejo y su Tierra. Participan: Municipalidad Provincial del Callao, Dirección Regional de Educación del Callao (DREC), Institución Educativa Pública Dos de Mayo, Asociación de Chalaneros del Callao.

Despedida recordando un adiós / César Vallejo - 12 Oct. 1937

Al cabo, al fin, por último,
tomo, volví y acábome y os gimo, dándoos
la llave, mi sombrero, esta cartita para todos.
Al cabo de la llave está el metal en que aprendiéramos
a desdorar el oro, y está, al fin
de mi sombrero, este pobre cerebro mal peinado,
y, último vaso de humo, en su papel dramático,
yace este sueño práctico del alma.

¡Adiós, hermanos san pedros,
heráclitos, erasmos, espinosas!
¡Adiós, tristes obispos bolcheviques!
¡Adiós, gobernadores en desorden!
¡Adiós, vino que está en el agua como vino!
¡Adiós, alcohol que está en la lluvia!

¡Adiós también, me digo a mí mismo,
adiós, vuelo formal de los miligramos!
¡También adiós, de modo idéntico,
frío del frío y frío del calor!
Al cabo, al fin, por último, la lógica,
los linderos del fuego,
la despedida recordando aquel adiós.

MIÉRCOLES 17: MISA DE HONRAS EN MEMORIA DE JUAN RAMÍREZ RUIZ


A dos años de la partida de Juan Ramírez Ruiz

Este miércoles 17 de junio se cumplirá dos años del fallecimiento de JRR. Su hermano, el periodista José Ramírez […] hace extensiva la invitación a una Misa de Honras en honor al desaparecido poeta peruano. Esta ceremonia religiosa se llevará a cabo precisamente este 17, a las 9:00 de la mañana en la Iglesia Santa Verónica de Chiclayo. Don José también me hizo llegar el año pasado y mediante la misma vía, una foto que Juan guardaba entre sus cosas. La foto data, si la memoria no me falla, del 2004. Domingo de Ramos presentaba su poemario Erotika de Klase. En la toma también aparece otra amiga que partió justo por estas fechas, pero antes que Juan. Se trata de Maria del Carmen Gómez Sánchez, la eterna adolescente. Al leer un articulo antiguo de Rafo León supe que la gringa había sido durante los 70 una las chicas más guapas de la escena literaria en Lima. Ella murió inesperadamente acá en Chiclayo. Nunca se supo los motivos

*E-mail del poeta Stanley Vega, y la imagen de su blog Prohibido estacionarse.

13.6.09

DE LA SELVA SU ESCRITOR Y UNA LÁGRIMA ENTRE LOS ÁRBOLES


Escribe Raúl Jurado Párraga

Francisco Izquierdo Ríos nació el 29 de agosto de 1910 en Saposoa, provincia de Huallaga, Departamento de San Martín en la Selva Alta del Perú. Y falleció el 31 de julio de 1981. Estudió en el colegio San José de Moyobamba (hoy Serafín Filomeno) entre 1922 y 1926. Se trasladó, luego al Instituto Pedagógico Nacional de Lima, donde estudio entre los años 1927 y 1930, se hizo maestro de escuela. Siendo estudiante en el Instituto Pedagógico conoció a José Carlos Mariátegui colaborando con él en el dictado de cursos de cultura general en los sindicatos obreros de Lima y Vitarte. Más adelante se convirtió en Inspector de Educación cargo que lo llevó a ejercer un trabajo esforzado en diversas zonas de la selva y la sierra de nuestro país. Producto de esta vivencia se puede rastrear en su novela Mateo Paiva el maestro (1968) o en sus libros de cuentos Cuentos del tío Doroteo (1950), Cuentos de Adán Torres (1965), Shinti el viborero (1967), Gregorillo (1954), Días oscuros (1950), En la tierra de lo árboles (1979), etc.

Arturo Ríos Ramírez en su blog sobre literatura amazónica inserta la siguiente anécdota: “El día de su graduación hizo un singular auto de fe quemando en el patio del Instituto Pedagógico, delante de sus compañeros y profesores, las copias y apuntes de clase que consideró vacíos y obsoletos y se marchó de maestro rural a Soritor (prov. de moyobamba). Ejerció el magisterio con entereza y sin claudicaciones ni obsecuencias en los más apartados rincones de los Andes Nororientales. Luego, ocupó el cargo de Inspector de Educación y fue nombrado Jefe de Informaciones del Ministerio de Educación Pública y más tarde, jefe fundador de la Sección de Folklore y Artes populares de dicho ministerio. Posteriormente es designado jefe fundador del Departamento de Publicaciones de la Casa de la Cultura del Perú y luego, director de la Editorial del Instituto Nacional de Cultura; cargo en el que se jubila luego de más de cuarenta años de servicios al estado”. Pero por que, recordar a Izquierdo acaso por haber mostrado la otra cara de ese Perú que algunos aún no nos atrevemos a reconocer. Es que acaso hoy que la selva llora acaso cobre actualidad estas líneas que transcribo de la novela señalada líneas arriba: “En la selva, el paludismo, la anquilostomiasis, el pian , el “mal de ojos”, la desnutrición, agobian a las gentes (p. 17)”, y más adelante lo compara con lo que sucede también en la Sierra: “tanto en la Sierra como en la Selva, y aún en algunos sectores de la Costa , las epidemias causan masacres espantosas (p. 18)” así, a lo largo de su novela va mostrando cuadros de desamparo y abuso de parte del estado que no brinda servicios básicos de salud, educación, progreso sino que antepone la “masacre espantosa que se quiere negar de los hermanos selváticos” por eso Izquierdo en su novela para niños. En la tierra de los árboles dice: ¿Por qué lloras corazón? / ¿Por qué estas triste corazón? / Todo mal tiene remedio, / Sólo la muerte no tiene (p. 104). Que la selva ni su gente se hagan visibles y no sean fantasmas nunca más por que ellos también son peruanos.

*Tomado del blog Piel de brujo.

12.6.09

II COLOQUIO DE ESTUDIOS SOBRE TEATRO, DRAMA Y PERFORMANCE, LIMA-PERÚ, CCPJ, 1 AL 4 DE JULIO DE 2009


CONVOCATORIA

El Proyecto de Investigación Mallki, memoria teatral y performativa, y el Centro Cultural peruano Japonés de Lima, con el auspicio académico del Institute for Studies of Ideologies and Literature de la University of Minnesota; convocan a los investigadores, críticos y creadores, a presentar Ponencias para el II Coloquio de Estudios Teatrales y Performativos a realizarse en el local del CCPJ-Lima, del 1 al 4 de julio de 2009.

Las ponencias deberán tener una duración de 25 minutos, de tema completamente libre, como parte de algunas de las Mesas de Discusión sugeridas por la organización. Las Mesas sugeridas a la fecha son:

• Dramaturgia peruana y latinoamericana. (Coord. Alfredo Bushby, PUCP, Lima).
• Historiografías teatrales y performativas; arqueología y antropología de la performance.
• Aproximaciones teoréticas y estéticas al teatro y performance; semiótica y teoría teatrales.
• Memoria teatral del Perú no limeño. (Coord. Carlos Vargas, University of Minnesota/Carleton College)
• Teatro andino, performance ritual y popular en los Andes.
• Teatro y pedagogía; teatro para la infancia y la juventud en América Latina. (Coord. Nelly Pilares, Univ. of Minnesota)
• Teatro y performance de intervención social y cívica.
• Poéticas teatrales y performativas: reflexiones sobre creadores del Perú y América Latina. (Coord. Ivone Barriga, University of Minnesota).

Los interesados en participar deberán enviar un e-mail con una propuesta de ponencia (10 líneas), y datos personales, antes del 15 de junio de 2009, a:
Carlos Vargas Salgado (varg0056@umn.edu).
Dept of Spanish and Portuguese
University of Minnesota, USA

Los participantes deberán hacer llegar vía e-mail una copia de la ponencia por escrito, antes del inicio del Coloquio, con el objeto de facilitar la publicación de las Actas del II Coloquio, a realizarse hacia fines de 2009 con auspicio del Institute for Study of Ideologies and Literature de la Universidad de Minnesota. Las Ponencias aparecerán como un Número 3 de la Revista Online Memoria Teatral.

Toda participación y actividad dentro del II Coloquio, tanto para el público como para los ponentes, será enteramente libre de pagos. Se invita a hacer propuestas y preguntas a: varg0056@umn.edu

Comisión Organizadora:

Carlos Vargas Salgado, Univ of Minnesota, Carleton College. (Coord. General).
Alfredo Bushby, Pontificia Universidad Católica del Perú
Ivone Barriga, University of Minnesota, Twin Cities
Nelly Pilares, University of Minnesota

Centro Cultural Peruano Japonés
Ing. Akira Yamashiro
Srta. Patricia Takeda
Asesoría: Luis Kanashiro

*Imagen tomada de aquí.

11.6.09

DESDE HOY: TALLER “CREACIÓN LITERARIA” POR CARMEN OLLÉ


Creación Literaria (Descubre al escritor que vive en ti) dictado por la poeta Carmen Ollé se inicia hoy, jueves 11 de junio y tendrá una duración de 2 meses.

Informes:

CENTRO CULTURAL PERUANO BRITANICO
Jr Bellavista 531-Miraflores. Telef.: 615 3636

WITOLD GOMBROWICZ Y CÉSAR AIRA (2)


Escribe: Juan Carlos Gómez

“Como dice la vieja fórmula, feliz Navidad y próspero Año Nuevo, como si la felicidad y la prosperidad fueran cosas distintas. Siempre te tengo en el corazón, mi querido Goma. Besos y abrazos. César Aira”.

Yo me aprovecho de la paciencia que tiene conmigo el Pato Criollo de la misma manera que él se aprovecha de la paciencia que tiene su mujer Liliana con las novelas que escribe.

Existen dos hombres de letras argentinos que cosechan en unos las más calurosas adhesiones y en otros el más encendido rechazo, a saber: el Pterodáctilo y el Pato Criollo, ambos gombrowiczidas ilustrísimos. Es uno de los casos más señalados de la bipolaridad literaria argentina que tiene raíces oscuras y obedece a los mandatos de los más bajos instintos.

La primera vez que vi a Gombrowicz me pareció un personaje inglés por el aspecto y por la pipa. Poco tiempo después se me empezó a parecer a Jacques Tati, y cuando lo conocí un poco más todavía puso en mis manos a “Ferdydurke”. Gombrowicz fue el primer hombre de letras al que conocí personalmente; de este encuentro y de la lectura de “Ferdydurke” saqué la conclusión de que era un hombre seductor e inesperado y de que no existía ninguna diferencia entre el escritor y sus escritos. Cuando conocí a otros escritores me di cuenta de que este canon no era aplicable en forma uniforme, funcionaba más o menos bien con el Pterodáctilo, pero no funcionaba con el Pato Criollo, para poner dos ejemplos que se refieren a estilos y concepciones literarias tan diferentes que ocupan los dos extremos en el rango de la creación artística.

El Hombre Unimesional comenta entre los miembros del gremio de los hombres de letras que no conoce a ningún escritor que lea tanto como el Pato Criollo, y ésta es precisamente una diferencia muy marcada que yo tengo con él. Después de haber leído “El arte del espectáculo” le dije al Pato Criollo que el Asno tenía las facultades mentales alteradas, pero no es así, lo que pasa es que estando yo en mi estado natural —que es el de no leer— cuando me cae un libro en las manos, lo rechazo y lo primero que se me ocurre es hablar mal del autor, no del texto al que no leí o al que apenas leí, como hacía Gombrowicz con Borges.

Advertido de esta inclinación malsana que tengo decidí consultar al Niño Ruso sobre cuál era la altura literaria que había alcanzado el Pato Criollo pues me proponía leer alguno de sus libros.

“Me parece bien que hayas acudido a Aira […] Hay conexiones con Gombrowicz en su excentricidad, en su libertad, en muchas cosas. No son iguales, claro, nadie lo es […]”.

“Yo lamento la ausencia de los conocimientos filosóficos que tan bien maneja Aira y que le dan un peso especial a sus novelas, como ‘Cumpleaños’. Aira es el más importante y radical de los nuevos autores latinoamericanos y a mí, que estoy en el umbral de los setenta años, leerlo me da una gran sensación de libertad”.

Como las precauciones que uno puede tomar antes de poner un libro entre las manos nunca están demás le escribí una carta al Pato Criollo pues me proponía leer uno de sus libros, una lectura que seguramente me iba a entusiasmar a estar de los comentarios que me estaba haciendo el Niño Ruso.

“Y, sí, siendo amigos, o en vías de serlo, lo que da lo mismo, creo que ha llegado un momento muy duro para mí. Como te hice leer diecinueve de las cartas que le escribí a Gombrowicz el mero transcurso del tiempo me obliga a leer alguno de tus libros, así lo mandan las leyes de la simetría, contrariando mi inveterada costumbre de resistirme, como gato panza arriba, a la lectura de libros, no así a la lectura de cartas. […] Llegados a este punto, y como es muy probable que a vos te interese saber, por lo menos en parte, qué es lo que pienso de tus escritos, creo que deberías recomendarme la lectura de un libro tuyo. Para prevenirnos, tanto vos como yo, de malos entendidos que podrían resultar fatales para el futuro de nuestra relación, más teniendo en cuenta que vos escribís novelas con mucha frecuencia, es imprescindible que se entienda muy bien que te estoy pidiendo la recomendación para la lectura de tan solo uno de tus libros, no vaya a ser cosa que se te ocurra jugarme una mala pasada, una pitolina, como quien diría. Pitol me mandó recientemente desde México tres libros suyos dedicados”.

Una tarde en el Tortoni el Pato Criollo me contaba que la mujer de un escritor argentino conocidísimo se le había entregado al Dandy para darle celos, no podía soportar que su marido anduviera persiguiendo a las nínfulas como buitre a camión de tripas. Yo no sé si esta historia será cierta, nunca se sabe hasta dónde pueden llegar los hombres de letras, tanto es así que también me contó que la mujer del Dandy se acostaba con una señora de la familia más íntima del Dandy aunque en este caso no sabía por qué.

A pesar de estas maniobras algo desdorosas de los hombres de letras se podría decir que la actividad más importante que desempeñó Gombrowicz, y casi única, fue escribir. Sin embargo no fue un escritor prolífico, le costaba trabajo pasar de una obra a otra, le costaba también terminarlas, el final le parecía siempre arbitrario.

Gombrowicz no se parecía en nada a Lope de Vega que escribía una obra en una sola noche y, para no ir tan lejos ni tan atrás, tampoco se parecía al Pato Criollo, uno de nuestros escritores más prolíficos que no llega a escribir una obra por noche pero le anda raspando. Esta dificultad para asomar la cabeza con sus escritos lo hacía sufrir, no tenemos que olvidarnos que Gombrowicz era más bien un hombre de ágora que un hombre de claustro.

“Qué extraño, que no leas. Yo prácticamente no hago otra cosa […] Pero estoy seguro que vas a leer esta carta. Si yo fuera una de esas pedagogas insistentes, se me ocurriría un truco para hacerte leer: tomaría una buena novela, por ejemplo ‘La Montaña Mágica’ de Thomas Mann, y te la iría mandando de a una página por día en un sobre; si encuentro una oficina de correos que abra los domingos, me llevará tres años, si no, cuatro”.

Un poco por este truco del Pato Criollo con el que me quería obligar a leer y otro poco por el hecho de que en cada uno de los miembros del club debe anidar algo de esa impotencia que tenía Gombrowicz que le impedía terminar de leer los libros, la cuestión es que se me fue ocurriendo la idea de escribir los gombrowiczidas, una idea que también me permite entrar y salir de Gombrowicz con alguna soltura.

A pesar de la desenvoltura con la que escribe el Pato Criollo y la facilidad con la que consigue que le publiquen lo que escribe, conoce perfectamente bien las contrariedades que padecen muchos de sus colegas. En una de sus novelas narra las desventuras de un joven escritor cuyo destino queda ligado a la conducta contradictoria de un editor. El editor recibe con entusiasmo la primera novela del autor, una historia que le parece genial, y le promete la firma del contrato en no más de dos semanas, pero las cosas no suceden así.

Los contactos entre el escritor y el editor se van haciendo cada vez menos frecuentes, de semanas pasan a meses y de meses a años, sin embargo, el entusiasmo y la delicadeza con los que el editor trata al autor aumentan con el transcurso del tiempo.

Pero es justamente el transcurso del tiempo el que hace pasar al escritor de la condición de joven promesa a la de autor entrado en años y, como si fuera poco, de un escritor malogrado, una historia con un marcado aire kafkiano que me trajo a la memoria “Un artista del hambre”. Kafka narra en este cuento los infortunios de un hombre que ayuna por falta de apetito y que es exhibido en público como una rareza llamativa. Al final del relato ya nadie se interesaba por él, y lo barren junto a la basura, un final que surgiere hasta cierto punto un parentesco entre este pobre faquir y los escritores malogrados.

Hace unos años Carlos Fuentes andaba desparramando a los cuatro vientos que en poco tiempo César Aira recibiría el Premio Nóbel de Literatura pero, el tiempo está pasando y, a pesar de la maquinaria de precisión que ha montado su agente literario alemán, al Pato Criollo le está ocurriendo con los premios lo mismo que al autor malogrado le ocurría con el editor contradictorio, y tiene miedo de correr la misma suerte del ayunador en el cuento de Kafka, es decir, tiene miedo de que lo barran junto a la basura.

Lo primero que atinó a hacer Gombrowicz cuando ganó el Premio Internacional de Literatura fue preparar una lista de sus enemigos literarios, regocijándose de antemano con la amargura desesperante que les iba a despertar.

Ya con el premio en la mano escribe el famoso diario del hijo ilegítimo que proyecta visitarlo en Vence para mortificar a sus enemigos polacos de Londres. Finalmente había obtenido un certificado de escritor de alta categoría, firmado por la flor y nata de la crítica internacional. Se le puso una cara extraña, los laureles le congelaban la cara y una seriedad severa le cerraba con siete llaves los tesoros de la gloria.

“Una cara extraña que expresa sólo y únicamente esto: ¡que bailen a tu alrededor como quieran, tú ni te inmutes!”.

Existen narraciones que nos dan una idea del inexorable sentimiento de culpa y vergüenza que la mirada de los otros puede producir en nosotros, el camino de la interioridad pasa a través de la otra persona, la otra persona sólo es interesante para mí en la medida en que me refleja, vale decir en la medida en que yo soy un objeto para ella.

El mismo Pato Criollo aborda el problema de la mirada en una novela cuya acción transcurre en Coronel Pringles, el lugar de su nacimiento. En cierto momento se produce una gran revolución en el cementerio, los muertos salen de las tumbas y atacan al pueblo. Les abren la cabeza a los vecinos y le chupan las endorfinas, los zombis resultan invencibles.

Sin embargo, en un momento determinado una señora anciana mira y reconoce a uno de los muertos que se le está viniendo encima: —Pero si éste es el colorado Pereira. Los viejos comienzan a mirarlos e identificarlos a uno por uno y los zombis, mirados y derrotados, vuelven a las tumbas.

Sin embargo, en el prólogo que escribe para “Gombrowicz, este hombre me causa problemas”, es donde el Pato Criollo se da un paseo magistral hablando de la distancia y, en consecuencia, de la mirada.

“Pero distancia es también articulación; lo que establece la distancia es la mirada, y la distancia hace necesaria la mirada para aprehender los objetos heterogéneos […] El ‘tiempo real’ se constituye en la devolución de la mirada, en lo simultáneo: la imagen también mira, el ‘poseur’ mira […] En la comedia teórica del ‘poseur’, la representación se pone en el trance de representarse a sí misma, y en el vertiginoso juego de espejos aparece Goma. El ‘fiel’ Goma. La figura de Goma es la más misteriosa del mito Gombrowicz. ‘Goma o la Inteligencia’. Así podría titularse este drama, como esas viejas piezas tipológicas francesas […] Extraen del pozo de la locura el agua clara de las ideas, que salen en forma de temas. Y todos los temas se resumen en el tema del Eros de la creación, y de la vida […]”.

“El interlocutor heterogéneo es de rigor, porque erotizar la inteligencia significa ponerla en dos cuerpos distintos: un viejo y un joven, un extranjero y un nativo, y al final un muerto y un vivo […]”.

“El argentino y el extranjero: el ‘poseur’ asciende un escalón más en lo concreto de la realidad al desterrase […] El desterrado hace una construcción imperfecta, arma un país con los fragmentos de otro. Es un trabajo parecido al de construir la felicidad, que se arma con fragmentos de otras vidas, fragmentos cuyos bordes nunca coinciden exactamente […] El viejo y el joven: Gombrowicz lo dijo: ‘El hombre no quiere ser Dios. El hombre quiere ser joven’. El deseo niega lo general abstracto a favor de lo particular concreto, que es un joven […]”.

“Al joven le falta experiencia histórica, no ha tenido tiempo de desterrarse, sigue en el campo familiar del sobreentendido de la inteligencia. Es un inocente que no puede sino generalizar, de ahí que a veces parezca una versión de Dios […]”.

“El muerto y el vivo son la última y no definitiva pareja en el diálogo, la más específica de la literatura. La Vida-y-Obra de un escritor es una trinidad, porque la muerte es una de sus premisas. Gombrowicz se fue de la Argentina, envejeció y se murió. Se esfumó de la vida de Goma, y su desaparición proyectó una larga sombra retrospectiva de sospecha sobre la puntualidad que había regido la conversación. El ‘poseur’ se revelaba fantasma a priori. El ‘jueguito’ entre Maestro y Discípulo no pudo prolongarse porque había sucedido en el ‘tiempo real’ […]”.

“Por ser real, el tiempo siguió pasando, pero el diálogo persistió, porque había estado antes del tiempo, creándolo. Aquí ‘diálogo’ es sinónimo de ‘amistad’, esa hermana de la inteligencia. Si la filosofía nació, como suele decirse, de la amistad, este libro de la inteligencia que ahora escribe Goma es un libro de filósofo. Se me ocurre que, en el campo de la fábula, la diferencia entre literatura y filosofía es que en la primera mueren todos salvo uno, que es el que cuenta el cuento; en la segunda sobreviven todos menos uno, que es el tema de otra especie de cuento. Ese muerto, el fantasma en cuestión, es Gombrowicz el ‘poseur’, que usó su genio para hacerse sospechoso. Y la sospecha es irreversible, ella también hace real el tiempo: no se vuelve atrás a un mundo de sentido pleno y confiable […]”.
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