17.8.09

MARTES 18: MARU DELGADO Y ALBERTO SALAS OBLITAS EN LOS MARTES LITERARIOS DE LA ALIANZA FRANCESA DE AREQUIPA


La Alianza Francesa de Arequipa en su ciclo de eventos que reúne a autores de narración breve, tiene el agrado de invitar a usted a la velada “Martes literarios” en donde tendremos la participación de los poetas Maru Delgado y Alberto Salas Oblitas.

Percy Tapia R. Vargas, presidente; Marcel Zerr, director agradecen su gentil asistencia

Este evento se llevará a cabo este martes 18 de agosto a las 7:00 p.m. en la Sala polivalente de la AFA (Santa Catalina 208). Los esperamos.

15.8.09

DESDE EL MIÉRCOLES 19: “ESPERANZA” MUESTRA PICTÓRICA DE MARCIAL OMAR AYALA DUEÑAS


Con 15 obras de gran formato quiero componer mi primera muestra pictórica teniendo como tema central la presencia de la mujer arequipeña de mi generación dentro de sus roles más resaltantes como son la moda, la noche, los vicios y su presencia dentro de las fantasías masculinas; así también, una seria de obras inspiradas en el mundo musical vernacular y chicha de algunos lugares y grupos arequipeños representantes de dichos géneros la cual se realizara del 19 al 28 de agosto en la sala uno del Complejo Cultural Cháves de la Rosa.



Esperanza, como su nombre lo indica, es un resumen de sueños, anhelos y fantasías del inmigrante y descendiente del inmigrante que vive en la ciudad blanca narrada desde un punto de vista contemporáneo. Representado en su estética callejera con estilos que van desde el póster anime japonés, el mural popular, la moda, la textilería y hasta los dibujos animados. La referencia cromática es innata y perteneciente a nuestra subjetividad ancestral que “reacciona” con las estéticas contemporáneas como el cromatismo digital y el diseño publicitario siendo la textilería y la ornamentación discotequera, automotriz y religiosa su destinatario más original.

(textos: Kennet O’Bbrien)

13.8.09

SIMPOSIO NACIONAL “CIEN AÑOS CON CIRO ALEGRÍA. LA VIGENCIA DEL INDIGENISMO”


1. Justificación y objetivos:

Este año, 2009, se celebran los cien años del nacimiento de uno de los más grandes escritores peruanos del siglo XX: Ciro Alegría.

En las comunidades humanísticas del continente se han organizado una serie de certámenes académicos en torno a esta fecha memorable y, en este contexto de celebración, la Facultad de Letras y Ciencias Humanas, a través del Instituto de Investigaciones Humanísticas, asume el compromiso de llevar a cabo una reflexión sobre la obra del gran novelista y sobre la vigencia del indigenismo del cual es uno de sus más grandes representantes. En este sentido consideramos importante insistir en la importancia del magisterio de su obra y en una cuestión capital: la forma en que el indigenismo ha asumido las demandas de una agenda política a lo largo del siglo XX, facilitando, de ese modo su presencia en la escena literaria contemporánea. Quede claro que este simposio busca la discusión y la polémica en torno a los temas que planteamos en las líneas temáticas.

2. Organizan:

* Instituto de Investigaciones Humanísticas.
* Departamento de Literatura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

3. Auspician:

Academia Peruana de la Lengua.
Centro de Estudios Antonio Cornejo Polar.

4. Líneas temáticas

• La obra cuentística, novelística y ensayística de Ciro Alegría.
• La recepción crítica a la obra narrativa de Ciro Alegría.
• La polémica sobre la vigencia del indigenismo.
• Perspectivas del indigenismo.

5. Envío de sumillas y ponencias

• Las sumillas de las ponencias se enviarán hasta 29 de agosto del 2009 al siguiente correo electrónico: know99@gmail.com
• Las sumillas no deben exceder las 300 palabras.
• El ponente debe indicar su filiación académico-institucional.
• Los ponentes deben calcular que su intervención tendrá una duración de 25 a 30 minutos como máximo.

6. Certificación

Las constancias de participación serán emitidas por el Decanato de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas y por el Instituto de Investigaciones Humanísticas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

7. Fechas y lugar de realización

El Simposio “Cien años con Ciro Alegría” tendrá lugar los días 24 y 25 de setiembre del 2009 en el Auditorio principal de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas, desde las 16:00 horas hasta las 20:30 horas.


* Para mayor información consulte el blog publicado especialmente para este evento.

HOY JUEVES Y MAÑANA VIERNES: TEATRO Y PINTURA EN LA CIUDAD DE TACNA


Estimados amigos: los invito a dos actividades que me parecen interesantes, hoy jueves a las 7:00 p.m. en el Teatro Municipal se estrena la obra La persistencia de la buganvilla que dirige el buen amigo Edgar Pérez Bedregal (Director del elenco Municipal de teatro). El ingreso es libre.

Y mañana viernes se inaugura la muestra pictórica del artista Reynaldo Palacios en la Casa de Zela, a las 7:30 p.m. El ingreso es libre y habrá de seguro el vino de rigor.

Saludos y asistan a estas actividades que se realizan en este calido mes tacneño.

Willy González.

12.8.09

“TEORÍA DE LOS CAMBIOS” DE ENRIQUE VERÁSTEGUI.


Por Miguel Ildefonso

Teoría de los Cambios (Sol Negro / Cascahuesos Editores, 2009) de Enrique Verástegui es una praxis metapoética a modo de testimonio, mezclada con meditaciones metafísicas, sucintas e irónicas observaciones de su entorno cotidiano, y pensamientos que integran ciencia, poética, filosofía, estética y ensayo; es también el análisis retrospectivo de propio oficio poético, una mirada a la trayectoria vital, existencial, artística y espiritual de un hombre que ha dedicado muchos años a la búsqueda de la plenitud mediante el arte de la palabra y el ejercicio del conocimiento. Es la visión integral del ser humano, que no separa hombre y cosmos, que ha llegado a entender que la revolución empieza en el interior de cada ser y que sus alcances no acaban en el universo. Una visión mística que integra razón y poesía oriental, y que borra las contradicciones entre lo bueno y lo malo, las dualidades.

Primero el poeta asume una posición marginal ante su sociedad: “Se me ha prohibido hacer filosofía, / se me ha prohibido pensar, / cuando de lo que se trata es de organizar el caos”, nos dice desde su posición de pensador, matemático o científico. En casi todos los textos su voz parece dirigirse al no-lector, mejor dicho, al nuevo lector que avizora. Es una poesía que mira el pasado, pero que le habla al futuro, como un Angelus Novus: el poeta sabe que ha sido silenciado por la sociedad, pero eso no significa que puede evadirse de su responsabilidad. Ahora que el poeta ha recobrado la voz, nos guía, nos explica, nos da pistas de sus obras silenciadas, a ratos como una Vita Nuova o un Ecce Homo, y a veces como cartas, cuaderno de apuntes reflexivos, diario, libreta de notas o carnets.

Pero no todo es repaso de la propia trayectoria o análisis de las posibles certezas alcanzadas, hay también un diálogo con otros poetas, tan antiguos como Dante o Holderlin, o presentes como Reynaldo Jiménez, Sologuren y Kozer; lo mismo están filósofos con los que debate como Kant y Hegel. Cito estos versos geniales: “Todo —lógica, matemáticas, ciencia— es tu cuerpo / esa razón práctica de Kant, que Hegel, / en nombre del Estado, contradice. / El Estado es superfluo, y Hegel un patán”. El poeta hace un constante ejercicio de la memoria, como es el caso de este breve pincelazo de Paris: “Como el Dante, pasé por La Sorbona. / Leyenda y misterio rodean mi estadía en Francia”. O recurre a la forma lírica de la elegía para recordar como emblemas a amigos que se han ido: Carlos Frías o Pocho Ríos (“Bohemio legendario / se inmoló en bares fulminantes / como infarto, estocada al corazón / que la Virgen María se lleva”).

El mundo es una sombra a mi lado / que Tao ilumina”, escribe hacia el final, en los poemas más afines a la poesía japonesa y china. Uno de los principios que el poeta postula es la supremacía de la Conciencia sobre la materia y lo real. Bajo esta premisa, entonces: “Si el mundo no cambia para bien / ¿Para qué habrá de cambiar?”, dice esta teoría que asume también que “el mundo que cambia es pasado”, y que “el principio del cambio, permanece”. La Teoría de los Cambios, es decir, de lo permanente, se guía por la belleza (lo que permanece), y la belleza se guía por la virtud (lo que se aspira). La virtud, entonces, la hallamos desde donde el poeta se rebela (su postura no-oficial), y a través de esas visiones místicas de la naturaleza, visiones de Lima, del caos, de la desolación, de la tristeza, pero integradas como circuitos mentales ante una pantalla de computadora del cual brotan iluminaciones como haykus. Para el poeta iluminado la belleza es salvación, para el poeta entusiasta el conocimiento siempre ha de ser deslumbramiento. Esta es una de las mejores lecciones que sacamos de este nuevo y hermoso poemario del gran Enrique Verástegui, poeta universal.

*Tomado del blog Nido de palabras.

10.8.09

JUEVES 13: EXPOSICIÓN EN HOMENAJE AL ESCULTOR ANTONIO PAREJA


Muestra se presenta en el Museo de Arte del Centro Cultural de San Marcos.

Antonio Pareja (San Pedro de Huancarucma, Ayacucho, 1944), migrante radicado desde muy joven en Lima, escultor autodidacta, ha logrado consolidarse en el ámbito local con múltiples exposiciones colectivas e individuales. A lo largo de veinte años, el artista ha desarrollado una de las trayectorias más notables dentro de la escultura peruana reciente. Su trabajo integra la imaginería andina tradicional con los distintos panoramas que le ofrece el arte contemporáneo.

“Libre de convenciones academicistas, su lenguaje diverso y cambiante se percibe desde la elección del material hasta la rudeza o la prolijidad en el acabado final de su variada obra. Desde la marginalidad de su taller, el artista se abocó a crear un universo antropomorfo, con referencias a la cultura popular, a sus recuerdos lejanos y donde la fauna real o imaginaria es trastocada hacia un resultado volumétrico y fluido. Pareja reconoce el valor de los artífices populares de su tierra, Ayacucho, y se sabe portador de las cualidades creativas y espirituales de dichas manifestaciones artísticas, las mismas que lo llevaron a elegir a la piedra de huamanga como soporte importantísimo en su obra”, explica Roger A. Cáceres.

La exposición “Una vida de arte” pretende distinguir la carrera artística de este singular creador. “La crítica local identifica una línea original en su propuesta, pero salvo excepciones, su obra no se encuentra en los fondos de instituciones culturales. Sin embargo, fueron otros escultores ligados a la Facultad de Arte de la Universidad Católica, donde Pareja inició sus actividades como conserje y luego como técnico, quienes alentaron el coleccionismo voraz de sus obras, he irradiaron este consumo a un grupo de artistas e intelectuales mayoritariamente”, agrega Roger A. Cáceres.

La exhibición inaugura el jueves 13 de agosto a las 7:30 p.m. en las Salas del segundo piso del Patio de Letras sector norte del Centro Cultural de San Marcos-La Casona (Av. Nicolás de Piérola 1222, Parque Universitario). Permanecerá abierta al público hasta el 26 de setiembre, de lunes a sábado de 10 a.m. a 1 p.m. y de 2 p.m. a 5 p.m. El ingreso es libre.

Para mayor información o contactos para entrevistas comunicarse al teléfono: 6197000 anexo 5207.

9.8.09

LA POESÍA EMERGENTE DE BORIS ESPEZÚA SALMÓN


Por Fernando Chuquipiunta Machaca

Desde hace buen tiempo, Boris Espezúa Salmón publicó su último libro de poemas, Tiempo de Cernícalo, que tuvo una grandiosa acogida por parte de la crítica nacional, y asimismo se mostraba como un poeta integral, capaz de crear versos breves e intensos, con un lenguaje muy metafórico. Pero esta vez, Boris Espezúa Salmón se sumerge en el universo de los derechos humanos con La Protección de la Dignidad Humana (Editorial Adrus, 2008), nuevo libro donde escribe reflexiones sobre diversos temas del aspecto constitucional. Conversamos con él para conocer su opinión acerca de la importancia que tiene la poesía en Puno, la situación de la literatura actual en nuestro entorno, y la nueva hornada de jóvenes talentosos puneños aparecida en los últimos años.

¿Qué es la poesía?

La poesía es un compromiso visceral entre el poeta, la belleza de la palabra y la vida. Y en el correr de la práctica poética se va adquiriendo el compromiso social y el personal con la obra. La poesía es fundamentalmente la expresión del ser ante el cosmos, es el arte de hacer belleza y conciencia con la palabra.

¿Se considera Usted ser poeta en Puno?

Considero que estoy en proceso de serlo, cuando haya escrito y publicado mi obra fundamental estaré convencido o no de serlo.

¿Existe alguna diferencia entre la poesía clásica y contemporánea?

El tiempo. El clasismo siempre será parte de la tradición, y el contemporáneo parte de la novedad. La diferencia siempre existirá, ninguna es mejor o peor una cosa que la otra, es asuntos de puntos de vista y de ubicación de tiempo.

¿Cuales son las nuevas tendencias literarias?

Aparte del Surrealismo, el Constructivismo, y las corrientes Deconstructivistas, no se conoce más, lo que no significa que lo nuevo también sea la mezcla de la tradición y lo innovador, que es también una forma de ser modero.

¿La escena política está inmersa en la poesía peruana?


Es parte de la formación y de la expresión. Pero, no debe ser un estilo y prioridad expresiva, debe ser su contenido, su fundamento, dicho con belleza, humor, metáfora, sin panfletarismos, ni demagogias. La poesía de Vallejo es poesía política por ejemplo.

¿Qué poetas te han formado?

Los autores que leí fueron clásicos, Rubén Darío, Becker, Neruda. Después leí a todos los surrealistas, y descubrí a Carlos Oquendo de Amat, a Alejandro Peralta y al propio Churata, ahora me interesan los poemas de Jorge Luis Borges, Mario Benedetti, Lautreamont y de mi gran amigo Tulio Mora. Los que te influyen tienen su momento, cuando se trata de búsqueda, y cuando se trata de mayores compromisos temáticos, son permanentes como Vallejo, Octavio Paz o Baudelaire en mi caso.

¿Qué proyectos tienes para más delante?

Tengo en proyecto el poemario “Gamaliel” que deberá salir a fines del presente año, y otro libro en prosa poética, sobre la interculturalidad del país, que espero que salga en 2010.

¿Algún mensaje para los nuevos poetas en Puno?

El abordar la poesía no es ocasión, ni buena intención, es transpiración y convicción. Se aborda con el cerebro y corazón, y con el compromiso permanente de seguir hasta el final. La poesía para los jóvenes debe ser complementaria a su realización y a su formación académica, después de ser una vocación, que termine siendo parte de su vida y de su razón de ser, aquél que crea que la poesía es inspiración de momentos, no hace bien a la poesía, la poesía no quiere que lo lloren, quiere héroes que lo enaltezcan.

¿Por último, conoce Usted la producción poética en Huancané?

Huancané es una ciudad que tiene tradición poética, tiene exponentes como José Luis Ayala Olazával, Gloria Mendoza Borda, Julio Abelardo Luza Gironzini, Leoncio Luque Ccota, Fidel Mendoza Paredes Y Gabriel Apaza Mamani que deben ser íconos para las nuevas generaciones. Su escenario natural y carácter festivo de Huancané, le da ingredientes mayores para que la gente haga arte. Es la nueva generación la que tendrá que llevar a Huancané a otro pedestal que no sea sino de ser uno de las mejores provincias de Puno, que como alguna vez fue Juli o Pomata, que dieron mucho aporte cultural a Puno y al País.


Datos biográficos:

Boris Espezúa Salmón (Juli, 1960). Ha publicado los siguientes libros: A través del ojo de un hueso, Transito de Amautas, Alba del Pez Herido, Tiempo de Cernícalo y La Protección de la Dignidad Humana. Poemas suyos han sido traducidos al Inglés y Francés, por John Oliver Simón y Montserrat Fito, respectivamente.

2.8.09

SELENCO VEGA JÁCOME ES EL GANADOR DEL PREMIO DE NOVELA BREVE CONVOCADO POR LA CPL


Selenco Vega Jácome (Lima, 1971) acaba de obtener el premio de novela breve, convocado por la Cámara Peruana del Libro. Vega ya había obtenido el primer puesto en los siguientes certámenes: Copé de Cuento 2006, Concurso Nacional de Poesía “César Vallejo” (1994), Cuento de las 1000 palabras de la revista Caretas (1995) y Concurso Nacional de poesía “El poeta joven del Perú” (1999). Se licenció en Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde también concluyó estudios de Maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana. Ha publicado Casa de familia (poesía, 1995), Parejas en el parque y otros cuentos (1998) y Reinos que declinan (poesía, 2001). Desde este espacio virtual, le hacemos llegar nuestra más sincera felicitación.

*Nota tomada del blog La soledad de la página en blanco y la imagen de Caretas.

1.8.09

ENTREVISTA A PEDRO GRANADOS POR CARLOS EDUARDO QUENAYA


A propósito de la visita del poeta y amigo Pedro Granados, quien estuvo por aquí hace un par de semanas para presentarnos su última publicación y compartir además un par de noches de bohemia, Carlos Quenaya le hizo la siguiente entrevista:


Pedro Granados (Lima, 1955) es autor de 10 poemarios, 3 novelas, un libro de crítica literaria en torno a Vallejo y otro e-book dedicado a la poesía dominicana reciente, así como de enjundiosos ensayos que circulan por Internet. Fue también jurado de la I Bienal del Premio Copé Internacional de Poesía, organizado por Petroperú en el 2008. Estuvo el viernes 17 en nuestra ciudad presentando su más reciente publicación: Soledad impura. Aquí un breve diálogo con él.

Existe un episodio que, imagino, debe haber marcado tus inicios literarios, me refiero a la cálida dedicatoria de Martín Adán a propósito de tu primer libro, Sin motivo aparente. ¿Puedes contarnos qué sucedió?

No llegaba a los veinte años y, lógico, a esa edad me atreví a llevarle mis poemas a Juan Mejía Baca para que se los diera a Martín Adán. Grande fue mi sorpresa cuando, luego de varios meses y al visitar otra vez aquella librería, aquél me dijera que tenía un regalo para mí… una edición del INC con la dedicatoria de Adán. Pero esto no es todo, ya hecho el vínculo (no con el poeta, a quien no conocí personalmente, sino con el librero), lo último que leyó en vida el autor de La casa de cartón —en su lecho de enfermo— fue mi segundo poemario, Juego de manos (1984)… lo leí en El Comercio.

¿Qué cambios percibes en el ambiente literario de finales de los 70s respecto al que se vive, digamos, en esta primera década del siglo XXI?

Es lo mismo, pero los actores se han multiplicado geométricamente… tal como la población general actual respecto a la de aquel entonces. Desde cierto populismo monitoreado, tipo Festival de Medellín, esto es un índice positivo de inclusión y de desarrollo de la democracia. Pero la poesía no se mide por ninguna agenda teórica o postura políticamente correcta; es arte (también) y, por lo tanto, es perversión, derroche o exceso. Y exige de los que la cultivan —y esto es acaso incomunicable, verbigracia, en un taller de poesía— un comportamiento atípico, ante todo al conformismo y la mediocridad. Me encanta hallar cada vez menos problemas de autoestima entre los jóvenes poetas, o al menos eso pareciera, pero continúa vigente aquello que urgía Rubén Darío a sus contemporáneos: conocer más el arte al que nos dedicamos.

¿Te sientes adscrito a la generación poética del 80?, ¿en qué compañeros de ruta reconoces alguna afinidad literaria?

Llegados a los cincuenta años, si tienes demasiada afinidad con lo que hacen tus colegas, mejor deja de escribir. Hacer poesía es cultivar una concha porque tienes allí una perla preciosa; es jugártelas por tu propio corazón… no es para ser un ventrílocuo o un parásito de nadie. Ahora mismo estoy solo.

¿De qué modo la Internet está transformando el circuito poético?, ¿qué puede perder o ganar la poesía en medio del actual diluvio comunicativo?

Leer subliteratura, para los que tienen oído, refuerza o moldea también el gusto. La net trae más de bueno que de malo; para empezar, uno no se halla condenado a caminar siempre en el patio propio. Sólo para los que procuran su pequeña fama de barrio no es la net; ésta nos conmina a cotejarnos y legitimarnos en el mundo entero.

Cuéntanos, ya tienes dos años como blogger… ¿qué sacas en limpio de esa experiencia?

Es maravillosa para mí… aquella mezcla de autismo y de repercusión gregaria que adquieren esos juegos solitarios. Es un auténtico consuelo siendo yo una persona, en el fondo, tan ad gentes… le permite a uno viajar y multiplicarse, sin dejar de estar, al mismo tiempo, anclado en algún específico lugar. Al principio, prácticamente coincidió con mi “retorno” al Perú, lo tomé como una manera de hacer público una serie de archivos que había dejado en Lima; luego entiendo que se ha tornado como una suerte de revista electrónica porque cuelgo cosas mías y de otros, por lo general, recientes. Sin embargo, finalmente, lo concibo como un curso —gratuito y a distancia— de literatura… todo eso que figura allí tiene que ver, aunque sea de modo curvo, con mi modo de leer —teórico y metodológico y ético— la literatura..

Hace poco colgaste un breve ensayo en tu blog, a propósito de una antología de Tito Cáceres Cuadros, sobre la poesía en Arequipa. Me llaman la atención tus comentarios, pero me quedo con la impresión de que no cargaste debidamente el tintero.

Soy una persona libre; es decir, cargo o descargo a mi aire. No quisiera que se me estereotipe ni, menos aún, complacer o no por mi tipo o talante de respuestas. Retomemos, más bien, aquello que llamó tu atención.

Entonces hagamos una pregunta más puntual: ¿habría algún aire de familia en los gestos de estilo que analizas?, ¿en qué términos es posible hablar de poesía arequipeña, limeña, o santacrucina?

Desde un punto de vista bastante escolar y elemental —tan deleznable acaso como el criterio del sentimiento del terruño— son absolutamente arbitrarios los criterios geográficos para delimitar literaturas. Pero si ninguno de estos nos resultan persuasivos, al menos pueden ser divertidos o entretenidos. Existen tantas verdades como interlocutores hayan; así, sin jerarquizar. La voz de la academia es sólo una de ellas; a veces de buen empaque, pero no pocas veces menos huachafa que la del adolescente sabelotodo o la del borracho que, para ponerse a tono con la conversación, nos dice, por ejemplo, que la poesía de Martín Adán es rica en verbos. Se comunican otras cosas, obviamente, a través de estos mensajes. Y compasión para todos siempre y permanentemente existe; para empezar, con el discurso de uno mismo.

Antes de terminar, háblanos de tu último poemario ¿qué representa, en el proceso de tu obra, Soledad impura?

Por un lado, completa la trilogía que va desde Juego de manos y pasa por El corazón y la escritura (1996); por el otro, debate en el Perú con Una impecable soledad… es, frente a esta obra de Luis Hernández Camarero, como la otra cara de la moneda. Finalmente, Soledad impura podría esbozar mi retrato más fiel.

¿Y qué proyectos tienes ahora?, ¿una novela, un libro de crítica, un nuevo poemario?

Por lo pronto, tratar de publicar en libro otros manuscritos. Por ejemplo, “Hitos de una vida continua: la poesía de Javier Sologuren”, que fue en gran parte mi tesis de Bachiller en Letras para la Universidad Católica del Perú (1987); y una colección de ensayos, todos ya publicados en revistas especializadas, titulada “Cinco ensayos deseantes: de Cárcel de amor a la última poesía española”. También me preparo a escribir otra novela breve, “Rompe una ola”, que creo continúa a las tres anteriores.

*Entrevista reproducida, con características propias, en el semanario El Búho, y luego en el blog de Pedro Granados de donde se ha extraído.

30.7.09

RODOLFO HINOSTROZA: “LA POESÍA ES MONOPÓLICA, NO DEJA HACER OTRA COSA” (Y UN HOMENAJE EN LA FIL)


Responde: Rodolfo Hinostroza* Sobre sus libros, los poderes de la poesía y los homenajes.

Por: Gonzalo Pajares Cruzado

Aunque solo hubiera escrito sus dos primeros poemarios, Rodolfo Hinostroza (1941) ya merecería el parnaso literario. Consejero del lobo y Contranatura son libros poderosos que, a pesar del tiempo, siguen impresionando. Integrante de la generación del 60, mañana, a las 7:00 p.m., se le rinde un merecido homenaje en la Feria del Libro.


¿Qué siente un poeta cuando le llega la hora de los homenajes?

Uno sabe que llegarán. Lo importante es durar hasta que lleguen. A mi edad —tengo 67—, uno adquiere súbitamente importancia, sea lo que sea que haya hecho. Claro, imagino que algo habrá influido mi obra. También está la circunstancia histórica de que la generación del 60, a la que yo represento, ocupa ahora la escena cultural peruana pues, de nuestros antecesores —la generación del 50—, solo sobrevive mi amigo Carlos Germán Belli. Somos su relevo generacional y debemos estar a la altura (ríe).

¿Su generación está a la altura, en términos literarios, de la del 50?

Sí. Los escritores del 50 tuvieron la suerte de ser más numerosos. Sus vocaciones literarias fueron más permanentes y más consolidadas. En mi generación hubo gente que dejó de escribir prematuramente porque, en algunos casos, murió (como Javier Heraud, Luis Hernández) o tuvo algunos avatares. La del 60 fue una generación muy movida, muy dramática; incluso nos dividimos, sufrimos disputas, seguimos distintas tendencias. La del 50 estuvo muy influenciada por los poetas españoles. Recordemos que, en nuestro tiempo, España estaba en decadencia. Nosotros nos imbuimos de otras tradiciones: la alemana (Hernández), la francesa (yo), la inglesa (Lauer), etcétera. Pero creo que nuestros textos se están portando bien (risas).

Consejero del lobo (1965) y Contranatura (1971) fueron importantes. Luego existe la sensación de que su voz poética se apaga.

Es importante la pregunta porque mucha gente siente eso. Yo no dejé de escribir poesía. Sucede que me volví politeísta. La poesía ya no es mi único interés en la vida. Esta es muy monopólica y no nos deja hacer otra cosa. Yo escapé y me diversifiqué: he escrito teatro, cuento, novela, ensayo. Lustra Editores va a presentar la Biblioteca Rodolfo Hinostroza, que constará de 16 volúmenes. Empezamos con Cuentos incompletos, que incluye dos libros de relatos. También tengo tres piezas de teatro. La colección es auspiciada por la Universidad de Ottawa. Mi obra supera las dos mil páginas.

¿No cree que este ‘desconocimiento’ se debe a que el poder de sus primeros libros opacó a los siguientes?

Quizás su magia, su misterio, su conjunción perfecta, esté en que reúnen experiencias literarias y vitales. Uno no puede solo jugar con el lenguaje, hay que vivir. Recordemos que fueron escritos en los adorados 60, una época especial donde estaban los Beatles, el neobarroco cubano.

Consejero… lo escribió en Cuba; Contranatura, en Francia.

Sí. En plena Revolución Cubana y después de vivir Mayo del 68, que fue un golpe de modernidad. Se desbordaron una serie de barreras: a la vida, a la imaginación. Un poeta debe conciliar una vida bastante intensa, involucrarse en muchos asuntos —aunque sean locos— y expresarse de una manera moderna, con la lengua de su época. Estos requisitos, creo, se cumplen en mis libros.

¿Los poetas del 50 se dedicaron a escribir y los del 60, a vivir?

Sí, pero recordemos que nosotros también hemos escrito… y mucho. Por ejemplo, Marco Martos publica un libro al año. Yo tengo 16.

¿Acepta el calificativo de simbolista?

No. La poesía moderna no tiene calificativos. No hay escuelas. Ni siquiera la gastronomía tiene escuelas. Ahora domina la ‘cocina de autor’. En la ‘poesía de autor’ pasa lo mismo. Como en la gastronomía, uno se apropia de lo que le da la gana y hace su propio menjunje. Eso es lo que siempre he hecho.

Tradujo a Le Clèzio. Parte del Nobel es suyo…

(Ríe). Aunque traducir es un acto de creación, no hay que exagerar. Él es un hombre muy interesante, preocupado por las culturas del Tercer Mundo. Soy un entusiasta de su obra. Mereció el Nobel.

*Entrevista e imagen tomadas del diario Perú21.


Así mismo, cabe recordar que hoy, jueves 30 de julio a las 7:30 p.m., en el Auditorio Ricardo Palma de la XIV Feria Internacional del Libro de Lima (FIL PERU) [Vértice del Museo de la Nación] la Cámara Peruana del Libro le realizará un cálido homenaje. No deje de asistir.

27.7.09

TESTIMONIO LECTURA CLAVE: DESCUBRIMIENTO PERSONAL DE CÉSAR VALLEJO


Por Jorge Edwards

La publicación de César Vallejo. Una lectura desde Chile, antología realizada por Pedro Lastra y en la que Edwards participó junto a otros seis escritores —incluido el propio Lastra—, motivó al Premio Cervantes y reciente ganador del Premio Internacional Fundación Cristóbal Gabarrón de las Letras a recordar la influencia del poeta peruano sobre él y sobre su generación.

Pedro Lastra, poeta, crítico, profesor, les pidió a seis escritores chilenos de diversas generaciones, todos ellos conocedores y frecuentadores de la obra de César Vallejo, que anotaran en una lista sus poemas preferidos del autor de Poemas humanos. El resultado es una antología colectiva, donde se produjeron notables coincidencias y hasta unanimidades, y una lectura desde Chile, como reza el subtítulo, del gran poeta peruano. Por ejemplo, los siete chilenos hemos coincidido, entre muchos otros, en escoger “Piedra negra sobre una piedra blanca”, título enigmático para un texto clásico de la vanguardia en lengua castellana. Todos descubrimos ese poema en algún momento decisivo, en épocas de definición literaria, y casi todos lo sabemos de memoria hasta hoy mismo.

Por mi parte, recuerdo las circunstancias casi exactas en las que leí esos versos y me quedé intrigado, pensativo, desconcertado. Salí una tarde del Colegio de San Ignacio de la calle Alonso Ovalle, allá por 1946, y compré una revista en el quiosco de la esquina, Pro Arte. Años más tarde conocí al verdadero héroe de Pro Arte y hasta me convertí en colaborador ocasional, pero entonces, cuando hice la compra por pura intuición, no sabía nada ni de César Vallejo, ni de Enrique Bello, ni de las dificultades endiabladas de la vida del arte y de la literatura en Chile. Sé que era un día de invierno, que ya estaba oscuro, y que caminaba por ahí cerca, como de costumbre, un caballero de polainas grises que solía escribir en el conservador y católico El Diario Ilustrado y que además editaba el vespertino El Imparcial.

En la primera página de Pro Arte figuraba el poema de Vallejo, y los versos iniciales, leídos a la luz de un farol cercano, me dejaron embargado, boquiabierto, conmovido:

“Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París —y no me corro—
talvez un jueves, como es hoy, de otoño”.


Mi primera sorpresa fue el desafío a la lógica, a lo verosímil, practicado, sin embargo, con un lenguaje claro, ajeno al hermetismo y a las escrituras del surrealismo que ya empezaba a conocer fuera de mis estudios. Aquí no había oscuridad conceptual ni nada que se pareciera al dictado automático. En forma lúcida, tranquila, perfectamente controlada, el poeta nos aseguraba que ya tenía, es decir, que había empezado a tener, el recuerdo del día de su muerte: habría aguacero, en París, y esto ocurriría talvez en un jueves otoñal. Se podría aventurar un ensayo sobre los días jueves de la poesía latinoamericana de aquellos años (“un día sin orígenes, jueves”), pero el tema nos llevaría por otros caminos. Lo que me detuvo, lo que me produjo una sensación comparable a lo que se llamaba entonces una epifanía (James Joyce), fue la imposibilidad de aquella memoria, puesto que no podremos, por definición, recordar el día de nuestra muerte, y a la vez su enorme fuerza poética, su triunfante irracionalidad. En las aulas ignacianas de las que acababa de salir hacíamos largas prácticas de silogismos y leíamos a poetas como Núñez de Arce, Campoamor, Gustavo Adolfo Bécquer. El padre Walter Hanisch, historiador, especialista en el barroco latinoamericano, hombre amable y curioso, me había prestado un clásico de la crítica contemporánea: Literaturas europeas de vanguardia, de Guillermo de Torre. Pues bien, Vallejo estaba más cerca de nosotros que futuristas, dadaístas, surrealistas, pero también, andino, extraño, exiliado voluntario en París, llegaba más lejos. Era la vanguardia nuestra, ajena, precisamente, a los sistemas que describía Guillermo de Torre. Pocos años después, ya en los tiempos de la Escuela de Derecho y de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, en los del antiguo Pedagógico de la Alameda abajo, en los de interminables conversaciones en el Parque Forestal, conocí a poetas para quienes Vallejo ocupaba un sitio especial, único, legendario: Enrique Lihn, Jorge Teillier, Alberto Rubio. Rubio, que acababa de darse a conocer con La greda vasija, tenía una forma de forzar el lenguaje, de substantivar, de adjetivar (como ya se notaba en su título), que era de clara línea vallejiana. Por admiración, por deseo de identificación, por lo que fuera, había llegado a adquirir un parecido físico notable con el poeta de los Andes peruanos. Vallejo hablaba de los burros serranos, de las piedras, de “la pura yema infantil innumerable” de los bizcochos que fabricaba su madre en la infancia perdida, y parecía que Alberto Rubio, en versión chilena, en un tono quizá menos áspero, menos dramático, hacía variaciones sobre lo mismo. Ver ahora que un nieto suyo, Rafael Rubio, también poeta, participaba en la selección y explicaba en público su visión de la obra de Vallejo, me pareció una vuelta de la rueda del tiempo. Hasta conservaba, pensé, el parecido de su abuelo con el poeta de Santiago de Chuco.

Pocos años después, en el París de la primavera de 1962, conocí al joven Mario Vargas Llosa antes de que fuera conocido en la literatura, puesto que aún no había publicado su primera novela. Hablamos largamente, en interminables caminatas de los días domingo, de la poesía de Vallejo, del Neruda de Residencia en la tierra, de Octavio Paz, de un nuevo poeta del Perú que se llamaba Carlos Germán Belli. Eran meses de discusiones literarias desatadas, de sorpresas y conocimientos. Julio Cortázar vivía a la vuelta de la esquina, lo mismo que Roberto Matta o Miguel Ángel Asturias, y los jóvenes artistas y aspirantes a escritores de América española y portuguesa desembarcaban en París a cada rato.

Cuando leí al final de ese año La ciudad y los perros, uno de los primeros hitos de la nueva narrativa latinoamericana, sentí el eco particular del Vallejo de Trilce, de Poemas humanos, casi en cada página. En la prosa narrativa había entrado un aire, un ritmo, que no era enteramente lógico ni exclusivamente informativo, que tenía una relación no explicada con esa manera de escribir poesía. Cinco años más tarde, en uno de los primeros ejemplares de la edición de Sudamericana de Buenos Aires, leí Rayuela, otro hito novelesco, otra ruptura con la tradición narrativa, y me encontré con una atmósfera, inconfundible para mí, del Neruda de primera y segunda Residencia en la tierra. Se lo comenté a Julio Cortázar y no lo negó en absoluto.

Era una generación de narradores que leía poesía y que leía, a la vez, con insistencia obsesiva, a novelistas y cuentistas que se podrían llamar poéticos, como Faulkner, Proust, Joyce, Juan Rulfo, Jorge Luis Borges o Juan Carlos Onetti: prosistas que no se quedaban en la esfera exclusiva de lo narrativo, que estaban contaminados por la concisión, el misterio, la ambigüedad de sentido de la poesía. El fenómeno, por lo demás, coincidía con otro opuesto y convergente. La obra de los poetas anteriores de América Latina escapaba de la noción aceptada y tradicional de lo bello. Entraba en lo cotidiano, en lo coloquial, en lo convencionalmente feo:

“y me urge estar sentado
a la diestra del zurdo, y responder al
mudo,
tratando de serle útil en
lo que puedo, y también quiero
muchísimo
lavarle al cojo el pie,
y ayudarle a dormir al tuerto próximo”.

Pablo Neruda explicó esta estética mejor que nadie en un texto de Madrid del año 35, “Sobre una poesía sin pureza”, y César Vallejo, quizá, sin terminar de explicarla, la practicó mejor, con una mezcla de modestia, de rabia, de audacia:

“Y también de resultas
del sufrimiento, estoy triste
hasta la cabeza, y más triste hasta el
tobillo,
de ver al pan, crucificado, al nabo,
ensangrentado,
llorando, a la cebolla,
al cereal, en general, harina,
a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo,
al vino, un ecce-homo,
tan pálida a la nieve, al sol tan ardío!”.


Fueron años en que nadie hablaba de derechos de autor, de best sellers, de premios literarios, aun cuando ya existían en alguna parte. La literatura era una vocación, no una profesión. En la pintura había algún dinero; en la literatura, un orgullo, una manera de vivir, una pasión compartida. Vivíamos de sorpresa en sorpresa: las ilusiones eran formidables y no faltaban las ingenuidades. Ahora no sabemos si la revolución, su leyenda, su idolatría, sus confusiones, tuvieron algo que ver con todo esto. Es muy probable que sí, y pagamos las consecuencias de alguna manera. Pero ahí, en una vuelta del tiempo, se encuentra esa época irrepetible: atrabiliaria, frenética, desaforada y, muchas veces, desconsolada. Entrar a la Coupole, en Montparnasse, como antes, en nuestra prehistoria, habíamos entrado al café Bosco, en la Alameda, y ver a Samuel Beckett, con su cara cetrina, cortada a cuchillo (parecida a la de Vallejo), y observar como buscaba alguna mesa de amigos; divisar a Eugenio Ionesco devorando un plato de tallarines con movimientos expertos; asistir a la entrada en masa de los artistas franceses, españoles, iberoamericanos —Antonio Seguí, Gironella, Antonio Saura, Eduardo Arroyo, Corneille, Tinguely—, que regresaban del Salón de Mayo, sedientos, era completamente inolvidable. “Me moriré en París con aguacero”, había escrito Vallejo, frecuentador del mismo café en épocas de preguerra mundial, y todos podíamos decir lo mismo. El gran peruano nos interpretaba. El Hotel des Écoles, en el Barrio Latino, seguía funcionando, “y todavía compran mandarinas”, como cantaba en el poema a su amigo Alfonso. Uno, por ejemplo, se sentaba en las mesas del Dôme, y sabía que en una de ellas se habían sentado Vallejo, Neruda, Alejo Carpentier, Acario Cotapos, Henriette Petit, Pilo Yánez. Era pura mitología, pero nadie podía vivir sin mitología. Vallejo, además de fantasma, de maestro desaparecido, era mito puro, conmovedor: “¡Mecánica sincera y peruanísima, / la del cerro colorado! / ¡Suelo teórico y práctico!”. El tiempo se tragó casi todo, pero Vallejo, de repente, resucita. Alguien me cuenta que su tumba en Montparnasse es una tumba solitaria, sin flores, barrida por un viento frío. A mí me parece muy suyo: esa piedra tumbal es muy vallejiana. Hemos visitado la tumba de tantos otros, desde Baudelaire a Óscar Wilde, desde Wilde a Jean-Paul Sartre. En adelante buscaremos la piedra solitaria, desprovista de flores, de Vallejo, clave de tantas cosas.

Lectores chilenos eligen lo mejor de Vallejo

Como una “antología consultada”, define Pedro Lastra su reciente trabajo sobre César Vallejo (1892-1938) para el cual, efectivamente, acudió a su propio juicio y a las opiniones de seis escritores chilenos de probado conocimiento y admiración respecto de la obra del autor peruano: los poetas Óscar Hahn, Diego Maquieira, Gonzalo Rojas y Rafael Rubio, y los narradores Jorge Edwards y Jorge Guzmán.

El método fue pedirles a los convocados que cada uno marcara sus poemas preferidos en un índice de las Obras Completas de Vallejo. Los textos elegidos variaron entre 40 y 75 y revelaron notorias coincidencias: once poemas fueron seleccionados por los siete consultados, mientras que otros tantos recibieron seis votos, un número mayor, cinco, y algunos más, cuatro.

Con todo este material, Pedro Lastra le dio forma a una necesaria y atractiva selección de la obra de César Vallejo, muerto tempranamente en París, tal como lo escribió en su poema “Piedra negra sobre una piedra blanca”.

César Vallejo. Una lectura desde Chile.
Editorial Universitaria, Colección El poliedro y el mar, Santiago, 2009, 90 páginas, Antología.

*Tomado del blog Azularte.

24.7.09

LOS EXTRAÑOS LÍMITES EN LA POESÍA DE RENATO FELICES


Escribe: Raúl Heraud

Renato Felices Taboada, (Lima,1973) es un hombre que habita permanentemente el abismo, amante de la música de Leonard Cohen aprendió como él que la vida además de ser un juego de desesperanzas y claudicaciones, de excesos y mentiras es a su vez una tabla en medio del océano donde aferrarse y sobrevivir también cuenta.

Su poesía transita entre el desasosiego de la existencia y los vacíos del alma, conduciéndonos hacia un mundo desencajado donde la realidad y la locura se confunden, mostrándonos una poesía vital donde el reclamo a la vida fluye como un grito amordazado donde su frenética lucha por no dejarse arrastrar del todo por la insania hacen que el poema sea su vida misma, el espejo artaudniano en el que libera ese otro yo maquiavélico y desgarrado; Para Renato Felices la vida es más que cruel y el ser humano esencialmente una máquina autodestructiva.

No le interesa el rotulo de poeta, ni las lecturas públicas, mucho menos escribir libros, apenas posee uno inédito (Sustancia Eco) Felices simplemente transita anónimamente las calles musitando alguna canción de Pink Floyd o Sid Barret como si fuera alguna creación suya.

Inconfundible melómano, lector incansable por prescripción humana, psicólogo hasta el extremo de ser su propio paciente, Renato pelea a diario contra sí mismo y sus fantasmas, desde su soterrado mundo, se nutre de todo cuanto lo conmueve, la eternidad de Dalí, los tratados sobre la maldad humana de Freud, la novena sinfonía de Beethoven, sin quererlo cada una de las obsesiones que habitan su mente lo alejan más del anonimato, lo redimen y lo muestran tal cuál es, extremadamente hombre y artista, para alegría de quienes nos nutrimos de su vida y amistad .

Gracias a dios o a Satán, los márgenes de su cordura aún duermen sobre las fauces del turbulento Aqueronte.


REPTIL

Oh pequeño reptil
tu pellejo cuadriculado aún no anuncia el fin

tu lentitud deja ver la mediocridad desnuda
la palabra ausente de un poema profano

creo firmemente que nos encontramos sobre tus fauces
o dentro de ellas, mientras escupes tu veneno llamado hombre

relaja el deseo y dime como es el mundo en verdad
revélame la realidad que se esconde tras ese disfraz
llamado amor.




Humano - víscera, resto del día
fractura de algún error

olvido de dios
recuerdo del demonio

no resucites el extremo de tu maldad
ahoga la pena matándote

humano
ganas no te faltan de seguir haciendo daño.


SEGUNDO MOVIMIENTO

Música hipnotizante
desde este momento me siento ya sedado

la gente aplaude el concierto
y mis oídos están sellados al caos
me siento como un cadáver sobre
un auditorio demócrata
un cura falso, un reno sin vejiga

el dolor cae en masa hacia la decapitación
de mi cuerpo sutil

la escena del crimen es la misma
desde hace siglos
deseo y decepción bailan en un aro de fuego




y una música simple acude en mi ayuda

la del océano.


MAR NEGRO
(incertidumbre)


No entiendo el porqué del hombre
ni su consecuencia

no entiendo el comienzo ni el fin
ni donde empieza este circulo

lo blanco y lo negro se fusionan
ya no entiendo que está bien y que está mal

no me hablen del cielo
no me hablen del infierno

toda el agua va hacia el mar
incluyendo el pensamiento


ZONA DE DAÑO

Me rompí la vida
caí en el esófago del miedo

me volví turbo y ajeno
recogí flores negras

descendí a la pulpa de la muerte
y cuando quise regresar

ya era demasiado tarde

Q.E.P.D mi vida.


PARTO X

Umbilicales formas a mi alrededor
mi piel llora de frío
no se qué soy
sólo veo mares de sangre



veo caras con mascaras de hombres
con una alegría de sinfonía en alegretto

no entiendo como pueden contentarse
con tanto llanto

luego
arropado
ya estoy listo para el caos.


MUERTE VERDE

Tuve un sueño de estatuas y valientes
Velorios de soledades

Me tropezaba con ojos acusadores

que me revelaban el incesto del mundo

Y mi ceguera me impedía ver el amor
en esa difusa oscuridad

tuve un sueño de tribus y dragones sin fuego
vi la quijada del desvelo del hombre por morir
como moscardones insistentes de luz

y en la gruta de la gran cueva seguí durmiendo
no viendo las formas de dicha que bailaban a mi alrededor
la tensión se hizo carne y volé hacia las partes más bajas de la tierra

los mapas se hicieron caminos sinuosos de miedo
y soldados sin alma construían demonios vírgenes
sedientos de humillación y letargo ante los pobres

en el esternón de mi alma dibujo leones famélicos
heridos por el caos
y ante tanta critica sigo escribiendo con lagunas negras en mis ojos
con mis huesos desafiantes por el frío y la depresión.

23.7.09

VIERNES 24: PRESENTACIÓN DEL LIBRO “LA LUZ DE LOS SENTIDOS Y OTROS RESPLANDORES” DE SHELMA GUEVARA


La presentación de La luz de los sentidos y otros resplandores se realizará en el Teatro del Centro Cultural Peruano Norteamericano este viernes 24 de julio a partir de las 7:00 p.m. y estará a cargo del poeta y crítico literario Walter Márquez y del narrador y crítico literario Juan Alberto Osorio.


Shelma Guevara Zamalloa nació en Cusco en 1948. Radica en Arequipa desde su formación universitaria, y vuelve a publicar un libro ilustrado después de El silencio del ahogado (1992) e Imágenes del pasado reciente (1988). “El libro nace desde la muerte inesperada de su padre años atrás. Sin embargo se fue gestando como poemas sueltos, apuntes poéticos, desde la larga enfermedad de su madre (inspiradora y artífice en su formación inicial y vital) algunos poemas sueltos, escritos en algunas oportunidades y que originalmente no pertenecen a libro alguno, pero que sí van con los temas más profundos de mi reflexión poética”, nos afirma.

Este Poemario ve la luz gracias a un nuevo sello editorial arequipeño “Anfisbena Ediciones” que pertenece al poeta Wálther Velásquez Sánchez y el artista plástico Juan Carlos Zeballos ambos radicados en nuestra cuidad, quienes manifiestan su interés de contribuir y aportar a la difusión cultural de las artes.

22.7.09

ALGUNOS GESTOS DE ESTILO EN LA POESÍA AREQUIPEÑA: 1950 AL PRESENTE(1)



Escribe: Pedro Granados

Respecto a la generación del 50 son básicamente tres: la poesía de Pedro Cateriano (1927), José Gonzalo Morante (1929) y Oswaldo Reinoso (1932). Frente a los típicos gestos de moda —el melancólico discurso provinciano o la solemne poesía social de la época— aquellos autores tienen mayor ambición o lucidez y ensayan otras propuestas. El primero de los nombrados, Pedro Cateriano (aunque empiece a publicar recién a fines de los años 70), ensaya el distanciamiento inteligente, la soberanía del yo poético frente a sus referentes; gesto que, aunque lo torna coetáneo de la predominante poesía anglosajona de entonces (vía Antonio Cisneros, sobre todo, autor culto y cosmopolita), su dosificada oralidad y equilibrada ironía tienen un peso específico y destacan, en el panorama poético arequipeño de aquel entonces, tal como puntualizara Martín Adán de la entrañable Catita: “cual una zarza entre un sembrío de coliflores”.

Otro gesto de estilo en los 50, de un extraordinario poeta, pero al que ganó el sentimiento —semejante al de Juan Gelman ante “Andreita”— es el caso del poderoso y zozobrante lirismo de los versos de José Gonzalo Morante. Al que ganó el sentimiento, pero que al fondo de éste deja entrever a modo de un imponente iceberg, densas, hondas y personales lecturas del Siglo de Oro y del Modernismo; tal el caso de sus espléndidos nocturnos:

Y heme aquí, blanco de aliento,

con mi sangre, garra del vacío,
con mi voz, y su ciego encaramado
que ya no es ciego;
reuniendo sílabas y escarcha,
ciegos, ojos ciegos, y palomas


El tercer gesto generacional se lo debemos al Oswaldo Reinoso de su único libro de poemas hasta ahora publicado, Luzbel (1965). Constituido en un narrador de culto, sin embargo, este poemario anticipa o dialoga con los temas y motivos de sus cuentos y novelas breves. Certero pudor homoerótico —algo muy distinto a la represión— rezuma a través de las páginas de aquel volumen. Tadzio, el entrañable efebo de Muerte en Venecia, o ahora Luzbel son entonados y modulados con íntimo orgullo y fervor equivalentes; y acaso, en cuanto a la obra del peruano, a veces también con no menos ingenua ostentación. Obvio, estas fallas de caracterización —específicamente del yo poético en Luzbel— tornan irregular el poemario en su conjunto. En Reinoso poeta parecerían coincidir intensamente, aunque sin el debido concierto, una actitud vanguardista e iconoclasta —incómoda— dentro un molde literario más bien tradicional.

Es por este motivo que, ante tal problemática coyuntura, cede ante García Lorca; es decir, más que un homenaje al poeta granadino, los versos de Reinoso se aferran de su modelo para salir del paso, para sortear o soslayar una labor de concepción y labor compositiva, creemos, que pudo haber sido aún mucho más honda y compleja. Y, tal como a las de César Moro o Jorge Eduardo Eielson en el Perú, asimismo insulares en las letras arequipeñas.

Por otro lado, una más auténtica e interesante poesía social aparece recién, en los 70, con la obra de Cesáreo Martínez (1945-2000). Chacho (para sus amigos), cultivó una extraña mezcla de poesía contestataria y, en simultáneo, fantasiosa o imaginativa; incluso gozosa. Poeta henchido, magia y política se tocan en sus versos y se tejen a veces en hallazgos extraordinarios, como en este poema que alude a la gesta de Túpac Amaru II pareciera poetizada desde el ayahuasca, por lo tan visionaria y persuasiva:

¿Qué hombre mortal no ha visto un árbol? Pero ese

árbol era un hombre.
Un hombre terriblemente ahíto de belleza como un
árbol sensitivo.
Vi ese árbol y mis sentidos aún no se reponen de esa
aparición.
Vi sus ojos y las multitudes espejeaban furiosamente desde
ellos.
Vi ese hombre cuyos huesos eran de carne y hueso como
los de un árbol maravilloso que camina.
Y todo hombre que camina es un hombre impelido por las
estrellas. […]
De los tres o cuatro costados irrumpieron los tres o
cuatro nubarrones de odio, acecharon los
rumbos.
acecharon aires, tomaron la cúpula de aquel árbol
que camina y le sacaron la lengua.
Le arrancaron las alas, le arrancaron los ojos y le
cortaron los sueños.
Pero el hombre, imperturbable, tumultuoso y feroz, dijo
que volvería


Alrededor de los años 80 tenemos algunas voces interesantes; aunque a esta generación, básicamente universitaria, parafraseando unos versos de Rosa Elena Maldonado: ya que la semiótica no pudo resolver sus vidas, desagarraron teorías. Es decir, como en toda la poesía peruana de los 80 —y Arequipa nos es una excepción— no hay aura sino más bien, como en Borges (a decir de Silvia Molloy), voluntad de aura.

En consecuencia, y por lo general, son vidas urbanas, pequeño burguesas y anodinas tratando de inventarse alguna otra existencia paralela, paradójicamente, sin aura (ergo: singular labor de conjurar el aburrimiento, con más aburrimiento). No otra cosa han sido entre nosotros grupos como La sagrada familia, Kloaka, Ómnibus o Macho cabrío; compacta bola de estudiantes, por lo común —más no siempre— con una técnica depurada en sus versos, exhibiendo la típica carencia de épica y el —no menos retórico— inflacionado erotismo de su generación. Por ende, el desborde popular fueron algunos recitales de poesía y conciertos de música underground; como la sazón de sus cuerpos —Noches de adrenalina de Carmen Ollé— fue tomada prestada de manuales de psicología o sociología franceses que se exportaban —pareciera de modo rentable— a la clase intelectual pequeño burguesa de todo el tercer mundo. En otras palabras, aquella generación no fue capaz de superar con su poesía, entre otros flagelos, el generalizado malestar de la cultura ni su propio malestar. Y es por este motivo que, además, la poesía del 80, e incluso ya la del 90, reclama ahora mismo por las que, si las hubiere, fueron o son sus auténticas individualidades; aquellos autores que —entre el magma de impostores, plagiarios, amigos del que la lleva, y de los que los creó, o productos mediáticos— son sus reales gestos de estilo. Es trabajo de la crítica, debería serlo, el reexaminar, reevaluar o redescubrir.

Detenemos aquí, ladinamente, nuestro coche. No sin antes felicitar a Tito Cáceres Cuadros, autor de esta Antología, por arriesgar y abrir su mirada incluyente hasta los poetas arequipeños del 2000. Un paso más y estaremos leyendo también ya hacia el futuro, y no tal como lo usual —a manera de policías— atentos única u obligatoriamente hacia el pasado. Justo en esta tarea ahora mismo nos pillan, en el ejercicio bienhechor de esta libertad.

(1)A partir de un libro reciente: Tito Cáceres Cuadros, Antología de la poesía arequipeña 1950-2000 (Arequipa, Perú: Centro de ediciones UNSA, 2007) 373 pp.
*Tomado del blog de Pedro Granados.

20.7.09

UN ARCINIEGAS PARA LA LEGIÓN DEL AFECTO


Escribe: Harold Alvarado Tenorio

Que la ignorancia es atrevida lo demuestra cómo ha arraigado en las venales redacciones culturales de los medios, despachos de La Legión del Afecto, Ministerio de Cultura, Relaciones Exteriores, Plan Nacional de Bibliotecas, Secretarías de Cultura de los Distritos Especiales, el catre de agonía de Fidel Castro, los baños turcos del Coronel Chavez, la casona GLTB de Martinez Campos y las limusinas de una docena de embajadores a punta de arrumacos, dichos del Readers Digests, canciones de la posguerra, bambucos y torbellinos, tangos de Alci Acosta, rancheras de Olimpo Cárdenas, sambas de Tito Cortes, almuerzos de Carne de Res, banquetes de Epulón para Lazaros del verso, sonetos de Mario Carvajal, componendas eróticas y lame que lame, la troupe de William Ospina Buitrago, el Arciniegas de la Legión del Afecto, el mejor fruto de esa cuarteta constituida por los ávidos de cariño de su juventud: Mario Flores y Dario Barberena, rosados depredadores de los dineros públicos de las exclusivas Acción Social de la Presidencia y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, y los insaciables del billete de la madurez: Guillermo Gonzalez Uribe y Luis Angel Parra, gerentes de la Revista Número y Arte 2 Grafico, cuyo asesor no es otro que el Catire Hernández, dueño de los Premios Gallegos y Valera Mora.

Germán Arciniegas, ya nadie lo sabe, fue uno de los más longevos lagartos colombianos del siglo pasado, biznieto de Santa Teresa de Avila, a quien debemos, entre otras, la mejor revista financiada por la Central Intelligence Agency: Cuadernos, y uno de los Ig Nobel: Gabriela Mistral. Autor de 60 cartillas, durante el Frente Nacional convirtió la historia en un anecdotario donde la búsqueda del Dorado, las gestas de Túpac Amaru y los Comuneros, Fray Servando Teresa de Mier, Bolívar, San Martín y los piratas que asaltaron los puertos coloniales se transformaron en una legión príncipes con taparrabos y narigueras bailando macumbé en lagunas y nevados, virreyes con postizos espolvoreados y chancletas repujadas, filibusteros tuertos, bucaneros mancos, corsarios con patas de palo carcomidas por el gorgojo, reyes en solitarias planicies y castillos de invierno, traficantes de esclavos sin casa ni senzalas fornicando muqueleles y vírgenes del cobre, putillas italianas del renacimiento perseguidas por obispos sádicos, huesos tuberculosos de poetas desplazados como trofeos olímpicos, perversos sexuales convertidos en inquisidores políticos, monjas por decenas, negras arrechas de próceres, chismes y cotilleos de una obra que no cupo en la Biblioteca Nacional, de donde han salido con San Librarlo la mayoría de los volúmenes que le fueron dedicados, junto a una estatua de bronce que recuerda la humildad de su soberbia. Por algo había sido dos veces Ministro de Educación, Representante a la Cámara, Senador de la República, Vice cónsul en Londres, Embajador en Italia, Santa Sede, Venezuela, Israel, etc., etc.

William Ospina Buitrago es un producto típicamente colombiano. Nacido en una parcela del Páramo de las Letras, trocha del corregimiento tolimense de Padua, hijo de un serenatero fabricante de sinapismos y mejunjes de feria, por causa de la profesión y menos por la violencia que por el aguardiente de las galleras pasó la niñez y tierna pubertad en varios pueblos del entorno, como El Fresno, donde un cura lo inició en Barba Jacob y La balada de la cárcel de Reading traducida por Bernardo Arias Trujillo, cuyo Roby Nelson leían hasta el amanecer mientras chupaban Tapa Roja y oían Alma tumaqueña, hasta la mañana aquella, cuando en el altozano del Teatro Buenaventura, conoció a Mario & Dario, camino de una reunión de célula en el conventillo de Estanislao Zuleta, que ya había logrado destruir unos quinientos matrimonios de la clase alta mediante la ingestión de anisado y sicoanálisis. Zuleta le presentaría al Doctor José María Borrero Navia de la Rada y Pujol, magistrado insigne y director del Tribunal Internacional del Agua en Ámsterdam, autor del Cacofónico asesinato de una zarigüeya con dentadura postiza, que editaría con un sustantivo prologo suyo en 2003, cuyo fragmento inicial dice:

Zapatilla del postrado ten altruismo de esta infamia tuya y nuestra
Detén la huída bíblica del Oro Nuestro Señor
Mastica en tu abertura sin abolengo el ramalazo de su éxodo
Apolilla su trasero pajizo con la muela del juicio
Enjuicia a sus homicidas y acuchíllalos sin discreción
Premedita o sacude las memorias del Asco
Vomita tu llenura y la nuestra y sella tu ano
con un largo roñoso y filoso hueso de plátano
Ulaque Ulaque Pitizonque
y claque claque claque claque


Entonces, por indicación de su amigo con bocio compró, en la parte alta de la Librería Nacional, la Preceptiva, tratado y modelos de las artes del diseño de la poesía de don Marcelino Menéndez y Pelayo, un tomo en cuero timorato que había pertenecido a Luis, El Jorobado Ossa, un librero de Buga cuya amante pagaba los ardores del otro, el Doctor Parra Terreros, con los libros más gruesos, y durante siete largos veranos se aplicó al aprendizaje y confección de la poesía, con tan buen resultado que terminó siendo Aurelio Arturo por las tardes y Jorge Luis Borges después de las jaranas de célula. Esos fueron los años inaugurales de su perdurable carrera de publicista, ayer de caldos y medicamentos de Casa Grajales y Drogas La Rebaja, hoy de si mismo y Carvajal y Cía., empresa que nunca le ha abandonado desde la medianoche que dio con Doña Amparo Sinisterra, una ex bailarina convertida en la ministra que hizo de él lo que se merecía: el mejor escritor para señoras del siglo XIX.

Poeta fue hasta cuando en París descubrió que las ideas ganan más parné que las metáforas. Al fin y al cabo Francia vive de ideas, es decir, de mentiras. Para muestra un botón: llevan viviendo de la igualdad, libertad y fraternidad —tres entelequias de la invivible democracia— los postreros doscientos años que ahora celebramos dando la vuelta al mundo en tres horas de globo con el dinero ajeno.

Vivía en Paris, esos años de los primeros ochenta, la tropa que engrosaría las mesnadas administrativas de los peores gobiernos de nuestra historia, desde la mala hora del Palacio de Justicia hasta la buena hora de la Silla Vacía. Belisario, Virgilio, César, Ernesto y Andrés, 20 años de corrupción y charlatanería, que apenas el presente ha diluido. Generación que hizo del seudo revolucionario de los pantalones naranja, las botas fucsia, el abrigo negro y la bufanda gris a rayas un Sartre del Mabillon o el Camus de Chez George, que aun cuando almorzaba con Shakespeare y cenaba con Borges, nunca pudo enterarse de los Zuletas franceses: Foucault, Barthes, Lacan y Deleuze. Nada raro hay entonces que uno de sus libros, escrito entre la bruma del Bois de Boulogne-Billancourt, todavía se titule ¿Con quién habla Virginia caminando hacia el agua?

Al regreso el presidente Belisario Betancur presentó en una de las veladas de Casa de Nariño, tan famosas entonces como las de Casa Verde, su primer libro de poemas: Hilo de arena, ilustrado, según uno de los heterónimos de Dario Jaramillo, con un horrendo dragón, una espada misteriosa, un mascaron de proa con un pajarraco y un sol con ojos, cejas, nariz y labios de fuego. La recepción, con elogiosísimas palabras del mandatario, redactadas por Mario & Dario, fueron seguidas por un concierto autóctono de Teresa Gómez y una lluvia de carajillo del Quindío, en honor de los 2347 invitados de doña Amparo, única propietaria de la Fundación Carvajal, que con enormes sumas de dinero público cada año pone en escena el Festival de Arte de Cali, dota el Premio Internacional de Literatura y transmite por la Emisora para la Gente Culta del Occidente, música decente distinta al bullarengue y la salsa con que el Color ha teñido el paisaje de María & Efraím.

Ese entusiasmo por su obra ideológica va a crecer a medida que Carvajal comience a publicar sus desengaños y el Ministerio de Educación los haga lectura obligatoria en planteles de lujo y el de Cultura cree, con la ayuda de BB, las 1200 Bibliotecas Públicas donde sus libros siguen llegando, por docenas, en cajas de cartón donde nadie, nunca en Yopal o Tamalameque oyeron hablar de la franja amarilla o lo tarde que es ahora para todos los pobres. La prensa escrita cae entonces rendida a sus pies. Con decir que el redactor cultural de El Tiempo, un efebo en pompa, Andrés o Zambrano, dedicó a su ídolo —en diez años— no menos de 1200 artículos, firmados, todos, o casi, por Guillo, el hijo del fotógrafo o él mismo elogiado, hemos dicho poca cosa. Legiones de señoras ya abandonadas por sus maridos y odiadas por sus hijas, cientos de señores con las potencias mermadas, nubes de intrigantes y aspirantes a serlo inundan las salas donde Ospina aparece como un vaquero tolimense, con su inmensa cola de caballo, femenil su silueta y esa ausencia de sonrisa o frescura que proporciona la gloria inmerecida y consciente.

Pero es gracias a los pronunciamientos que ancianos y tiranos como Castro y Chavez hacen a favor de su obra en las Conferencias del Tercer Mundo, cuando las ideas del campesino profeta, deslumbran el mundo. Ya son más de 15 los años que Jean Claude Bessudo no da abasto para ajustar su agenda. Ha habido años que tuvo que tener las maletas en la puerta del avión por la prisa que corría para dar sus visiones del mundo y ofrecer los sinapismos que nos curaran de la envidia y el odio a las putas de oficio. Según ha informado uno de sus secretarios, el poeta de la calle y del siglo XVII Fernand Enis, Ospina estuvo a comienzos del año en Lusaka hablando de Orellana, Ursúa y las flechas con veneno; en Ha Tay sobre Alvaro Mutis y su hijo en Ciudad Viva; en Uland Bator sobre Los méritos de América y el legado europeo; en Chuquisaca sobre Publicidad prostibularia y literatura de alcantarilla; en Matanzas sobre Los últimos tabacos que se fumó Fernando Arbelaez en las Tres Riveras y en San Pedro Sula, sobre Ignacio Rodriguez Guerrero, Frodo, Agualongo y el Golpe de Estado.

De todos es conocido que la llamada Revolución Bolivariana ha encontrado en William Ospina Buitrago su más estricto intérprete. ¿Dónde está la franja amarilla? no es sólo leído y estudiado por Fidel Castro sino que el Coronel Chaves no se agobia al repetir que es su guía espiritual y ética. Chaves lo ha hecho redactar en farsi para que pueda ser leído por los ayatolas y recientemente lo hizo trasladar, durante un viaje al oriente, a 32 variantes del chino con la ayuda del director del Festival de Poesía de Medellín. Porque tenemos que hacer la revolución mediante todas las formas de lucha debido “(i) a la indolencia y el egoísmo de la clase dominante (“meros negociantes, vividores que no se identifican con el país y que no buscan su grandeza”), (ii) el fracaso repetido de las élites (“que si bien se han enriquecido hasta lo indecible, han fracasado ante la historia”), y (iii) la entrega inveterada de la riqueza nacional a potencias extranjeras (“…a ese invento genial se lo ha llamado apertura económica desde los tiempos del general Francisco de Paula Santander, miembro y favorecedor de las grandes familias importadoras de la sabana”)”, como ha sintetizado Alejandro Gaviría, quien concluye que “El Mamertismo ha sido una ideología precaria pero una religión eficaz. Cobrando una nueva vida bajo el liderazgo de un pontífice llanero y las enseñanzas de un evangelista tolimense, a quienes une su desprecio por la historia…

El Coronel Chavez ha reconocido la trayectoria de Ospina Buitrago otorgándole, por intermedio del Catire Hernandez, el socio de sus socios, el Premio Internacional de Novela Romulo Gallegos, dotado con la media pendejadita de 150 mil euros. Parecida cosa había hecho ya Castro, colgándole el sambenito de la Medalla Gratuita de Ezequiel Martinez Estrada, de la mano del firmante oficial de las penas de muerte de los pobres cubanos, don Roberto Fernandez Retamar.

Se dice ahora que esos reconocimientos los recibe por haber confeccionado, hasta la fecha, dos obras maestras de la literatura de América Latina, donde superando a Rivera, Gallegos, Asturias, Guiraldes y por supuesto a Amado y García Marquez, Ospina cabalga sobre los lomos de los más espantosos asesinos de la conquista poblando cientos de páginas de selvas encantadas, ríos luminosos, países de niebla, alas de sangre, pájaros rojos, milagrosas florestas, ramas que prometen la dicha, mas cientos de miles de frases extraídas de una bomba para inflar metáforas que vayan por las ciclo vías del Mamertismo Amarillo mientras lelos miran como desaparecen tres mil doscientos noventa millones de pesos en unos globos de mierda pintados por los empleados de Arte 2 Grafico, a quienes pagaron otros cinco millones por cabeza, pero de la plata pública, porque aun cuando digan que era privada, toda la plata es publica porque o es de todos o es de nadie.

Otra cosa no podía esperarse de un malicioso que con unos poesías preparados en una Black & Decker: tres de Silva, cuatro de Calzadilla, cinco de Montijo, seis de Pablo, ocho de Dickinson: ergo, tengo un William Ospina, ha dado más veces la vuelta al mundo que Alvaro Mutis cuando trabajaba en la Fox, entonando su jerigonza en la Bienal de Brasilia, Carnaval de Barranquilla, Encuentro de Quito y del Mundo Latino en Transilvania, Festival de Buenos Aires, Santiago de Chile, Tres Gargantas de Quebec, del Paraná en Rosario, Museo Rayo de Roldanillo, Carvajal de Arte de Cali, Escritores de Buenos Aires, Fernando Rendon de Medellín, Poesía del Divino Giovanni, Hay de Cartagena, Segovia, Granada, Ibagué en Flor, Salón del Libro del Principado de Asturias y Semana Negra de Gijón de donde acaba de regresar para subirse a uno de los Globos que le llevaran hasta el Cielo de la Soberbia donde le están esperando Piedad Bonnet, RH Moreno Durán, Laura Restrepo, J.M. Roca y José Mario Arbelaez, muertos, pero de la envidia.
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