8.11.08

BEDOYA Y CATALINA: 4 CUENTOS CORTOS (1)



· DARWIN BEDOYA (Moquegua, 1974):
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¿QUIÉN LLEGA EN LAS NOCHES?
A Giovanna

Apareció intempestivamente en el salón oscuro de la casa. Encendió el equipo de sonido. Puso en la bandeja un CD con una canción muy celebrada y empezó a reconocer el lugar. Traía un cuerpo maltrecho, casi inconcluso. En realidad era un despojo. Aunque las zapatillas estaban bastante nuevas, pero sus ojos no lo sabían; aún así pretendió mirar a todos los lugares hasta donde sus ojos le podían ayudar. Al rato encontró dos vasos whiskeros y el Jack Daniel’s al punto, sirvió en los vasos y luego se reclinó en el sillón de la esquina que tenía un decorado Kitsch, le dio un par de sorbos a su trago, dejó la copa vacía sobre una mesita que estaba entre los sillones. Puso las rosas al costado de la botella y sólo entonces decidió regresar. Le bastó caminar de prisa y atravesar la puerta que siempre estuvo cerrada.

Ahora que han pasado más de cien años, piensa volver nuevamente, por el recuerdo, por la música, por el lugar, por el reencuentro, por el Jack Daniel’s, casi por todo; sólo que esta vez hay un pequeño detalle: la casa no existe y ella tampoco.
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PLAZA DE ARMAS
A A. M.

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Era una clara señal de ejemplo. Daba la sensación de una increíble puntualidad; todos los días, antes de la salida del sol, la estatua ya estaba allí.


· FILONILO CATALINA (Puno, 1974):
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HISTORIA DE UNA HOJA



Esta era una hoja en blanco.


LEUZEMIA
No sé
si quererte con un puñal
o con una flor en las manos
con un puñal al menos sabría que estás viva.


Cuando despertó, lo primero que notó fue su ausencia, y volvió a hundir su rostro entre las almohadas, volvió a sentir esa amargura que, en una especie de masoquismo, disfrutaba —o aprendió a disfrutar desde hacia ya dos años—. Prendió la radio, se puso de pie y vio el mismo rostro frente al espejo, pensó que hacía demasiado frío para bañarse ese día y repitió el acto mecánico de todos los días: agarró el bisturí que había cambiado hacia dos semanas y se hizo un fino corte de forma horizontal, aproximadamente un centímetro en el costado izquierdo; luego se miró ese lado del cuerpo y mientras se pronunciaba un hilo de sangre recordó que era domingo y se volvió a tender en la cama; cerró muy lentamente los párpados y con las yemas de sus dedos repasó e intento contar una a una las cicatrices en la parte superior de su cuerpo. Cuando perdió por quinta vez la cuenta miró lo que alguna vez fuera una fotografía y con una dulce amargura hizo una raya más sobre aquella imagen desfigurada que pendía en la cabecera de su cama; en ese momento, cuando terminó de rasgar la fotografía, con el mismo bisturí que se había hecho el corte, le asaltó la repentina angustia de ¡qué iba a suceder cuando no quede ya más espacio en su cuerpo!; y se llevó una ves más los dedos sobre esa parte que aún quedaba intacta de su cuerpo.
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* Los textos de Darwin Bedoya han sido reproducidos de Aunque parezca mentira (Juliaca, Grupo editorial Hijos de la lluvia & LagOculto editores, 2007); y los de Filonilo Catalina, el primero es inédito, mientras que el segundo apareció en una primera versión en La canción de la cucaracha (Arequipa, Triángulo ediciones, 2003). En la imagen: Otro mundo de M. C. Escher.
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