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23.2.10

CINCO RAZONES POR LAS CUALES LA LITERATURA EN ARICA SE ENCUENTRA ESTANCADA

Arica.


Nota al lector: En primer lugar, el siguiente escrito no busca ofender sino instar a la reflexión de los llamados actores y protagonistas del arte literario en la XV región y si es posible comunicar la inquietud y apreciación a otros destinatarios interesados por el tema dentro del país o fuera de él y que encuentren en lo expuesto, alguna similitud con las condiciones en las cuales producen.

En segundo lugar el redactor está consciente de lo expuesto y asume total responsabilidad de sus dichos, de modo que sólo pide al lector interesado, la madurez suficiente para valorar la crítica. En términos sencillos, no se pique y patalee si usted como escritor, ya sea poeta, narrador, cronista, ensayista o dramaturgo, gestor cultural, editor, lector, académico, crítico o autoridad ligada a este arte, ve su perfil detallado o puesto en tela de juicio.

Finalmente ¿Por qué cinco razones y no un top ten? primero por capricho y porfía del redactor, segundo porque al igual que todo otro trabajo literario, este no se encuentra exento de ser completado a posterior, corregido o (re)escriturado con cinco reglones extra o más y por último y no menos importante, en esta materia no hay un punto final sino un trabajo continuo que se ramifica en extenso tal como lo demuestra cada punto detallado.

Sin más preámbulo…

1. En la ciudad de Arica y sus alrededores, hay una gran lista de vates, bardos, noveladores, rapsodas, biógrafos, recitadores, cuentacuentos, fabuladores, aforistas, traductores, antologadores, directores de revistas, realizadores de performances, escribidores y escribientes sin obra conocida o por conocer, no hablo de publicaciones pues en sentido opuesto hay personajes que tienen una cantidad de textos auto-editados, sobre la veintena pero que muy pocos por no decir “nadie” ha leído o siente interés por leer, ya sea por lo imposible de rastrear materialmente, son bibliografías fantasmas con tirajes de 5 a 10 ejemplares por libro sin que ello evite que refuljan triunfadores en la ampulosa carta de presentación de sus dueños aún cuando en la mayoría de casos para ser sinceros, más bien deberían ocultarse pues demuestran de primera a última página una laxa rigurosidad, profesionalismo, innovación y respeto por el simple ejercicio de escribir y más aún de corregir y superarse a uno mismo en una tarea que para nada es un hobby.

Me refiero en este punto a personajes que ostentan y detentan rimbombantes un título o rango que consideran (ojo, ellos mismos consideran) sumamente digno y magnificente, el de escritor o más aún el de autor cuando en verdad la pura chapa y pose arrastran, pues no hay escritura, a ciencia cierta no escriben, saben juntar letras y armar frases pero de ahí a escribir hay años luz, algo similar a pensar: En Chile muchos saben leer, claro conocen el abecedario, las vocales y pueden repetir una frase o párrafo de memoria pero no interpretan, no abstraen, no comprenden y finalmente no aprenden. Pero volviendo al tema, ¿Cuál es la ganancia entonces de estos personajes al ostentar el slogan de escritor? me aventuro a suponer que el título los dota de cierto aire intelectual, místico, bohemio o abolengo que los hace compararse con Ercilla educándose en la corte de Felipe II. El escritor a fin de cuentas es únicamente quien escribe, el resto es pura fantasía, parafernalia y delirio patológico.

2. En la ciudad de Arica y sus alrededores no existen dos ejercicios básicos, primero la autocrítica, esencial para no pasarse a guano con cualquier cosa que al llamado “escritor” se le ocurra devolver sobre el papel o la pantalla. Si está tarea de autoanálisis y reflexión sobre lo hecho se ejerciera a cabalidad, el punto uno recién expuesto no existiría. En segundo término, se extraña la crítica de profesionales del área y la crítica justa entre pares, hablo de una buena lid, o sea de frente y con argumentos sustentados, ya sea atendiendo al diseño o contenido del texto.

Lo que sucede con los críticos y comentaristas en la ciudad de la eterna primavera (Arica) es que así como no todos los que se dicen escritores lo son, tampoco todos los que se dicen grandes lectores, reseñistas o críticos lo son. Esa fauna de plano se extinguió o sus zapatos son ocupados por cualquiera que no siendo capaz de tirar un verso o prosa, optó como buen opinologo por lanzar en el diario local o algún medio digital, diatribas flácidas y escuetas y en el caso de los amigos, grandilocuentes y maravillosas, acerca de obras que en lo absoluto tuvieron la suerte o delicadeza de ser leídas y más aún interpretadas o comprendidas. Este es un palo extra a las universidades de la localidad y sus académicos (a la fecha entre tradicionales y privadas son seis o siete universidades para una ciudad que no supera los doscientos mil habitantes) Estas casas del saber, teniendo en algunos casos departamento de letras y facultad de humanidades, poco y nada aportan en investigación y extensión, no tienen desde los setenta, una publicación regular sobre literatura y lingüística y atrincherados desde sus oficinas forman a nuevas generaciones de pedagogos de letras, comunicadores y en menor medida escritores, listos a repetir los mandamientos de UTP o cualquier dirección en prensa o centro cultural ostentando un espíritu acrítico e indolente, pues pasan por cátedras desactualizadas y desarticuladas, ajenas a lo que se produce y se ha dicho en la ciudad, Chile y Latinoamérica, específicamente Perú y Bolivia (por ser colindantes con la ciudad) en esta materia tanto en creación como en teoría en los últimos treinta años. Hablamos de burbujas autorreferentes que se leen a sí mismas de modo complaciente.

El resultado, profesionales provistos de herramientas de hermenéutica, estética y semiótica que en la malla se lucen pero que sólo dejaron como huella un par de conceptos que no se entendieron en la práctica y en la lectura. La intertextualidad por ejemplo, tan manoseada en los programas y abismantes bibliografías que se leen el primer día o que se cita a diestra y siniestra en cátedras magistrales, charlas intelectualoides de pasillo y en esos pocos congresos que se dan cada tres años, se extraña en los trabajos, tesis y ponencias que siguen con el respeto que me merece el siglo de oro y la generación del 27, analizando el manido erotismo en Lorca y la ultrajada demencia en el Quijote.

Finalmente y lo que es peor, la chismografía y el escarnio, la crítica entre pares que no pasa del pelambre personal y la envidia, el sabotaje, el proselitismo y gremialismo barato: Si eres de mi círculo, de mi asociación con carnet y cuota, de mi grupo de tomatera en el bar de la esquina o club de Toby, dale eres un genio, la reencarnación de Proust o Rimbaud pero eso sí, no puedes lucirte más que yo, de lo contario tírate a un pozo blasfemo, profano aprendiz, neófito. El ninguneo y el sobajeo está a la orden del día.

3. En la ciudad de Arica y sus alrededores, el encierro ha vuelto a los llamados “escritores” ombligistas y resentidos, postergados, subestimados por el centro, huérfanos y genios incomprendidos sin mecenas.

Rodeados por la cordillera, el desierto, el mar y la frontera, Arica y sus alrededores forman una isla sitiada si se quiere ver así y muchos de sus habitantes sobre todo los que dicen escribir, siguiendo esa lógica empiezan a tener delirios de naufrago sólo que en lugar de tener por amigo a una pelota llamada Wilson, monologan con sus cinco ejemplares del libro que publicaron refunfuñando contra ese mundo que los aplasta con viejos talentos de un canon inamovible y nuevas voces en las cuales prefieren no pensar pues la envidia y el miedo los corroe.

En ese sentido, muchos escritores por la necesidad de culpar a alguien y como Tata Dios poco y nada tiene que decir pues la Biblia es un Best Seller, estos escritores siguen soñando con Santiago como la meca al mismo tiempo que despotrican de ella pues amante furtiva, esta les ha negado todo. Padre o madre ausente según se prefiera la metáfora, la gran capital los ha relegado no deteniéndose a comentar, en El Artes y Letras, Las Últimas Noticias o cualquier programa de televisión o página web a la moda, esos cinco ejemplares autoeditados con tanto esfuerzo en roneo y con tapa de opalina café que guarda el tesoro máximo de la literatura universal escrita en los últimos 2000 años, versos adolescentes que harían sonrojar a las lectoras del veinte poemas de amor, naturalismo al uso, narrar decimonónico o realismo sucio de fin de semana matizado por coplas, romanceros y experimentos visuales que volarían la mente de Jorge Manrique, Gustavito Adolfo o Apollinaire.

Retaguardistas y vanguardistas, románticos y objetivistas, Arica tiene todo y nadie ha apuntado los satélites hacia nosotros por mala leche y envidia. Cuando la realidad es otra, Arica y sus alrededores a la fecha, salvo algunas honrosas menciones por allí, no tiene grandes obras literarias que se pueden comentar, no tiene una editorial de consideración, tampoco una revista en papel y con tiraje decente abocada a la crítica y reflexión literaria con calidad tanto en la diagramación, diseño y contenido y que pueda difundirse y dar muestra afuera de lo que se está haciendo, tampoco existen centros culturales que impartan talleres literarios de modo regular, talleres de corrección y lectura más que de escritura y que ante todo estén dirigidos a jóvenes, estudiantes adolescentes y aquellos universitarios que están empezando y aún no se contaminan con la fauna. Arica no tiene concursos a nivel regional ni nacional en ninguna categoría, el premio municipal no existe así como tampoco librerías que valgan un ápice, la distribución de las obras y el comentario de las mismas no pasa de un lanzamiento en que se canta el himno y habla una autoridad de relleno, secretario del secretario reemplazante del intendente de reemplazo y luego se comen unas galletas frac y se brinda con Kola Real o se termina el vino de honor en un tugurio cantando karaokes. Además, los libros inscritos con ISBN son pocos o ninguno, en cuanto al depósito legal que de hecho es responsabilidad de los que editan, nada se hace, pues en la ciudad sólo hay imprentas que de modo ad hoc paran de hacer facturas y flyers de discoteques con fotos de actrices porno para sacar un poemario o librito de cuentos cada doce meses, por lo mismo nadie se ocupa de estas tareas, ni siquiera el escritor que es el principal interesado en difundir su obra fuera de la isla, al contrario, cruzado de brazos el “escritor” dice —suficiente tengo con escribir, soy un best seller en mi población y mi jefe comentó mi libro diciendo que era bonito—. Si al menos escribieran, ese podría llegar a ser un argumento, pero no, esperan en su trono a que el mundo condescienda, pare y voltee pues este autor tuvo la generosidad y decencia de honrarnos con su publicación.

Estos mismos “escritores” son los que en cada reunión ya sea tertulia literaria, lanzamiento de libro, convocatoria municipal o llamado del Consejo de las Artes aprovechan de llorar en masa por no ser leídos, por no ser comentados, por ser premeditadamente ignorados debido a una conspiración de escala mundial que ha decidió excluirlos del maletín literario o la lista de libros que deben leerse en educación media o la universidad. Encerrados en su metro cuadrado de ego olvidan detalles que han ocurrido en los últimos diez años por dar una cifra, la aparición del correo electrónico, los llamados a concursos nacionales e internacionales publicados en webs, la existencia de los e-books, de las editoriales independientes y cartoneras en otras regiones, las que aceptan obras o que son modelos a seguir y algo más de tipo local, la existencia del Perú y Bolivia a un par de horas y lucas de distancia. Países con ciudades dotadas de proyectos escriturales, universidades, imprentas y editoriales, ciudades con una nutrida existencia de escritores y redes de diálogo, crítica y lectores dispuestos, centros que además de Santiago son interesantes de conocer cuando al final, si lo pensamos, toda capital no pasa de ser otra provincia o suma de provincias con los mismos problemas de silencios y dilaciones y para que seguir nombrando la presencia de blogs y revistas digitales que llaman a publicar o la posibilidad de gestionar un concurso sólo por el amor a la escritura más que al sólido aunque suene idealista y en definitiva, pensemos con una mano en el pecho en cualquier intento básico de autogestión e interés por lo que se hace más allá de la pose y la tomatera.

Son estos mismos dueños de la verdad y sufridos románticos empedernidos de la escritura con capa y sobrero alón o zapatito de charol y pinta de Jazzista, los que no descienden de su Olimpo personal para ir a una lectura, ciclo de cine, obra teatral, recital de poesía, charla con un conferencista interesante, congreso o taller gratuito pues prefieren evitar la fatiga o sienten que ya nada pueden aprender puesto que nacieron bendecidos con un Aleph incrustado en su cerebro. La pasividad Zen de estos seres ejemplares e iluminados resulta inspiradora.

4. En la ciudad de Arica y sus alrededores, escritores, editores, autoridades y toda la fauna literaria tienen un enredo conceptual básico y sumamente perjudicial. Se piensa por ejemplo que la función de una editorial equivale sólo a imprimir el libro y armarlo, se deja de lado lo más importante, la calidad y el cuidado de la edición que pasa por la existencia de un comité editorial, una línea de publicación, encargados de diseño y corrección de estilo. Hablamos en definitiva de un personal calificado, profesionales dedicados que cuidaran el proyecto y si eso se quiere pasar por alto, aún falta nombrar el tema de distribución y difusión, el colocar el libro en vitrinas o catálogos lo cual va más allá de un lanzamiento. O de qué sirve una obra publicada si no va a ser leída, claro uno no escribe para publicar, eso es válido, son asuntos separados, pero algo si es seguro, si uno decide publicar, invierte se desgasta en esa tarea, es algo lógico pensar, aquí debe haber una intención por parte de este ser que quiere llevar su trabajo a otros, de seguro se ha hecho preguntas clave como ¿Por qué escribo? ¿Para qué escribo? ¿Con qué finalidad escribo? ¿Cómo escribo? ¿Qué escribo? ¿Qué tal escribo? ¿Tengo un estilo, de no ser así, debo tenerlo? ¿Cómo puedo mejorar? ¿He mejorado o al menos cambiado en todo este tiempo? ¿Para quién escribo? ¿Debo escribir para alguien? Son preguntas básicas que forman parte del ejercicio de autocrítica mencionado en el punto dos y que alguien que dice escribir y sobre todo busca publicar en algún grado debe tener en cuenta para no dar la hora.

Pues si escribo para mí y decido editar mi obra con cinco ejemplares para mi satisfacción y la de algunos amigos como Kafka que leía sus historias en un círculo íntimo, no tiene sentido pensar en una editorial y una distribución por el contrario si tu plan es invadir el marcado y sacar miles de copias, primero piensa qué mercado y qué impacto tendrás o piensas dejarlas bajo la cama, quizá tu idea es regalarlas o si eres ambicioso y en justa medida quieres una retribución por lo que consideras tu producto, buscaras venderlas pero ¿Qué implica eso? ¿Cómo puedo hacerlo?, ¿Quién me puede ayudar? si no soy vendedor, soy escritor. Estas son cosas por pensar. Y por último, si sacas un tiraje de cinco ejemplares, cosa usual en la ciudad de la eterna primavera (Arica), tengan la decencia de no considerarse al nivel en ventas de Isabel Allende y en impacto y trascendencia con Neruda, ojo no hablo de calidad al poner esos ejemplos de Allende y Neruda sólo de recepción del público, de percepción tanto de quien escribe y recibe. La autora de La casa de los espíritus y el poeta de la boina, ganada tienen su fama y popularidad, independiente de si nos gustan o no como escritores o si compartimos los modos en que manejaron y manejan su éxito.

En cuanto al tema de calidad, este pasa desde luego por uno y por la alteridad. Yo puedo creerme Munch y pintar palotes o haber escrito el próximo Ulises y no ser entendido por los que me rodean, ya que están acostumbrados a leer Condorito con el alto respeto que me merece Pepo y sus destinatarios. En síntesis, hay cosas que vale la pena limpiar y aclarar pues en Arica y sus alrededores, hace tiempo nadie pasa un paño por las ventanas y tampoco trapea el piso de lo que se entiende por literatura.

En este punto hay que mencionar además a las queridas autoridades de cultura y sus políticas, los fondos y becas y las actividades que se planifican como fomento a la lectura y escritura.

Los gestores y encargados de cultura de la región por lo general no tienen ningún conocimiento del área o competencia para determinar qué actividades son mejores para fomentar el proceso lecto-escritural, de hecho muchas veces no se dan el trabajo de distinguir entre quienes aportan en la región y quiénes son los dueños de la pose que se menciona en el primer punto y por lo mismo evalúan el mundo de la escritura comparándolo bajo la misma vara que corresponde a teatro o música. Si pensamos en un recital poético o lanzamiento de un libro a menos que sea Neruda vuelto a la vida, Gonzalo Rojas o Parra o un autor con un apoyo de mercadeo como Ampuero o Simonetti e incluso ellos, creo que cincuenta máximo cien invitados en una sala o espacio en una provincia, es valorable no estamos hablando de Mick Jagger por eso no podemos pensar en grupos humanos como los que convocan los Tres, los Jaivas o la Noche, son factores e intereses distintos, es claro que escuchar poesía, un cuento leído por su autor una clase magistral, diálogo o debate puede ser valioso pero demanda un esfuerzo intelectual y atención que no todo el mundo está dispuesto y no tiene por lo demás que estar dispuesto a bancarse. Aunque suene elitista el asunto, creo que las disciplinas al final convocan de distinta manera a públicos diversos por eso no podemos pensar en la literatura como un circo sin embargo los encargados de cultura siguen haciéndolo en desmedro de esta y por eso pretender poner algún esperpento foráneo o showman que aglutine a las masas algo así como un encantador de serpientes con libros publicados no sirve y eso, cuando estas autoridades existen, pues ha habido periodos en que el cargo dentro de la municipalidad ha estado vacante y por lo mismo el apoyo resulta nulo lo que sumado a una nula autogestión de los divos de la escritura entrega en la operatoria un rotundo cero.

Y hablando de divos podemos atender acá a los poetastros, bohemios trasnochados, explotadores de sus experiencias e infantes terribles, los niños malos e irreverentes de la escritura con sus respectivos grupys y mojados que se arrastran como rémoras cumpliendo sus caprichos esperando una y otra vez como fans enamoradas que vuelvan mientras acumulan con la cuenta de facebook o el fotolog emoticons y besitos virtuales; en su defecto, estos arribistas literarios se valen de cualquier otro escritor de alguna ciudad externa en especial esos de la capital que pasan y pisan la ciudad a fin de que los bendiga con su toque salvador y mágicamente por cruzar un par de palabras o mirada, una copa o elogio al aire, su escritura alcanza las cimas de un clásico.

Lo mismo ocurre con los talleres en que se debaten tres ideas añejas una tarde de jueves entre cinco tipos, incluido el escritor invitado a la región (del cual nadie ha leído nada pero todos son fanáticos) y al terminar todos son un poco más bellos e inteligentes. Y en cuanto a los fondos en Arica (las becas escriturales) podemos pensar en los precoces escritores destinando los fondos a sus bajas pulsiones las que hunden lo que parecía un futuro promisorio en eso… una promesa jamás cumplida y en cuanto a esos que se dicen clásicos, presentando por diez años la misma obra, re-editada hasta el cansancio con lo cual ya suman en una década cincuenta ejemplares que en realidad nunca ven la luz o desaparecen tan rápido como reciben el cheque.

Obras y propuestas que finalmente son tan fantasmales como la escritura de los espectros ennoblecidos. Y vamos atiborrando así una lista de infamia con becas de creación de espectaculares proyectos que de escritura y aporte solo dejan la firma cruzada y el rut en el documento bancario y la justificación de una prorroga al infinito para esa gran obra que definirá a la región, al norte grande y al universo y más allá pero que lamentablemente nunca… se escribió…

5. Finalmente en la ciudad de Arica y sus alrededores mucho se dice y poco se hace. Hay demasiado pavoneo y todo queda en intenciones, intentos de revistas, intentos de talleres, intentos de libros, intentos de recitales, intentos de programas de cultura, intentos de concursos e intentos de escritores que sólo servirán para seguir empedrando el camino al infierno, en ese tránsito los dimes y diretes pueden ser ocurrentes y divertidos pero cuando se repiten hasta el hartazgo tienen tanto sentido como una misma palabra que se pronuncia por horas tornándose ilegible. La suma sólo deja estrellados y rencillas no resueltas entre egos heridos y orgullos candentes. En cuanto a obras y talentos, estas se pueden contar con los dedos de media mano de manera que amigo lector, si ha tenido la paciencia y determinación de llegar hasta este punto puede que este preguntándose y ¿quién escribe esto? y ¿qué lo autoriza a hacerlo?, bueno un simple hecho, el mismo que motiva y constituye la médula del texto, el redactor es un escritor, alguien que escribe y se de la paja de leer, observar, interpretar y desentrañar quién es quién dentro de este panorama atiborrado por poses y simulacros y en esa medida procura aunque sea de esta forma, quizá la más apropiada, con un escrito, promover el diálogo entre todos esos que dicen preocuparse por el arte literario. Como cierre a la transmisión, los dejo con la siguiente cita de “El miedo a la libertad” obra de Erich Fromm que nos ayuda aterrizar y priorizar las responsabilidades en juego: “el yo es fuerte en la medida en que es activo”. Es imprescindible ser autor.

20.1.10

ARQUITECTURAS INNOMBRABLES: APUNTES SOBRE LA POESÍA AREQUIPEÑA Y SUS ESQUINAS


Escribe: María Miranda

Es difícil tratar de esbozar un perfil para la práctica poética de un lugar como Arequipa, quizás porque ésta abarca a personas de distintas partes del Perú, quizás porque no existen rasgos comunes evidentes en los contenidos poéticos de los escritores, quizás porque la poesía posee una complejidad tal, que es tan fragmentaria como la unidad que encierra. Por eso, presentamos estos apuntes multiformes que obedecen más a las voces que a las ideas poéticas de quien los escribe.

Soy la consecuencia de tus pasos / Y cuando señalas la luna / Mi corazón / Apunta con un dedo tu rostro[i]. La poesía Arequipeña (denominación poco precisa) obedece a una causalidad, a la consecuencia de los pasos, que constituyen un discurso poético único a partir de ecos divergentes. Existen, pues, el dedo, el acto de señalar y el objeto señalado, en una correspondencia absoluta, entre lo que se lee, lo que se elige y la poesía que se produce. Cada escritor se ve envuelto en una poética propia, que obedece a un orden y una intencionalidad específicos. Pero esta poética, asimismo responde, a otras voces; a precedentes y estéticas que danzan formando figuras alternativas y sus posibles sombras. No existen, pues, poemitas sueltos como pájaros de papel en una plaza; sino la edificación de una ciudad poetizada edificada por arquitecturas innombrables que construyen el posible recorrido hacia la idea de poesía arequipeña contemporánea en su conjunto. Las llamamos arquitecturas innombrables porque ven la palabra como un fin en sí mismo, más que como una manera de conceptualizar y revitalizar ideas, aunque puede ser también uno de los disparos poéticos, no es el que fulmina los dominios del lenguaje, Y / destas arquitecturas innombrables / he creado / la coloración apropiada para mi hogar / un catalejo donde esparzo mis dominios del lenguaje / este pozo donde lleno de semen la temporalidad / de los que serán paridos, y de las que obligaré abortar[ii]. El lenguaje en el discurso poético en Arequipa entreteje espacios donde la poesía ocurre, escenarios que se ven erigidos por la letra que nos lleva a descubrir realidades paralelas, órdenes inesperados, donde la imagen se suspende sobre todo y nos presenta lugares comunes, ocasiones felices donde la comunicación no sólo es real, sino verosímil. Una mirada brusca / Intenta burlar la perspectiva / El inicio de asombrosas verosimilitudes / Hacinadas junto a las visiones más hermosas[iii]. Esas visiones hermosas son totalidades poéticas que se visten a través de estéticas particulares, en una búsqueda constante de la voz propia, de la realidad creada a partir de la palabra. La palabra como artefacto poético, como sema ficcional, como posibilidad, como des-encuentro. Esa joya acorazada / Abre semillas como mundos / En busca de la verdad más simple[iv]. Cada propuesta poética, abre semillas como mundos, mundos… que si bien pueden encerrar una ideología, algunas posibles respuestas a nuestras preguntas existenciales, o una forma de jugar con el lenguaje y la realidad… son mundos creados a partir de la sencillez osada de creer que la palabra, más allá de lo que significa o refiere, es una experiencia fascinante, un “día de campo”, una señal, una premonición o como decía Borges, al hacer referencia a las palabras extranjeras, un talismán (cabe decir que consideramos las palabras en general como extranjeras).

Tienes la belleza de un arma en silencio / Desaparezco / Disuelto en la multitud sin nombre, amante, desbocada, sin rumbo / (…) / San Agustín barre de extremo a extremo con sus ojos piadosos la calle… 5:00 a.m.[v] El silencio del arma se encuentra entre cada propuesta poética que busca desafiar a las anteriores, no con luminosidades ficticias, sino como lecturas de una realidad que ya no nos pertenece, como una apropiación de la palabra, como poder y como saber. La palabra es una constante revelación de lo que acontece o de lo que podría acontecer; entonces las publicaciones existen y no, por la belleza de esa arma en silencio, cuyo posible disparo es más potente que el que lo antecede. La poesía “arequipeña”, sin embargo, se ve desfavorecida, por un ambiente despreocupado, o quizás simplemente no lo suficientemente interesado, en la lectura y en la difusión de estas propuestas literarias, por eso, desbocada, sin rumbo, se apropia de las calles y barre a San Agustín y sus extremos con sus ojos piadosos; disparando propuestas editoriales que permitan la publicación de poemarios, para abrir los ojos ante una trayectoria poética asumida, más que como poesía arequipeña, como poesía. Billy the kid ha vuelto / Con los genitales estropeados / El corazón casto[vi]. Así, la poesía es una excluido, un criminal, un niño puro y golpeado que se gesta en una ciudad que no está acostumbrada a leer poesía; pero que sigue arremetiendo contra las formas, y moldeando esa ciudad en sus manos, sigue siendo Billy the kid. Ensuciada la dulzura / Me afeito la tristeza / Los días derrotados / Empuñando una cometa que ha perdido la cuerda[vii]. La poesía es la persistencia en la palabra, que a pesar de co-habitar con cada individuo que la invoca y pervive en ella y le confiere un estilo, crea la ilusión de afeitarse la tristeza, de volver de la derrota, como de un camino concluido, de excedernos y ser nuestra idea de cometa, pero que existe más allá de nosotros y nuestro aporte. Se escribe poesía, como se intenta construir una cometa, y cada intento, es una aproximación a la realización poética, por eso, celebramos, los múltiples acometidos poéticos, por supuesto no sin una visión crítica, pero también subjetiva, que nos lleva a escribir.

Rumi uya, te regalo esta cajita a cambio de una bola de pelos de tu pubis en mi garganta[viii]. La poesía, rumi uya, es la cajita, el regalo más intimo que se entrega como ofrenda, como nido, bola de pelos o de paja en la garganta, como la palabra, como el trabajo de la palabra, con la cortante sordidez de un verso desdibujado en el papel, porque el poema es una intervención. Esta cajita, más que trayectoria poética, es una galería de arte, necesaria para que alguien se fije en una pequeña ventana y alguien lo entienda. Esa convergencia, ese espacio de roce, de presente es lo que nos ofrece la posibilidad de una posteridad, existe pues, rumi uya, la terquedad de un palo de lluvia que va oscilando de arriba abajo, hasta encontrar el ritmo, la armonía del sonido. Flameabas como bandera en las avenidas. / arrastrabas las alas / y te dejabas ir[ix]. Si alguien se atreviera a conjeturar el futuro de esa poesía multiforme (arequipeña), se vería en un posición tan precisa como la de unas alas al viento, en el acto mismo del abandono, no se perfila nada; la poesía tiene la belleza de sorprendernos, mientras se siga escribiendo poesía, esperamos nunca ser un espacio predecible, un movimiento incuestionable, la incertidumbre poética del momento es la realidad más hermosa de la escritura arequipeña contemporánea. Aprendimos muy tarde a decir ternura / o al menos a decir lo más exactamente / “ternura”, es decir: / fuego cuchilla sangre barro silencio porvenir[x]. La ternura de esta poesía, es su espinosa inocencia, sus primeras palabras, sus primeros apretones de dedos y opiniones, porque estamos ante una poesía que esconde la sucesión de pasos, el lenguaje redescubierto y saboreado. Extenuado de ser yo contigo. / Crucifico tu memoria de barro / Y entre aves / Escojo el día para ser piedra[xi]. La posibilidad se reviste entonces de una coloración especial que, implacable, escogerá el día para ser piedra y crucificará la memoria de una “tradición” para, entre aves, dilucidar los escenarios poéticos que revisten la ciudad y se convierten en intentos poéticos autónomos, excedentes de la naturaleza periférica de ser impulsos curiosos y abatidos, para ser poesía. Caen de vergüenza las hojas secas / Los muros extenuados ante una mirada llorosa / (…) / Las esfinges masticadas por el viento[xii]. Las respuestas serán entonces no una cuestión de localidades, sino de estaciones poéticas que más que generaciones, acontecen en estéticas donde los intentos van pereciendo para dar paso a nuevas perspectivas literarias, al conmovedor acto de la creación que subvierte las realidades inmediatas y se valida en una posteridad donde el viento habrá masticado las esfinges pero no las respuestas. Entonces / Desplumaré libros / Sobre un tambor inerte / Esperando…[xiii] Es esta espera poética la que nos atrapa, la premonición de que algo está por ocurrir cuando un verso resuena como un tambor, y nos permite comprender que más allá de las publicaciones, de los libros materializados, estamos ante la sorpresa de que la palabra sobrevive cualquiera de sus representaciones, y que el acto de desplumar libros, es decir, de devastarlos, de devorarlos, de criticarlos, de mecerse con ellos, de soñarlos, está íntimamente ligado a la práctica de la escritura, la poesía nos exige desplumar tantos libros como sea posible; Arequipa se exige rigurosidad, porque el tambor inerte ha dejado de dictarnos las palabras. Eva, inventada: / Sembrada como punto en el plano sideral de una galaxia / Destazada de la luz, / Aniquilada por la manzana[xiv]. Ya no se trata de una poesía perfecta, sino de la propuesta sembrada como punto sideral de una galaxia, pues es la propuesta la que puede modificar el entorno, la propuesta aniquilada por la manzana, la propuesta que nos augura la posibilidad del paraíso, gracias al pecado original del intento, de lo insaciable de conocer y articular visiones que sean disposiciones escriturarias que empiecen a cuestionar y a preguntarse a sí mismas y al pasado, ¿Qué es entonces poesía? Tus cabellos pronuncian / Bellos racimos de amores vegetales y alfabetos de compleja densidad o materia / Que tus manos tocan luego / Y transforman en dulces / Peces[xv]. Las voces pueden dar una respuesta mucho más certera que cualquier intento de frase que se podría conjeturar, las voces hablan y se recrean, las voces se presentan originarias, y pronuncian bellos racimos de amores vegetales y alfabetos de compleja materia. Las voces incluidas en esté intento poético de arquitecturas innombrables son tan sólo una muestra, un racimo, de todas las voces transformadas en dulces peces por las manos y la pronunciación de sus cabellos.


[i] Filonilo Catalina (Puno). Janaí o para cantar bajo la lluvia. GRITA ediciones, 2005.
[ii] Robert Baca. Poema of Road. Urbanotopía, 2008.
[iii] Jimmy Barrios. El Tiempo de Los Anormales. GRITA ediciones, 2009.
[iv] Luis Ormachea. (Cusco) Tela de Juicio. Ediciones Dragostea, 2008.
[v] Kreit Vargas. Santería. 2009.
[vi] Juan Zamudio. Continuidad de los alfiles. Ediciones Súbita, 2009.
[vii] Óscar Saldívar. Hábitat trashumante. GRITA ediciones, 2005.
[viii] Jorge Vargas Prado. (Cusco) Rumi Uya (Cara de Piedra). Urbanotopía, 2007.
[ix] Patricia del Carpio. De acto Tres. 2005.
[x] Martín Zúñiga. (Cusco) Pequeño estudio sobre la muerte. Ediciones Enroque y más versos, 2005.
[xi] Paúl Valenzuela. (Apurímac) Revista GRITA, 2004.
[xii] Jonathan Segura. Susurros. Edición del autor, 2007.
[xiii] Maru Delgado. En Útero. Sello Fárrago, 2007
[xiv] Grover Alberto. El ombligo de Eva. Ediciones Hecho en el cielo, 2007.
[xv] Augusto Carrasco. Documentos IBM. 2008.

*Tomado del blog del Grupo editorial Dragostea.

30.4.09

LA INCORREGIBLE POESÍA (SOBRE EL POETA VLADIMIR HERRERA)


Escribe: Juan W. Yufra

Integrante de la generación del 70 de la poesía peruana, el escritor Vladimir Herrera ha publicado libros como Mate de Cedrón (1974), Del verano inculto (1980), Kiosko de Malaquita (1993) entre otros. Su obra poética se reunió en el 2000 en la colección de Nuevos textos sagrados de la editorial Tusquets en España bajo el título de Poemas Incorregibles.


I: Algo sobre la Poesía

Para Sartre el hombre y el mundo son un sólo concepto; por lo menos eso se vislumbra —entre líneas— de su Teoría de la emociones. En el devenir de la historia del poeta, y en los procesos literarios que intenta subvertir, sobre todo, cuando habla de poesía, el concepto que se explora parte de una subjetividad que nos inventa en la realidad del poema; obviamente es una idea esquiza, un intento por explicar con palabras lo que sólo puede aprehenderse con la mirada.

Entonces el proceso previo a la creación se llena de vacío e incertidumbre y la disyuntiva existencial desboca en una necesidad por nombrar elementos de la naturaleza humana y de lo que sobrevive —extraña y perenne— fuera de la emoción de un vil poet.

La videncia del poeta —aquí recurro a un diálogo con José Gabriel Valdivia y él, haciendo memoria, y citando —alborotado— una referencia oscura de Walter Benjamin— (esa que nos permite sospechar y negar y a su vez inventar la rebeldía y la forma y la necesidad de renombrar los objetos del mundo) sólo puede existir en los indicios del discurso poético, que logra contener apenas la vida, la subversión misma, la utopía y la concreción de los espacios ya señalados ya adheridos a la palabra. Fuera de esa creencia sólo el discurso abyecto de la realidad pedestre


II: Algo sobre el vacío

La oquedad que funda la poética de Vladimir Herrera empieza en condicional; en Mate de Cedrón (1974) el poeta irrumpe y proclama una estrategia ética del lenguaje que colisiona en la posibilidad de una palabra: Poesía.

Y esta búsqueda por subvertir los escenarios de la poesía misma empieza por señalar el vacío del cual surge, ocupándolo desde la cotidianidad y sensatez de un periodo también humano hasta culminar en la paradoja de su no existencia cotidiana. Y aunque, según Octavio Paz, “el poema ya no aspira a decir sino a ser”, el poeta —indiferente— recurre a la realidad inventada para inventar la realidad poética; es decir, la poesía no sólo le dice a los otros sino que también los hace, y en ese hacer, el lenguaje es la herramienta simbólica que deconstruye los objetos creados por todos.

El cosmopolitismo de Herrera no se sustenta en las referencias bibliográficas de sus libros iniciales, en su inclinación por el barroco occidental de Góngora y Lezama o en su larga estadía en Europa del cual se nutre —por lo menos— al orientar los espacios textuales de su reflexión como poeta; él hace todo lo contrario… parte de una disolución de la identidad personal que tiene del poema y opta por una colectiva y hermética, por una identificación con lo esencial y lo exótico del contraste de los significados posibles que sirven de enlace y excusa con el único propósito de lograr la forma y la plena exactitud de una voz que puede llegar a crear un verso sutil como contradictorio en sí mismo: Ya entonces Poesía era oscura como nada.

Américo Ferrari plantea que existe una conciencia en la obra de Vladimir Herrera que “interpela” con la finalidad de ver “al poema mismo como objeto”. Los temas que serán abordados en la mayoría de su poética surgen de una convicción —casi solemne— por la existencia del Amor en su extensión semántica más intensa, hasta desbocar en el cuerpo del amor rudimentario y del poema que a veces cobra vida en la superficie de una mujer y otras veces en la palabra escrita.

“Patria”, “Poesía” son conceptos que se expanden a lo largo de muchas páginas de su obra; para ello Vladimir Herrera propone otra estrategia divergente: el poema es un cuerpo al que hay que poseer con todas las argucias que la experiencia y la visión del mundo logra estructurar en la mirada del poeta


III: Algo sobre el poeta

Vladimir Herrera nació en Lampa-Puno en 1950. Recorrió el Perú a lo largo de los años 70 y pudo tener contacto con los grupos literarios de aquel periodo que se vislumbraba en el Perú; se desarrolló de cerca al movimiento Hora Zero sin embargo, más pudo la vida que también es poesía y dejó el país para luego embarcarse en un proyecto personal que lo llevó a recalar en Europa. Su primera obra es Mate de Cedrón que se publicó en Lima en 1974 y que es considerado por la crítica seria como una de los libros más importantes de la poesía contemporánea. Ha vivido en Barcelona y México durante la década del 80. Su producción literaria llega a una madurez con la publicación de su libro Del verano inculto (1980). Ha sido fundador de las revistas Trafalgar Square y Celos; además de ser propietario de la Editorial Auqui, que le permitió difundir en Europa, como piezas de arte bibliográficas —por su concepción de edición—, las obras de Westphalen, Moro, entre otros. Ha publicado también Pobre Poesía Peruana (1989), Almanaque (1990), Kiosko de Malaquita (1993) y Poemas Incorregibles (2000). Actualmente vive en su hacienda de Urcos cerca a la ciudad del Cusco, rodeado de eucaliptos que la memoria envuelve de arcilla roja y queñuales.


IV: Algo sobre el final

Existe un aforismo que dice “Surge el hombre y surge la literatura”. Desde producciones orales a manifestaciones más elaboradas mediante el recurso escrito, el hacer de la palabra recaló en la poética con la justificación estética de reinterpretar y explicar el mundo, Vladimir Herrera comprende esta dicotomía del lenguaje lírico, por eso no ahondó en el proselitismo ni en lo panfletario de los discursos que prevalecieron en su generación. En él se funde lo que Sartre expresó en un inicio, que hombre y mundo surgen al unísono y en la poesía como un acto verbal original por cuanto Herrera sacrifica al poeta en busca de la poesía, es decir, elige crear una realidad de cadencia y contrastes que el lenguaje enlaza y enreda en los surcos del poema.

10.4.09

EL PRIMER HISTORIADOR AREQUIPEÑO: “EN EL CIELO DE TRAVADA”



Hace doscientos cincuenta años, el 18 de abril de 1758, el vicario Pedro Murillo sepultaba en la Iglesia de la Recoleta a un cura rural “con derechos sencillos, porque murió como pobre”; escribió en la partida de entierro. El difunto era Buenaventura Fernández de Córdova y Peredo, párroco durante mucho tiempo de Salamanca, y otros pueblos de la sierra arequipeña. Considerado por Francisco Mostajo como el mejor poeta en prosa de esta tierra por El Suelo de Arequipa convertido en Cielo, obra que el clérigo compuso en 1752 con el nombre de pluma con el que ha pasado a la historia: Ventura Travada y Córdova.
Por César Sánchez Martínez

Una vida humilde 

Había nacido el 14 de julio de 1695 en esta ciudad, hijo de don Juan Fernández de Córdova, natural de Locumba y de la arequipeña doña Francisca de Peredo; años después adoptaría como nombre de pluma el apellido de su padrino de bautizo, Antonio de Travada. Destinado desde su juventud al clero, sirvió como sacerdote en Camaná, Cabanaconde, Lari, Salamanca y Pocsi, transcurriendo su vida como la de cualquier cura de campo dieciochesco alejado de la corte episcopal, pero en su caso particular entregado a la lectura, especialmente de escritores menores de la antigüedad cristiana y de filósofos como Platón y Pitágoras. 

El legado de Travada 

Ese acervo clásico le serviría para redactar el voluminoso manuscrito que viera luz un día de 1752, con el largo título de El Suelo de Arequipa Convertido en Cielo En El Estreno del Religioso Monasterio de Santa Rossa de Santa Maria que fundó EL Ilmo. Señor Dr. Dn. JVAN BRAVO DE RIVERO DEL CONSEJO DE SU MAGESTAD DIGNISSIMO OBISPO DE AREQUIPA, por el Doctor Don Ventura Trabada.
Tomando como pretexto la inauguración del Monasterio de Santa Rosa en 1747, el padre Travada quiso “copiar en un solo rasgo la hermosura” de su ciudad natal; empezando por describir su Suelo, exponiendo “su primera fundación gentílica”, los “crueles insultos” (terremotos y erupciones volcánicas) que han afectado a la ciudad, “su fundación cristiana y sus blasones, tocará la pluma las heroicas lealtades que han hecho uno y otro sexo”, así como otras cosas interesantes con respecto al orden temporal de Arequipa; luego se ocupará de su Cielo, representado por la segunda parte del manuscrito, dedicada a la historia eclesiástica de la diócesis y sus obispos y la exaltación celeste de la Iglesia de Arequipa, donde cada orden religiosa y cada iglesia representa un Signo del Zodíaco.
En este punto las referencias a la mitología clásica y las elaboradas construcciones retóricas se hacen bastante copiosas, demostrando la erudición y talento del cura de Pocsi para la composición literaria barroca. La última parte corresponde al estreno del Monasterio de Santa Rosa, precedido de una preámbulo donde el clérigo exhibe su erudición mitológica a propósito del viejo nombre arquetípico de la Rosa, luego narra las fiestas de la inauguración y acaba presentándonos una colección de las “muchas poecías que en todos metros [se] compucieron para la fiesta del estreno del Templo y Monasterio de Sta. Rosa”.
Casi todos los que se ocuparon de este libro, criticaron el énfasis en milagrerías del buen Padre Travada, expresado en una de las secciones de la Primera Parte, donde refiere los múltiples sucesos prodigiosos y sobrenaturales ocurridos en Arequipa. El recuento de prodigios era un lugar común en la explicación aristotélica de la realidad, especialmente en materia histórica, pero ya para los tiempos del autor de El Suelo se le consideraba como superada. Travada la conservó pues se ajustaba a las necesidades de expresión del discurso criollo arequipeño de su tiempo, que requería de una elaborada y erudita exposición barroca, relativamente tardía para su época pero capaz de aumentar exponencialmente el prestigio de su suelo, en el contexto en que una ciudad recoleta de comerciantes e hidalgos labriegos ingresaba con tardanza en el juego identitario de la exaltación de la urbe criolla, en que otras ciudades peruanas como Cusco o Lima —e incluso Potosí— llevaban harto tiempo enfrascadas.

Palabras finales 

Al margen de los múltiples conceptos y figuras sugerentes en los que su obra es riquísima, Travada curiosamente reivindica la capacidad de la literatura (tanto en cuanto lenguaje como en cuanto ficción) para ser una herramienta efectiva para la historiografía, criticando a los “genios tan rígidamente austeros que sin conocer, que la Fábula es la mas proveída Despensa de la Philosophia en que ocultó la avaricia de la Sabiduría su nutrimento, no gustan de su Magisterio”. Es un verdadero deber, ahora más que nunca, reivindicar a este sabio escritor olvidado, considerado por el difunto Guillermo Galdós Rodríguez como el mejor prosista arequipeño de todos los tiempos, y que representa la figura fundacional de la literatura, la historia e incluso la filosofía estética en Arequipa.

* Publicado en el semanario El Búho nº 321 (22 de abril de 2008).

4.3.09

EL TEATRO EN LAS REGIONES DEL PERÚ

Teatro peruano.

Por Carlos Vargas Salgado

Toda reflexión sobre el teatro nacional reciente tiene una función central: contravenir una equívoca concepción que se propone separar las circunstancias de la actividad limeña respecto de la vida teatral de otras ciudades de la República, y que supone por razones extrateatrales, la ausencia de continuidad y retroalimentación entre el teatro de la Capital y el de las provincias.

Este error se ampara en el escaso registro de las tradiciones teatrales de otras ciudades del Perú, algunas con expresiones espectaculares que podrían ser rastreadas hasta por centurias (Cusco, Huamanga) o con experiencias de innovación y vanguardismo contestatarios respecto a la Capital (Arequipa, Trujillo, Huancayo); así como en la autopercepción del teatro limeño al margen de las múltiples marcas culturales que las migraciones le han dado, y que son evidentes en el reciente teatro de grupo, de los conos y de los circuitos populares de la gran Lima, y en buena parte de las obras de autores no limeños afincados en la capital1. Así, podemos anticipar que el teatro de las últimas décadas en las regiones del Perú se ha construido en su relación con Lima, sea para seguirla en su derrotero no siempre preciso, sea para negarla reafirmando o construyendo nuevos rumbos de investigación y experiencia. De la misma manera, es evidente que buena parte de los nuevos colectivos teatrales de la capital, ahora asimilan y filtran temáticas, textos y marcas espectaculares venidos de tradiciones provincianas, cuando no de grupos de fuera de Lima.

Por ello, la descripción del teatro peruano reciente implicará la revisión de un mayor número y registro más diverso de discursos escénicos, venidos de distintos puntos del territorio, para incorporarlos al discurso general de la teatralidad peruana, en pie de igualdad, en constante diálogo con las vanguardias y la innovación espectaculares, en viajes constantes desde y hacia todos los puntos del territorio.

Teatros regionales o teatro en las regiones

Ciertamente buena parte de la actividad teatral en las ciudades del Perú coincide en la búsqueda de consolidación de sus alternativas regionales. Sin embargo, es difícil darle todavía el nombre de teatros regionales a experiencias creativas que con mayor o menor repercusión se han abierto paso en los últimos años en varias localidades, y que logran mantenerse al margen de toda forma de promoción directa.

Se podría decir que la vida teatral en las regiones depende casi con exclusividad de la autonomía creativa de sus productores independientes, sean éstos directores, colectivos o grupos, profesores de teatro, etc.; y que esta inicial actividad sigue el rumbo que esa autonomía les sugiere: a veces consolidando institucionalmente sus propuestas, a veces disolviéndolas cuando el fervor de los primeros años ha desaparecido.

En ese sentido, la problemática central del teatro en las regiones se concentra en la ausencia de suficientes espacios de formación, y en la inadecuada difusión y promoción de las crecientes poéticas teatrales de cada localidad. Salvo espacios formales como la Escuela de Arte Dramático “Virgilio Rodríguez” de Trujillo, o la especialidad de Artes de la Universidad Nacional del Altiplano, Puno (con una especialización parcial en artes escénicas), el resto de la apropiación técnica hecha por los teatristas nacionales es esencialmente autodidacta, a través de su propia experiencia y de la asistencia a talleres, proyectos formativos de corta duración u ocasionales intercambios con teatristas de Lima o del extranjero.

De igual manera, el rol autogestionario de colectivos y productores independientes en las regiones alcanza a la organización de sus propios circuitos de difusión y promoción. Los colectivos, en especial, suplen la ausencia de una política cultural —no solo del Ministerio de Educación, también de Municipios y entidades regionales—, asumiendo la gestión de Casas, salas independientes, asociaciones, festivales y muestras; cubriendo así informalmente, por necesidad de existencia y solo en limitada forma, un rol que a todas luces corresponde al Estado.

Por ello se destaca en el teatro de las regiones del Perú la presencia de personas y colectivos que son el núcleo de la actividad, y única garantía de permanencia y crecimiento. Esta situación no es necesariamente mala, sobre todo si quisiéramos entenderla como una forma incipiente de profesionalización, pues podría llegar a convertirse en un motor de desarrollo cultural, si mediaran las necesarias políticas de promoción. Desde luego, de no aplicar alguna forma de incentivo no pasarán de ser rarezas, sorprendentes e incluso conmovedoras, pero sin efecto permanente en la vida cultural de nuestra comunidad.

Poéticas teatrales en las regiones

A la luz de un creciente contacto escénico entre Lima y las regiones, los treinta últimos años han visto crecer la inserción al corpus del teatro peruano de grupos, autores y directores que desde otras regiones han abierto vías de exploración de la teatralidad, paralelos al teatro limeño2. Aunque es necesario advertir que buena parte de los problemas señalados como específicos de las regiones, pueden ser aplicables también a algunos circuitos teatrales de Lima, periféricos o populares, alternativos al teatro que las condiciones económicas parece presentar como hegemónico.

Lo que podemos describir en las iniciales poéticas regionales es la presencia de una doble tendencia, o hacia el contacto, retroalimentación y, a veces, simple réplica del movimiento capitalino; o hacia la independencia creativa que limita la influencia limeña, la contesta o la complementa en múltiples soluciones desde el escenario. Esta doble tendencia es observable, en líneas generales, en consonancia con la existencia de iniciales tradiciones regionales, algunas interrumpidas en los últimos años, que se muestran con voces más o menos audibles. De esta manera, el movimiento teatral regional oscila y se replantea constantemente, tanto su situación de dependencia como en su recurrencia a una historia local de las representaciones escénicas.

Entre las localidades que poseen voz propia debemos mencionar los casos de Trujillo y Arequipa, y más recientemente, Huancayo. Podemos encontrar en estas ciudades activos movimientos locales, colectivos, autores y directores parcialmente organizados y presentes en la vida cultural de sus comunidades, y en gran medida interesados en consolidar público, salas permanentes y espacios de formación.

Así, Trujillo ostenta una de las actividades teatrales más importantes fuera de Lima, con espacios de formación actoral, algunos encuentros y festivales anuales, y nuevos actores. En dicha ciudad, marcamos la presencia de instituciones como la Escuela de Arte Dramático, sobre todo cuando fue núcleo de propuestas vanguardistas a finales de los 80 (“Li…Be…Ta”), y de grupos institucionalizados en el presente como Olmo Teatro (Dir. Marco Ledesma), cuyo trabajo se afirma en la incorporación libre de técnicas diferentes que van desde la creación colectiva (“Democrac-crac”) hasta más recientes experiencias con el teatro de autor (“Tres Marías y una Rosa” de David Benavente, “A ver un aplauso”, de César De María). También colectivos como Trama, dirigido por Luis Vargas (“Una Historia para ser contada”, de Dragún), Teatro a Mano (“El Monte Calvo” de A. Jairo Niño), Ruta de Alegría, y sobre todo directores y teatristas independientes como David Calderón, Lucy Astudillo, Violeta Garfias, Olenka Cépeda, Jaddy Gamero, entre otros.

En Arequipa la inexistencia de salas y escuelas es suplida por la continuidad de los colectivos. Aunque a finales de los ochenta, encontramos muy activos a grupos tradicionales como Los Audaces, de los hermanos Frisancho que propugnaba la creación colectiva (“Tierra Marcada”), o compañías como Foro Estudio (dir. Eduardo San Román) que alentaba la indagación en dramaturgias de vanguardia (“Jacques y su Amo”, de Milan Kundera); es a partir de los noventa que se consolida una regularidad en el trabajo teatral, con grupos como Ilusiones, dirigido por Lilia Rodríguez, revisando audazmente autores contemporáneos (“El Público”, de García Lorca, “Esperando a Godot”, de Beckett); o Aviñón Teatro, recreando dramaturgias disímiles de carácter social (“Cómo Arponear al Tiburón”, de Victor Haïm, “Niña Florita”, de Sara Joffré). Entre los colectivos más recientes destacan el TEUNSA, Jouet, Cachureos, Doutdes, y actores y directores como Martha Rebaza, Mario Azálgara, Doris Guillén y Elard Meza.

Pero tal vez la ciudad que ha llamado más la atención en los años recientes es Huancayo, debido a la presencia emblemática de Barricada y Expresión, dos colectivos de propuesta compleja y renovadora, y que coinciden en la presencia de elencos técnicamente virtuosos y directores/autores con claras opciones poéticas. Barricada, dirigido por Eduardo Valentín, plantea una temática andino-migratoria (“Voz de Tierra que llama”) coordinada con una necesidad de repensar la historia (“Cáceres, el enigma de la guerra perdida”), absorbiendo gran parte de las innovaciones espectaculares del tercer teatro. Expresión, vertebrado por la dramaturgia de María Teresa Zúñiga, recrea un mundo absurdo y reconocible (“Zoelia y Gronelio”), en singular confluencia con temas universales de cuestionamiento sobre la condición del artista (“Mades Medus”). La ciudad también ha visto desarrollarse el trabajo de Llaqtaymanta, grupo de tendencia más andina, y actores y directores como Dina Buitrón, Jorge Miranda, Edith Vargas.

Por otra parte, encontramos ciudades en las cuales la actividad teatral ha mostrado picos altos y caídas, momentos de mayor desarrollo a los que han seguido épocas de contracción. En el Cusco, a las generaciones anteriores fuertes y variadas con grupos y directores como Kapuli, Yawar Marca, TEUQ, Luis Castro, Hugo Bonet, Rodolfo Rodríguez, con influencia en la vida teatral actual, han seguido propuestas nuevas, entre las que merece destacarse Punto Aparte (“Por una flor”), Retama (“Cazador de gringas”, “Chaskoso” de César Vega H.), Volar Distinto, fundado por Miguel Ángel Pimentel (“En el borde”, de M. de Althaus, “Enroque”, creación colectiva), Palindromo, y teatristas como Hugo Salazar Rodríguez, Milagros Del Carpio, Tania Castro, Óscar Contreras, Yovana Góngora, entre otros. En Ayacucho, donde por evidentes razones la actividad se vio relegada en las décadas últimas, es destacable el impulso innovador que le han dado agrupaciones como Yawar Sonqo (“Danza Macabra”, “Qantu”, creaciones colectivas), y más cercana en el tiempo Avefénix, dirigida por Iván Flores (“Espantajos”, “El grano de mostaza”). Otros grupos y teatristas ayacuchanos son Qatariy y Daniel Quispe Torres. Finalmente, en Tacna, después de grupos y nombres de fuerte presencia en los ochenta (Grupo Teatral Tacna, Asocap, Pepe Giglio, Raida Callalle), el nuevo tiempo se abre con la poética casi absurdista de Edgar Pérez Bedregal y su grupo Rayku (“La leyenda de los gigantes”, “¿Cómo?”), seguida por la opción por el clown del grupo Másdenosotros, y la muy novedosa inclusión del grupo Deciertopicante (“Oshta y el duende”).

Hacia el norte, nuevamente, encontramos la emergente actividad en Chiclayo, con agrupaciones como Huerequeque, dirigido por Jorge Adhemar Vásquez, abocado a desentrañar una temática regional (“Dioses, olvidos y diablicos”), e indagar en la literatura universal (“El Príncipe Feliz”, adaptación del cuento de O. Wilde); el grupo Mueca, incorporándose a la requisitoria de la historia oficial (“La Invasión de los Barbudos”, creación colectiva); y los proyectos individuales, como los de los mimos Chocho Tello y Carlos Ylma. En Cajamarca, el bastión de trabajo teatral lo representa Algovipasar, dirigido por Roger Sáenz. El grupo ha experimentado la creación colectiva de temática histórica (“Extraña raza”), así como el teatro de autor de raigambre social o de denuncia (“Sitio al sitio” de Grégor Díaz).

Una mención particular merece la actividad teatral en la Amazonía. Aunque ésta se ha visto animada por profesores y directores independientes, como Duller Vásquez y Marina Díaz alrededor de las aulas universitarias (en particular en Iquitos), ciertos colectivos han tomado representatividad probablemente por su participación en encuentros y muestras. Así, tenemos el caso de Ikaro, dirigido por Julio César Flores, cuya formación en el grupo Raíces le ha permitido elaborar una síntesis entre trabajo corporal e investigación cultural, que comienza con leyendas y mitos amazónicos (“Atituyanemu Renu”) y desemboca en “Conjuros al Viento”, uno de los unipersonales mejor logrados del teatro regional. Participando de similar interés encontramos a Rafo Díaz, en una cuidadosa apropiación del texto de César Calvo “Las tres mitades del Ino Moxo”. Algunas otras expresiones regionales incluyen grupos como Urcututo dirigido por Pedro Vargas, Yurimaguas, dirigido por Pepe Ordóñez, la Hormiga de Tarapoto, Tres más uno de Iquitos, y teatristas como Daphne Viena y Rubén Manrique.

Queda por delimitar en el futuro la expansión que el teatro logrará en zonas donde algunas iniciativas hoy se abren paso, muchas veces en forma fundacional. En Cerro de Pasco, con grupos como Japiri (“El viento y el fuego”, de Jorge Bravo), Cobrizo minero (“El Mariscal Idiota”, de Walter Ventosilla) y Cajaylu. En Puno con la experiencia de Yatiri (“Hatún Yachaywasi”) ahora retomada por la agrupación Pukupuku que dirige Gervasio Juan Vilca, también autor de sus obras. En Huánuco, con Sobretablas (dir. Wilfredo Sotil), Aguas Vivas, y recientemente los grupos Histrión (“Diatriba de amor contra un hombre sentado” de G. García Márquez) y Colombina, dirigido por Edilberto Sacha. En Huaraz, con el grupo “Kuntur”, en Piura con “Pequeña Compañía”, en Huacho, Ilo y Chancay, y en todos los lugares en donde el temple y la perseverancia de nuestros artistas de teatro pueda establecerse.

Valor de las muestras e intercambios

A manera de colofón, es menester destacar la función que han venido cumpliendo los espacios de intercambio como festivales, talleres y muestras. Aunque puede registrarse varias iniciativas para consolidar espacios de este tipo, por su mayor complejidad organizativa merece atención prioritaria la Muestra de Teatro Peruano.

Nacida por iniciativa de Sara Joffré en 1974, para brindar un espacio de reflexión acerca de la dramaturgia peruana, la Muestra se convierte hacia 1979 en un encuentro descentralizado y gestionado por grupos teatrales. Con el paso del tiempo, comienza a perfilarse como un espacio privilegiado de intercambio de diversas formas teatrales y diversas regiones de la nación. Así, a mediados de los ochenta, el teatro de grupo, el teatro popular y el de vanguardia (tercer teatro) se mezclan de manera no siempre armoniosa con la problemática cultural de las regiones, en las que la necesidad de formación y difusión antes mencionadas se hacen evidentes.

Así, como consecuencia de la permanencia de las Muestras, se abre camino una incipiente organización de grupos, el Movimiento de Teatro Independiente-MOTIN (1985), cuya expectativa era nuclear la actividad teatral de toda la nación. Hacia 1990, se da forma a una organización de la Muestra de Teatro Peruano que contempla aún hoy la realización de seis Muestras regionales clasificatorias que dan cabida a espectáculos oficialmente invitados a la Muestra de Teatro Peruano. A la vez, se dio periodicidad bienal a las Muestras Nacionales.

Ciertamente, los avatares de la vida nacional han hecho su efecto en la Muestra. Algunas veces se ha visto retrasada o poco difundida; sin embargo, sigue constituyendo el espacio más representativo de la escena nacional, en su esfuerzo por nuclear propuestas libres y de todos los confines del Perú. Doblemente meritoria, si asumimos que se realiza precisamente como una expresión independiente de apoyos y se organiza empeñada solo en la palabra de los teatristas.

Gran parte de la información que hoy conocemos sobre la teatralidad nacional se la debemos a la Muestra de Teatro Peruano, y en buena medida todavía dependemos de su capacidad de convocatoria para labrar en nuestra conciencia la existencia de un teatro peruano.

Aunque es probable que exista mayor actividad en lugares remotos y en zonas no urbanas, o a través de colectivos o personas en ciudades que no conocen el circuito de las Muestras; este tipo de encuentros son un punto de inicio que justifica su existencia. Por ahora, solo nos queda confiar en que algún día todas las partes de este enorme cuerpo que es el teatro peruano, podrán por fin articularse perfectamente.


1 Entre los grupos podríamos citar a Yuyachkani, Cuatrotablas, Maguey, Vichama, Arena y Esteras, Yawar, La Gran Marcha. Entre los autores provincianos afincados en Lima: Gregor Díaz, César Vega Herrera, Áureo Sotelo, Delfina Paredes, José Enrique Mavila, Daniel Dillon, entre otros.
2 Convendrá revisar publicaciones recientes como El Libro de la Muestra de Teatro Peruano (Lluvia, 1997), y Voces del Interior (INC-U of M, 2001), en que se replantea ciertamente el panorama de la teatralidad nacional.


*Publicado originalmente en el Boletín Nacional del Instituto Internacional del Teatro (ITI-UNESCO) de Lima, diciembre de 2005. En la imagen: apuesta cultural de teatro en CUSCO... KUSIKAY, tomada de aquí.

8.2.09

ROBERTO BOLAÑO Y “LA NUEVA POESÍA LATINOAMERICANA” (1976)


LA NUEVA POESÍA LATINOAMERICANA
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Si por panorama general entendemos a una promoción emergente de jóvenes poetas que vienen a llenar algunos huecos surgidos en el aparato oficial de la literatura latinoamericana, a mí me parece definitivamente mediocre. Ahora que si por panorama general entendemos un movimiento al menos estéticamente al margen del aparato oficial o un subpanorama ética y estéticamente al margen, un estado de ánimo común a muchos jóvenes, una interpretación transformadora (y esto es más contradictorio que el diablo) de una realidad cotidiana sangrienta, en donde es imposible verdaderamente crear sin subvertir, en donde es imposible subvertir sin ser apaleado, en donde es imposible ser apaleado sin adoptar, por el momento aunque sólo sea visceralmente, posturas de rechazo total a situaciones culturales burguesas (y cualquier postura de rechazo total significa comenzar a experimentar y pensar nuevas formas de acción, a intuir nuevas sensaciones), el panorama general se me presenta como el segundo cartucho de dinamita de la poesía latinoamericana en lo que va de este siglo; el primero fue la vanguardia de los veintes: Huidobro, Vallejo, De Rokha, Oquendo de Amat, César Moro, Maples Arce, Alberto Hidalgo, Borges, Girondo, Martín Adán, etcétera. Por un lado escriben los jóvenes decentes, los de la cotidianidad de toilette, los caligrafistas, los que buscan un status de escritor. Por el otro están los anarquistas, los poetas narrativos y los nuevos líricos marxistas, los vagabundos, los que viven poesía, los que se pasean vestidos de erizos por la cotidianidad pequeñoburguesa, a los que les importa un comino el oficio de escritor. Dos líneas bastante numerosas, bastante heterogéneas. Para aclarar un poco, dentro de la primera tendencia (y decir tendencia es un decir), puedo mencionar a los hijos de Paz, en México; a los hijos de Girri, en Argentina; a los pésimos parrianos, a los peores nerudianos, a los definitivamente perversos rokhianos, en Chile; a los Cobo Borda trepadores (como diría Scott Fittzgerald), de Colombia; a los jóvenes poetas de la República del Este; de Venezuela; a los hijos de Stalin y Westphalen, del Perú; a los exterioristas católicos, de Nicaragua, etcétera. Dentro de la otra tendencia sólo puedo manejar un hit parade internacional, que agruparía gente muchas veces contraria entre sí, pero emparentada en un primer punto: la poesía ya no como un cubículo universitario, ya no como un flujo circular de información, sino como una experiencia viva, lenguaje vivo, autopista de cabellos largos. Me es inevitable mezclar poetas de los que ya no espero nada o casi nada, gente que después de haber dado dos saltos mortales se cayó del trapecio o bajó a recibir su cheque o su beca, o tuvo miedo, o se le acabó la inspiración; qué se yo; con poetas de los que espero todo o casi todo, tránsfugas, iconoclastas, adolescentes, personajes fidelísimos que entran como Pedro en su casa tanto al país de los cronopios como a las redes subterráneas de Bakunin y Barbarella. Los nombro indistintamente (para su curiosidad y regocijo): Hinostroza, Bruno Montané, Luis Rogelio Nogueras, Mara Larrosa, José Peguero, Orlando Guillén, Waldo Rojas, Julián Gómez, José Rosas Ribeyro, Enrique Verástegui, Mario Santiago, Gonzalo Millán, Rubén Medina, José de Jesús Sampedro, Óscar Málaga, Fernando Nieto Cadena, Jorge Pimentel, Juan Ramírez Ruiz, Beltrán Morales, Víctor Casaus, Cuauthémoc Méndez, David Malfavón, Eloy Jáuregui, Fanor Téllez, Vladimir Herrera y Antonio Cisneros. De los uruguayos sólo conozco mayores de cuarenta. Poeta joven que aparece es asesinado por la dictadura. Ibero Gutiérrez, por ejemplo. De Argentina puedo decir lo mismo que de Uruguay, con la salvedad de que recién ahora estoy empezando a leer, gracias a Jorge Alejandro, a algunos poetas de las promociones recientes. Imagino que la urgencia de sobrevivir es mayor casi siempre a la urgencia de escribir poesía; ya no hablo de difundirla, aunque sea a niveles subterráneos. Se me vienen muchos nombres a la cabeza: Paco Urondo, a quien todos conocemos, muerto en la guerrilla: Diana Bellesi, a quien sólo unos pocos conocemos (¿dónde está Diana? nos preguntó Hinostroza, no sé, le dije), perdida en esa especie de flipper electrónico que es el cono sur. Pienso en el gheto de poetas peruanos en el edificio de Georges Mandel en París, llamado también El Rincón de los Bonzos Melenudos. Pienso en los nuevos poetas chilenos (hablo de muchachos que no pasan de los veintiún años) creándose una tradición poética a partir de sus propios nervios.

Creo una cosa: si bien ahora el panorama general de la nueva poesía latinoamericana es en un cincuenta por ciento clandestino, dentro de poco tiempo lo será en un cien por ciento. En una época de crisis, el poeta se lanza a los caminos. De esta inmersión obligatoria en mundos nuevos renace la poesía, la verdadera poesía, o se va todo al carajo.

Antecedentes de la nueva poesía

¡Santo cielo! Si yo me pusiera extremista diría que los únicos antecedentes para muchos de nosotros son una cadena de carnicerías, una colección de fotos de poetas surrealistas, una monomanía por las carreteras, nuevamente una cadena de carnicerías, informaciones enajenadas con el método cut-up, complots experimentales, canciones de rock’n roll (sobre todo Simpatía por el diablo), Vietnam y la guerrilla, el sexo y los cómics, muchas nubes negras y veloces. Antecedente quiere decir, más o menos, acción, dicho o circunstancia que sirve para juzgar algo posterior. Bueno, creo que los antecedentes de los nuevos poetas latinoamericanos no son primordialmente literarios. Ni nacionales. No existen antecedentes puramente nacionales. En el caso concreto de los chilenos nuestras raíces no se circunscriben a la herencia que tal o cual generación haya podido darnos. Nuestra posición dentro de la joven poesía chilena es desde todos los puntos de vista opuesta a la de nuestros primos mayores, los chunchulitos del sesenta. No bebemos de Parra ni de Neruda (tampoco caemos en el ridículo de aquellos que después de haber aplaudido a Parra como el renovador de la poesía latinoamericana lo acusan ahora de fascista y niegan toda su poesía. Nosotros creemos que tanto Parra como los que hoy lo excomulgan han sido unos poetas pequeñoburgueses hasta la médula que en su momento hicieron cosas bastante importantes, sobre todo Nicanor). Le ponemos más atención a Pablo de Rokha y a Vicente Huidobro.

Nuestras experiencias, entre ellas el acto de escribir desesperadamente en un callejón sin salida, nos han orillado a reencontrar antiguos tótems, largo tiempo ocultos (ninguneados o manipulados por la tradición oficial) y a tomar de ellos lo más corrosivo, lo más fresco.

Avances y retrocesos

La renovación de nuestro lenguaje poético no se da meramente como una búsqueda formal, sino como resultado de un choque formidable entre una realidad cada día más exasperantemente poética y nuestras ganas de jugar un rato con ella, de interpretarla, de transformarla, por lo pronto sea sólo para ver qué nos pasa. La poesía de lo que se mueve y me rodea, extiende mi poesía al infinito, diría Bakunin.

Quizá el movimiento de poetas más importante de estos últimos años, no sólo para Perú sino para América, haya sido el grupo Hora Zero. Creado por Jorge Pimentel y Juan Ramírez Ruiz, en 1970 se lanzaron con un manifiesto en donde desconocían casi todo lo que se había escrito antes de ellos y volvían a poner vigentes dos actitudes: la iconoclastía y la fe ciega en el poder de la poesía. A partir de esa contradicción llegan a la poesía integral, de Juan Ramírez Ruiz y a los poemas proletarios alucinógenos de Jorge Pimentel. Además de ellos Hora Zero tuvo poetas tan buenos como José Cerna, Jorge Nájar, Eloy Jáuregui, Enrique Verástegui e Isaac Rupay. Pero igual que todo movimiento que se divide y que para colmo no logra salir de sus fronteras nacionales, éste se ahogó. La maquinaria oficial utiliza muchas formas para neutralizar algo que en determinado momento amenaza. A la gente se la compra o se la hace desaparecer. Juan Ramírez trató de romper el cerco y establecer contacto con grupos de poetas jóvenes del resto de América, testimonio de eso son unas cuantas cartas que le mandó a Mario Santiago. Allí lo que él planteaba era la unión mediante una revista rotaria de los diferentes poetas, más o menos marginales, más o menos de vanguardia, de algunos países latinoamericanos. El proyecto no cuajó. Ahora muchos horazerianos ya no quieren ni oír hablar de Hora Zero. Los pobrecitos piensan que pueden salvarse ellos solos. (Hora Zero en uno de los momentos más afiebrados trató de salvar al Perú; las profecías, los alucinantes juegos estadísticos, las advertencias ecológicas, los recortes de nota roja de Jorge Pimentel, en Kenacort y Valium 10 son prueba de ello).

Es aleccionador el fin de los nadaístas colombianos: todos pasaron, después del enfrentamiento con el poder cultural, de una onda satánica a una onda mística. De Gonzalo Arango no queda nada, de Juan Arb tampoco. Quizás dos o tres poemas de Jotamario. La comparación con Hora Zero se puede hacer de esta manera: después de la derrota los nadaístas devienen místicos y los horazerianos escritores de oficio. Hora Zero es el primer avance y el primer retroceso de importancia de la joven poesía latinoamericana de los setentas.

Otras tendencias de poetas jóvenes, me refiero a los que hacían poesía coloquial, con el pretexto de reflejar una cotidianidad fresca y sencilla sólo le rindieron tributo a una cotidianidad pequeñoburguesa, sin trascender nunca, tanto en forma como en contenido, al animal de la costumbre. De eso solamente quedan malas fotografías.

Los jóvenes poetas chilenos hicieron humo blanco cuando quisieron copiar el humor negro de Parra. El mismo Parra terminó haciendo un lamentable y mediocre humor blanco. El humor blanco es la broma más cruel que la nueva poesía chilena se jugó a sí misma hasta el 11 de septiembre de 1973.

Cuando el ambiente no sólo es indiferente u hostil, sino francamente criminal, como en el caso de Chile o de Argentina, al poeta no le queda otra que entrar en organizaciones clandestinas (hacer poesía a balazos, como diría Dalton), o irse del país. Europa está llena de argentinos, chilenos, uruguayos, que obviamente no están ahí de vacaciones.

Pero todo se prolonga de una forma o de otra. Dos poetas jóvenes que mucho le deben a Hora Zero son Mario Santiago, mexicano, y Bruno Montané, chileno. En Mario se cumple el poema integral con toda su unidad (su capacidad de estilo, su locura metafórica) y todo su poder fragmentario, el asalto simultáneo a diferentes formas de la realidad. En Bruno el desgarrado coloquialismo horazeriano se mueve por paisajes de alucinación y lucidez, con estructuras rítmicas y juegos de sensaciones llevados hasta las últimas. Tipos como Pimentel, que ahora tranquilamente encerrado en Lima prepara sus próximas batallas; como Mario, que es una especie de Netzahualcóyotl con la imaginación de Pantagruel, y como Bruno Montané, que es la serenidad en persona, no me defraudarán en lo que pienso tiene de viva nuestra poesía.

Posible vanguardia y contexto sociopolítico

Vivimos la aparición de formas nuevas, condicionadas por factores económicos, formas marginales que poco a poco vamos reconociendo como poesía. Un aire de poesía desligado de los medios sociales donde tradicionalmente se mueve la poesía. Vivimos la aparición de una poesía del lado salvaje de las calles. El humor blanco, el exteriorismo, los versos de la otredad, los versos clase obrera, sólo representan a un sector (el sector oficial, reconocido) famélico en su imaginación y rico en seguridad; la poesía conversacional se queda muda cuando ve pasar por la calle a los niños rojos, a los niños salvajes de Whitman, a los que sin darse cuenta aúllan. En oposición al poeta joven que teme enormemente arriesgarse, que quiere llegar lo antes posible a un status dentro del mercado, está el kamikaze de los Flujos de Mario Santiago o de los Caminos pedregosos de Pimentel. El digno y lúdico muchacho de la calle con el rostro embarrado de imaginación. Mientras cualquier chavo sueñe y le cuente sus sueños a una chava habrá vanguardia en la joven poesía. Pero es hora de sacar a la vanguardia de sus territorios marginales, de sus territorios de sueños, y lanzarla en una lucha de poder a poder contra el aparato oficial, reaccionario hasta los huesos. Para eso hay que organizarse, ensayar nuevos canales de comunicación, experimentar, estar siempre en la disposición de arriesgarse en mundos desconocidos, proponer frenéticamente, cotidianamente afilar la capacidad de asombro y de amor. La subversión de la cotidianidad no puede circunscribirse a los ámbitos puramente socioeconómicos, la revolución y la vida deben ser la ética y la estética (una sola cosa), de cualquier proyecto de vanguardia. En este sentido creo que podemos hablar ya de renacimiento, la cosa vuelve a moverse en algunas partes, los jóvenes se arriesgan, salen como lunáticos a las calles a vivir su propia película bogartiana, crean movimientos estrambóticos y sanísimos en medio de una inteligentsia primero indiferente y después asustada. Ejemplo de esto es el infrarrealismo en México, definido por amigos y enemigos como la peste, y eso que recién empieza, que recién está en la etapa que Rubén Medina designa como de “descubrimiento de sensaciones marginales”, “el poema lanzado, de formas múltiples, a la aventura”. El núcleo central de una posible vanguardia debe ser la aventura, creo yo. Y prefiero al muchacho que lee a Pablo de Rokha en vez de Valéry, el que lee a Kerouac y no a Fuentes, el que escribe en una máquina de sueños: Dinero Gratis o Thanatos Go Home.

Aventura de los nervios, aventura de los párpados, aventura del camino, aventura de la revolución, aventura del amor.

Más o menos como el que está tirado en una esquina, sudando y descansando un poco, y algún teórico sicoanalista de la Universidad le grita pequeñoburgués con mala conciencia. Y él se sonríe casi como un Buda armado.
·
*Publicado por primera vez en la Revista Plural, MÉXICO, 1976. Posteriormente en la revista virtual El Interpretador, número 31: julio 2007, y recientemente en el Blog de Pedro Granados. En la imagen: Hora Zero.

4.2.09

MULTICULTURALIDAD E IDENTIDAD: ACTUALIDAD Y PORVENIR DEL DISCURSO DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS


Por: Darwin Bedoya

Parte I

«Su literatura es toda ella una postración y comprobación
de que es posible la fusión de las culturas. Pero esas operaciones
no se sitúan sólo al nivel de los asuntos… ni sólo al nivel
de los programas explicativos, sino que funcionan en la literatura misma,
en la escritura, en el texto.»

Ángel Rama: Señores e indios, p. 15.

Introducción:

La cultura literaria es una de las riquezas más significativas que la humanidad entera puede tener. En Puno, como en la mayoría de las ciudades de los Andes, la literatura, —especialmente la oral—, es una de las más exquisitas expresiones que el hombre ha venido construyendo desde tiempos inmemoriales para encontrarse con su propio espíritu. Y sin duda, la oralidad[i] ha traspasado el tiempo como traspasa al silencio el canto de un batracio en las orillas del Lago Sagrado de los Incas. El tiempo no ha detenido esa fuerza enorme de ecos narrativos que los hijos de la pachamama, como una especie de ritual, han venido contando alrededor de una k’oncha, donde la madre cocina el pesk’e mientras les narra a sus pequeños las historias ancestrales. Tal vez por ello tengamos en nuestro altiplano importantes escritores, entre los que han destacado, de alguna manera, los poetas. Dante Nava, por ejemplo, fue un importante poeta andino que en toda su obra, aunque breve, siempre sintió la necesidad de mostrar la imagen del hombre del Ande; esto se puede notar en uno de sus más antologados poemas que empieza así: «Soi un indio fornido de treinta años de acero, / forjado sobre el yunque de la meseta andina[ii]». Otro poeta, Alejandro Peralta, el más destacado poeta vanguardo-indigenista de Puno y del Perú, en los años veinte, ensalzó el brío del indio con estos versos: «Ha venido el indio Antonio / con el habla triturada i los ojos como candelas / EN LA PUERTA HA MANCHADO LAS CORTINAS DEL SOL[iii]». Un poeta más reciente, dentro de la poesía puneña contemporánea, aún vivo, es Efraín Miranda Luján[iv], aquel poeta que alguna vez escribió y gritó a los cuatro vientos: «¡No me grites de calle a plaza: cholo; / grítame de selva a cordillera, / de mar a sierra, / de Tahuantinsuyo a República: INDIO! / ¡Lo soi! / ¡A puntapiés, insultos y balas: lo soi! / ¡Explotado, robado, asesinado: lo soi! / ¡Con mi esqueleto, mi ecología y mi historia: lo soi!»[v]; Tiempo después, repleto de mayor autenticidad, firmeza e integridad, el tayta José María Arguedas (Apurímac, 1911 - Lima, 1969), escribió: «Yo no soy un aculturado; yo soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz, habla en cristiano y en indio, en español y en quechua»[vi], dándonos a conocer, de ese modo, su espacio e identidad, su sentir de peruano desde donde escribiría una vasta obra narrativa representando todo un mundo indígena, pleno de cosmogonía y tradición. En esa lista de obras que hoy se ha convertido en una fuente donde se han depositado todos los signos identitarios de un país como el nuestro, ahí descansa un discurso valedero y digno de ser el abrevadero para las generaciones de hoy y las futuras. Además, en la obra de Arguedas, encontramos una extensa cultura peruana que es el punto de partida para reflexionar sobre aspectos conflictivos de multiculturalidad, identidad e idiosincrasia peruana, o sobre la crisis histórica del presente.


Los signos reflexivos de «Todas las sangres» o el anhelo de José María Arguedas:

En Latinoamérica, el indio de los Andes, el peón de las explotaciones de caoba y el gaucho de la Pampa fueron personajes literarios hartamente tratados en la novelística indigenista. Así, el boliviano Alcides Arguedas (1879-1946) publica Raza de bronce (1919), obra que se caracteriza por su voluntad realista de describir la situación del indio dominado por los grandes terratenientes, gamonales que se habían apoderado, al transcurrir los siglos, de su tierra. La dureza de las escenas y la riqueza evocadora de las descripciones se compaginan con un análisis de las condiciones políticas que hacen de los personajes representantes de clases sociales antagonistas. El argentino Ricardo Güiraldes (1886-1927), con la novela Don Segundo Sombra (1926) evoca al gaucho apenado y valiente, domador de caballos y educador de hombres. En Huasipungo[vii] (1934), el ecuatoriano Jorge Icaza alude a la explotación de las masas indias por una aristocracia débil, majadera y brutal, dominada a su vez por el imperialismo norteamericano. Finalmente, en Perú, el protagonismo del indio alcanza relieves considerables cuando en 1935 salen a luz dos libros rotundos: La serpiente de oro de Ciro Alegría y Agua de José María Arguedas; siendo el principio de una saga que, en 1941 continuará con El mundo es ancho y ajeno de Ciro Alegría y Yawar fiesta de José María Arguedas.

Estas novelas, aunque no signadas por un mismo indigenismo[viii], se desmarcan de todo reflejo exótico o idealización romántica; ya no pintan la tierra indígena en términos abusivamente sentimentales sino que, en sus páginas, hacen un retroanálisis que revela con detallismo y nitidez al indio como un ser humano capaz de expresar odios, de generosidades, de rencores, de ternura y de rebeldía; demostrando así que, en Perú, en Puno, en Apurimac, en Viseca o en cualquier lugar, las personas no se diferencian o, al menos no deberían ser tratadas de modos distintos, a pesar de que las culturas son tantas —y muchas también son las lenguas—, pero uno solo el sentimiento, uno solo el modo de llegar o estar en el fondo de la conciencia identitaria. Si bien es cierto, Arguedas no se reconoció como indigenista, por el contrario, dio a conocer los modos en que se identificaba con esta tendencia literaria: «Para él, eran indigenistas los que escribían sólo sobre los indios, los que se acercaban a ellos desde fuera y los trataban de modo paternalista. No hubo un indigenismo, sino muchos matices de un estado de ánimo que es, en mi opinión, el mejor modo de definir el indigenismo. No fue una doctrina política, ni menos un partido dispuesto a cambiar el país. Fue una actitud de solidaridad, de cierta defensa de los valores morales y artísticos de los pueblos indígenas, con diferencias y matices múltiples en la derecha de Víctor Andrés Belaúnde o en la izquierda del partido socialista con Hildebrando Castro Pozo[ix]». Todos sabemos que Arguedas, a la muerte de su madre, vivió entre indios, durmió con indios, comió con indios, habló como indio, tenía un corazón como los indios, en fin, era un indio, por eso supo escribir sobre el espíritu de los indios.

Entre los tres protagonistas culturales más grandes del Perú, sin duda, al lado de Mariátegui y Vallejo, está José María Arguedas Altamirano, estos son los tres escritores peruanos del siglo XX. El caso de Arguedas es uno de los más especiales, pues en toda su obra se puede palpar a uno de los más intensos escritores peruanos que supo, desde Agua (1935), hasta El zorro de arriba y el zorro de abajo (1971), penetrar al corazón mismo del alma peruana: el indio.

Si bien es cierto, hasta nuestros días recae la marginalidad sobre el nativo americano, en este caso el indio peruano, es a partir de la conquista española que empiezan algunos desmoronamientos terrígenos; por ello, esta lectura de la narrativa de Arguedas, condensada, de alguna manera, en Todas las sangres (1964), novela que nos permite revisar los aspectos multiculturales de un país como el Perú.

Nuestra lectura de la obra de José María Arguedas empieza con estas líneas que pretenden adentrarse en su prosa indigenista. Específicamente en esta novela, la más ambiciosa de Arguedas[x]. Todas las sangres es la continuación de la tarea de ampliación e incorporación del mundo andino; el autor insiste en la pretensión de mostrar la gran diversidad de elementos humanos que componen la realidad social del Perú. En Todas las sangres, los personajes se multiplican concediendo a la obra una gran tensión narrativa. Aparecen todos los problemas del Perú que entraron en conflicto en el momento en que fue escrita. Lo verdaderamente innovador y vigente de Todas las sangres reside en la superación de la dualidad entre la cultura serrana y la cultura costeña para presentar al Perú como un todo integrador, donde aquellos sectores, antes opuestos, se convierten en aliados, sin perder cada uno su peculiaridad esencial y sin disminución de la lucha indígena por su liberación, frente a otro gran adversario superior y procedente del exterior: una compañía norteamericana que agrega, desnaturalizándolo, a un proyecto de desarrollo autóctono, otro ligado a sus intereses económicos capitalistas. Es decir, esta novela, ingresa a conflictos que dejan de tener valor nacional para alcanzar una proyección de amplitud internacional[xi]. La novela Todas las sangres es el intento mayor de abrir una perspectiva que dé cuenta del Perú de la sierra y la costa, del indio, del mestizo y del criollo. La novela se fragmenta en realidades múltiples que resulta un intento extraordinario por articular realidades contrapuestas de plasmación de la realidad peruana. La fundación de un espacio geográfico, la ciudad de San Pedro, trasunto literario probable de San Juan de Lucanas, del Departamento de Ayacucho, sirve de soporte para realizar una amplísima narración conflictiva de la sociedad en la que confluyen y se entrechocan elementos de la realidad contemporánea, con una indagación hacia el pasado y su peso determinante en el presente, que deja entrever el intento de reflexión globalizante: la pobreza, el mundo indígena campesino, el mundo industrial de la ciudad, etc. permite determinar una galería de tipos y conflictos en el interior de una ciudad aniquilada por el tiempo, cuyos signos de desgaste material construyen también una simbología de la historia arrasada en la perspectiva del Perú contemporáneo. Los grupos sociales (señores, comuneros, obreros, patronos, caciques, gamonales, etc.) son parte de una galería de tipos morales que entrañan un profundo pesimismo social, en el que el mismo conflicto adquiere la función de ser paralizante. La idealización del Perú indígena, serrano, andino, adquiere un valor sobresaliente, frente a la plasmación de las crisis contemporáneas en el Perú costeño e industrial, que significan, ya no sólo un enfrentamiento de mundo y lenguas, sino, de clases, en estructura ideológica que determina la construcción y la narración novelesca.

Tal vez uno de los factores para la concreción de Todas las sangres y, especialmente El zorro de arriba y el zorro de abajo, haya sido que, un año antes, en 1966, Arguedas había traducido una especie de Popol Vuh peruano para el resto de las generaciones venideras: Dioses y hombres de Huarochirí, uno de los textos más importantes en cuanto a información mitológica y cosmogónica que del Perú existe hasta hoy. Es a partir de estos relámpagos o chispazos de contemplación de lo andino que Arguedas hace planes para presentarnos su obra literaria con una única voz de carácter indigenista.

Así, la obra de Arguedas significa «la recomposición del discurso indigenista o neoindigenista» y también «la emergencia de un nuevo sujeto»: el sujeto migrante, distinto del mestizo. Y surge un nuevo concepto, el de sujeto migrante, que el crítico peruano Cornejo Polar explica así: «Mientras que el mestizo trataría de articular su doble ancestro en una coherencia inestable y precaria, el migrante, en cambio, aunque también mestizo en una amplia proporción, se instalaría en dos mundos de cierta manera antagónicos por sus valencias: el ayer y el allá, de un lado, y el hoy y el aquí, de otro, aunque ambas posiciones estén inevitablemente teñidas la una por la otra en permanente pero cambiante fluctuación. De esta suerte el migrante habla desde dos o más locus y —más comprometedoramente aún— duplica (o multiplica) la índole misma de su condición de sujeto»[xii]. Esta idea nos permite contemplar estos rasgos que se corporeizan como consecuencia de los cambios económicos, sociales, y políticos actuales, y del impacto aculturador de los medios de comunicación, a expresiones cada vez menos andinas, en sentido restringido, pero también más representativas del Perú de nuestro tiempo. Es decir, de un país cada vez más impregnado por ese factor constitutivo —sentimiento o sensibilidad especiales—, y en donde nuevamente chocan o se entretejen, con renovada violencia, las grandes fuerzas modeladoras de nuestra historia, en una reedición, por así decir, del trauma de la conquista.

«En la novela Todas las sangres, Arguedas intentó ofrecer una visión de conjunto de la sociedad peruana. Tiene la virtud de ser el primer esfuerzo en esa dirección y es su novela de mayor envergadura. Además de los universos y espacios que él ya había descrito y tratado en sus libros anteriores, la novela presenta tres novedades: 1.- Burgueses mineros y financistas aparecen en el contexto de los andes dirigiendo una red-imperio desde Lima. 2.- Un grave problema político es tratado literariamente: el conflicto entre la modernización capitalista y el pasado feudal-colonial encarnado en la oposición de los hermanos Fermín y Bruno Aragón de Peralta. 3.- La aparición de un migrante que regresa de Lima luego de haber aprendido castellano y que representa la esperanza de los indios quechuas. Estas tres novedades sumadas a la complejidad del universo andino definen la envergadura y el vuelo de la novela»[xiii]. La obra de Arguedas, desde sus inicios se preocupaba por la consolidación de una sola nación, porque de algún modo resaltaba las cuestiones políticas, las vivencias andinas, las condiciones sociales y la presencia de las varias clases de peruanos que, además, empleaban, para comunicarse, distintas lenguas.

Todo aquel que recorre el territorio peruano ahora puede encontrar pueblos de habla y de conducta cultural diversa. A simple vista, son los vestidos, o las creencias culturales, o los patrones de comportamiento, etc., o inclusive las variedades de una misma lengua, o las diferentes lenguas existentes a lo largo y ancho del país, aspectos que nos hacen ver el gran mosaico de variedad que es el Perú. La diversidad del Perú fue tan evidente a la llegada de los españoles que obligó a que muchos cronistas lo anoten por escrito. Uno de ellos, Cieza de León, para hacer evidente lo diverso y plural que era el Perú al tiempo de su llegada, habla de las muchas naciones y lenguas que existían en el territorio peruano (En nuestro espacio, por ejemplo podemos hablar de los puquinas, los kollas, los quechuas y los aymaras). Lamentablemente, aquella riqueza real o imaginaria percibida por este cronista, hoy se nos aparece muy disminuida, pues ya no están presentes las naciones y lenguas de la costa, y muchas de la sierra y de la selva son ahora extintas o están en vías de desaparecer.

En la actualidad la mayoría de países, especialmente hispanoamericanos, son culturalmente diversos. Esta diversidad plantea una serie de cuestiones importantes y potencialmente conflictivas. Así, minorías y mayorías se enfrentan cada vez con más insistencia respecto a temas como derechos lingüísticos, la autonomía regional, la representación política, el currículum educativo, las reivindicaciones territoriales, la política de inmigración, ahora último se habla, por ejemplo, de los cambios de nacionalidad en vista de la crisis que atraviesa nuestro Perú. Es bien sabido que muchas personas puneñas, tacneñas, viven en Bolivia y Chile, respectivamente. Tal vez sus sentimientos patrióticos hayan cambiado o simplemente hayan sido cambiados por una mejor forma de vida que al final se resume nada más que en ingresos económicos y bienestar familiar y social.


El laberinto de la identidad:

Los nombres de las personas, sin duda, son parte importante de las identidades culturales y revelan procesos de los cuales sus protagonistas no siempre son conscientes. En unas ocasiones se eligen libremente, en otras son estructuralmente inducidos. El historiador Augusto Ruiz Zevallos, en un recordado artículo toca el tema de los nombres y la identidad: «Un buen amigo que es sobre todo un destacado jurista de la mal llamada generación cincuenta, defensor de los igualmente mal llamados indígenas, ha renunciado a su nombre anglosajón para encabezar sus apellidos con una W de sonoridad andina. Un destacado alumno de derecho, líder de un movimiento cultural, es más firme aun: ha cambiado su nombre (Walter) por uno quechua (Pokra). Ambos casos, lejos de ser asuntos personales, en estos tiempos en que los discursos étnicos pueden convocar la acción, forman parte de un fenómeno social»[xiv]. Los cambios de nombres, e inclusive los cambios de apellidos, aceptando la nulidad de herencias, en estos días, es algo común y corriente. Resulta que muchas personas reniegan de sus nombres y de sus apellidos. Sin embargo, estas actitudes irreversibles, distan bastante de conservar una identidad, un sentirse auténtico de un lugar, de conservar una cultura propia. Pero muchas veces, reiteramos, las personas se sienten bien solo cuando han dejado atrás esos nombres o apellidos que de algún modo los atrofiaba o no los dejaba en paz. Ruiz Zevallos concluye su visión así: «No es la primera vez que se concluye de esa forma. Así pensaban conocidos líderes de la izquierda tradicional, cuando se hacían llamar Pumaruna, Santos Huaira o Yawar, y muchos otros militantes quienes, pese a no usar nombres typches o aymaras, sindicaban y sindican como alienante, incluso por escrito. A las jóvenes que tiñen su cabello o a los padres que bautizaban a sus hijos como Jhonny, Paul, Edwin, Evelyn, Wilder. Otros, desde una posición un tanto conservadora calificaron de huachafa la actitud de quienes anteponen estos nombres a unos apellidos quechuas. […] Por lo expuesto, no es bueno tildar de alienada a la joven mestiza que tiñe sus cabellos, cuida de su peso, no usa correas cuando viste jeans y exclama a la norteamericana cuando se sorprende; tampoco satirizar a quienes bautizan a sus hijos con nombres ingleses, finlandeses, griegos o latinos. Ellos también forman una etnia, la de los nuevos mestizos. Ninguna intolerancia es justificable. Y no puede merecer censura la renuncia a un nombre anglosajón .como en los amigos que mencioné al comienzo. Para adoptar un nombre quechua, sino, al contrario, merecer respeto. Porque tanto en el caso de la joven mestiza como en el de los amigos, sus decisiones son enteramente libres y comportan autenticidad, pues, como dice en sus entrevistas Pedro Almodóvar y pone en labios de La Agrado en Todo sobre mi madre: Uno es más auténtico cuando más se parece a lo que ha soñado de sí mismo…»[xv] Pero la identidad no solo se centra en los nombres, es, en verdad, mucho más amplia, abarca muchas otras formas de comportamiento y deja vacíos que urgentemente deben ser tomados en cuenta.

La cuestión de la llamada identidad tiene una larga data, desde la Conquista, la Emancipación y la República. El síntoma social que podemos nombrar como crisis de identidad afecta sobre todo a las capas altas y medias del cuerpo social, se aloja donde se mantiene un desarraigo, es decir, es un síntoma localizado. En un principio, las poblaciones andinas fueron dominadas por el poder imperial español, luego por los gamonales que Arguedas menciona y que noveló magistralmente en Los ríos profundos, aún ahora, a la luz de la armonía desplegada en algunos espacios culturales, no puede decirse que el resultado en la subjetividad del hombre andino sea un desequilibrio de sus referentes culturales en cuanto a pérdida de identidad.

El problema que se advierte en ciertos análisis acerca de la identidad radica precisamente en que reducen cuestiones importantes a un segundo proceso; esto es, no tienen ojos más que para las identidades como intento desesperado por construir comunidades en las nuevas condiciones globalizadas, que resultan precisamente de la destrucción de los anteriores tejidos comunitarios y que terminan siendo en verdad sus sustitutos en esta etapa de la sobremodernidad o la tan famosa posmodernidad. Se ha subrayado el laborioso trabajo de trazar fronteras como formas de dar vida a las identidades. Aquí también se advierten en realidad dos tipos de procesos. Por una parte, las fronteras se trazan o refuerzan para delimitar y proteger comunidades tradicionales, progresivamente amenazadas por los efectos globalizadores. En general, este sería el caso de los pueblos indígenas y otros grupos identitarios. Por otra parte, el esfuerzo social opera hasta cierto punto en sentido contrario: aquí es la acción de trazar las fronteras lo que insufla vida y permite dar sentido a la “comunidad” misma, con lo que las comunidades aparentemente compartidas, son subproductos de un febril trazado de fronteras. No es hasta después de que los puestos fronterizos se han atrincherado cuando se tejen los mitos de su antigüedad y se tapan cuidadosamente los recientes orígenes político-culturales de la identidad con los relatos de su génesis.

El renovado afán identitario de los indígenas a últimas fechas tiene mucho que ver con el hecho de que esa crisis también los ha tocado, a veces en partes vitales. Expresión de ello son los cambios drásticos en comunidades indígenas de apreciables regiones de Puno, Arequipa, Moquegua, y lugares comunes de la sierra por ejemplo, sacudidas por la migración masiva de su población y el consecuente vaciamiento de las provincias de sus miembros productivos que, al mismo tiempo, son piezas claves para la reproducción de relaciones e instituciones medulares. Los de la sierra emigran a la costa, Lima, sobre todo, y, los de Lima, buscan otros países para cambiar su vida, especialmente EE.UU[xvi]. Esto obliga a mirar hacia adentro, a una constante reconstrucción de la comunidad (lo que no es, de suyo, novedoso), pero ahora a una escala, a un ritmo frenético y en condiciones tan difíciles de mantener bajo control, que colocan a los conglomerados socioculturales en una situación de especial fragilidad y riesgo de quiebre. El nuevo contexto obliga a recomponer o readecuar los pilares tradicionales de la comunidad, por ejemplo los sistemas de cargo tradicionales, al tiempo que la estructura comunitaria se apoya ahora en nuevas columnas. No se puede decir que ya no operan o imperan países colonizadores (como todavía puede advertirse en las recientes ocupaciones colonizadoras de Afganistán e Irak por parte de EE.UU.), pues resulta evidente que aún las empresas y las instituciones «globales», de esas que hablaba ya José María Arguedas en Todas las sangres, tienen que recurrir a los servicios de los Estados para realizar sus propósitos de integración al capital universalizado.


Multiculturalidad e identidad:

Según Montoya Rojas, Arguedas estaba convencido de «perfeccionar los medios, de entender este país infinito mediante el conocimiento de todo cuanto se descubre en otros mundos. No. No hay país más diverso, más múltiple en variedad terrena y humana; todos los grados de calor y color, de amor y odio, de urdimbres y sutilezas, de símbolos utilizados e inspiradores. No por gusto, como diría la gente llamada común, se formaron aquí Pachacamac y Pachacútec, Huamán Poma, Cieza y el Inca Garcilaso; Túpac Amaru y Vallejo, Mariátegui y Eguren; la fiesta de Qoyllu Riti y la del Señor de los Milagros; los yungas de la costa y de la sierra; la agricultura a cuatro mil metros; patos que hablan en lagos de altura donde todos los insectos de Europa se ahogarían; picaflores que llegan hasta el sol para beberle su fuego y llamear sobre las flores del mundo. Imitar a alguien desde aquí resulta algo escandaloso». A estas palabras de Arguedas podemos complementar lo que señala un reportaje aparecido en el suplemento Domingo, con motivo de celebrarse un homenaje más al Perú en las recientes fiestas patrias: somos «el primer país del mundo en variedad de orquídeas: 4,000 especies. El primer país del mundo en variedad de mariposas: 3,532. El primer país del mundo en especies de peces. El primer país del mundo con más platos típicos: 419. El primer país del mundo en variedad de plantas domesticadas nativas: 460 especies. El segundo país del mundo en especies de aves. El país con mayor cantidad de especies de papa en el mundo: 3,000. El tercer país con mayores reservas mineras en el mundo. El país que tiene 84 microclimas de los 103 que tiene el mundo. El país que tiene la ciudad de barro más grande del mundo antiguo, Chan Chan: 20 mil metros cuadrados de superficie»[xvii]. Esta enumeración de motivos patrios son las razones por las que los peruanos nos sentimos orgullosos, además de que obviamente, estos signos son la clara señal de la riqueza de nuestro suelo patrio. Pero no sólo eso, la socióloga y antropóloga Patricia Oliart, en una recopilación de conferencias publicadas en su libro Territorio, cultura e historia (2003), incluye estas líneas: «somos un país diverso y nos cuesta reconocerlo. Somos uno de los países más grandes del mundo. Ocupamos el lugar 19 en extensión entre el conjunto de casi 200 países. Si preguntamos a jóvenes estudiantes por el lugar que ocupa el Perú por el tamaño de su territorio, pocos acertarían. No sólo por ignorancia, sino por baja autoestima, pocos creerían que estamos ubicados entre los veinte países más grandes del mundo. Dentro de este inmenso territorio, poseemos una enorme diversidad geográfica, biogenética y también cultural. Las dos primeras son ya valoradas positivamente, pero nos cuesta hacer lo mismo con nuestra variedad de razas, lenguas, religiones, costumbres, tradiciones»[xviii]. Considerando todas estos motivos, realmente son contados los países como el Perú que pueden exhibir, no solamente lo enumerado, sino también, el variado resultado cultural de un constante mestizaje gracias a la adaptación de numerosas razas, lenguas y culturas provenientes de las geografías más diversas de la Tierra, ya que por múltiples razones nuestro país ha recibido, durante su historia, a tres principales grupos de migrantes provenientes de África, China y Japón, que han aportado lo suyo a la peruanidad; —la invasión de los españoles es otro tipo de migración—. Si consideramos que la multiculturalidad tiene enemigos poderosos y mortales, esto implica que debemos tener algunas formas de contrarrestar esos debilitamientos. La diversidad radical entre las culturas peruanas, así como el número de estas culturas, es una de las mayores riquezas de los peruanos. Gran parte de estas culturas son plenamente vigentes, con capacidad creativa alta; pero también hay varias culturas peruanas que corren el peligro de extinción a muy corto plazo y ahí está la tarea de nosotros como estudiantes, como personas que piensan y que se perpetuarán con las formas de su modus vivendi.


Conclusiones:

En la actualidad, las alternativas novedosas que centren su interés en la búsqueda de la unidad de pueblos mediante un diálogo con iguales caracteres, con rasgos incluyentes, con signos de pluriculturalidad, con banderas de libertad, en contextos de respeto, en geografías de democracia y con objetivos plenos de comunión, todo ello, más que una realidad, son objetivos que se pueden lograr trabajando colectivamente, de modo que se estará desmoronando los poderes de algunos que, a fin de cuentas son los que se encargan de decidir por los demás, esta es la gran verdad, no sólo de Perú, sino de todo nuestro planeta.

Tal vez, algún día, cuando ocurra el anhelo de Arguedas, cuando todos nos reconozcamos, al fin podremos vivir de una manera que nuestra convivencia sea la madre de la solidaridad y la fraternidad, ambas como el camino que nos conduzca hacia una paz y seguridad en esta pachamama, madre nuestra, como soñó aquel niño de nombre Ernesto[xix].

Es necesaria una discusión amplia sobre el tema de la multiculturalidad, una discusión que se concentre en aspectos como la realización de una concentración dentro de un rol de ejes temáticos, una revisión de los aspectos multiculturales dentro de los límites de un tiempo necesario, la creación de comisiones que laboren de manera exclusiva en este tema, pero con agendas definidas y que los integrantes de esta comisión sean personas idóneas, por ejemplo: sociólogos, antropólogos, académicos, especialistas y, especialmente representantes de etnias, líderes o autoridades que incluyan a sus comunidades, tribus, etc. Finalmente, darle al tema de la multiculturalidad una profundidad suficiente como para encontrarnos a nosotros mismos y saber que estamos ahí, aquí, hoy. Todas las sangres de nuestro país deberán flamear algún día como señal de respuesta a lo que un día quiso Arguedas.


Bibliografía

ARGUEDAS, José María, Compilación y prólogo de Ángel Rama: Señores e indios. Buenos Aires, Calicanto, 1976.
ARGUEDAS, José María, Traducción y prólogo de: Dioses y hombres de Huarochirí. México, Siglo Veintiuno editores, 1966
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CORNEJO POLAR, Antonio: Los universos narrativos de José María Arguedas. Buenos Aires: Editorial Losada, 1973.
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ESCAJADILLO, T.: La narrativa indigenista peruana. Lima, Ed. Mantaro, 1994.
FRANCO, C.: Imágenes de la sociedad peruana: la otra modernidad. Lima, CEDEP, 1991.
GONZÁLEZ, R.: El Perú es todas las sangres. Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, 1991.
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ZÚÑIGA, C.: José María Arguedas. Un hombre de dos mundos. Quito, Ed. Abya-Yala, 1994.


[i] El Ande es el oasis de la oralidad. Muchas historias se registraron en estas tierras, inclusive aquellas que mencionan el origen del imperio incaico. Al incluir la oralidad dentro de la literatura se deconstruye el estatuto privilegiado de esta última como coronación de un proceso civilizatorio: la cultura oral no es el tiempo precedente de la cultura escrita y la literatura, sino un lugar sobredeterminado que permite visualizar los mecanismos de poder que han constituido lo literario como una hegemonía cultural. Coexisten múltiples relaciones de fuerzas que horadan el antagonismo oralidad/escritura, más aún cuando seguimos la historia de los entrecruzamientos entre estos dos polos aparentemente estables. Escritores de la talla de Antonio Cornejo Polar (Escribir en el aire), Walter Ong (Oralidad y escritura: tecnologías de la palabra), ángel Rama (La ciudad letrada), además de otros estudiosos, han revisado con profundidad la relevancia de la oralidad en la traslación a la escritura literaria o el texto escrito.
[ii] Versos del poema ORGULLO AYMARA, texto clásico del poemario Báquica febril, único libro publicado por Nava.
[iii] PERALTA MIRANDA, Alejandro: Ande.
[iv] En el mes de noviembre de 2008, la UNMSM realizó un merecido homenaje a este poeta indio, el más importante de los poetas vivos con que cuenta la literatura de Puno.
[v] Estos versos pertenecen al famoso poema EE del poemario Choza, Lima, 1978.
[vi] Fragmento del discurso de José María Arguedas al recibir, en 1968, el Premio Inca Garcilaso de la Vega.
[vii] El título Huasipungo se refiere a una palabra quechua que utilizan los indios para designar la parcela por cultivar que les atribuye el hacendado para su supervivencia con la obligación de una diaria prestación laboral.
[viii] Un tanto alejado de indigenismos peruanos como el de Albújar y Ventura Calderón, el indigenismo de Arguedas se pretendió más auténtico. Por ejemplo, cuando Arguedas, en otro texto principal, Razón de ser del indigenismo en el Perú, pasa revista a las tradiciones culturales y la confrontación entre hispanistas e indigenistas, nos lleva a una tradición ideológica que responde a la razón de ser de dos ámbitos que son irreconciliables por las realidades sociales que representan. Aunque el mismo Arguedas haya rechazado una y otra vez la etiqueta de indigenista para su literatura.
[ix] MONTOYA ROJAS, Rodrigo: Todas las sangres: ideal para el futuro del Perú.
[x] Para el escritor Alberto Escobar, esta novela vendría a ser la más completa en pretensiones literarias que Arguedas pudo escribir.
[xi] MARTÍNEZ GÓMEZ, Juana: Ángeles y danzantes. Conflictos culturales en la narrativa del Perú (de José María Arguedas a Edgardo Rivera Martínez)
[xii] CORNEJO POLAR, Antonio: Escribir en el aire, p. 209.
[xiii] MONTOYA, Rodrigo: Visiones del Perú en la obra de Arguedas.
[xiv] RUIZ ZEVALLOS, Augusto: ¿Por qué Astocóndor se llama Kevin Arnold? En el suplemento Identidades Nº 5, p. 14, del diario El Peruano.
[xv] Ibíd.
[xvi] El escritor peruano Eduardo Gonzáles Viaña ha escrito uno de los libros más deslumbrantes mostrando la realidad de los que buscan un nuevo sueño en EE. UU.: Los sueños de América.
[xvii] LOAYZA, Jorge: Un país a medio camino, reportaje aparecido en el suplemento Domingo del diario La República, domingo 27 de julio de 2008, p. 10.
[xviii] DEGRÉGORI, Carlos Iván: Perú, identidad, nación y diversidad cultural, conferencia aparecida en el libro de Oliart, p. 214.
[xix] Ernesto es el alter ego de José María Arguedas. Aparece en la mayoría de sus obras, especialmente en Los ríos profundos, como personaje protagónico que relata las vivencias del autor cuando niño en el pueblo de Viseca.
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