31.10.08

ABUNDANCIA DE LA BREVEDAD: LAS NUEVAS POSTALES DE JOSÉ GABRIEL VALDIVIA


Por: Carlos Eduardo Quenaya

Luego de que en el 2003 apareciera Funesta Trova, libro que reunía toda la producción poética de José Gabriel Valdivia, habíamos esperado una nueva entrega que nos confirmara la presencia literaria de una de las voces más rigurosas y personales dentro de la nómina de poetas aparecidos en Arequipa en la década del 80.

Postales (Cascahuesos Editores, 2008) es una orgánica colección de poemas breves, cada uno de los cuales se inscribe dentro un registro de acendrado lirismo y expresivo desamparo, como si el curso de los años hubiera afianzado una dicción que encontrara en el despojo la verdadera sustancia de la creación poética.

Sólo tengo tiempo para decir lo que no quiero decir… (fax para Anaís). Distancia y duda sobre el oficio. El poeta sabe que libra una pugna con los límites de lo comunicable, por eso en el poema liminar declarará: Qué difícil expresar ternura en esta angustia tiznada de estrellas a la manera de un cuerpo en la desgracia (prólogo).

Una zozobra cierta, una búsqueda de fraternidad y de verídico amor recorren las cinco partes en que se halla dividido el libro. La primera sección, Rondas Infantiles, nos traslada al advenimiento inminente de un nuevo ser: Como un vocerío de huesos rotos su llanto en las calles se avecina Tu pecho se ha de partir en dos para ser madre… (capullo de estrella). El hablante poético debe admitir también los ciegos avatares que aguardan al recién llegado. En memoria del corazón, podemos leer: Ni tus palabras ni tus actos han de ser su memoria ni su historia Ni tus deseos ni tus miedos Ni sus triunfos ni canciones Han de ser tu infortunio ni destino

La segunda sección de Rondas Infantiles aborda el tema del amor filial, la infancia resurge como un espacio de protección y gozo: Recostado en tu vientre escucho el girar del universo como un sollozo de niebla en el patio… (mamapacha).

Las siguientes secciones, Homínicas y Ecológicas, nos confrontan con una realidad hostil, el yo poético ha abandonado el cálido refugio de la infancia y se ha instalado contemplativo y taciturno en su nuevo entorno: Cuando pienso entristezco (0). O en este otro poema: Los pájaros pían sobre las tumbas y gotas de lluvia destapan los ojos desenterrados de los inocentes… (6). Asimismo, el contacto con la naturaleza aparece aquí como una súbita donación de nuestro júbilo perdido: Que tus manos acaricien el agua la hierba los pájaros las piedras como si fueran los talles perfumados de flores de las muchachas que ames (5).

Las últimas dos partes del libro llevan títulos más nítidamente literarios: Madrigales y Coplas. El primero recoge el tema amoroso y un anhelo de fraternidad con los otros: Un abrazo hondo i tierno como una mirada llevada por el viento o el paladear de un recién nacido en el pecho. Coplas constituye, en cierto modo, la cifra de lo que el sujeto poético nos ha estado diciendo a través de cada una de las secciones del poemario.

Aun cuando José Gabriel Valdivia demuestra un manejo sólido de la brevedad y la elegancia poéticas, pensamos que algunos disfuerzos verbales acusan un excesivo control sobre la materia artística, restándole frescura a algunos poemas del libro. No obstante, por todos los aciertos señalados, creemos que Postales nos devuelve a una propuesta que con el paso de los años ha ido afirmando una vocación ajena a las premuras editoriales y a las agendas literarias de moda, erigiéndose con solvencia en medio del actual desconcierto de la producción poética peruana.

Postales, 85 pp.
José Gabriel Valdivia,
Arequipa, Cascahuesos Editores, 2008
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