14.6.10

WITOLD GOMBROWICZ Y MICHEL MOHRT


Por Juan Carlos Gómez

Sin saber a qué santo encomendarse con ese Gombrowicz tan difícil Jeremi Stempowski decide presentarle a algunos polacos de la colectividad y también a algunos escritores argentinos como Manuel Gálvez y Arturo Capdevila.

Estos dos distinguidos escritores le brindaron a Gombrowicz una exquisita hospitalidad, pero la sordera de Gálvez, las ocupaciones de Capdevila y su propia falta de seriedad lo pusieron finalmente en las manos de unas jóvenes estudiantes que lo iniciaron en el mundo de la galantería argentina. En esta prehistoria de sus aventuras en la Argentina el grupo de Victoria Ocampo brillaba como una estrella.

La actividad de escribir le proporciona a los hombres de letras una mayor facilidad de la que tienen los hombres que no escriben para darle distintos aspectos a lo que son y a lo que les ocurre, siendo Gombrowicz un buen ejemplo de todo esto.

Siete años antes de la conferencia que pronunció en la librería Fray Mocho a la que tituló “Contra los poetas”, los argentinos lo pasaban de mano en mano: Manuel Gálvez a Arturo Capdevila, Arturo Capdevila a su hija Chinchina, y Chinchina a sus amigas. En el año mortal de 1940 Gombrowicz flirteaba con esas chicas que lo llevaban a los museos, lo invitaban con masas, mientras él les retribuía con charlas que armaba sobre el amor europeo.

En ese año fatídico Roger Pla le había presentado a Antonio Berni y en la casa del pintor dio una charla sobre el por qué y el cómo Europa había sentido el deseo del salvajismo, y cómo esta inclinación enfermiza del espíritu europeo podía aprovecharse para la revisión de la cultura demasiado alejada de sus propias bases.

Pero le falló el estilo, las palabras que pronunció resultaron mediocres y Pla le reprochó el tono sentimental de la conferencia y el carácter elemental de unos razonamientos que rozaban la ingenuidad. Eran los tiempos de su prehistoria argentina, debería correr todavía mucha agua para que la Condesa, esa dama argentina que había “resultado ser un báculo de virtudes y un calor de encantos, a pesar de la neurastenia que la perseguía”, le abriera paso a la resurrección de Gombrowicz apoyando la edición argentina de “Ferdydurke”.

La razón por la que Gombrowicz haya sido tan mal recibido por el Asiriobabilónico no es demasiado comprensible. Si bien es cierto que era algo arrogante e histrión se encontraba en una situación marcadamente inferior, era un extranjero sin prestigio ni fortuna.

Un hombre cuya patria y familia habían sido destrozadas y que podía haberle despertado un sentimiento protector como se lo había despertado a Manuel Gálvez y a Arturo Capdevila, en cambio le despertó desprecio desde un principio. El Asiriobabilónico y el Dandy eran joviales y sarcásticos pero en el caso de Gombrowicz, una persona en un completo estado de inferioridad, debieron haber atenuado la mordacidad que utilizaban con los otros integrantes del gremio, pero no lo hicieron.

A pesar del derrumbe social e intelectual que padecía Gombrowicz en sus primero años de vida en la Argentina se empecinaba en seguir dando clases de aristocracia. Antonio Berni observaba en la Fragata cómo Gombrowicz hacía muecas delante de un espejo mientras tomaba actitudes de emperador, de obispo o de militar.

¿Qué, está dialogando con sus dobles?; —Miro mis rasgos de aristócrata, parece que mis facciones, día a día, registran mejor todo mi linaje. ¿Qué cosas diferenciaban a un verdadero aristócrata de una persona sin nobleza?: el sombrero, las pipas, unos zapatos lustrados, un impermeable sucio pero, muy especialmente, los tobillos. Era terrible la manía que tenía con los tobillos, nos hacía exhibiciones de tobillo, en este punto se decidía la verdadera raza del aristócrata.

A pesar de la incertidumbre y de la angustia, cuando Gombrowicz se va de la Argentina se divertía estimulando a algún periodista amigo para que publicara alguna nota destacando su situación estrafalaria y situándolo en algún balneario brasileño de moda, seduciendo a famosas estrellas de cine como Zsa Zsa Gabor.

“Me olvidé del asunto de Berlín. Todo anunciaba una diversión formidable, tal como a mí me gusta, desconcertante, que desequilibra, a medio hacer”.

Estas maniobras quedaron en muy poco y prácticamente nadie se enteró de nada, Gombrowicz tuvo que esperar todavía un tiempo más para que se le abrieran las puertas de esa formidable diversión. Pero el momento finalmente le llegó.

Cuatro años más tarde, en 1967, recibe el Premio Internacional de Literatura por el que se le había despertado un apetito feroz al enterarse, leyendo una nota de “Le Monde”, que el galardón había pasado de diez mil a veinte mil dólares.

Lo primero que atinó a hacer cuando supo que lo había ganado fue preparar una lista de sus enemigos literarios, regocijándose de antemano con la amargura desesperante que les iba a despertar.

Ya con el premio en la mano escribe el diario del hijo ilegítimo para mortificar a sus enemigos polacos de Londres. Y unas horas antes de recibirlo Michel Mohrt, un ilustre francés distinguido con los más altos honores, que corona su carrera siempre ascendente con el nombramiento en la Academia Francesa, le pone el broche de oro al irresistible ascenso de Gombrowicz.

“El crítico francés Michel Mohrt, al defender mi candidatura en su magnífica intervención en la sesión del jurado, dijo entre otras cosas: ‘En la creación de este escritor hay un secreto que yo quisiera conocer, no sé, tal vez es homosexual, tal vez impotente, tal vez onanista, en todo caso tiene algo de bastardo y no me extrañaría nada que se entregara a escondidas a orgías al estilo del rey Ubú’ […]”.

“Esta perspicaz interpretación de mis obras y de mi persona, de acuerdo con el mejor estilo francés, fue pregonada con bombos y platillos por la radio y por la prensa internacional y, en consecuencia, los jóvenes que se reúnen en la plazoleta de Vence al verme pasar comentan por lo bajo: —Mirad, ése es el viejo bastardo, impotente y homosexual que organiza orgías. Y puesto que la delegación sueca me había apoyado en ese jurado por mi condición de escritor humanista, algunos informes de prensa llevaban un título rimado y muy llamativo: ¿Humanista u onanista?”.

La culpa de que la intelligentsia argentina lo haya ignorado y maltratado durante un cuarto de siglo la habían tenido los hipopótamos polacos, según lo manifestaba el mismo Gombrowicz.

“Escuchadme, hipopótamos: yo no me quejo de que vuestra estupidez profesional o articulista haya difamado sin cesar mi trabajo literario, que como se ha comprobado hoy, tiene algún valor. Hicisteis lo que pudisteis por fastidiarme la vida y en parte lo conseguisteis. Si no fuera por vuestra mezquindad, vuestra superficialidad, vuestra mediocridad, tal vez no hubiera pasado hambre durante tantos años en la Argentina, y también otras humillaciones me hubieran sido ahorradas. Os interpusisteis entre yo y el mundo, banda de infalibles maestros de escuela y periodistas, deformando, tergiversando, falseando los valores y las proporciones. Bien, al diablo con vosotros, ¡os perdono! Y no espero que ninguno balbucee hoy algo parecido a unas tímidas disculpas, sé demasiado bien qué es lo que se puede esperar de unos pillos como vosotros […]”.

“Pero ¿cómo perdonaros el que hayáis logrado vencerme en mi victoria final sobre vosotros? Sí. Alegraos. Habéis ganado en vuestra derrota. Porque habéis hecho que mi éxito haya llegado demasiado tarde…, diez, veinte años más tarde…, cuando ya estoy demasiado cerca de la muerte y ella contamina de derrota hasta mis triunfos… ¿sabéis?, ya no soy lo suficientemente vigoroso para poder disfrutar de mi desquite, ¿Triunfo? ¿Megalómano? ¿Presumido? Pero si hasta de esto me habéis privado, no puedo gozar ni de mi ascensión ni de vuestra derrota, ¿cómo voy a perdonarlo?”.

Cuando al final de su vida le preguntan si la holgura europea no le había llegado un poco tarde, Gombrowicz se acuerda de los hipopótamos polacos y de los empecinados argentinos que le habían dado la espalda durante un cuarto de siglo.

“Evidentemente, para mí es un poco triste porque no sólo la edad, sino también la enfermedad, me impiden gozar de todas estas cosas. Pero yo he tenido siempre la sensación de que el arte no puede dar dividendos. Un artista que se siente, ante todo, creador de una forma profunda o personal, no puede pretender además unos ingresos; por algo así más bien hay que pagar. Hay un arte por el cual se es pagado, y otro por el cual hay que pagar. Y se paga con la salud, con las comodidades…, naturalmente, no sé si soy un artista importante o no, pero de todas formas, en ese sentido, mi vida ha sido más bien ascética”.

10.6.10

CORTOS CON SWING. “CORTOMETRAJE” DE YURI VÁSQUEZ EN LA REVISTA CARETAS


Cortos con Swing. En catorce relatos, Vásquez despliega todo su ritmo narrativo

Por José Donayre Hoefken

CORTOMETRAJE es la clase de libro con el encanto de cautivar por diversos detalles que aparentan quedar suspendidos entre una historia y otra, pero que en determinado momento, como la condensación que genera la lluvia, cobran un sentido mayor. Esto indica cómo Yuri Vásquez, el autor de esta colección de catorce relatos, despliega una estrategia narrativa que atiende la parte y el todo, con lo cual crea una unidad que enfoca rítmicamente para resaltar lo deseado y no para borrar o difuminar el fondo.

El libro empieza con el cuento “Pithecantropus erectus”. Se trata de un relato insólito, pues los hechos transcurren en el ámbito de lo factible aunque improbable. Lo interesante de este cuento es el diálogo con la última pieza narrativa del libro, titulada “Canto de lucha haitiana”, el cual, con el relato “Entre el caos y el pensamiento” del escritor Marcel Oquiche, se crea un muy sugestivo entroncamiento de ambas historias, que llevará al lector al imperio de la metatrama y la reflexión (para seguir leyendo haga click en la imagen).

* Publicado en la revista Caretas, edición 2131 del 27 de mayo de 2010.

9.6.10

EL GRAN ANTONIO CISNEROS GANA PREMIO IBEROAMERICANO DE POESÍA PABLO NERUDA 2010


El poeta peruano Antonio Cisneros fue galardonado con el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2010, la más alta distinción que otorga el Gobierno chileno a un poeta de la región, dotada con 30.000 dólares.

El jurado, presidido por el ministro chileno de Cultura, Luciano Cruz-Coke, basó su decisión en la “sostenida calidad poética” de Cisneros, nacido en Lima en 1942 y autor de obras como Canto ceremonial contra un oso hormiguero y Crónicas del Niño Jesús de Chilca.

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, entregará el premio a Cisneros en una ceremonia que se celebrará en el Palacio de La Moneda el próximo 12 de julio, fecha que coincide con el aniversario del nacimiento del Premio Nobel de Literatura Pablo Neruda.

Nosotros, felices con la noticia. (Tomado del diario La República).

5.6.10

SIGNOS: ANTOLOGÍA POÉTICA 2006-2007. POR EL POETA RICARDO MUSSE CARRASCO


El grupo literario lambayecano Signos eclosionó hace cuatro años. Son cuatro sus miembros fundacionales. La mayoría son coetáneos escriturales, paridos generacionalmente a fines del siglo pasado. He allí su empatía vital y literaria. Han editado dos florilegios que aglomera su evolutiva poética. Advierten, no cabe duda, una apasionada convicción de la potencialidad humanizadora que podría acarrear la literatura.

Acto seguido, volcaré unas cuantas palabras referidas a su primera antología grupal, editada hace tres años que, dicho sea de paso, nos notifica los versos de los vates, tramitados éstos los años 2006 - 2007.

En el corpus de José Antonio Abad Ascurra, se metabolizan pesimistas certidumbres, donde reacciones vitales perturbadas desencadenan oscuros escepticismos, y cuyo determinante catalizador (que acelera el fatalismo del enunciador) es la envilecida ontología de todo lo existente; pues el mundo cansa y duele entre los ojos la certeza.

Para efectivizar esta tarea verbal, el enunciador delinea una voz que advierte y que interpela, a fin de esclarecer la esencia que nos constituye y que —de igual modo— configura la angustiante inercia que moviliza nuestros latidos.

Su tono es reflexivo: Son sus rigurosas abstracciones (y no tanto la intermediación afectiva) las que engendran sus versos; seguramente, por eso, en ellos se trasunta concluyentes sentencias. Aparejados, además, con una mortuoria temática, donde el ser, la muerte se ha codificado en los versos más escatológicos:

“… afrontamos el último ritual
que nos permite la muerte.”

“En la calle la muerte controlaba los semáforos,
invadía las casas
con su nombre abominable.”

Porque “Absuelves el día pagano de los muertos,
el soberbio silencio de sus bocas,
el calendario indescifrable de sus sueños blancos.”

“No hay olvido.
No conoce tu lenguaje otro secreto
que la muerte incorruptible de los cuerpos.”

El discernimiento metapoético también representa un tema omnipresente en la descreída conciencia de José Antonio Abad Ascurra; para él, el poeta —ángel nocturno— es —entre otros insulares e inútiles roles— el que nombra las cosas para vaciarlas de la inercia.

En Ronald Calle Córdova rastreamos ciertas alusiones bíblicas, enmarcadas dentro de situaciones descristianizadas. Esto le da a ciertos versos, cierta pátina meditabunda. En su visión, el hombre tiene un destino de polvo: ¿Ves cómo se edifica el polvo? Tu aliento queda convertido al polvo…, esto es, el hombre se encuentra flanqueado por la decadencia y la oscuridad: Hacia atrás sólo tinieblas

Su pluma también cavila acerca del ser poético: Para él, el poeta infunde, dentro del seno de la palabra, novísimas significaciones; aunque, a veces, hasta nuestra voz está harta de vocablos, porque ¡es menos triste mendigar un pan a suplicar una palabra!

Empero, la poética de Ronald Calle Córdova requiere imperiosamente superar sus evidentes falencias: Fallida asociación de imágenes contradictorias, carencia de filigrana en los versos y unas significaciones verbales que no llegan a configurarse plenamente.

Por otro lado, la poesía de César Boyd Brenis, es de una vertiginosa epicidad existencial; requiriendo para su incesante plasmación, de unos versos dilatándose, expandiéndose con sus autárquicos impulsos rítmicos, alargándose con sus sígnicas resonancias; evitando, por todos los medios retóricos, asfixiarse con sus propias vorágines discursivas.

César Boyd Brenis, fulgura sus mejores logros en la prosa poética, donde vuelca toda su parafernalia intuitiva: Abrumándonos, dejándonos perplejos, eclipsándonos, y dejándonos —finalmente— ensimismados. En sus poemas no vierte semejantes resultados. Para muestra, un botón estilístico:

“Nada en la poesía —cada quien con su tortura— y en la poesía sólo hay luz para mentes alejadas de la Tierra, aparte de eso, sólo hay nada: el dolor en la nada es transparente. La nada es menos común que la realidad, es más firme que los mitos y las mentiras, para despejar desde su vertiente los farsantes faros del destino, para señalar el fango que es obra de la realidad, y el fango, unido a todo lo demás, se hace todo lo demás, se hace lo que no debía existir pero existió, se hace la palabra fango fuera del fango. Ahora estoy en la nada que existe, en la nada de la poesía que es como la palabra fango en la eternidad. Y la nada causa todas las preguntas de la muerte, cuando se demuestra su producto en el espejo”.

Los poemas de Cromwell Pierre Castillo Cabrejos, se hacen visibles para mostrar su vigorosa estabilidad, que es causada por el dinamismo de un conjunto de características endógenas.

Las palabras que derrama el poeta, poseen un calor verbal que permite regular rítmicamente sus versos; evitando, diestramente, cambios bruscos que desestabilicen su fluencia discursiva.

Cuando las palabras mutan sus estados anímicos, según cómo se distribuya la masa emocional dentro del volumen textual, se observa que ciertos segmentos versísticos se contraen; y otros, se esparcen; y, algunos, evidencian un poderoso efecto refrigerante. Y esto se debe, también, a que sus palabras disolventes tamizan la intensidad de la interacción entre esas verdades absolutas imbuidas dentro de la oceánica alma humana.

Los fonemas y las grafías que configuran las palabras del encomiable poemario Voces paralelas contra lo seco; por su alto grado de cohesión interna, producen fuertes vínculos entre los versos; lo que explica, sin lugar a dudas, la estructura estable de sus poemas.

“Esta vez
su disposición adquiere la forma de mi lenguaje,
es decir,
su aspecto se hace universal desde mi boca.
De todas sus posibles determinaciones,
aquí, en lo habitable,
sólo se espera su adaptabilidad;
después de esto,
quizá ella deba ser algo que no comprenda.
Pero lo no comprendido
se explica también a partir de mi desorden:
Silenciosa ventaja suya
la de enturbiar mi contenido.
Todo forma y se deforma
Magníficamente
a partir de su espacio,
entonces,de mi voz a lo insondable,
ella
es un poema
transmutandosus abismos.”
(Agua I).

Aprovecho estas últimas líneas, para agradecer a los signosianos por incorporarme a su grupo, junto a Mario Morquencho, Wilfredo Gonzáles, Marco Fonz, Robert Jara, César Olivares y otros más, en esta su nueva etapa (ecuménica, por cierto). No se imaginan lo bien que me han hecho sentir. Toda vez que, aquí en Sullana (y también en Piura, por qué no decirlo) estos mezquinos artistas, ni los de la guardia vieja ni los de la nueva hornada, nunca han valorado realmente mi obra literaria (pues, aún siguen ninguneándola, egoístamente) y, aun peor, traicionaron ignominiosamente mi amistad, apropiándose de mis pertenencias afectivas, escarneciéndose de las tragedias familiares por las que atravesé, avalando —cobardemente— fornicantes latrocinios; es por eso que, ahora, (aunque siempre lo he propugnado) exijo, al artista íntegro, una profunda ética que se confraternice con uno de los valores más sublimes de nuestra aún sobreviviente humanidad: La Lealtad.

Ricardo Musse Carrasco.
Sullana, 29 de mayo 2 010.

WITOLD GOMBROWICZ Y MARCEL PROUST


Por Juan Carlos Gómez

Gombrowicz devoraba a los polacos con la vista para investigar las características de sus movimientos, su forma de hablar y sus caras. Mientras vivió en Polonia no estuvo seguro de las impresiones que le despertaban los polacos, pero aquí, en la Argentina, pudo contrastar esas impresiones con un material humano de los más variado, compuesto de todas las razas y de todas las naciones posibles.

“Es para mí como una especie de placer doloroso el mirar de improviso a un polaco y verlo de esta nueva forma, igual que se ve a un extranjero, pudiendo verificar de ese modo mis impresiones anteriores cuando estaba aprisionado por la polonidad y, ¿para qué ocultarlo?, bastante atormentado por ella. Hace poco, en Buenos Aires, experimenté de un modo repentino e inesperado una confrontación así”.

Se refiere al encuentro con un director de orquesta polaco del que fui testigo. Mientras el público escuchaba con atención un concierto en la Facultad de Derecho, Gombrowicz sacó un gotero del bolsillo, lo ascendió cuanto pudo con el brazo bien extendido y empezó a descolgarse gotas en la nariz desde lo alto, haciendo todos los aspavientos posibles para llamar la atención. Cuando terminó el concierto fuimos a ver al director polaco, Stanislaw Skrowaczewski, habló un rato con él incomodado por el placer doloroso de la confrontación, acordaron un encuentro para el día siguiente y nos fuimos. Después de un tiempo le pregunté a Gombrowicz qué le había parecido nuestra orquesta al maestro polaco: —Vea, no quiero desanimarlo, me dijo que tiene el nivel, más o menos, de las bandas de música que tocan en las plazas de Varsovia.

“Fui por casualidad a un concierto, llegué tarde, entré en la sala cuando ya sonaba el tema del primer alegro de la ‘Eroica’; no tenía idea de quien era aquel tipo delgado que dirigía, pero la ejecución de la sinfonía beethoveniana era notable y en algunos detalles tan original que discutí sobre el asunto con Gómez, el amigo argentino que me acompañaba”.

Las características físicas y espirituales del maestro Stanislaw Skrowaczewski que Gombrowicz había notado durante el concierto, se le organizaron en esa forma de tipo polaco que ya conocía, igual que lo que ocurre con un paisaje cuando un detalle nos lo permite identificar como algo familiar.

“Pero al mismo tiempo, creedme, todo eso estuvo acompañado de una desagradable puntada en el corazón, quizás a causa de tantos enfrentamientos míos con aquel ‘tipo polaco’ al que yo también pertenecía”.

No hay que buscar en esta reacción de Gombrowicz un complejo de inferioridad, su condición de forastero impenitente lo había curado de ese problema y se sentía cómodo en cualquier ambiente. Ese exotismo de su país que le recodaba el director de orquesta no era solamente misterioso, también parecía una forma de huir de las preocupaciones y de las luchas de cada día muy típica de los polacos.

“Lo captó el ilustre Marcel Proust al describir sus encuentros con un pequeño grupo de ‘muchachas en flor’; al conocerlas más de cerca, cuando le fueron reveladas sus preocupaciones, intereses, sueños y penas, las encantadoras muchachas dejaron de encantarle; y lo mismo le ocurrió con los salones de la aristocracia parisina, que se le convirtieron en aburrimiento cuando dejaron de ser algo desconocido y misterioso. Pero para Proust la vida consistía sobre todo en conocer, o sea en matar el encanto que nace de nuestra ignorancia”.

El propósito que tenía Gombrowicz cuando se encontraba con algún polaco era el de verlo en su misterio.

No obstante el misterio polaco tenía los pies de barro. Polonia era un país que no se destacaba demasiado, que carecía de una cara propia, pero los polacos, sin embargo, no pasaban por el mundo desapercibidos, aunque en la mayoría de los casos llamaban la atención por sus extravagancias. A pesar de todo, el misterio polaco existe, una cierta manera polaca que atrae e interesa al extranjero.

El ilustre Marcel Proust podía alcanzar algunas verdades sobre el misterio con su refinamiento pero Gombrowicz andaba buscando una actitud más drástica, no tan protegida por los afeites y los bibelots.

“¿Por qué lo admiramos? Lo admiramos ante todo por haber osado ser delicado y no haber vacilado en mostrarse así, tal como era… un poco en frac y un poco en bata de casa, con una frasco de medicamentos, con una pizca de maquillaje homosexual-histérico, con fobias, neurosis, debilidades, esnobismos, con toda la miseria de un francés ultra sutil. Lo admiramos porque detrás de ese Proust contaminado, raro, descubrimos la desnudez de su humanidad, la verdad de sus sufrimientos y la fuerza de su sinceridad. Pero, ¡ay!, cuando examinamos mejor volvemos a descubrir detrás de la desnudez a Proust en bata, en frac o en camisón junto con todos los accesorios, la cama, las medicinas, los bibelots. Es un juego a la gallina ciega. No se sabe aquí qué es lo definitivo, si la desnudez o la vida, la enfermedad o la salud, la histeria o la fuerza […]”.

“Por eso Proust es un poco de todo, profundidad y superficie, originalidad y banalidad, perspicacia y candor… cínico e ingenuo, exquisito y de mal gusto, hábil y torpe, entretenido y estudioso, ligero y pesado… ¡Pesado! Este primo me aplasta. Soy de su familia… yo, ultra sutil, pertenezco al mismo medio. Sólo que… sin París. Me ha faltado París. ¡Y mi delicado cutis no protegido por los afeites siente la mordida del áspero Tandil!”.

Para combatir a Proust Gombrowicz busca una figura de contraste, y a pesar de todas las diferencias que tiene con él elige a Sartre. Su obra fundamental, “El ser y la nada”, era practicamente desconocida en Francia, pero igualmente los franceses hablan pestes de Sartre.

Lo acusaban de repetirse demasiado, de estar desfasado en el tiempo, de que sus novelas y su teatro eran ilustraciones de sus teorías, de que su filosofía era una teoría de su arte, y de que, en fin, Sartre estaba acabado.

Proust es colmado de mimos hasta en la tumba, Sartre, en cambio, es tal vez el único de los grandes artistas franceses detestado por sus compatriotas.

“¿Quién demonios es, en comparación con las montañas de revelaciones sartrianas, un Borges argentino, sopita aguada para literatos? Pero a Borges lo tratan con guantes de seda, mientras que a Sartre lo zamarrean… ¿Será sólo a causa de la política? ¡Sería una mezquindad imperdonable! ¿Mezquindad? ¿Acaso no será la política, sino simplemente la misma mezquindad lo que está en la base de esta animosidad? ¿Se detesta a Sartre porque es demasiado grande?”.

Francia se le había dividido en dos en esos diarios que estaba escribiendo: Sartre y Proust. Nos habla de su piadosa peregrinación a la plazoleta de Des Deux Magots, donde observa desde la calle las ventanas del piso de Sartre, y donde se da cuenta que los franceses habían elegido a Proust en contra de Sartre.

“Si bien es cierto que Proust tiene un componente trágico, duro y cruel, no es menos cierto que esa tragedia es comestible, contiene una intención gastronómica, está relacionada con el plato, la verdurita y la salsa”.

En el lado opuesto, el de Sartre, está el pensamiento francés más categórico desde Descartes, rabiosamente dinámico y que echa por tierra los placeres sibaritas de toda Francia. Proust es impotente en comparación con la tensión creadora por Sartre.

Pero gran parte de las deducciones de “El ser y la nada” eran inaceptables para Gombrowicz, a pesar de la unicidad de su pensamiento se hacía sentir la falta de un principio complementario fundamental en el cogito de su sistema, su teoría pecaba de una terrible unilateralidad y Sartre, como moralista, psicólogo, esteta y político, sólo era la mitad de lo que debía ser.

Pero es Sartre quien echa abajo las puertas cerradas; aquello que en Proust y en toda la literatura francesa es continuación, en Sartre toma el carácter de una iniciación.

Sartre recupera el orgullo y la fuerza creadora contra la conciencia de Proust, todavía ávida, pero ya en un nivel más bajo que la de Montaigne.

Para desenmascarar el refinamiento y la falsa desnudez de ese espíritu francés que tan bien representaba Proust, Gombrowicz decide hacer una experiencia crucial.

Estaba almorzando en un local muy distinguido a orillas del Sena conversando animadamente con franceses muy atildados del ambiente literario: —¡Quién es ese escritor; —Es un escritor eminente; —Sí, eminente, pero ¿quién es?; —Viene del surrealismo y se pasó al objetivismo; —Muy bien, objetivismo, pero ¿quién es?; —Pertenece al grupo Melpomène; —No tengo nada en contra de Melpomène, pero ¿quién es?; —Una combinación de géneros: el argot con una metafísica de elementos fantásticos; —Sí, la combinación me parece bien, pero ¿quién es?; —Cuatro años atrás le concedieron el Prix St. Eustache…, y tú ¿cómo te consideras?; —Yo no soy escritor, ni miembro de nada, ni metafísico ni ensayista, soy yo mismo, libre, independiente, vivo…; —Ah, sí, eres existencialista.

Los contertulios estaban turbados con la mirada ingenua de Gombrowicz que les traspasaba la ropa, y es aquí cuando decide hacer el experimento: se empieza a bajar los pantalones.

“[…] cundió el pánico, salieron rajando por puertas y ventanas. Me quedé solo. El restaurante estaba desierto, hasta los cocineros habían huido… Sólo entonces me di cuenta de lo que estaba haciendo, de lo que pasaba…, y me quedé así, hecho un tonto, con una pernera puesta y la otra en la mano”.

Kot Jelenski lo ve y entra al restaurante: —¿Qué pasa? ¿Te has vuelto loco?; —Empecé a desvestirme y todo el mundo se dio a la fuga; —Eres un insensato, ¿a quién pensabas asustar con la desnudez?

En ningún lugar del mundo encontrarás tanta afición por quitarse la ropa como aquí. Te has encontrado con unos conejos, yo te traeré unos leones que aunque bailes en cueros sobre la mesa no moverán una pestaña.

Hicieron una apuesta al estilo de los caballero polacos del el siglo diecinueve. Los invitados estaban imperturbables hasta que llegaron a los postres y Gombrowicz se empezó a quitar los pantalones; —Excúsennos, por favor, la hora, se nos hace tarde. Gombrowicz y Kot se miraron: —No es posible que se hayan asustado, si la desnudez es su especialidad.

“Observa, la cosa es que esa gente, incluso al desnudarse se viste, y la desnudez sólo significa para ellos unos calzones más. Pero cuando yo me he bajado sin más los pantalones, les ha dado un soponcio, más que nada porque no lo he hecho según Proust, ni a lo Jean Jacques Rousseau, ni según Montaigne o en el sentido del análisis existencial, sino simplemente para quitármelos”.

3.6.10

LOS CUENTOS DE ORLANDO MAZEYRA


Por Camilo Fernández Cozman

El cuento gana por knock-out; la novela, por puntos. Aquel recuerda la perfección estilística de un poema; esta permite un mayor desarrollo de la sutil trama narrativa. Que este breve introito nos permita comentar un buen libro de relatos: me refiero a La prosperidad reclusa (Arequipa, Cascahuesos Edit., 2009) de Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, 1980), quien ya había publicado Urgente: necesito un retazo de felicidad (2007). El escritor arequipeño intenta aproximarse al relato corto. Por ejemplo, «Vacíos» tiene solo dos párrafos y explora la analogía barroca de teatro y vida. Esta última es concebida como un escenario teatral que desemboca en el exceso y el delirio. En «Tras la puerta» (uno de los textos más notables), el narrador-personaje explora el tema de la locura en una atmósfera familiar donde anida la falta de comunicación y triunfa el prejuicio: hay temas vetados como la esquizofrenia. En «La dulce espera» se explora el carácter heterogéneo del yo: Todos eran yo. Todos eran un poco de mí, una partícula de mis entrañas (p. 15); se trata de una meditación sobre la escritura que nos recuerda el “Yo es otro” de Arthur Rimbaud. En «El faquir y la equilibrista» se relata una anécdota impregnada de erotismo que conduce a una extraña costumbre andaluza: el protagonista pone clavos, diariamente, en su recámara por las noches para espantar a la muerte (p. 39).

Quisiera destacar dos aspectos en los cuentos de Mazeyra: la caracterización psicológica de los personajes y el manejo de la trama narrativa. El autor arequipeño sabe delinear los contornos de la personalidad de los protagonistas de cada historia; además, hace que el lector mantenga el interés por el desarrollo de los sucesos. Mención especial merece la musicalidad de la prosa que evidencia un trabajo de relojería con el lenguaje. En fin, un libro que merece ser leído con atención y que augura un estilo personal en el concierto de la narrativa peruana contemporánea.

* Tomado del blog La soledad de la página en blanco de CFC.

VIERNES 4: LANZAMIENTO DE “CUERVA CRÍOS” DE SILVIA STORNAIOLO


Para el viernes 4 de junio se viene el lanzamiento de Cuerva críos de Silvia Stornaiolo.

Se realizará en el Centro Cultural Benjamín Carrión, (esquina de Jorge Washington E2-42 y Ulpiano Díaz) a las 7:00 p.m.

Presentan la obra los escritores:

• Raúl Pérez Torres
• Fernando Escobar Páez.

2.6.10

“INFLUENZA”, UNA PLAQUETTE QUE ANUNCIA NUEVOS GIROS EN LA OBRA DEL POETA PERUANO MAURIZIO MEDO


Como un adelanto de la publicación de su segundo libro en la ciudad de Santiago de Chile Transtierros —recordemos que el primero fue Manicomio, considerado como uno de los títulos más emblemáticos de la nueva poesía en lengua castellana—, la Editorial FUGA pondrá en circulación un work in progres de este nuevo título con el título de Influenza. Aquí los poemas, escritos en tiempo real, recogen (de manera testimonial, paródica y crítica) el espíritu de época, una de la que el autor se da la maña para escapar e interrogar al lenguaje, y con ello a la propia identidad, una que, en la obra de Medo, logra, una vez más, reinventarse.

Como una primicia ofrecemos aquí algunos de sus textos.


INFLUENZA


1.

Basta de trepar a los aviones que emprenden vuelo en la deshora
Basta de caer desde tu beso sobre los tremos de su honda turbulencia
Basta de deshablar en trances celulares alelado ante mi ruido
Basta enjundia de súbitas querellas por quítame estas pajas
Basta de volver a marcar poseso digital tu código de acceso

Basta de flyers posts emails…
Basta de fingirse natural meditando la vida conyugal en una jaula
Basta de ver por ahí al poema y susurrarle albur-azar por serendipia


Arribo del transtierro (libre ya de alquilarme
abyecto ganapán por unos óbolos)

Judas de mis cristos ábrome paso por el psicosocial temiendo sorprender

en mi lugar a un doppelganger

Temo que mi propia ausencia del poema
me constriña Pájaro a la jaula
Albur —azar —albur —azar

Temo que al verme el perro ladre no a mí sino a esa ausencia

Ábrome paso Cincuentonas con máscaras antigases Otras cholas
esputan sus pañuelos Por el altavoces canta el locutor

384, 485, 586,687…

Y rueda la bolilla de la súper
A(H1N1)
Nuestro guión: toser y toser a pura cepa Sin vacuna infestando
cerdos pollos reses (los diarios nos dirán cómo a los peces)
ilusionados con algún report de la CNN
Arribo del transtierro Desde otra órbita Fuera de mí
Con el pavor por tener que descifrar
las claves de mi propia partitura
En ella a mi amor exponencial y cárdeno
La tierna parva de achiperres acechando el manzano
& la bravura de mi perro apiojada

Por ello señor —dije al chofer

—Sí Probablemente esta gripe sea
una puta manipulación química
con qué distraer la veleidad musulmana

Pero en mí la única aflicción que quepa ahora es dar la talla
Y cuando llegué el viejo Medo bramó:

—¡Aquí mi Judas¡

Mientras reías
(y reías)

Pavana


2.

De nariz va para encender la obscura luz de su secreto lupercal

Va zafio el cabrón Estornudan 796 víctimas de A(H1N1)

—¿Tío qué cosa es mu-sul-mán?

¡1000! Otra vez oye la voz del chofer
············puta manipulación
vibrando en la escarcha que hiela rúbea en su piel
Pero ni el frío ni su vapor neumonal
En la radio A(H1N1) como un hit musical

Volver implica siempre recomenzar
Ahora más bien como ingente hacedor
donde apenas ácaros y dendritas de polvo
Fuera de toda descripción Objetivista y neutral

Va sólo como un modo de comprender la realidad
cuando ya son 1001 víctimas
·········································y la A(H1N1) vibra
Alf layla wa-layla La dulce voz de Sheherazade
(como una puta manipulación
con qué cebar al cameramen)

No me corro yo
(Medo es otra puta manipulación)
Hablemos de cómo escarcha el ande
(lejos de la voz del locutor
sin rating)


3.

Pero de que he vuelto no quepan dudas
ve el beso rabiar sobre los labios de mi amor

El resto es una puta manipulación

La voz del fercho me hace escribir aún contra mí

Y vuelto ¿eh? es decir al principio —wu-wei
hasta calzar el poema Exangüe glosolálico
····································y por serendipia pura

Aún dudo si escribir contra mí constituya una praxis política
······································o una estrategia musical
Pero funciona En cuanto nombra la realidad
···················································con nuevos sustantivos

He vuelto de ver face to face lo que de ayer temía:
···································otra puta manipulación ·····La rutina: sus días repitiéndose pesados
como los pasos en un waltz

De comprender que ayer

······························La idealización banal de lo que ya…
(lo cual convierte vida en un sema bisilábico efímero y brutal)

¿Qué pensaría el fercho por puta manipulación eh?
Tampoco lo sé

Fue proverbial

Hay algo sabio en la oralidad algo que es cierto se tizna
con las nuevas posibilidades de escritura y subjetividad
(chats, MUDs posts flames spams)
Todas con ese matiz tan verne que habría Y sólo
por un momento considerar a toda voz
como la nota de un pentagrama panfónico
Y ya no escribir
········································Sólo callar
Escuchando toda la bulla atroz como a un poema
Sobre esto nada dice el locutor
—¡Gripe pituca¡— exclamó al ver la bolilla de la A(H1N1) rodando
por la casilla 2008 Casi a tiro de año
Siempre tan cool tan tamiflu tan made in isla caribeña.
··················································Implicaba a un status

Nunca he visto —escribió Aurora Bravo— en Nueva York, Suiza o Ámsterdam
·····································que la gente se muera por el friaje,
····················aunque los inviernos registren temperaturas más bajas
Hay una semejanza liminal entre helar el pulmón
··········································a -18 grados centígrados
Y escribir poesía

·············Aunque esta sea cascajo para el orden social

·······························································Una utopía


ATAVISMO

¿ves borroso en los bordes?
y si destrozas la obra cromática aquélla de tus padres ¿reconocerías los colores?
¿el dolor elegido en las piezas en los pedazos por decir? azul cielo
blanco piedra transparente
¿arrancarás la imprecisión la verdad que une ésta y aquélla intercesor
mediador de la defensa de los hombres?

Alejandro Tarrab

Pero el escriba aquél sufre de autismo.
Ante las puertas ¿un poema las tiene?
susurra de paporreta pasimí pasemá.

Uno penetra al lugar según lo conceptúa

Mi Judas abomina la quimera urbana
del poema como casa (blanca y con jardines)
Con una métrica antípoda de infancia

Anhela más bien volver a él como a un estroma
Y si no estroma como lengua a beso
O adjetivo a cosa
Una libre de arbitrios y tasas de interés

Porque la crisis, mi amor porque la crisis
(sin partituras y a ritmo de balada)
política comunicacional jurídica social…
(Cantan los trotskos)
—¿Cómo se escribe caviar viejo esturión del Volga? —preguntó Judas
Eso es un prejuicio burgués De derecha —replicó el coro
···································de poetas indigentes en Manhattan
Y cuando ya no sabía qué era ser andino o tropical
el Judas dijo: no me jodas Medo
Occidente es otra mar
Porque la crisis mi amor porque la crisis.

Loncos y aimaras me miraron como a prosciutto di Carpena.
··········El paramédico cual presunto portador de la porcina y
·················la dulce Rita preguntó: ¿Hello, bonjour
····················································السلام عليكم?
·······················qillaysapa ¿Entender ud. el español?
Yo sólo quería volver
Pero entre el poema y esto —costa yunga duro altiplano
había más que un simple soroche

—Qillaysapa ¿Entender ud?

Rita rió rata pícara de mi acento
Occidental según los esturiones

Repetí Volver como a un estroma Pues salvo en tu cuerpo
·························································no tengo patria ni noción
Occidente es apenas una excusa para
malmirarnos Sombra de Caín

Volver al poema…

Sin que el ADN genere todas estas cosas


INSTANCIA

Somewhere someone is traveling furiously toward you,
At incredible speed, traveling day and night,
Through blizzards and desert heat,
Across torrents, through narrow passes.
But will he know where to find you,
Recognize you when he sees you,
Give you the thing he has for you?
John Ashbery

Y mientras más en el borde Y más…
La crisis ya es algo entrañable Y tanto
que en la vuelta sus límites franquean
los del poema Es la salida
La otra a la trastienda Cieno
Ahí quedan
············ los reports de la CNN
···································Ácaros dendritas
······························································Las ahora 3000 víctimas
··········································El fercho
·······························Un cuarto de hora en el reality
························Mi capisci Rita mi capisci?
Vuelvo solo e instintivo···········(Tú siempre estás en el poema
····························Sus aguas preciosas te reflejan susurrando
·····································································¿lo ves mi amor?)

·········································Ya cerca arribo trapo
·········································pero no a morar ahí
El poema es una instancia

······································Lo vivo está en el viaje

22.5.10

FALLECE POETA PERUANO ALBERTO VALCÁRCEL EN LA CIUDAD DE AREQUIPA


El día de ayer falleció el poeta Alberto Valcárcel (Juliaca, Puno, 1944) víctima de una grave enfermedad. El primero en dar cuenta de esta triste noticia fue el poeta Alfredo Herrera quién publicó en su blog La silla prestada: “La noticia es dolorosa: el poeta puneño Alberto Valcárcel ha fallecido en Arequipa. No hay mucho qué decir ahora que no está entre nosotros, si no lo dijimos cuando su voz de pueblo nos susurraba o nos envalentonaba. Descansa en paz, Alberto. ¡BIBA LA POESÍA!”.

Horas más tarde, Gloria Mendoza Borda comentaba en su Facebook: “Murió uno de los poetas más humanos y sencillos del Perú, Alberto Valcárcel. Fue un poeta que nunca hizo daño, nunca habló mal de nadie. Perteneció a mi generación. Carismático y genial. Mi hermano espiritual hasta sus últimos días. Una lealtad eterna”.

Personalmente lo conocí el año pasado cuando me lo presentó el poeta Luzgardo Medina Egoavil en el Palacio Municipal de la Municipalidad Provincial de Arequipa. Fue la única vez que conversamos y me confesó de su terrible enfermedad, y aunque ya se notaba muy agotado, trataba de portarse sereno y no hacía más que sonreír siempre. Caminamos por la plaza de armas, dimos un par de vueltas por alguna calle aledaña en busca de una fotocopiadora, pues quería darme algunos artículos acerca de su obra que habían aparecido recientemente en varios diarios del país so pretexto de la publicación de su obra completa, mientras me contaba varias anécdotas de su vida y la poesía.

Va mi admiración y mi agradecimiento en este pequeño comentario, querido amigo.

A continuación les dejo con algunos poemas de Alberto que Herrera publicó ayer dando cuenta de esta lamentable noticia:


CANTAR DE SANGRAR

a Luis Felipe Angell de Lama,
hacedor del más grande soneto
que mis ojos no dejan
de rezar


I
Es Sangrar el claror
Que el pueblo extraña
LA VICTORIA MAS JUSTA
De esa talla la voz
Que arrulla “Hoy o Nunca”
Y que a la vez estalla.

II
Ya la razón sentencia
LA PATRIA ES LIMPIA
Y la queremos nuestra
Pero el truhán la agrede
Y de quebrantos muchos
El muy felón la invade.

III
Adiós lúgubres penas
Volad días oscuros
Ahora que ayer más vivo
Todavía su nombre crece
Y por el cielo alumbra
¡NUESTRA FERTIL BATALLA!

IV
Pongo una flor andina
Frente a la dura guerra
País de pétalos gentiles
Para que siempre en vela
CUIDEMOS JUNTOS EL AMOR
Y sin dudar tu suelo.

V
LA SAETA
¡Hoy o nunca
Retumba en lontananza!
¡Hoy o nunca
Abriga en los sentidos!
¡HOY O NUNCA
PROCLAMA EL BIEN AL MUNDO!


De Cantos corales.
Foto: Perfil del poeta en apunte de Víctor Humareda.

18.5.10

WITOLD GOMBROWICZ Y TADEUSZ BOY-ZELENSKI


Por Juan Carlos Gómez

Las polacas de su generación tuvieron un verdadero maestro en Tadeusz Boy-Zelenski. Médico, poeta, escritor, crítico literario y teatral, traductor de más de cien títulos de literatura francesa, desmitificador de las tradiciones nacionalistas de la nobleza y de la iglesia, fue asesinado por la Gestapo en 1941.

Pertenecía a la generación anterior a la de Gombrowicz, inteligente y talentoso dedicó buena parte de sus energías a achicar la brecha que existía entre Polonia y Occidente. Gombrowicz se le presentó una tarde en el café Zemianska: —¿Señor Zelenski?; —Sí; —Me permitiría unas palabras, aunque no tengo el honor de…; —Siéntese; —Verá usted, yo soy un pasajero sentado sobre una silla, la silla está sobre una caja, la caja sobre unos sacos, los sacos sobre un carro, el carro sobre un barco, el barco sobre el agua… Pero, ¿dónde está la tierra firme y cómo es…? Nadie lo sabe; —No lo sabemos. Navegamos y navegamos en este barco polaco pero no tocaremos tierra hasta que no nos hundamos.

Gombrowicz no se sentaba a la mesa de Boy en los café legendarios de Ziemianska, de Ips y de Zodiak, actuaba casi únicamente en la planta baja de los cafés, mientras las plantas más altas prácticamente las ignoraba. Boy era muy asiduo a los cafés: —Oiga, dicen que es usted quien reina en el Ziemianska, y que no admite en su mesa a ninguno de nosotros.

“Efectivamente, no los admitía, era profeta y payaso, pero sólo entre seres iguales a mí, aún no del todo formados, sin pulir, inferiores, a los otros, lo honorables, con quienes no me podía permitir una broma, una mofa, una provocación, a quienes no podía imponer mi estilo, prefería no tratarlos; me aburrían y sabía que yo también los aburría […] Los poetas de Skamander eran conscientes de su lugar sólo hasta cierto punto, conocían su lugar en el arte, pero no sabían cuál era el lugar del arte en la vida. Conocían su lugar en Polonia, pero ignoraban el lugar de Polonia en el mundo, ninguno de ellos se elevó tan alto como para ver la situación de su propia casa”.

Gombrowicz se veía poco con Boy, apenas tenía contacto con las mujeres que lo rodeaban, un séquito de segunda mano, mujeres de letras entradas en años que constituían el estado mayor femenino del maestro. También había mujeres jóvenes y hermosas, actrices, poetisas o a veces simplemente muchachas atraídas por un ambiente donde su belleza podía resplandecer si correr riesgos. Pero estas jóvenes que venían a buscar la vida fácil en la órbita de Boy, tenían una actitud deliberada, y su deseo de emancipación era demasiado estereotipado, entonces, no resultaban atractivas y hasta llegaban a ser irritantes.

“De todos modos debo reconocer que realizó grandes cosas en favor de la normalización de la mujer polaca. Utilizo el término normalización teniendo en cuenta la situación que se había creado”.

La vieja generación de las mujeres de la intelligentsia cargaba con los lugares comunes que había heredado de la tradición y de la literatura de la época anterior, unas mujeres que estaban dispuestas a cumplir una misión y hablaban en nombre de principios superiores. Eran unas señoras un tanto exageradas, poco flexibles, ingenuas y casi infantiles frente al papel glorioso que habían elegido.

Las hijas de estas señoras ya ejercían un mayor control sobre sí mismas. Una señorita normal, que no rehuía ni a la diversión ni al flirteo, que deseaba casarse, no se sentía cómoda en la armadura de sus madres que no estaba hecha a su medida, a menudo perdía el sentido de la proporción, comprendía mal lo que se le pedía y cuáles eran sus deberes.

A todo esto se agregaba una contradicción entre el ambiente de los establecimientos de enseñanza donde reinaba el liberalismo y el espíritu de austeridad que alimentaba su casa.

“Este desequilibrio en las mujeres era para nosotros, los jóvenes, un gran problema. Nunca se sabía con qué mujer se iba a tropezar uno y qué clase de suplicios sufriría con ella”.

La actividad periodística de Boy dio buenos resultados combatiendo la falta de equilibrio de estas mujeres a las que le faltaba naturalidad y que no tenían una medida para regular sus palabras ni su comportamiento. Fue una buena escuela de humor, de conocimiento de la realidad y de convivencia con la sociedad moderna.

“El sentido común de Boy influía incluso en aquellas que lo consideraban un demonio, o peor aún, un masón; a través de sus amigas, de su compañeras, penetraba en los ambientes más conservadores, y poco a poco cambiaba la manera de ser femenina, esa forma a la que yo atribuía tanta importancia, viendo en ella la clave de muchos frenos y el secreto de numerosos males. Las adversarias más encarnizadas de Boy se tornaban, en el curso de la lucha contra él, más libres, más elásticas, diría, más hábiles”.

Boy estaba acercando el modelo de la femineidad polaca al modelo francés, pero entonces vino la guerra y el comunismo y la historia dejó descalzos a los hombres. Polonia se estaba transformando lentamente pero, de pronto, la historia empezó a moverse otra vez bajo sus pies.

El contacto de Gombrowicz con las mujeres era muy distinto al que tenía Tadeusz Boy-Zelenski.

Gombrowicz no le tenía odio a las mujeres, no era misógino, pero, ¿y miedo?, ¿no será que era ginófobo? La cuestión de que su homosexualidad le produjera vergüenza y la heterosexualidad de sus relaciones con Rita dan para pensar que le tenía miedo a las mujeres y que el miedo era el origen de su homosexualidad. Dejemos este dilema para otra oportunidad, pero si fuera cierto que era ginófobo, el miedo se convertiría en el archiorigen de los dolores de Gombrowicz.

“Personalmente no sabía tratarlas, me refiero a las mujeres, pues me comportaba realmente como no debía […]”.

“Me vengaba de ellas haciéndome el loco y el payaso cuanto podía, y en el fondo de mi alma odiaba a esas maestras indulgentes y presumidas, esas guías, institutrices y… desgraciadamente, a menudo… críticas […] Por fin llegó un momento en que me rebelé y saqué la conclusión de que había que exterminar la feminidad de la literatura […]”.

“Pero yo no me enterado nunca si las mujeres en la literatura y la femineidad literaria eran verdaderamente enemigos míos, y si mis reproches eran justos. Puesto que de la justicia de nuestras pretensiones no nos convencemos hasta que comenzamos a luchar por ellas”.

Sus contactos con las actrices en Polonia dejaban mucho que desear. Cuando se propone llevar al teatro a “Ivona, princesa de Borgoña”, lo consulta a Tadeusz Boy-Zelenski: —Pregúntale a Mira, ella te dirá.

Mira Ziminska era actriz, a más de ser inteligente tenía un gran sentido del humor, pero Gombrowicz se llevaba mal con los actores, especialmente con las actrices, consideraba que los intérpretes pertenecían a una clase inferior de artistas.

“Con las actrices me mostraba aún más implacable que con los actores, y tenía la costumbre de fingir que no las conocía; me presentaba solemnemente a cada una de ellas en cada encuentro. Un día, cuando me presenté cortésmente por quinta vez a una diva, ésta agarró un vaso de agua y sin pensarlo dos veces me lo vació en la cabeza […]”.

“Mira, por suerte, no me guardaba rencor, pero sus horizontes teatrales no eran tan amplios como para poder apreciar una obra tan innovadora como ‘Ivona’. Me dijo que el principio no estaba mal, pero que el resto no valía nada”.

Iba de fracaso en fracaso y los escritores seguían mofándose de Gombrowicz por las dificultades que tenía con las mujeres. Janusz Minkiewicz, un poeta satírico famoso por sus conquistas en el mundo de la galantería, le dijo una tarde en el café: —Ahora regreso a casa porque espero una llamada de Lala… A las cinco he quedado con Cela, y a las once me espera una locura con Fila. ¡Hasta la vista!

A Gombrowicz le empezaron a molestar las damas de la sociedad ya desde joven, la más de las veces le resultaban insoportables por su grandilocuencia ingenua y supercómoda.

El programa sublime de estas mujeres era conseguir un marido que ganara dinero o que sacara beneficios de sus dominios, mientras ellas desempeñaban el papel de guardianas de unos ideales a los que no les miraban los dientes porque les venían de unos padres y abuelos venerados.

La nueva generación estaba irritada con esta falsedad de su actitud y de su tono, cada vez más evidente.

Estos estilos agonizantes de las formas polacas que se remataban como a un animal enfermo, fueron una verdadera ganga para Gombrowicz en los tiempos que escribía “Ferdydurke”. Pero los problemas no sólo estaban afuera de Gombrowicz, también estaban dentro de él.

“Y yo también, sólo al cabo de cierto tiempo, tomaba conciencia de que nada podía salir de semejantes amores basados en una mistificación […] Efectivamente, no salía nada. Todos ellos terminaban dolorosamente cuando la joven descubría que yo, aunque encantado con ella, no le permitía acceder a mí, siempre hermético, entregado a mis asuntos, nunca verdaderamente sincero y abierto, ni por un minuto […]”.

“Sin embargo, yo, por mi parte, no podía ser diferente, ya que hubiera sido más fácil, por ejemplo, comprender la naturaleza de un cocodrilo que la mía, formada por influencia y factores que eran completamente desconocidos para ellas”.

Hace ya algún tiempo me anda dando vueltas por la cabeza una idea extraña que se me está formando acerca de Gombrowicz, una idea que no es tan descabellada como pudiera parecer a primera vista, y que también se la puede asociar a una historieta cómica famosa en la que un día dialogan en una plaza la estatua de un filósofo y el protagonista: —Todo lo que el hombre hace es pa’ levantar minas; —Pero, maestro, ¿y las matemáticas?; —Pa’ levantar minas; —¿Y la filosofía, maestro?; —Pa’ levantar minas; —¿Y el estudio de nuestros antepasados?; —Pa’ levantar minas…

5.5.10

ELTON HONORES VÁSQUEZ: ENRIQUE VERÁSTEGUI Y TEORÍA DE LOS CAMBIOS


Enrique Verástegui. Teoría de los cambios. Lima: Sol Negro/Cascahuesos, 2009. 66 pp.

La editorial Sol Negro, dirigida por Paul Guillén, junto a la editorial Cascahuesos, nos entregan lo último del “poeta prodigio” Enrique Verástegui (Lima, 1950): Teoría de los cambios. En este libro de madurez, el poeta cercano a los sesenta años, reflexiona sobre la soledad y la necesidad de una vida apacible. Esta vida apacible no descarta el cuerpo y la sexualidad como medio para alcanzar la plenitud. Por ello la recurrencia a la imagen de la “rosa” a lo largo del libro. El conocimiento está asociado a la otredad, pues en “Epistemology by tv”, plantea que por medio del conocimiento físico del otro me conozco a sí mismo.

En el poema “Philosophy” plantea algo clave: “La filosofía profetiza felicidad a los hombres, pero el hombre vulgar sufre” (13). Aquí se desmitifica la noción del futuro atribuido al hombre en abstracto frente al hombre concreto del presente, común y corriente que padece los males y angustias metafísicas frente a lo incierto. En este verso el autor sintetiza la condición moderna del hombre, que es ambivalente, pues su mundo ideal es proyectado en un tiempo que no le pertenecerá y por otro, el desinterés por lo propiamente “humano”, pues hoy ¿a quién le interesa el arte, la filosofía, la literatura? El hombre del presente es vulgar porque su tiempo también lo es. Considero que este verso es uno de los mejores del libro e incluso posee cierta carga polémica.

Para el hablante lírico, vivir es florecer a nivel ético-individual, pero éste no niega a su vez, los viejos deseos de cambiar el orden, de cambiar políticamente el mundo. Las implicancias revolucionarias se fusionan con las gnósticas y místicas. Para el poeta la meditación es un acto clave, un valor en estos tiempos. Para el yo poético, solo el cambio permitirá trastocar el presente en futuro y el futuro en pasado…

Simplemente, se trata de un excelente libro. Imprescindible.

Elton Honores
Universidad San Ignacio de Loyola

* Tomado del blog Iluminaciones.

2.5.10

APARICIÓN DE TV BLOG LITERARIO (PROGRAMA CONDUCIDO Y CREADO POR RAÚL HERAUD Y CÉSAR PINEDA)


Los poetas César Pineda y Raúl Heraud han dado vida a TV BLOG LITERARIO, programa de entrevistas a poetas nacionales y cuando se pueda también a internacionales, con la idea de que el público conozca todo sobre el quehacer literario actual. «Nuestra consigna es que TODOS, “SIN ARGOLLAS”, tengan un espacio donde puedan difundir sus trabajos» nos dice Raúl Heraud, mientras que César Pineda apunta «Rogamos a ustedes nos apoyen a difundir este proyecto que nos apasiona y nos gusta. Por esa sencilla razón, compartimos nuestra locura. Muchas gracias». «Esperamos contar con su apoyo y difusión del blog. Cualquier sugerencia para entrevistas háganla llegar a través de este medio o el facebook», nos dicen ambos. Pues bien, están servidos.

Pueden entrar haciendo click aquí: TV BLOG LITERARIO.

30.4.10

QUINTO LANZAMIENTO INTERNACIONAL DE CASCAHUESOS EDITORES: “FUNDACIÓN DE LA NIEBLA” DE ERNESTO CARRIÓN


Nos complace informarles que ya se encuentra en prensa el nuevo libro de uno de los poetas más sorprendentes, radicales y a la vez lúcidos que ha aparecido en Latinoamérica a inicios de este siglo; se trata de Fundación de la niebla del poeta ecuatoriano Ernesto Carrión. Este nuevo libro, de aproximadamente 80 páginas y cuya escritura se realizó alrededor del año 2007, viene acompañado de dos sendos prólogos de los destacados escritores Fernando Balseca de Ecuador y Julio Hubard de México.


Sobre el libro:

«Fundación de la niebla es un libro necesario para recordarnos nuestras divisiones internas, nuestras roturas, las voces que nos habitan y que nos descontrolan, pero sobre todo para sentir que la condición humana es algo que día a día, en el acto de asumir la palabra, se va concretando en medio de dubitaciones, pasiones e instantes de sosiego. La poesía serena y directa —sin rodeos— de Ernesto Carrión nos trae el mensaje de nuestra singularidad en la diversidad de los escenarios por los que transitamos, en los que impera la sensación de oquedad, orfandad y finitud. La poesía es autosuficiente: es inicio y fin de algo, es fundante, es constituyente de humanidad. La de Carrión nos prepara para la vida plena de sentido. Y también para afrontar la nada en que existimos. Pero, al nombrar el vacío, nos da ánimo para ahuyentarlo por un momento» ha dicho Fernando Balseca.

«Carrión es el resultado de una escritura que lo va inventando; es una búsqueda genésica que se quiere más real que aquella parcela de sensatez que solemos llamar yo. Por eso se vuelve preciso no dejar de escribir, no ceder el espacio a una silenciosa nada ni a la plaza del habla mercantil; por eso no puede detenerse a ser escuchado: no es un diálogo sino una supervivencia. La cortesía con el lector es un lujo de quien no está en riesgo de dejar de ser en cuanto deje de proferirse. Es la notable trayectoria de una poesía que inventa a su autor. Y ese ser en formación comienza aquí, en esta Fundación de la niebla, y sólo tiene dos destinos: desvanecerse o alcanzar el ser» nos dice Julio Hubard respecto a este nuevo libro.


Sobre el autor:

Ernesto Carrión nació en Guayaquil-Ecuador, en 1977. Es autor del libro La muerte de Caín, cuarteto formado por los poemarios: El Libro de la Desobediencia, Carni vale, Labor del Extraviado y La Bestia Vencida (CCE, 2007), que es, a su vez, el primer volumen de una trilogía única titulada: Ø. Del quinteto Los duelos de una cabeza sin mundo, volumen siguiente, ha aparecido hasta el momento el libro Demonia Factory (Zignos, Lima, 2007/ Eskeletra, Quito, 2008/ Limón Partido, México D.F., 2009). Publicó además Toma esta cabeza mestiza por donde rodará un dios judío (Santa muerte cartonera, México D.F., 2008); y junto al poeta peruano Maurizio Medo los libros Contramano y Álbum de arena (Consulado del Perú en Guayaquil, 2008). Preparó también el libro Identidades a Plazo [Recopilación de textos de pacientes del Hospital Psiquiátrico Lorenzo Ponce] (CCE, 2008). Ha sido Premio Nacional de Poesía César Dávila Andrade (2002), Premio Latinoamericano de Poesía Ciudad de Medellín (2007), Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade (2008), Finalista del II Certamen Hispanoamericano de Poesía Festival de la Lira (2009) y Becario del Fonca y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (2009).

27.4.10

LECTURA DE “CORTOMETRAJE” POR JOSÉ DONAYRE HOEFKEN


En la apurada y breve reseña que aparece en la contraportada del libro de cuentos Cortometraje de Yuri Vásquez, se lee:

«Yuri Vásquez es la clase de escritor que no se conforma con la frase cumplidora. Por alguna razón, está condenado a buscar la expresión plena, aquella que no se resume en la oración ni en el párrafo ni en el texto mismo, pues se trata de una búsqueda más ilusoria que fáctica y, por su intrincado derrotero, destila más contrariedad que satisfacción. De hecho, el interés narrativo de Vásquez se relaciona con cierta manera de mirar y refractar lo invisible e inmaterial, y resolver —sin sucumbir en el intento— lo inexorable, aunque este desenlace sea ajeno al entendimiento o al embeleso de su consecución. La violencia, el sexo y el poder, que en el fondo tienen la misma materia viscosa en Cortometraje, cobran particulares brillos en cada uno de los catorce cuentos, obligando a que el carácter realista, insólito, fantástico o metaficcional de uno u otro pase a un rotundo segundo plano. Quienes esperábamos este libro no nos queda sino celebrar su aparición.»

Releo mis palabras y continúo suscribiéndolas. Sin embargo, gracias al tiempo transcurrido desde que escribí esas líneas, hace algunas semanas, puedo advertir la información que tuve que sacrificar para cumplir con la exigencia que el editor del sello Cascahuesos, José Córdova, me impuso: solo escribir entre ocho y diez renglones. Y es fácil imaginar lo que ocurrió cuando pretendí cumplir con aquella solicitud ante un libro realmente complejo, tanto por su estructura —que recuerda la metáfora del ouróboros, es decir, la mítica serpiente que se come incesantemente su propia cola— como la osadía con que Vásquez enfrenta, asume y retuerce diversos tipos de ficción desde un género tan exigente como es el cuento.

Lo primero que me asalta es el porqué del título: ¿será acaso por la obvia correspondencia entre el cuento y el corto cinematográfico, en la medida que el autor desperdiga a lo largo de su libro una estela de referentes y guiños que se relaciona con el denominado sétimo arte? Lo siguiente es el jazz casi como un Leitmotiv, incluso como una música subterránea que de vez en cuando (desde la dedicatoria del libro hasta las últimas páginas de la colección, e incluso en algunos títulos y epígrafes) aflora en su total evidencia, marcando un ritmo y dejando espacio para una sugestiva «improvisación» ante los corsés del arte de narrar.

Veamos, cuento por cuento, las principales intenciones estéticas, así como las preocupaciones temáticas y narrativas de Vásquez:

Cortometraje empieza con el cuento «Pithecantropus erectus», que plantea una situación muy difícil de que ocurra, pero no por ello imposible, o sea, no posible. Parece un cuento fantástico, pero se trata, en estricto, de un relato insólito, es decir, los hechos transcurren en la difusa frontera entre lo posible y lo lógicamente inadmisible. Según el propio Vásquez, «La tribu de los ichipawa», como también se titula este cuento, «refería la historia, usos y costumbres de una tribu extraña. La tribu, durante las noches, en la colina más alta del mundo, celebraba con fasto y regocijo, inexorables ritos sexuales, religiosos y sangrientos. Sin embargo, al despuntar el alba, la tribu, desesperada, contrita, corría colina abajo, tomaba sus autos aparcados y volvía a la ciudad, a sus casas y trabajos. El personaje medular era el guerrero, el bravo Kalumba, que en la civilización se llamaba Ernesto Rivas. Tenía familia; y él y su esposa Atawa/Sofía —así como todas las familias de la ciudad— ocultaban a su hijo, al pequeño Tony, los ritos sangrientos que practicaban por las noches».

Esta descripción de «Pithecantropus erectus» aparece casi al final del libro (p. 108), pues lo interesante de este cuento es el diálogo intertextual que establece con la última pieza narrativa de la colección, titulada «Canto de lucha haitiana», el cual, con el relato «Entre el caos y el pensamiento» del escritor Marcel Oquiche, se crea un muy sugestivo entroncamiento entre ambas historias, que llevará al lector al imperio de la metatrama, buscando un diálogo extratextual, más amplio y ambicioso, a partir del diálogo intratextual sobre su propósito, que tiene a Vásquez y Oquiche como interlocutores.

«Fábula del hombre eterno», el segundo relato del libro, nos brinda una historia, sin duda, fantástica, pero con un final cruelmente realista, que no resta el propósito típicamente trasgresor de aquel tipo de ficción. Lo mejor de este cuento es el descubrimiento de la inmortalidad y el asombro que dicha revelación implica. El remate —equilibrado, sobrio y tajante— corona impecablemente el estilo fluido del cuento, construido sobre una intriga muy bien urdida.

Quizás el tercer cuento, titulado «De un modo sentimental», sea el más extraño e inasible de Cortometraje. Además, aquí ya empiezan los problemas para circunscribir el texto en uno u otro casillero, aunque, en realidad, dicha tarea poco importa desde el alcance simbólico de la narración. Sobre la base de una historia paralela medio fantasmal, el personaje inicia una autoindagación, a propósito de una muchacha vista a lo largo de un extenso traveling desde una combi. Con este cuento, Vásquez consigue llevar al lector a un límite exquisito de su imaginación.

Y no bien uno se halla paladeando el relato anterior, tratando de sopesar el argumento más allá de la anécdota para entender el sentido último con que Vásquez trata de proyectar o desnudar a sus personajes, y se topa con el cuento «Las hojas muertas», una historia tan tierna como trágica. Todo nos lleva a pensar en la intención metafórica de este cuento, desde que el protagonista se confiesa ante una mujer de vida gris, pero lo cierto es que el absurdo se impone, y en contracorriente lo verosímil de la situación, no obstante que va contra toda la experiencia lógica del lector, deja caer su velo, hasta que surge una muy bien montada tragedia, en la que se anuncia muy clásicamente la inevitable fatalidad.

«Un blues en la noche», como bien nos advirtió el autor en las primeras páginas del libro, es otra puerta que se debe abrir en un corredor con muchas entradas o salidas. En este relato el autor propone una dimensión deliberadamente ambigua. ¿Se trata de locura o fantasía? ¿Lo que vive el personaje es un delirio o una extraordinaria experiencia metafísica? Enfrentar esa incertidumbre, y dejarse llevar por las reflexiones del protagonista, es lo mismo que flotar en el aroma dejado por la presencia perturbadora de una mujer tan inexistente como tangible en las huellas que desperdiga en el espacio nocturno de la intimidad y el deseo.

«El lado soleado de la calle» es, a todas luces, el relato más lineal, claro y realista de todo el volumen. Sin embargo, en nivel de sugerencias, matices y texturas es muy rico y engañoso. Aquí lo obvio es un desvío. Aquí lo que parece no necesariamente es, y lo que es está a punto de dejar de serlo o es un rastro de lo que fue o se imaginó que sería. Como el lado oscuro de la Luna, este cuento es una elaborada exploración de las apariencias en ciertas relaciones de pareja, que indaga en la fidelidad con el otro y en la lealtad hacia uno mismo para alcanzar un pleno desarrollo y libertad para ser simplemente un ser feliz.

«Cuando las últimas luces se hayan apagado» es, se podría decir, junto con el cuento siguiente, el centro del libro. Y no podría ser de otro modo. Se trata de un cuento ganador, con todas las virtudes y vicios que caracterizan a las obras que ganan importantes certámenes literarios. La lección que parece enrostrarnos Vásquez con este relato es que nada es aislado ni gratuito ni arbitrario. Aunque la moralina es lo de menos en este thriller de arquitectura sobrecogedora, casi de rompecabezas, donde la muerte es una materia tan plástica y lúdica como el óleo.

En «Sobreviviente a medianoche», Vásquez nos recuerda los tentáculos de la guerra interna, con sus dosis de violencia, terror, iniquidad e incertidumbre. Con rápidas pinceladas, reconstruye la muerte en vida —o la vida moribunda— de una sociedad representada en un individuo que experimenta la situación límite de saberse víctima y victimario de sí mismo. En esta historia, al igual que en la anterior, nada es aislado ni gratuito ni arbitrario, en un desdoblamiento alucinante y aterrador. Y lo peor es que la realidad es una cárcel sin muros y el individuo está solo… y solo puede llegar hasta donde su temor o su culpa le permite en medio de una absoluta miseria moral.

«Arroja tu destino al viento» es la desafortunada historia de un supersticioso. La crítica a la fe mal encauzada es lo más saltante, aunque no lo más significativo. Vásquez nos muestra en pocos cuadros cargados de ironía la degradación del protagonista —y la decadencia de su familia—, a partir de un aciago encuentro con un personaje que aglutina las más desagradables desgracias. Sobre la base de un absurdo tras otro, el protagonista encuentra un drástico alivio a sus pesares, en un remate elaborado con una soltura que deja traslucir el gran conocimiento del autor sobre las emociones humanas.

«Smoke gets in your eyes» (en español «El humo entra en tus ojos») es otra historia que explora las aristas de la felicidad en una relación de pareja, utilizando también como eje la fidelidad (o falta de esta) ante el otro y la lealtad (o su ausencia) con uno mismo. En este cuento la consecución de la felicidad tiene uno de los peores rostros que el ser humano puede entrever. Sin embargo, la música (como cita, mención, alusión o referencia), como en muchos otros casos de Cortometraje, permite resolver discursivamente lo inenarrable y aun lo narrativamente inefable o indecible. En este caso, se trata de la famosa canción escrita en 1958 por Otto Harbach y Jerome Kern, en la voz de Dinah Washington, y que da el sugestivo nombre al relato.

En «Round midnight» (en español «Ronda de la medianoche»), siguiendo las cadencias de la composición musical de Thelonious Monk, el autor retoma el tema de la muerte en un tono semejante al de «Fábula del hombre eterno», «Sobreviviente a medianoche» o «Arroja tu destino al viento», es decir, el individuo camina hacia la muerte, busca los brazos y caricias de esta, y se ayunta en un delirante éxtasis. Lo interesante es cómo el autor construye un preámbulo que deviene en un remolino de circunstancias, perfilando al personaje con emociones relacionadas con la culpa, el desasosiego y la perturbación, y dejando un halo de imprecisión para que quepan otras interpretaciones o posibilidades, a fin de que la sorpresa tenga un alcance más extenso y profundo, y la supuesta lección —el artificio de la metáfora— cale más hondo. En este caso, la película de la vida en un instante es la figura mortal con que se topa el protagonista, mientras recupera su esencia y fallece en una situación tan borrosa como el hilo que siguió.

«Sueños de un cisne hermoso», el antepenúltimo relato de Cortometraje, es otro cuento inasible, pero no tanto como «De un modo sentimental», el tercero de la colección. Aquí la sordidez se empalma con la descomposición de la sociedad y la desfiguración de las relaciones de poder. En las líneas penúltimas del cuento se lee: «Ella abrió los ojos lentamente, y con amor apretó las manos pensativas, libres, suaves de Joel Pereira. De pronto se oyó un gran estruendo que tal vez provenía de dos cuadras arriba del hotel; quizás en el jirón Húsares, por el Palacio de Gobierno». La situación es escabrosa y Vásquez la pincela con pocos colores pero con mucha luz, para sorpresa del lector: Ramona acaba de tener relaciones sexuales con un sujeto desagradable frente a Joel, y este, que apenas sale de su fascinación ante lo que presenció, por fin halla la libertad y el regocijo que siempre ha buscado. Las lágrimas corren por las mejillas de Ramona y Lima se vuelve más peligrosa.

«La puerta que se cerró para siempre» es un cuento desconcertante y esquivo que resulta muy difícil clasificar. Hasta cierto punto es una metáfora a lo Kafka de la banalidad del mundo contemporáneo. Es también una pesadilla o delirio de un paranoico, víctima, probablemente, de la banalidad que arrastra el mundo desde la declarada muerte de Dios. Aunque lo más probable es que se trate simplemente de una ficción fantástica o de una truculenta historia de terror que nos distraiga de la convicción de que el mundo se desploma, en buena medida, por la banalidad enquistada en los pilares de nuestra cultura.

Hablar en este párrafo final de «Canto de lucha haitiana», el cuento con que Vásquez cierra supuestamente el libro es, de algún modo, regresar al primer relato de la colección («Pithecantropus erectus»), en una suerte de maldición borgiana. Con esto uno corre el riesgo de quedar atrapado en la metatrama de Cortometraje, y convertirse en personaje de alguna de las pesadillas del autor, donde la violencia, el sexo y el poder, disfrazadas con la máscara de la muerte, son materias viscosas que resultan difíciles de apartar.

Yuri Vásquez. Cortometraje.
Cascahuesos, Arequipa, 2010. 116 pp.

* Texto leído el domingo 25-04-2010 en la presentación de Cortometraje en la Feria «Palacio de Gobierno», y tomado del blog Esta boca es mía de José Donayre Hoefken.

24.4.10

PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE CUENTOS “CORTOMETRAJE” DE YURI VÁSQUEZ EN LA FERIA DEL LIBRO “PALACIO DE GOBIERNO”


Cascahuesos Editores tiene el agrado de invitarlo a la presentación del libro de cuentos Cortometraje del escritor arequipeño Yuri Vásquez, ganador de la VIII Bienal de Cuento «Premio COPÉ 1994» y finalista de la II Bienal de Novela «Premio COPÉ Internacional 2009».

La presentación y comentarios estarán a cargo de los escritores:

• José Donayre Hoefken
• Lenin Velarde Paredes
• José Luis Córdova

Lugar: Salón Túpac Amaru del Palacio de Gobierno
Día: domingo 25 de abril
Hora: 5:30 p.m.

El ingreso es totalmente libre, (no olvide llevar su DNI para poder ingresar).
Los esperamos.
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