12.3.10

WITOLD GOMBROWICZ Y LA FORMA


Escribe Juan Carlos Gómez

Quienes sigan atentamente las aventuras de estos gombrowiczidas habrán leído con algún provecho “Witold Gombrowicz y la Inmadurez”, le ha llegado el momento entonces, pues la inmadurez ya debe estar más o menos digerida, de darle lugar a la forma.

La Argentina fue para Gombrowicz un gran campo de maniobras, en este lugar neutral, como si fuera la mesa de un café, intentó establecer los límites al problema de poner en claro si el par dialéctico inmadurez-forma, una intuición que planea sobre toda su obra, era una verdadera reducción ontológica del hombre o tan sólo una perogrullada o una tautología.

La concepción de la forma no es para Gombrowicz un problema conceptual, como lo es para la filosofía, sino un problema práctico.

“Pero el hecho de que mi madre no quisiera ser lo que era, que no quisiera reconocerse a sí misma, terminó vengándose de ella, porque nosotros, sus hijos, le declaramos la guerra […] Y fue allí, seguramente, donde comenzaron mis dolorosas contorsiones con la forma polaca, que producían en mí un efecto parecido al de las cosquillas: uno se troncha de risa, pero no resulta agradable […]”.

“Mi sensibilidad respecto a la forma, que demostré desde mi más temprana infancia, me permitió más tarde hallar mi propio estilo literario y crear un género que va consiguiendo poco a poco derecho de ciudadanía en el mundo. […] Una cosa era cierta y yo me daba cuenta: mis primeras tentativas literarias manifestaban una fuerte oposición… oposición a todo… su tono era rebelde… Si entro en esta Cámara de los Lores, me decía, será como Byron, para sentarme en los bancos de la oposición”.

La realidad no puede ser abarcada tan sólo por la forma pues la forma no está acorde con la esencia de la vida. El intento por definir esta insuficiencia de la forma es un pensamiento que se convierte en forma, y que confirma tanto su impotencia para aprehender la existencia como nuestra inclinación por ella.

La realidad surge de asociaciones de una manera indolente y torpe en medio de equívocos, a cada momento la construcción se hunde en el caos, y a cada momento la forma se levanta de las cenizas como una historia que se crea a sí misma a medida que se escribe, introduciéndose de una manera ordinaria en un mundo extraordinario, en los bastidores de la realidad. Gombrowicz descompone el mundo en elementos de la forma, pero también recrea la reacción del hombre frente a ese proceso de descomposición, de modo que es de nuevo el hombre y no la forma quien se halla en el centro de la obra.

Entre el yo de Gombrowicz y lo otro siempre había un mediador, un mediador al que finalmente le puso un nombre: forma, y la forma era el origen de sus archidolores que como un puñal se le hundía en la carne y lo hería una y otra vez. Su conciencia se puso a disposición de su inmadurez y entre ambas entablaron un combate a muerte con las formas, y las formas son las máscaras con las que nos aparecemos ante los demás y ante nosotros mismos, una deformación interhumana del ese “yo mismo”. Gombrowicz explica muy claramente cómo asomaban la cabeza los dolores emergentes de esa lucha.

“[…] Ignoro cuál es mi forma, lo que soy, pero sufro cuando se me deforma. Así, pues, al menos sé lo que no soy. Mi ‘yo’ no es sino la voluntad de ser yo mismo […]”.

Como la escritura es también una forma en sí misma, Gombrowicz se refiera a ella como una ultractividad de su propia naturaleza, por lo menos para su propia obra.

Existe un ascenso desde los primeros elementos individuales que crecen mientras se escribe, siguiendo la ley de la acumulación formal, hasta la visión general que cierra el conjunto. Una clase de esos elementos son frases sueltas y situaciones excitantes, de los que sobreviven unos pocos. Esta función de control que el autor ejerce, eliminando buena parte de los primeros miembros de un conjunto que se va formando, es muy importante y está presente en todo el proceso.

Las frases y los elementos en estado caótico le impondrán al autor, por la propia necesidad interna de la forma, una representación más amplia: escenas y una trama en estado de nacimiento que sólo deben satisfacer las necesidades de la imaginación. En este segundo momento, el caos inicial se reduce y aparecen con alguna claridad las asociaciones y los elementos excitantes y misteriosos cuya acción se amplía; un repiqueteo que el autor debe buscar siempre.

También aquí es necesaria la actividad de eliminación. Mediante este proceso de control, el autor debe contrastar siempre el resultado con el sentido interior de su vida que, sin embargo, no conoce.

Los miembros de este conjunto, si es que la creación se realiza de esta manera, es decir, si el autor evita la intervención pesada de las líneas de realidad, adoptan un comportamiento que define su naturaleza y sus funciones. Es aquí donde aparecen las escenas claves, las metáforas y los símbolos que ya apuntan en una dirección determinada ante la que no se puede exclamar: —¡Elimino! Del caos inicial, por una acumulación de forma, se pasa a las escenas, a los personajes, a los conceptos y a las imágenes que el proceso de control ya no puede eliminar, y lo ya creado dictará el resto.

“Tu principio debe ser el siguiente: no sé dónde me llevará la obra pero, me lleve donde me lleve, tiene que expresarme y satisfacerme”.

El sentido interior de la vida es el ángel de la guarda que toma la palabra para confrontar constantemente la imaginación con la realidad y para mediar en la lucha entre la vida y la existencia.

“[…] Cuanto más loco, fantástico, intuitivo, imprevisible e irresponsable seas, tanto más sobrio, responsable y dueño de ti mismo debes ser”.

Resulta útil ver cómo Gombrowicz pone en funcionamiento esta concepción de la forma aplicada a la actividad de escribir en su propia obra. En uno de los primeros intentos que hizo en los diarios, al que podríamos considerar como un intento metaliterario, Gombrowicz se las arregla para desvincular a la forma de sus ataduras y darle vida propia echando mano a Creta.

Todo ocurre un día en que va almorzar a la casa de un ingeniero que tiene una industria en la localidad de Acassuso. A medida que ponía atención se iba dando cuenta que la casa, la mesa del comedor y los platos eran demasiado renacentistas, mientras la conversación se centraba también en el Renacimiento, una adoración por Grecia, Roma, la belleza desnuda y la llamada del cuerpo. La conversación giró alrededor de una columna de Creta, y a Gombrowicz se le pegó el cretino, leitmotive de toda la narración, pero no de una manera renacentista, sino totalmente neoclásica y cretínica. Llegado a este punto le advierte al lector que él sabe que no debería escribir sobre esto.

De vuelta en la ciudad se dirigió al café Rex pero, de repente, desde el café París, le hacen señas unas señoras conocidas que aparentemente estaban sentadas a la mesa comiendo bizcochos que mojan en la crema.

Pero era una mistificación, la verdad es que estaban sentadas a un tablero cubierto de esmalte apoyado sobre cuatro barras de hierro torcidas, y la acción de comer consistía en meterse una cosa u otra por un orificio practicado en la cara, al tiempo que sus orejas y sus narices despuntaban. Cháchara va, cháchara viene, Gombrowicz pide disculpas y se marcha alegando falta de tiempo. El hecho de que estuvieran ocurriendo cosas demasiado cretinas como para ser reveladas, era la razón que lo obligaba a relatarlas pues tenían un exceso de cretinismo.

Al salir del café París se dirigió al café Rex. En el camino se le acerca una persona desconocida, le dice que hacía tiempo que quería conocerlo, lo saluda, le da las gracias y se va.

Cuando iba a ponerlo de vuelta y media al cretino, se da cuenta que no es cretino, puesto que sólo quería conocerlo y lo había conocido. Se empiezan a encender las luces de la noche, pasan los coches, caminan los transeúntes, mientras tanto Gombrowicz mira las casas. En el balcón de un séptimo piso le están haciendo señas Henryk y su mujer. Él también les hace señas. Henryk y su mujer hablan y hacen señas. Coches, tranvías, gente, bocinazos, Gombrowicz les responde con señas. De pronto repara en que Henryk, más que hacer señas, enseña… ¿pero qué es lo que enseña? Se está enseñando a sí mismo como si fuera una botella.

“Yo hago señas. De repente ella (pero no, yo no puedo hacer el cretino; sin embargo, si tengo que desenmascarar al Cretino debo hacer el cretino); entonces ella le enseña hasta que él se asoma y ella le enseña con saña (pero, ¿qué es lo que enseña?), después de lo cual los dos se ensañan ligeramente, y uno hacia aquí, el otro hacia allá, y, ¡puff!… (¡Esto sí que no puedo decirlo, está por encima de mis fuerzas!)”.

SÁBADO 13: CONFERENCIAS SOBRE MÚSICA ELECTRÓNICA EN LA CASONA DE SAN MARCOS


Continúa el Ciclo de Conferencias “Música e Identidad”, organizada por la Dirección de Música de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

En el marco del Ciclo de Conferencias “Música e identidad”, se llevará a cabo la segunda sesión de las conferencias sobre música electrónica que el músico invitado Gilles Mercier viene realizando en el Centro Cultural de San Marcos.

En esta segunda y última fecha, el reconocido compositor disertará en torno al segundo período creativo de sus obras y a sus últimos trabajos. Asimismo se contará con la participación de Abraham Padilla, director de la Dirección de Música de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

El evento se realizará entre 4:00 p.m. y 6:00 p.m. en el AUDITORIO del Centro Cultural de San Marcos, ubicado en la Casona del Parque Universitario (Av. Nicolás de Piérola 1222 - Centro Histórico de Lima).

El ingreso es libre y el público podrá participar con preguntas y comentarios al final de la sesión.

Mayores informes al teléfono 427 81 55, Dirección de Música de la UNMSM.

11.3.10

LA CASA DE LA LITERATURA PERUANA REALIZARÁ MAÑANA HOMENAJE A BLANCA VARELA


En la Casa de la Literatura Peruana se realizará el Homenaje a la poeta Blanca Varela, cumplido un año de su fallecimiento. El encuentro, que es organizado por la Casa de la Literatura Peruana, Christian Elguera y la Revista Virtual de Literatura El Hablador, será este viernes 12 de marzo en la Estación Desamparados, Centro Histórico, desde las 4:00 p.m. El ingreso libre.

En este homenaje participarán, respectivamente: Lourdes Rojas, Jesús Zavala, Nils Quispe, Alberto Valdivia, Óscar Limache, Camilo Fernández, Rocío Silva Santisteban y Mariela Dreyfus.


Programación:

4:00 p.m. - 4:15 p.m.

Presentación
Christian Elguera, Agustín Prado

4:15 p.m. - 5:15 p.m.

“La realidad, el existencialismo y el deseo vareliano”.
Participan: Lourdes Rojas, Nils Quispe, Jesús Zavala.
Modera: Benjamín Sandoval

5:15 p.m. - 6:15 p.m.

Alberto Valdivia: “Blanca Varela: Panorámica de una conciencia que despierta”.
Óscar Limache: “Lectura de Blanca Varela frente al Océano Pacífico”.
Modera: Christian Elguera

6:15 p.m. - 7:10 p.m.

Camilo Fernández Cozman: “Estructuras figurativas en la poesía de Blanca Varela”.
Modera: Jesús Zavala

7:10p.m. - 8:10 p.m.

Rocío Silva Santisteban y Mariela Dreyfus: “Disertación sobre Blanca Varela”.
Modera: Luis Fernando Chueca

9.3.10

LA POESÍA DE CARLOS EDUARDO QUENAYA EN “ELOGIO DE OTRA VANA INVENCIÓN”


Escribe Cromwell Castillo‏ Cabrejos

Con un lenguaje formal y un determinante gozo por la reflexión y el juicio, se presenta Carlos Eduardo Quenaya (Arequipa, 1984) con su libro de poemas Elogio de otra vana invención (Lustra Editores, 2008). La búsqueda estética, la importancia de las imágenes como causa-efecto del estremecedor sonido interior y la hondura a modo de esquirlas que se empeña en lacerarnos la existencia redondean la publicación primigenia de Quenaya. Pero no es frecuente encontrar en un primer libro la bondad de una madurez ni el soporte sólido de una propuesta audaz, al autor lo marca definitivamente la vida de estudio y el ritmo paciente de la disciplina literaria. En mi caso la escritura es un proceso muy lento. Empiezo trabajando el poema con el oído. Intento perseguir cierta cadencia que percibo con las orejas, luego el trabajo consiste en hallar la palabra que se ajuste mejor a la música que suena dentro de mí, afirma el poeta.

En Elogio de otra vana invención no sólo encontramos el cuestionamiento del poeta hacia sí mismo —lo cual define su estado de conciencia, el panorama total entre él y la Poesía como un ser extraño y no menos posible—, encontramos el puente perfecto entre ambas entidades, aunque esto traiga consigo registros de contrariedad y vías de autoflagelación que colindan con la atadura de todos los opuestos.

El libro abre sus fauces teniendo como clave una sentencia del poeta Roberto Juarroz: No se trata de hablar, / ni tampoco de callar: / se trata de abrir algo / entre la palabra y el silencio. Lo que sigue son veinticinco poemas, muchos de ellos develando las inconstancias y certezas del ser desde esa otra puerta mínima llamada concisión. Pero el universo poético de Quenaya puede encontrar mayor respaldo en otra sentencia del mismo poeta argentino, que añado porque es aún más contundente: Afirmo que la poesía es realidad, y para mí es la mayor realidad posible porque es la que cobra conciencia real de la infinitud.

De esta manera, la propia existencia, el lenguaje, el abismo y la Poesía cohesionan sus timbres máximos para darle precisión a Elogio… Por ello, fue uno de los libros que recibió una mención importante ese año. Sol negro Editores se encargaría en aquel entonces de publicar desde su visitada tribuna lo mejor del 2008, citando a: Ocho cuartetas en contra del caballo de paso peruano (Album del Universo Bacterial) de Mario Montalbetti, Labranda (Hipocampo / Asaltoalcielo) de Roger Santibáñez, Los desmoronamientos sinfónicos (Hipocampo) de Miguel Ildefonso, Amórfor (Sol negro) de Salomón Valderrama, Postales (Cascahuesos) de José Gabriel Valdivia, Parabellum (Santo oficio) de Víctor Coral, Elogio de otra vana invención (Lustra) de Carlos Eduardo Quenaya, Airado verbo (Sol negro) de Juan José Soto, entre otros.

El encargado de cerrar el libro es el poeta Pedro Granados, quien en la contracarátula manifiesta que Quenaya no escribe de antemano como peruano y ese es su primer y gran acierto, un peruano de utilería —progresista o reaccionaria— nos referimos; y más bien lo hace como un ser de otro planeta que, sólo por principio de analogía, está próximo a nosotros. Continúa diciendo: Hace tiempo que no percibo entre los jóvenes poetas tal independencia de carácter y, por lo tanto, tal promesa de estilo. Y tan hondo e íntimo fervor por la poesía. Y tanto apetito por aprender.

Y no le falta razón, Quenaya es un poeta joven con un estilo renovado, cuyas raíces las ha establecido aquí en plena generación 2000, una generación efervescente con voces de gran altura, con poéticas que ya instauraron su reino en esta década que culmina con vida y dignidad literarias. Es un poeta que, como muchos de mi generación, escucha la Poesía más allá de la voz como ese sonido mágico que nombra todo aliento y jamás calla lo desconocido.


Poemas del libro en mención:


El abismo

Esto que rueda sobre el papel
es el burdo testimonio de mí mismo
……………el artificio herido
de la imagen que nace de la lluvia.
La escritura es un río
…………….. de humo que asciende
un instante atrapado por la voz,
…………… ese abismo
donde sólo es posible extinguirse.


Llamada profunda

Alguien llama a la insegura piel del poema
toca la lisa supuración de estas alas
cabalga hacia mí
………………… ¿Quién es él?
¿Quién es aquél que avanza
impávido en la bruma
ese otro que cabalga y no soy yo
sobre un río que instaura la noche?
Desconozco al que viene y dice esto
Falaz centinela del espejo
Caviloso pasajero que viaja
a la insegura piel
al temeroso poema que calla y crece en la sombra.


El conjuro

Lo que digo no está en los labios
………………no en el papel
Lo que digo no es lo que callo
………………o lo que creen que callo
Lo que digo no es necesario
Lo que digo, eso que digo
………………qué?


Pero este poema

Pero este poema sólo ha nacido
para la fugacidad del tiempo
para la siniestra curva
de algún cigarrillo,
para la voraz locura del aire.

Cómo detener
el curso irreversible,
cómo suspender
este poema
en el filo
de mi aliento?


La puerta

¿Y si la entrada fuera esta puerta
si una palabra fuese el umbral
y no la metáfora de la puerta?
……………………….no ser
una sucesión de vocablos
un alegato contra lo fútil
no la página
en que se reconstruye esta imagen
…………………………. Transformar
un trasegado vuelo
en una limpia corona de agua
un enjambre de espejos
en la arena clarísima de los ojos
transformar lentamente esta escritura
en una puerta más ancha
en una puerta más larga
como una vereda hacia el mar.


Ars poética

Todo lo que escribo es mentira
esta mano,
su impostergable designio
me acecha.

La soledad yace aquí bajo mi mano
vuelve ajena la vacilación del espejo.

Todo lo que escribo es mentira,
cada paso
cada pensamiento borroneado por el lenguaje
alimenta este oscuro deseo.
Y esta hostil paradoja es la que explica mi ser.

Todo lo que escribo es mentira
Todo lo que quiero para mí
es una página donde descansar mi cabeza.
Todo lo que escribo es mentira que me inventa.


*Tomado del blog del Grupo literario Signos.

8.3.10

LAS ESTRATEGIAS DEL SILENCIO O LA EXIGENCIA POÉTICA EN “INSTALACIÓN” DE JUAN W. YUFRA


Escribe Darwin Bedoya


1: Dejo de hablar en silencio por aquellas palabras que conozco:

Jean-François Lyotard afirmaba que «no creamos mezclas lingüísticas necesariamente estables y las posesiones de las que constituimos parte no son forzosamente comunicables», esto supone que somos creadores de un código dinámico, un código en constante metamorfosis, pero insuficiente para exteriorizar todas nuestras experiencias vitales. Igual que todo sistema de signos, el lenguaje impone sus reglas, nos somete y encauza por intrincados vericuetos ya esbozados que parecen llevarnos a callejones oscuros, en los que, sin embargo, a fuerza de creación, hallamos una puerta de salida. Este es el tipo de exigencia que acontece en la creación poética de Juan W. Yufra[i] (Ilo, Moquegua, 1977) un poeta que traslada al lector la nueva sensibilidad proclamada por la poesía de estos tiempos. Avidez de lo nuevo, irrupción del cambio, aniquilamiento y alejamiento del mundo de las convenciones, de los límites estériles y el hastío. Todo ello se representa con insistencia en la obra poética por él publicada: «Crónica de colisiones», 1998, «Búhos escarbados», 1998, «Graffiti de zoo», 2003 y, el texto que nos ocupa ahora «Instalación», Cascahuesos editores & Editorial Auqui, 58pp. 2009.

En la poesía de Yufra, aparte de su ya reconocido minimalismo[ii] en la estructura textual de sus poemas, hay espacio también para la revisión y alejamiento del pasado y la consideración minúscula de las ineludibles tradiciones. El reto de los proyectos artísticos como el de esta poesía, es desplazarse y alejarse siempre un poco más allá de los universos consuetudinarios, no amodorrarse en la gloria de obras sempiternas; sino, detenerse un toque en el cuestionamiento y la reflexión, practicar ese hecho de regresar e ir hasta los nuevos sistemas, para volver a crear eso que conocemos como poesía.

La obra poética de Juan W. Yufra podría definirse, en un primer intento de aproximación, como una exigencia poética incansable donde la trascendencia de la palabra es inmediatez en su discurso. Hay en sus versos un siempre anhelo descontento que busca una presencia, una avidez por la perpetuación de las imágenes, giran los signos, las representaciones sígnicas de una desesperada propensión intelectiva. Creo que sus poemas son efectos lúcidos que procura el silencio, en ellos se erige la usura del tiempo, la soledad y el olvido. Sus poemas son acercamientos a la reflexión y al conocimiento de la palabra. Este poeta, detractor de la mimesis, pone de manifiesto en sus textos la autonomía de los signos en relación con sus referentes. Ni realidad, ni ser esencial. Nada existe allí afuera del ser, sino los signos que él crea en función de la palabra y el silencio. La concepción del mundo y de nuestra propia identidad se construye y se juega a través de signos, en las formas de representación. Yufra muestra cómo el lenguaje también puede incitarnos a crear, a construir nuevas y cada vez más ornamentadas puertas de salida a las encrucijadas del laberinto de signos. Y, aunque no se lo puede individualizar en ninguna de ellas, logra hacerlo:

Abs 1

imágenes
ahora difusas
a un lado unos cuantos papeles
y al otro
las manos dispuestas a moverse tras unas líneas
surge un poema
las palabras ya fueron

····················(Absueltas, p.11)

El espíritu experimentador de Juan W. Yufra pone a prueba el código y propone la desaparición de la palabra. El enorme edificio de conceptos y signos que elevamos hacia la abstracción. Sabedores de que el lenguaje es una enorme malla que tejemos para comprender al mundo, incluidos a nosotros mismos, aquí en estos versos nos encontramos con otros rostros, pero seguimos siendo los mismos. Todo puede encajar en esa malla si se quiere. De hecho, se quiere que todo encaje en una estela de luminiscencias. Es necesario que el mundo entre en un diccionario y en un manual de gramática. La brevedad de sus textos podría sugerir eso. La trama se amplía con redes de lazos ligados a nudos que atan ideas con signos humanos sin rastro de aquellas que exceden los nudos que ligan los lazos de redes que amplían la mítica trama:

Abs 5

otra vez ········ la palabra
en el papel ··· la hoja
la misma sensación de fuego
que arde por gusto
su densa niebla recoge el cuerpo

····················(Absueltas, p.15)

Algo tiende a exceder, a verterse y salirse de los bordes: el silencio/la palabra. La palabra/el silencio. Allí es donde el lenguaje nos abisma, nos abruma con un silencio innombrable. El lenguaje parece no ser un refugio tan seguro como creemos. Ante lo inefable, suele desmenuzarse, hendirse y dejarnos flotando entre sus fragmentos, ahogados en el silencio. La tradición ha dictado, certificado y archivado que lo que no se puede cargar con palabras es de dudosa existencia, o carece, al menos, de una esencia cierta. En verdad, de lo que carece lo inefable es de la posibilidad de ser comunicado al otro. Cuando no es posible definir, o designar siquiera, algo que está sucediendo o que está estando es cuando sentimos la necesidad de derribar el edificio de conceptos y emerge la posibilidad de intervenir, de ocupar una nueva dimensión en el lenguaje, y, además inventar nuevos sentidos, crear signos, conceptos con los cuales movernos, sentir, respirar, vivir. Lo inefable es la clave. La búsqueda se rige por lo inefable y Yufra lo sabe. Así es que se entrevera en apoteósicos juegos hasta que despunta una certeza, tan frágil y fugaz como el crepúsculo, y estalla:

Abs 9

eliges ver las palabras
las imágenes en algún lugar
[…]
····················(Absueltas, p.19)

No vamos a negarle a la imagen poética cierto grado superlativo en este orden, aunque recordemos que todas las imágenes, y no sólo las literarias, son mentales (realizadas de modo definitivo en la mente, aunque naciesen gracias a estímulos dados por cuerpos o fenómenos «externos», «objetivos») y también que no existen imágenes (sensaciones sí pero imágenes cabales no) sin conceptos. La palabra: dialéctica de la poesía y del silencio. O desmoronamiento de significados, verso sencillo y caída palabra, sin que la tierra o el cielo puedan sostenerla. Entonces, ahora, Yufra va ordenando las palabras, una a una: palabras y sentidos. Alumbra artilugios deleitables, fundadores, ambiciosos, desafiantes, retóricos. Inserta ya la cuota de orden/desorden, de imprevisibilidad e incertidumbre que genera lo nuevo, Yufra va desnudando al lenguaje con cada palabra a la vez que va denunciando que los conceptos que existen no son intocables, ni siquiera indispensables, y que es cada vez más indispensable guiarnos por intuiciones y sensaciones:

—15—

escribir las palabras que existen por sí solas
escenas que no nos llegan nunca de la memoria
garabatos
sólo criaturas incomprensibles
tu lengua condena la neblina

····················(Monólogo de Lea, p. 52)


2: Desconozco si únicamente la palabra tiene el poder de procurarme el silencio:

A salvo del silencio, sobreviviente, a bordo de sus poemas, exclama que si vivimos dentro de un lenguaje cuyos límites son los de nuestro mundo, debemos extenderlo, duplicarlo, interrogarlo y reformarlo para ampliar ese mundo y desparramar en él nuestra multiplicidad, para encontrarnos con los otros y los fragmentos de los otros. Yufra nos induce a deshablar, nos enseña a desaprender el lenguaje y a confeccionarnos un nuevo código a cada instante:

—10—

[…]
(otras palabras que se encarguen de decir
lo que escribo)
[…]
····················(Monólogo de Lea, p. 47)

Siguiendo los razonamientos derridianos o demanianos, Gayatri Spivak coincide en este punto con que, estando frente a un trozo literario y su representación semántica: el lenguaje literario, nos hallamos ante una fuerte indecidibilidad. Un silencio acaso. Esta es otra proposición importante de la poética de Yufra: la semantización de todas las formas sígnicas. Lotman también exteriorizó sus ideas frente a este aspecto, él propuso el principio teórico de que basta con definir el texto como artístico para que entre en juego la presunción acerca de la significación de todas las ordenaciones existentes, presunción que, como sabemos, ya encontraba en Jakobson un presupuesto fundamental: la valencia sígnica. Esta expectativa se hace extensiva del nivel semántico al de las formas de organización textual:

—13—

[…]
las palabras sueltas
—a mi alrededor unos ruidos—
las olas en estas letras
nada/ sólo esta piel
[…]
····················(Monólogo de Lea, p. 50)

Así, no sólo se supone que se trata de una comunicación con sentido, sino que además el modo de organizar el texto puede proporcionar un sentido que origine otros sentidos. Pero en la poesía de Yufra se ponen notas relevantes que hacen mella a estos enunciados por cuanto es nada fácil saber, razonar, cómo se produce esta semantización si nos basamos en un solo nivel, en el que opera una determinada forma de organización, sin compararlo con los demás niveles de la constitución textual:

Abs 12

las letras —desde luego—
en una palabra que ingresa
sin decir nada en la boca

····················(Absueltas, p.24)

Esto supone que los elementos externos al texto se adhieren al significado desde el punto de vista de la función que puede desempeñar la forma de organización en cuestión. Además, este aspecto ha debido contribuir a este reconocimiento el hecho de que, por ejemplo, Lotman no desconsidere otros marcos superiores, otros sistemas sígnicos que conforman el sistema de sistemas que es la cultura, a la hora de comprender las palabras y estudiar los lenguajes. Más bien ocurre que esto se gesta desde una vía teórica que pretende borrar la separación entre lo concreto y lo abstracto. De ahí que, Yufra, sin dejar de considerar en su poesía una teoría pragmática latente en cada verso logra su cometido, con lo que supone de concepción final y considerablemente lingüística dentro del fenómeno literario, y de ese modo se ofrezca a la posibilidad de acceder al lector:

—7—

[…]
cada palabra que se ha lanzado al agua
es la palabra que vuela desde tus ojos
la que irrumpe en la hoja
aquella excusa que divide y deambula
que inventa
[…]
····················(Monólogo de Lea, p. 43)

Esto es una señal, una manera de decir que, sólo en la medida en que la palabra sea capaz de sentirse exenta de algo que se pueda decir de ella, la palabra es, el poema existe sin que se diga nada sobre él, del mismo modo en que el óleo es bello sin que haya alguien que diga algo de él, él existe ya en la admiración pura de quien lo contempla. Es una forma sublime de aquilatar la sensibilidad no por lo que se dice de él sino por lo que no se dice, por lo que de él percibe quien lo toma y lo hace suyo. El silencio:

—2—

[…]
Sólo puede decir
Algunas palabras
Escribir
Acerca del olvido de las estatuas de sílex que
Existieron
Antes de la escritura
[…]
····················(Monólogo de Lea, p.27)


3: Relectura y reescritura de aquellas palabras que no se conocen ni en silencio:

La relectura y reescritura que hace Yufra, nos recuerda las fronteras entre la palabra y el silencio, su poesía nos trae a la memoria la belleza terrible de Rilke en las «Elegías…», se entremezcla con esto y nos anuncia esa exigencia de Rimbaud por nombrar lo innombrable, experiencia que lo lleva a decir: «Escribía silencios, noches, anotaba lo inexpresable», y luego «¡Ya no puedo hablar!» («Una temporada en el Infierno»). Experiencia última que lleva al poeta francés a iniciar su camino hacia «Abisinia.» Experiencia que condujo a Alejandra Pizarnik, a otro infierno y la llevó a decir: «Palabra por palabra yo escribo la noche.» Quizás la imaginación es hija del silencio, pero sabemos también que tal vez esta afirmación la hagamos quienes pertenecemos a una generación distinta a la de antaño. Eielson ilustró el tema del silencio con estos términos: «La poesía se sirve de las palabras para hacerse comunicable. Ellas son un medio de expresión, no la expresión misma. Mucho menos la poesía misma. Superado el medio de las palabras, la poesía reina ilimitada y se confunde con la esencia de las cosas. La poesía, por lo demás, puede prescindir de las palabras (pintura, escultura, música, danza, religión, magia)» Un poco dentro de este contexto, Susan Sontag en «La estética del silencio» nos dice: «El silencio es el supremo gesto ultraterreno del artista: mediante el silencio, se emancipa de la sujeción servil al mundo, que se presenta como mecenas, cliente, consumidor, antagonista, árbitro y deformador de su obra.» En la poesía de Yufra se da la contemplación de la palabra, pero teniendo en cuenta el silencio, ese silencio que crea la música, que otorga el ensimismamiento de los signos para retornar a la palabra. El silencio, por naturaleza lento, trae al ánima una calma de infinidad de imágenes, y una paz casi divina para el cansancio que lo busca como ambiente de reposo. En el silencio se engendra el pensamiento. En el silencio se vive la contemplación. En su calma no se siente fluir el tiempo, y una plenitud espiritual es posible vivir en su contorno. La finalidad de la visión/sensación del silencio es entrar al discurso como un signo de la insuficiencia de los signos, experiencia de la fungibilidad de los significados y subsistencia de los significantes con una significación:

—12—

Separada del viento y de la oscuridad
Entrego mi voz
A las profecías
Así oculto sus restos
Sus palabras invisibles

····················(Monólogo de Lea, p.30)

No se puede hacer cualquier cosa con la lengua y, en consecuencia con la palabra, la lengua, como la palabra, en el caso de la poesía o el texto estrictamente literario, nos preexiste, nos sobrevive. Si se quiere afectar a la lengua de algún modo es necesario hacerla de manera depurada, respetando en la irrespetuosidad su ley secreta. La lengua del amor en un Paul Celan, por ejemplo, intenta reparar la caída del hombre. Mientras un texto sobreviva, en algún lugar de esta tierra, aunque sea en el centro de un silencio blanco que nada viene a romper, siempre es capaz de resucitar. Walter Benjamin lo enseñaba, el propio Borges hizo su mitología: «un libro auténtico nunca es impaciente. Puede aguardar siglos para despertar un eco vivificador.» creo que no cualquier libro se puede conseguir fácilmente. Ese que buscamos de repente está en el lugar más alejado. Puede estar en venta en un remate público, a mitad de precio en los rieles de una estación de ferrocarril. Puede hallarse en una biblioteca que nadie revisa ni visita como estaba el primer Luzgardo Medina que yo robé y leí, pero la poesía sigue estando ahí. Complementando esta idea, Walter Benjamin señalaba la distinción entre «überleben» por una parte, sobrevivir a la muerte, como un libro puede sobrevivir a la muerte del autor o un niño a la muerte de sus padres, y, por otra, «fortleben, living on», continuar viviendo. Sobre esto, Vassily Kandinsky aumentaba: «Toda creación de arte es gestada por su tiempo y, muchas veces, gesta nuestras propias sensaciones.» La palabra atraviesa las fronteras de la vida y de la muerte, se confunde con el silencio, usa estrategias, pero sigue significando, sigue estando sin estar. La alegoría y el símbolo nos proporcionan el marco dentro del que se mueve desde hace tiempo la caracterización de la obra de arte, en especial la poesía. Pero ese algo de la obra que nos revela otro asunto, ese algo añadido, es el carácter de sentido y de ser de la poesía. Casi parece como si el carácter de sentido de la poesía fuera el cimiento dentro y sobre el que se edifica eso otro y propio de la obra. ¿Y acaso no es ese carácter de sentido de la poesía lo que de verdad hace el artista con su trabajo?:

—5—

—el propósito es construir
con estas piedras
el itinerario de lo que arde
como algo simple
en la escritura
en cada letra desfigurada
por la letra
dispersa
en una palabra
que culmina en la boca—

····················(Monólogo de Lea, p. 41)

Las pausas que construyen al poema están hechas de espacios, no para detener el tiempo, sino para trascender el instante. Aquí el poeta quiere dar razón de la existencia y en vez de acudir a su anecdotario, prefiere atrapar su huella, su paso por el mundo. Por eso su facultad simbolizadora es un maremágnum de imágenes, sin que éstas sean necesariamente las mismas. Según Heidegger «la poesía es lenguaje en flor.» A pesar de que tiene una vida fugaz, la flor deja su perfume. Es instante que trasciende a la brevedad de su vida. Bachelard, deteniéndose en este asunto, señala en el fuego de la poesía, que «…la llama tiene una buena muerte: muere durmiéndose.» Morir para dar lugar al sueño: así es esa flor hedeggeriana, «muere porque no muere», parafraseando a Santa Teresa. También sugiere cierta atención la verticalidad de la flor, del hombre y de la llama. «…en todo ser vertical reina una llama, el fuego.» Este mismo sueño ordena los delirios de la poesía. Pero el poema, al menos en Yufra, no es un delirio que inventa lo que le place ni una divagación de la mera capacidad de representación e imaginación que acaba en la irrealidad. Lo que despliega el poema en tanto que propósito esclarecedor de desocultamiento y que proyecta hacia adelante en el rasgo de la figura, es el espacio abierto, al que hace acontecer, y de tal manera que es sólo ahora cuando el espacio abierto en medio de lo ente logra que lo ente brille y resuene:

—12—

[…]
—en tus ojos el agua es de mar—
estas palabras no intentan decir eso
(a veces la imagen de una vela encendida)
[…]
····················(Monólogo de Lea, p. 49)

Si contemplamos la esencia de esta poesía, su libre fluir, su correr de acuerdo a su antojo y su relación con el acontecimiento de la verdad de lo ente se torna cuestionable si la esencia del poema, lo que significa también la esencia del proyecto, puede llegar a ser pensada adecuadamente a partir de la imaginación y la capacidad de inventiva: la exigencia poética. Debemos seguir pensando la esencia del poema —ahora comprendida en toda su amplitud, pero no por ello de manera indeterminada—, como algo digno de ser cuestionado, que debe ser pensado a fondo. El poema está pensado aquí en un sentido tan amplio y al mismo tiempo en una unidad esencial tan íntima con el lenguaje y la palabra (sin olvidar el silencio), que no queda más remedio que dejar abierta la cuestión de si el arte en todos sus modos, desde la arquitectura a la poesía, agota verdaderamente la esencia del poema. En la medida en que el lenguaje nombra por vez primera a lo ente, es este nombrar el que hace acceder lo ente a la palabra y la manifestación. Decía Alberto Caeiro: «Verdad, mentira, cierto, incierto… / Aquel ciego que va por el camino también conoce estas palabras» Y las palabras son lo que dicen o hacen, por eso se saben:

—5—

(Estas palabras se
Disuelven
En el cuerpo)
[…]
····················(Monólogo de Lea, p.28)

Este nombrar nombra a lo ente a su ser a partir del ser. Este decir es un proyecto del claro, donde se dice en calidad de qué accede lo ente a lo abierto. Proyectar es dejar libre un arrojar bajo cuya forma el desocultamiento se somete a entrar dentro de lo ente como tal. El anunciar que proyecta se convierte de inmediato en la renuncia a toda sorda confusión en la que lo ente se oculta y retira. Cuando se lee un texto poético lo importante no es desentrañar lo que el poeta quiso decir realmente, o cual ha sido la estructura matemática de todo el poemario, cuya precisión no nos ha pasado desapercibida, sino escuchar las resonancias que nos deja, paladeando el sabor que produce en el espíritu el descubrimiento de ese ser nuevo que habita en nosotros después del goce estético e intelectual de transitar sus versos:

—6—

Una imagen perturbada
Por el lenguaje
De sus ojos de ceniza
En donde tus manos se sumergen
Y escriben
Mi letra
Incrustada
Inaccesible
····················(Monólogo de Lea, p.29)

Preciosidad y pensamiento, he ahí los ingredientes de ese transporte emocional del que hablo. Liberada de la función de ser significante de un significado —constituido en alteridad respecto de ella—, la imagen es ahora creadora de un sentido hasta entonces no existente, génesis de una significación que tiene en ella su origen y su lugar en lo imaginario (en la realidad de la imaginación.) Epstain decía: «Todo arte y, en consecuencia, toda poesía tienden esencialmente a suscitar, en el estado de vigilia, un sueño más o menos organizado, una ensoñación en cuya trama se mezclan en variada proporción las dos actividades del espíritu: una de lógica razonadora, otra de encadenamiento sentimental.» Por otro lado, Heidegger ilustró lo suficiente, esa especie de parte-aguas con el desenvolvimiento posterior del hacer poético:

—3—

éstas —para ser breves— se escriben
dirás,
no sirven las palabras en el suelo
sólo palos, esteras
una lámpara de carburo que colgamos en la zanja
[...]
····················(Monólogo de Lea, p.39)

Fue el granuja de Baudelaire quien se encargó de tematizar la modernidad, fue él quien logró entenderla como un valor contra el pasado y la tradición: «La modernidad es lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable.» Sin embargo, ¿Qué es lo que obra en la poesía moderna? Octavio Paz respondía: «El poeta nombra las cosas: éstas son plumas, aquellas son piedras. Y de pronto afirma: Las Piedras son plumas, esto es aquello. Los elementos no pierden su carácter concreto y singular: las piedras siguen siendo piedras, ásperas, duras, impenetrables, amarillas de sol o verdes de musgo: piedras pesadas. Y las plumas, plumas: ligeras. La imagen resulta escandalosa porque desafía el principio de contradicción: lo pesado es lo ligero. Al enunciar la identidad de los contrarios, atenta contra los fundamentos de nuestro pensar. Por tanto, la realidad poética de la imagen no puede aspirar a la verdad. El poema no dice lo que es, sino lo que podría ser. Su reino no es el del ser, sino el del ‘imposible verosímil’ de Aristóteles.» El poeta nombra las cosas, la imagen va formándose, y luego es:

—17—

El insomnio, sus conspiraciones
El signo anterior
—incluso sombras—
Una serie de huesos
Palabras como lluvia y otras piedras
Se desprenden

····················(Monólogo de Lea, p.32)

«Instalación» supone una reflexión seria y contundente sobre el silencio y la palabra. Esta cavilación la realiza alguien que no sólo se dedica a este oficio, sino que también «se experimenta» al escribir. Y es de ahí que resulte imprescindible para aquellos interesados en leer buena poesía. El autor, alguien que más que escribir, es escrito en cada texto, sobre todo en «Monólogo de Lea», sabe guardar silencio, sabe medir la palabra, se ilumina con los verbos, con las imágenes, con las metáforas: escribe poesía. Una vez más y ya desde el mismo silencio, encontramos en esta poética alusiones a esa «otredad» que se instala en la otra orilla tan presente en los 51 poemas y las tres partes que conforman el poemario. «Instalación» es, por último, el silencio donde las palabras logran el descubrimiento de la poesía. Este libro, aparte de la madurez del autor, nos muestra también una forma particular de concebir el verso o, mejor dicho, de sentirlo, porque eso es para Yufra la poesía: la aprehensión sensible y directa de la palabra. La estrategia del silencio es la palabra, la exigencia poética.

Socabaya, enero 30 de 2010


[i] Juan W. Yufra, junto a otros poetas coetáneos suyos, conforma una nueva generación de escritores que le vienen dando el fulgor necesario a la literatura última de Arequipa. La labor literaria, en este caso poética, que se realiza en Arequipa con poetas como José Córdova, Robert Baca, Kreit Vargas, Juan Zamudio, Óscar Saldívar, etc.

[ii] El verso breve y contundente es otra característica que impera en la obra de Yufra. Este minimalismo le otorga un aura de orden y precisión al poema. Ese minimalismo es una constante en autores de la literatura de contemporaneidad, pero que fue reconocida y estudiada desde hace un buen tiempo atrás y con mayor atención en nuestros días. Por ejemplo, en las páginas finales de «Minimalismo en la posmodernidad: resumen introductorio y notas», el crítico Kim Herzinger desarrolla un argumento bastante convincente para demostrar que el minimalismo es una manifestación de la posmodernidad y propone una serie de características o rasgos generales que lo definen. Entre ellas se encuentran sus aspectos formales, «una tendencia a la temática reflexiva, alejada del común denominador, concentrada en lo nuevo y marcada por un tono más o menos inmutable, objetivo, un tanto lacónico.» Esta idea coincide un tanto con los postulados de John Barth, quien, por su parte, también ha discutido la importancia del minimalismo en la literatura contemporánea. Barth considera al minimalismo como «un principio subyacente fundamental del fenómeno literario más impresionante de la actual literatura» y lo compara con el Boom latinoamericano. Entre las características más importantes que Barth señala —aparte de la evidente brevedad y aparente simplicidad de la estructura—, señala de nuevo su carácter lacónico, una ironía concentrada en la forma y dirigida hacia la tradición, y una ruptura, de alguna manera, con esa misma tradición que informa la obra. Estos aspectos son también perceptibles en la obra de Yufra, aunque con ligeras variantes que, obviamente, la hacen singular.

WITOLD GOMBROWICZ Y JERZY JARZEBSKI


Escribe Juan Carlos Gómez

“Pero, ¿para qué?, si ni siquiera sé si recibes mis cartas. Tienes la conducta de una persona de malos modales, que no tiene ningún interés en mantener una correspondencia conmigo, pero te disculpo, porque la idea que me hago de vos es equivalente a la de una Vaca que la mandan fuera de Polonia a comer pasto y cuando regresa la ordeñan hasta dejarla exhausta. Supongo que a estas horas tus ubres no deben dar abasto”.

La Vaca es un insigne profesor de la Universidad Jaguellónica de Cracocia, crítico e historiador de la literatura este especialista en Gombrowicz despliega una gran actividad por el mundo entero. Visitó la Argentina en el año 1968 buscando rastros de Gombrowicz y en el 2004, el año del centenario, para participar del homenaje que le hicimos en la Feria del libro.

En “Juguemos a Gombrowicz” la Vaca define las reglas de un juego que él mismo inventa para comprender a Gombrowicz.

“[…] Salvo las escaramuzas ocasionales con un mundo que lo disfraza ridículamente con ésta o aquélla máscara, Gombrowicz anda en busca de algo más duradero, y eso en dos caminos paralelos: presenta al mundo de manera obsesiva y repetida, su gesto espontáneo —frente a las personas, las cosas, los valores—, trata de entrever a partir de ese gesto, la diferencia específica que lo separa de los demás; pero además, intenta crear el modelo intelectual de esos enfrentamientos con el entorno, reencontrándose en una fórmula repetitiva y algo mágica que —de un modo casi independiente del propio jugador— dará forma a su biografía […]”.

Este galimatías de la Vaca, que no tiene nada que envidiarle a los que después escribieron el Pato Criollo y el Vate Marxista, me lo volvió a recitar en Buenos Aires y me dejó mal predispuesto. Cuando lo llevé a Santos Lugares a conocer al Pterodáctilo quedó deslumbrado y aturdido con nuestro hombre de letras.

“[…] mi expresión personal es completamente diferente de la tuya. Tú eres más que nada un actor, con un gran gesto, con una mímica muy expresiva, la voz lenta y modulada, con enunciados organizados como un poema. Yo estoy mucho más ‘oculto’, soy introvertido […] ¡el encuentro con Sabato! Me gustó mucho, estaba tan emocionado que dejé en su casa el primer casete. Te burlarás de mí, pero no me atreví a pedirle que me firmara el ejemplar de ‘Sobre héroes y tumbas’ que había llevado conmigo a propósito […]”.

La Vaca ha alcanzado una gran maestría en el arte de no decir nada, mejor dicho, en el arte de decir algo y todo lo contrario al mismo tiempo, cosa que se me hizo muy evidente cuando leí “El drama del ego en el drama de la historia”, un texto que la Corifea puso en mis manos y ante el que estaba arrodillada con la devoción de una adoratriz.

La Vaca tiene mucho talento para ponerle títulos a sus textos, el de “El drama del ego en el drama de la historia”, es un buen ejemplo de ello. El punto de partida de las especulaciones que hace en este trabajo es que el drama de Gombrowicz está adentro, es decir, en la psique, pero también afuera, es decir, en la historia del siglo XX, que el drama de Gombrowicz está en la lectura de su teatro, pero también en su escenificación. Promediando su análisis nos advierte que esta divergencia no es tan radical como pudiera parecer.

En efecto, la convergencia se produce en la esfera del drama familiar donde lo de adentro y lo de afuera son más o menos la misma cosa porque la familia es un sistema social íntimo y, al mismo tiempo, una miniatura del macromundo social.

Acto seguido le aplica a las tres piezas teatrales de Gombrowicz la trinidad consagrada de Freud: el yo, el súper yo, y el ello, para mostrarnos cómo una y la misma cosa puede estar en la psique y en la historia al mismo tiempo, de donde deduce que el drama es psicológico, pero también antropológico, que el aherrojamiento de Gombrowicz estaba en las esfera del yo, pero también en la miniatura del macromundo social. Yo supongo que en la medida en que la Vaca siga obligándose a complacer a públicos diferentes va a resultar cierto lo de que una cosa puede ser A y no A al mismo tiempo.

La Vaca, conocido como el científico de Cracovia por sus aportes literarios continuos y cuidadosamente elaborados, tiene inclinaciones donjuanescas. No basta para conformar estas inclinaciones que sea profesor de filología, debe haber en él una predisposición amatoria, probablemente genética, que lo orienta para ir detrás de estas aventuras.

Desde el mismo comienzo de nuestra relación epistolar tuve sospechas de que la Vaca corría tras las jóvenes estudiantes como los faunos seductores corren en el bosque tras las campesinas.

“[…] es una generación mucho más joven y quisiste entrar en la Corifea con una llave equivocada, a mí me resulta más fácil porque siento mejor su estilo y el de su generación, además de que, como ya te escribí, tengo un buen contacto con las chicas, aunque no lo quieras creer […] Puede ser por eso que trabajo en la universidad y tengo con esa gente un contacto diario. Mi ventaja es que puedo vivir entre chicas muy lindas, con la belleza de la juventud. Sí, sí, podés tener envidia de mí por mis jóvenes”.

Es muy útil descubrir los vicios asociados a los hombres de letras pues nos orientan en el recorrido de los laberintos del mundo que construyen en sus escritos.

En la actualidad estoy empeñado en ponerle el punto final a los estudios que he emprendido para descubrir cuál es la verdadera personalidad de la Vaca y su vicio más característico.

Durante un tiempo prolongado la Vaca recorrió el camino de la heurística, de la exégesis y de la hermenéutica, completando el trayecto que va del descubrimiento a la explicación. Finalmente se convirtió en un santo que intenta guiarnos en el camino hacia Gombrowicz.

En “Gombrowicz hacia Europa” la Vaca formula cinco interrogantes que responde con un sí y con un no a cada uno de ellos, utilizando el mismo procedimiento que ya había aplicado en “El drama del ego en el drama de la historia”.

¿Podemos entrar a Europa de la mano de Gombrowicz? ¿Se convertirá Gombrowicz en el vate nacional como Mickiewicz? ¿Es Gombrowicz un hombre de izquierda o de derecha? ¿Es católico, comunista o existencialista? ¿Podemos estar a la altura de Gombrowicz?

La Vaca va ajustando las cuentas conmigo poco a poco, en “Espiando a Gombrowicz” se refiere a mí de manera desdeñosa.

“[…] Pero… la maldición de Gómez es la de que no se nos mostró como artista y sólo brilla con la luz que refleja […] Estaría contento si consiguiera para sí mismo la fama y los aplausos que consiguió Gombrowicz en forma auténtica, pero esos materiales no le alcanzan para una túnica real […]”.

“¿Podrías arrodillarte delante de mí y llamarme genio?, me propuso este juego al estilo Gombrowicz. El juego es una cosa buena pero después de un rato renace la necesidad de algo más serio. Gómez, no sólo se enamoró de Gombrowicz, también tomó de él el deseo de la celebridad y de la grandeza pero sin la determinación y la fuerza creativa necesarias. Este alumno sabe imitar el gran gesto del maestro pero ese gesto vacío es como el duelo final del ‘Transatlántico’ […]”.

El domingo que siguió al día de nuestras exposiciones en la Feria del Libro del año del centenario, nos encontramos en lo de Madame du Plastique que homenajeó a los tres ponentes con un almuerzo en dio en su casa de San Isidro. Yo exclamé que en tanto que representante de Gombrowicz en la tierra le exigía a la Vaca que se arrodillara delante de mí y me llamara genio.

Me había dicho que sólo lo haría, cuando se lo pedí por primera vez en 1998, en el momento que yo me manifestara como escritor con una obra. El momento había llegado, pero la pobre Vaca estaba cansada con tanto trajín y con el viaje, y en vez de arrodillarse y de llamarme genio, se durmió.

“Twórczosc”, la revista literaria más prestigiosa de Polonia, es atacada de una manera ruin y artera por la Vaca.

”No construyáis demasiado sobre ‘Twórczosc’ porque es una sociedad respetable pero bastante cerrada y apegada a las viejas tradiciones homoeróticas después del paso de Iwaszkiewicz por su redacción. Los que publican en ‘Tworczosc’, si son admiradores de Gombrowicz, corren el peligro de ser calificados de homosexuales”.

Henryk Bereza, redactor de la revista “Twórczosc” y uno de los mejores críticos literarios de Polonia, le contesta con firmeza y dignidad.

“Una cantidad nada desdeñable de gombrowiczólogos se han convertido en unos maestros en desparramar mierda. No saben lo que escriben, ni siquiera sospechan que escriben tan solo contra sí mismos, dejando evidencia de su propia manera de pensar y de su desvergüenza moral. Ningún bien puede tener influencia sobre ellos, no existe en ellos ninguna posibilidad de asimilar el bien, ellos no saben que en el mundo en el que están sólo se puede ver mierda, ni que existe algo fuera de esa mierda, algo así pertenece a una esfera inalcanzable para ellos. La intensa relación espiritual de Gombrowicz con sus discípulos es uno de esos milagros de la existencia que puede ocurrir entre hombres, entre mujeres, entre mujeres y hombres. Puede ocurrir independientemente de las diferencias que existan entre generaciones, entre sexos y, en general, entre todo, solamente no puede ocurrir en los maestros en desparramar mierda porque su personalidad y su mentalidad, achatadas como después de un planchado, no pueden captar ni ver algo parecido”.

7.3.10

POETAS JAPONESES CONTEMPORÁNEOS EN REVISTA ARQUITRAVE Nº 46


Está en circulación el número 46 de la revista de poesía colombiana Arquitrave, dedicada a la poesía japonesa contemporánea. Preparada por un equipo de traductores profesionales [Akiko Misumi, Ayako Saitou, Kazunori Hamada, Mutsuko Komai y Ryukichi Terao] especialistas en América Latina, con una presentación de Tetsuo Nakagami y bajo la coordinación general del poeta venezolano Gregory Zambrano. La muestra incluye poemas de Kazuko Shiraishi, Ruriko Mizuno, Toriko Takarabe, Yutaka Hosono, Tetsuo Nakagami, Chuei Yagi, Shoichiro Aizawa, Masaki Ikei, Toshiko Hirata y Masayo Koike. Si desea leer directamente en PDF pinche aquí.

También podrá encontrar textos sobre la genialidad, la codicia y la maldad entre escritores, la poesía y los poetas de Haití, un video con canciones de Marta Jean Claude y muchas cosas más. Para consultar números anteriores vaya directamente a la sección de Archivo y si desea ver una relación de los artículos de nuestros colaboradores visite Lo más leído. Podemos enviarle una copia impresa a cambio del apoyo a nuestra publicación. Escriba a Suscriptores.

Arquitrave cuenta con un comité de patrocinadores que incluye los poetas, escritores y periodistas Alberto da Costa e Silva, Antonio Caballero Holguín, Antonio José Ponte, Consuelo Triviño Anzola, Daniel Balderston, Elkin Restrepo, Juan Carlos Pastrana Arango, Jaime Jaramillo Escobar, José Prats Sariol, Lalo Borja, Luis Antonio de Villena, Mushim Al-Ramli, Rafael Arráiz Lucca, Raúl Rivero Castañeda y Rowena Hill.

Arquitrave se publica cuatro veces al año en Cartagena de Indias. Avenida El Arsenal 8B-173 Apartado Postal 2-1-21241 Cartagena de Indias 130001/ Teléfonos: 57-5-6425365-3203066454

6.3.10

NUEVA PUBLICACIÓN DE CASCAHUESOS EDITORES: “PLUMAS DE BÚHO”


Nuestra nueva publicación: PLUMAS DE BÚHO, compilación de los trabajos ganadores del “I, II y III Concurso literario de Cuento, Poesía y Ensayo breve” del semanario El Búho

En un trabajo conjunto con el semanario El Búho, nos complacemos en anunciarles una gran publicación: Plumas de Búho, libro donde se reúne los trabajos de los ganadores y las menciones honrosas de los 3 primeros certámenes realizados durante los años 2007 y 2009 por este semanario en sus 3 categorías: Cuento, Poesía y Ensayo breve.

Es bueno señalar que el “Concurso literario de Cuento, Poesía y Ensayo breve” que organiza este reconocido semanario, es un certamen que se ha convertido en uno de los más importantes del sur del país logrando convocar cientos de trabajos provenientes de 5 regiones: Arequipa, Cusco, Puno, Tacna y Moquegua.

Así, en sus más de 200 páginas, este texto contiene la creación de escritores de esta gran parte de la región sur del país, muchos de los cuales son escritores consagrados en el medio, mientras que, a la par, están las nuevas voces que pronto alimentarán el concierto literario del país.

El libro, que ya se encuentra en prensa, será presentado este próximo miércoles en las instalaciones del Instituto Cultural Peruano Alemán a las 11:00 de la mañana. Ahí los esperamos.

5.3.10

I FESTIVAL REGIONAL DE POESÍA FEMENINA EN CHICLAYO


Con el propósito de conmemorar el día de la mujer, la Asociación “Diantre, Arte y Cultura” conformado por Kattie Requejo y Matilde Granados, realizará este sábado 6 de marzo el I Festival Regional de Poesía Femenina “Soy la chica mala de la historia”. Dicho evento se llevará a cabo en el Instituto Nacional de Cultura a las 7:30 p.m.

Dentro de las invitadas, se encuentran Erika Aquino, Danitza Crossby (Piura), Victoria Larco y Karina Bocanegra (Trujillo) quienes participaran junto a las chiclayanas Nevenka Waltersdorfer, Hilda Ríos, Ana Miranda y Rocío Ríos. Intervendrá colocando el toque musical el excelente tenor Carlos Fernández.

La entrada es completamente libre, puesto que uno de los objetivos que promueve la mencionada Asociación es propiciar y captar el interés de la población lambayecana mediante la realización de actividades alternas que enriquezcan nuestro acervo cultural.

3.3.10

“RIÑUCO”, UN CUENTO DE ORLANDO MAZEYRA GUILLÉN


Sin duda, a estas alturas y después de haber publicado su segundo libro de cuentos La prosperidad reclusa (Arequipa, Cascahuesos Editores, 2009), el mismo que ha tenido gran acogida por parte de la crítica (véase El comercio, Caretas)¸ nuestro amigo, el escritor Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, 1980) es considerado como un de las “mayores” promesas de la nueva narrativa peruana. Él, muy gentilmente me envía este cuento para compartirlo con todos los lectores de este blog. Y ahí les va.


RIÑUCO (*)


Las gentes del lugar no valían la pena, tanto así que me resultó más provechoso establecer algún vínculo místico con las muchas hiedras trepadoras que parecían apoderarse de la autonomía de los gruesos árboles que marcaban con desgano un sendero sin alumbrado público ni tiendas o, al menos, alguna posada de medio pelo.

Por las noches uno siente como la presencia de nadie, una compañía ausente desprovista de toda catadura. Quiero decir que los silencios son breves porque los grillos se hacen de la ciudad. Un forastero como yo es mal visto, eso lo percaté desde el primer instante.

El día que llegué me encontré con un muchacho huraño que jugaba con un trompo que de tan viejo y maltratado daba pena verlo bailar:

—Yo tenía uno muy parecido —le dije para indagar sobre la ciudad y ganarme su confianza—. Hace tiempo que no veía un trompo tan bueno.

—Disculpe usted, mi señor, pero no le entiendo.

—Te hablo del trompo —le dije señalándolo—. De tu trompo.

—Se ha equivocado usted —musitó y se lo guardó en el bolsillo.

—¿Me dejas usarlo? —le pregunté.

Negó dos veces con la cabeza.

—¿Qué te pasa, ñato, o no tienes buenos modales? Préstame tu trompo un instante nomás.

—Mi señor, no es un trompo, es un riñuco.

—No me tomes el pelo y dime tu nombre, eso que tienes en el bolsillo es un trompo.

Echó a correr y se alejó como a unos cien metros de distancia. Volteó, me miró con un odio insuflado e inexplicable, pero avasallador. Se bajó el pantalón, luego el calzoncillo y me mostró un pubis lampiño. Yo no acababa de salir de mi desconcierto cuando sacó el trompo de su bolsillo y me lo lanzó con inusitada precisión.

—Quédatelo, infeliz, ¡tengo mejores! —espetó altanero y, ágilmente, me tuve que hacer a un lado para que el objeto no me impactara en la frente.

La primera idea que me vino a la mente fue ir al alcance del mocoso para darle una buena lección. Pero estaba en un territorio extraño y de ninguna manera podía tomarme atribuciones de progenitor. Caminé unos pocos pasos y ubiqué al trompo hundido en medio del barro.

Al recogerlo, una sensación de ingravidez se apoderó de mí. Cerré los ojos casi mecánicamente y empecé a girar atrozmente. Mis zapatos se enfangaron, estaba a punto de perder el sentido; pero seguía, infatigable, dando vueltas sobre mi propio eje. No era posible seguir: el corazón me latía a rabiar, las piernas cada vez más fláccidas… Ya no estaba solo: un grito primero, luego dos, después tres… al final, una muchedumbre que parecía acordonarme, vitoreaba, aplaudía:

—¡Riñuco, riñuco!

Una ola de lucidez me invadió y consagré un par de segundos a convocar a la calma. Fue en vano, acudió a mí un exabrupto:

—Malditos, ¿qué es lo que quieren, perros miserables?

Un silencio atronador: todo se detuvo como en las películas, y no pude mantenerme en pie ni siquiera para tomar un poco de aire. Caí de bruces sobre el fango, empecé a temblar como si fuera presa de un ataque epiléptico.

Estaba listo para morir: «Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu y hágase tu voluntad», logré decir apenas, sin conseguir persignarme. Agua tibia caía sobre mi espalda, alguien empezaba a cortarme el pelo (quizá esa misma persona era la que ahora exploraba sin recato mis partes íntimas).

—¿Qué quieren de mí? Déjenme en paz —rogué en vano. Cada vez eran más: las manos, los murmullos y vejámenes. Ahora voces femeninas hincándome en las orejas. ¿Qué querían hacer con mis orejas?

—¡Basta, piedad, pido piedad!

Un relámpago de paz: abrí los ojos, pude reconocer al muchacho del trompo con el rostro pitando de negro, ahora vestía un traje de plumas y un collar con ajos le colgaba del cuello.

—Riñuco —me dijo sonriente—. Nunca hables con un riñuco.


*Este cuento recibió una Mención Honrosa en la I Bienal Internacional de Arte «Victor Humareda Gallegos», y ha sido publicado previamente en el Semanario El Búho.

26.2.10

«GOLPIZA ILUMINADORA», “LA PROSPERIDAD RECLUSA” DE ORLANDO MAZEYRA GUILLÉN EN LA REVISTA CARETAS

Página de Caretas con la reseña.

Bajo el título «Golpiza iluminadora: cuentos de Mazeyra reunidos como un obligado ajuste de cuentas», aparece en la edición 2118 de la revista Caretas, una reseña de José Donayre Hoefken sobre La prosperidad reclusa.

«En ocasiones, se tiene la impresión de que hay historias sinuosas que buscarían ser narradas por escritores de cierto temple para resolver las situaciones límite que —soterradamente— conllevan. Los 23 relatos que Orlando Mazeyra ha reunido con el título de La prosperidad reclusa estarían hechos de esa materia tan peligrosa, más aun si esta se manipula en el ámbito de la metaficción literaria, donde el autor corre el riesgo adicional de entramparse en su proyección o diluirse en su propia elusión…»

Para leer la reseña completa hacer click en la imagen.

25.2.10

ESTRUENDOMUDO RESPONDE A LAS DECLARACIONES DE JAIME BAYLY


Con respecto a los comentarios del señor Jaime Bayly el día domingo 21 de febrero de 2010, manifestamos que Editorial Estruendomudo es una editorial independiente que, desde sus inicios, se ha caracterizado por su interés manifiesto en la publicación y difusión de obras de escritores jóvenes, además de la estrecha relación de colaboración y diálogo que establece con sus autores.

Hasta la fecha, la Editorial no ha tenido disputas ni enfrentamientos públicos con alguno de sus autores, ni con los autores que nos han propuesto sus manuscritos.

A pesar de haber trabajado tanto con el señor Humberto Ortiz Pajuelo como con el señor Aldo Miyashiro Ribeiro, el señor Álvaro Lasso, director editorial, afirma categóricamente que sus vínculos actuales con los señores son exclusivamente editoriales.

La Editorial no colabora ni ha colaborado con la producción del programa televisivo que ambos escritores conducen. El trabajo con ellos se ha limitado solamente a la publicación de sus respectivos libros.

Editorial Estruendomudo rechaza las declaraciones vertidas por el señor Jaime Bayly en relación al manuscrito de la señorita Silvia Núñez del Arco y niega que su director editorial, Álvaro Lasso, o algún miembro de la casa editorial haya participado en la filtración de dicho manuscrito.

La Editorial lamenta las confusiones y el malestar personal que afectan a todos los involucrados.

Reafirmamos nuestra tarea de fomento a los nuevos talentos. Atentamente:

Editorial Estruendomudo.
Tf.: 651-6178

WITOLD GOMBROWICZ Y JEAN PAUL SARTRE 1


Por Juan Carlos Gómez

“[…] Como si fuera poco, usted, en vez de mandarme noticias, trata, según parece, de enseñarme la filosofía de Sartre en cinco carillas. ¡Jua, jua, jua! Lo de que el dolor o el placer cobran valor dentro de la perspectiva del existente, de su mundo, de su situación, de su finalidad, de su futuro, de su proyecto, esto lo sabe cualquier niño. Lo que no saben algunos adultos recién iniciados es que en Sartre (como en todo el cartesianismo) el ser se funda en la conciencia, es decir, que si usted es consciente de este vaso, el vaso es (aunque no procurara placer ni dolor). Esto es lo que yo condeno, tarado, pues lo sé hondamente que la existencia no es una relación suelta, tranquila, sino una relación convulsa —y no una libertad (no importa en qué sentido) sino una tensión. Todas las estupideces de Sartre provienen del hecho que se relacionó con el dolor de una manera tranquila y doctoral típica de los cartesianos. No comprendió el cuerpo, ni el dolor. Por lo tanto le sugiero, Goma, amistosamente, que les diga a todos los amigos que lo considero a usted bastante tarado […]”.

La mirada y la responsabilidad eran cuestiones que acercaban y separaban continuamente a Gombrowicz de Sartre, en ese orden. Gombrowicz tenía problemas para sostener la mirada del otro, la vergüenza lo obligaba a espiar más que a mirar. La mirada se convirtió, tanto para Sastre como para Gombrowicz, en un problema fundamental, posiblemente por sus tempranos complejos de inferioridad, podríamos decir que Sartre quería superar su propia fealdad mientras Gombrowicz quería superar su inferioridad, es decir, la inferioridad de su situación personal y nacional tal como él la sentía. El camino de la interioridad pasa a través de la otra persona, la otra persona sólo es interesante para mí en la medida en que me refleja, vale decir, en la medida en que yo soy un objeto para ella. Dado que soy un objeto tan solo en cuanto existo para el otro, tengo que obtener su reconocimiento de mi ser.

El otro es el mediador entre yo y yo mismo. Por su propia naturaleza, la vergüenza es entonces un reconocimiento, yo reconozco que soy como el otro me ve. Todas las relaciones entre diferentes personas son las tentativas que cada uno hace para subyugar o poseer la libertad del otro. Tan pronto existo, establezco un límite de hecho a la libertad del otro. Yo soy ese límite, y cada uno de mis proyectos traza ese límite en torno del otro ser, el respeto por la libertad del otro es pues una palabra vana. Satán es, básicamente, el símbolo de los niños desobedientes y obstinados, que demandan ser petrificados en su peculiar esencia por la mirada de sus padres.

Un poco antes que Sartre, Erskine Caldwell había dado algunas vueltas alrededor del problema de la mirada en una narración memorable.

Agnes era una linda muchacha que vivía en un pueblecito norteamericano. Su padre la puso en un autobús, le dio unos pesos y le prometió enviarle mensualmente la misma cantidad durante algún tiempo. Estaba convencido de que su hija iría a Birmingham de Alabama para estudiar taquigrafía en un colegio comercial.

Pero la joven no llegó jamás a tomar esas lecciones, convirtiéndose, en cambio, en la manicura de una peluquería de segunda categoría.

Los hombres llegaban, deslizaban sus manos por su escote, y la apretaban. Pronto estaba ganando más dinero fuera de horario que en su mesa de trabajo. Toda su familia sabía que vivía en un hotelucho y que no era una taquígrafa. Pero cuando la muchacha iba a su casa todos los años, para Navidad, no le decían nada, simplemente se sentaban y se quedaban mirándola.

La muchacha llega a la histeria: —Se sientan y me miran, pero no me dicen nada sobre eso, sólo dicen que me están mirando.

Esta narración nos da una idea del inexorable sentimiento de culpa y vergüenza que la mirada de los otros puede producir en nosotros. Más recientemente el mismísimo Pato Criollo aborda el problema de la mirada en una novela cuya acción transcurre en Coronel Pringles, su lugar de nacimiento. En cierto momento se produce una gran revolución en el cementerio, los muertos salen de las tumbas y atacan al pueblo. Le abren la cabeza a los vecinos y le chupan las endorfinas, los zombis resultan invencibles.

Sin embargo, en un momento determinado una señora anciana mira y reconoce a uno de los muertos que se le está viniendo encima: —Pero si éste es el colorado Pereira. Los viejos comienzan a mirarlos e identificarlos a uno por uno y los zombis, mirados y derrotados, vuelven a las tumbas.

Para Gombrowicz la persona es el resultado de una organización colectiva, imprevisible e indomable y, en consecuencia, se forma independientemente de su voluntad en forma más o menos irresponsable. Esta dilución galopante de la responsabilidad tiene una contrapartida muy evidente en Sartre para el que la responsabilidad se concentra ad infinitum.

El psicoanálisis existencial no puede ser considerado como una terapia mental, porque le ofrece al hombre la angustia, a diferencia del psicoanálisis empírico que en muchos casos se propone deliberadamente, y a veces lo consigue, liberar al hombre de la angustia. Podría pensarse en el psicoanálisis existencial como una terapia moral, que se propone curar al hombre de la enfermedad infantil de la inautenticidad conduciéndolo a la edad de la razón donde podrá quedarse solo, apto para asumir su libertad, su autonomía y las responsabilidades derivadas de ella.

En un estudio realizado por una psiquiatra ginebrina se cuenta como la doctora escuchó de la boca de una de sus pacientes relatos en los que sus experiencias mentales coincidían en muchos aspectos con las que describen los existecialistas y, especialmente, con las vividas por ciertos héroes de las novelas de Sartre.

“El menor gesto se extiende a todo el universo. La piedra que arrojé al agua hace un momento en este río rebotó en la superficie y dejó atrás una estela de ondas; siento que puede ser la causa remota de un naufragio en el océano. En consecuencia, yo seré la causa de ese naufragio, y tendré que asumir la responsabilidad total… ¡Soy culpable de todo, absolutamente de todo!… Por mi mera existencia soy culpable y complico al mundo entero en mi ignominia… ¡Qué terrible es esta carga eterna sobre nuestros hombros humanos! No estar segura de nada, no poder confiar en nada, y no obstante verse obligada a comprometerse siempre de manera total…”.

La paciente, que verdadera y sinceramente intentó vivir según los rigurosos principios existencialistas del compromiso y la responsabilidad, finalmente, perdió por completo la razón. Imaginemos por un momento que en el mismo instituto psiquiátrico en el que se encontraba internada la paciente, hubiera estado también internado Gombrowicz, asunto nada improbable pues durante buena parte de su vida le anduvo dando vueltas por la cabeza la idea de que estaba loco. ¿Qué hubiera estado haciendo nuestro amigo?, hubiera estado tirando piedras al agua, seguramente.

Gombrowicz no soportaba el compromiso y la responsabilidad existencialistas, los consideraba una enfermedad que producía una deformación en el hombre, era una carga muy pesada para la naturaleza humana.

La idea de una conciencia cada vez más profunda para alcanzar la existencia auténtica debía conducir a la locura. El existecialismo no venía por una parte del hombre, venía por todo el hombre, por la razón, por la conciencia y por la vida. Ésta ya no era una teoría sino un intento de anexión que no se podía responder con argumentos sino viviendo de una manera radicalmente diferente a la que ellos proponían, de un modo suficientemente antagónico como para que nuestra vida les resultara impenetrable.

El compromiso y la responsabilidad tientan al hombre a resolver con su propia cabeza los problemas del mundo, una tentación que, por lo general, produce resultados catastróficos. Gombrowicz comienza entonces a tirar piedras en el agua, se presenta como un paseante pequeño burgués que sólo por azar y jugueteando se pone en contacto con causas supremas y poderosas.

Él es un representante ejemplar de una vida que huye del compromiso y la responsabilidad, esas categorías que condujeron a la paciente a la locura, la metafísica de Gombrowicz intenta soportar a todos los hombres, en cualquier escala, en cualquier nivel, su metafísica debe abarcar a todos los tipos de existencia.

De este rechazo que hace Gombrowicz del compromiso y la responsabilidad excesivos nacen algunos reproches que se le hacen a su falta de sinceridad y a su histrionismo. Sin embargo, el bufón que todos llevamos dentro nos habla muy claramente de las ganas que tenemos de divertirnos y del deseo de una mayor flexibilidad y de una forma menos definida. Si alguna cosa en el mundo, sea la cosa fuere, no le permite al hombre pensar y sentir libremente, puede que no alcance para volverlo loco, pero lo pone en el camino de la locura.

23.2.10

CINCO RAZONES POR LAS CUALES LA LITERATURA EN ARICA SE ENCUENTRA ESTANCADA

Arica.


Nota al lector: En primer lugar, el siguiente escrito no busca ofender sino instar a la reflexión de los llamados actores y protagonistas del arte literario en la XV región y si es posible comunicar la inquietud y apreciación a otros destinatarios interesados por el tema dentro del país o fuera de él y que encuentren en lo expuesto, alguna similitud con las condiciones en las cuales producen.

En segundo lugar el redactor está consciente de lo expuesto y asume total responsabilidad de sus dichos, de modo que sólo pide al lector interesado, la madurez suficiente para valorar la crítica. En términos sencillos, no se pique y patalee si usted como escritor, ya sea poeta, narrador, cronista, ensayista o dramaturgo, gestor cultural, editor, lector, académico, crítico o autoridad ligada a este arte, ve su perfil detallado o puesto en tela de juicio.

Finalmente ¿Por qué cinco razones y no un top ten? primero por capricho y porfía del redactor, segundo porque al igual que todo otro trabajo literario, este no se encuentra exento de ser completado a posterior, corregido o (re)escriturado con cinco reglones extra o más y por último y no menos importante, en esta materia no hay un punto final sino un trabajo continuo que se ramifica en extenso tal como lo demuestra cada punto detallado.

Sin más preámbulo…

1. En la ciudad de Arica y sus alrededores, hay una gran lista de vates, bardos, noveladores, rapsodas, biógrafos, recitadores, cuentacuentos, fabuladores, aforistas, traductores, antologadores, directores de revistas, realizadores de performances, escribidores y escribientes sin obra conocida o por conocer, no hablo de publicaciones pues en sentido opuesto hay personajes que tienen una cantidad de textos auto-editados, sobre la veintena pero que muy pocos por no decir “nadie” ha leído o siente interés por leer, ya sea por lo imposible de rastrear materialmente, son bibliografías fantasmas con tirajes de 5 a 10 ejemplares por libro sin que ello evite que refuljan triunfadores en la ampulosa carta de presentación de sus dueños aún cuando en la mayoría de casos para ser sinceros, más bien deberían ocultarse pues demuestran de primera a última página una laxa rigurosidad, profesionalismo, innovación y respeto por el simple ejercicio de escribir y más aún de corregir y superarse a uno mismo en una tarea que para nada es un hobby.

Me refiero en este punto a personajes que ostentan y detentan rimbombantes un título o rango que consideran (ojo, ellos mismos consideran) sumamente digno y magnificente, el de escritor o más aún el de autor cuando en verdad la pura chapa y pose arrastran, pues no hay escritura, a ciencia cierta no escriben, saben juntar letras y armar frases pero de ahí a escribir hay años luz, algo similar a pensar: En Chile muchos saben leer, claro conocen el abecedario, las vocales y pueden repetir una frase o párrafo de memoria pero no interpretan, no abstraen, no comprenden y finalmente no aprenden. Pero volviendo al tema, ¿Cuál es la ganancia entonces de estos personajes al ostentar el slogan de escritor? me aventuro a suponer que el título los dota de cierto aire intelectual, místico, bohemio o abolengo que los hace compararse con Ercilla educándose en la corte de Felipe II. El escritor a fin de cuentas es únicamente quien escribe, el resto es pura fantasía, parafernalia y delirio patológico.

2. En la ciudad de Arica y sus alrededores no existen dos ejercicios básicos, primero la autocrítica, esencial para no pasarse a guano con cualquier cosa que al llamado “escritor” se le ocurra devolver sobre el papel o la pantalla. Si está tarea de autoanálisis y reflexión sobre lo hecho se ejerciera a cabalidad, el punto uno recién expuesto no existiría. En segundo término, se extraña la crítica de profesionales del área y la crítica justa entre pares, hablo de una buena lid, o sea de frente y con argumentos sustentados, ya sea atendiendo al diseño o contenido del texto.

Lo que sucede con los críticos y comentaristas en la ciudad de la eterna primavera (Arica) es que así como no todos los que se dicen escritores lo son, tampoco todos los que se dicen grandes lectores, reseñistas o críticos lo son. Esa fauna de plano se extinguió o sus zapatos son ocupados por cualquiera que no siendo capaz de tirar un verso o prosa, optó como buen opinologo por lanzar en el diario local o algún medio digital, diatribas flácidas y escuetas y en el caso de los amigos, grandilocuentes y maravillosas, acerca de obras que en lo absoluto tuvieron la suerte o delicadeza de ser leídas y más aún interpretadas o comprendidas. Este es un palo extra a las universidades de la localidad y sus académicos (a la fecha entre tradicionales y privadas son seis o siete universidades para una ciudad que no supera los doscientos mil habitantes) Estas casas del saber, teniendo en algunos casos departamento de letras y facultad de humanidades, poco y nada aportan en investigación y extensión, no tienen desde los setenta, una publicación regular sobre literatura y lingüística y atrincherados desde sus oficinas forman a nuevas generaciones de pedagogos de letras, comunicadores y en menor medida escritores, listos a repetir los mandamientos de UTP o cualquier dirección en prensa o centro cultural ostentando un espíritu acrítico e indolente, pues pasan por cátedras desactualizadas y desarticuladas, ajenas a lo que se produce y se ha dicho en la ciudad, Chile y Latinoamérica, específicamente Perú y Bolivia (por ser colindantes con la ciudad) en esta materia tanto en creación como en teoría en los últimos treinta años. Hablamos de burbujas autorreferentes que se leen a sí mismas de modo complaciente.

El resultado, profesionales provistos de herramientas de hermenéutica, estética y semiótica que en la malla se lucen pero que sólo dejaron como huella un par de conceptos que no se entendieron en la práctica y en la lectura. La intertextualidad por ejemplo, tan manoseada en los programas y abismantes bibliografías que se leen el primer día o que se cita a diestra y siniestra en cátedras magistrales, charlas intelectualoides de pasillo y en esos pocos congresos que se dan cada tres años, se extraña en los trabajos, tesis y ponencias que siguen con el respeto que me merece el siglo de oro y la generación del 27, analizando el manido erotismo en Lorca y la ultrajada demencia en el Quijote.

Finalmente y lo que es peor, la chismografía y el escarnio, la crítica entre pares que no pasa del pelambre personal y la envidia, el sabotaje, el proselitismo y gremialismo barato: Si eres de mi círculo, de mi asociación con carnet y cuota, de mi grupo de tomatera en el bar de la esquina o club de Toby, dale eres un genio, la reencarnación de Proust o Rimbaud pero eso sí, no puedes lucirte más que yo, de lo contario tírate a un pozo blasfemo, profano aprendiz, neófito. El ninguneo y el sobajeo está a la orden del día.

3. En la ciudad de Arica y sus alrededores, el encierro ha vuelto a los llamados “escritores” ombligistas y resentidos, postergados, subestimados por el centro, huérfanos y genios incomprendidos sin mecenas.

Rodeados por la cordillera, el desierto, el mar y la frontera, Arica y sus alrededores forman una isla sitiada si se quiere ver así y muchos de sus habitantes sobre todo los que dicen escribir, siguiendo esa lógica empiezan a tener delirios de naufrago sólo que en lugar de tener por amigo a una pelota llamada Wilson, monologan con sus cinco ejemplares del libro que publicaron refunfuñando contra ese mundo que los aplasta con viejos talentos de un canon inamovible y nuevas voces en las cuales prefieren no pensar pues la envidia y el miedo los corroe.

En ese sentido, muchos escritores por la necesidad de culpar a alguien y como Tata Dios poco y nada tiene que decir pues la Biblia es un Best Seller, estos escritores siguen soñando con Santiago como la meca al mismo tiempo que despotrican de ella pues amante furtiva, esta les ha negado todo. Padre o madre ausente según se prefiera la metáfora, la gran capital los ha relegado no deteniéndose a comentar, en El Artes y Letras, Las Últimas Noticias o cualquier programa de televisión o página web a la moda, esos cinco ejemplares autoeditados con tanto esfuerzo en roneo y con tapa de opalina café que guarda el tesoro máximo de la literatura universal escrita en los últimos 2000 años, versos adolescentes que harían sonrojar a las lectoras del veinte poemas de amor, naturalismo al uso, narrar decimonónico o realismo sucio de fin de semana matizado por coplas, romanceros y experimentos visuales que volarían la mente de Jorge Manrique, Gustavito Adolfo o Apollinaire.

Retaguardistas y vanguardistas, románticos y objetivistas, Arica tiene todo y nadie ha apuntado los satélites hacia nosotros por mala leche y envidia. Cuando la realidad es otra, Arica y sus alrededores a la fecha, salvo algunas honrosas menciones por allí, no tiene grandes obras literarias que se pueden comentar, no tiene una editorial de consideración, tampoco una revista en papel y con tiraje decente abocada a la crítica y reflexión literaria con calidad tanto en la diagramación, diseño y contenido y que pueda difundirse y dar muestra afuera de lo que se está haciendo, tampoco existen centros culturales que impartan talleres literarios de modo regular, talleres de corrección y lectura más que de escritura y que ante todo estén dirigidos a jóvenes, estudiantes adolescentes y aquellos universitarios que están empezando y aún no se contaminan con la fauna. Arica no tiene concursos a nivel regional ni nacional en ninguna categoría, el premio municipal no existe así como tampoco librerías que valgan un ápice, la distribución de las obras y el comentario de las mismas no pasa de un lanzamiento en que se canta el himno y habla una autoridad de relleno, secretario del secretario reemplazante del intendente de reemplazo y luego se comen unas galletas frac y se brinda con Kola Real o se termina el vino de honor en un tugurio cantando karaokes. Además, los libros inscritos con ISBN son pocos o ninguno, en cuanto al depósito legal que de hecho es responsabilidad de los que editan, nada se hace, pues en la ciudad sólo hay imprentas que de modo ad hoc paran de hacer facturas y flyers de discoteques con fotos de actrices porno para sacar un poemario o librito de cuentos cada doce meses, por lo mismo nadie se ocupa de estas tareas, ni siquiera el escritor que es el principal interesado en difundir su obra fuera de la isla, al contrario, cruzado de brazos el “escritor” dice —suficiente tengo con escribir, soy un best seller en mi población y mi jefe comentó mi libro diciendo que era bonito—. Si al menos escribieran, ese podría llegar a ser un argumento, pero no, esperan en su trono a que el mundo condescienda, pare y voltee pues este autor tuvo la generosidad y decencia de honrarnos con su publicación.

Estos mismos “escritores” son los que en cada reunión ya sea tertulia literaria, lanzamiento de libro, convocatoria municipal o llamado del Consejo de las Artes aprovechan de llorar en masa por no ser leídos, por no ser comentados, por ser premeditadamente ignorados debido a una conspiración de escala mundial que ha decidió excluirlos del maletín literario o la lista de libros que deben leerse en educación media o la universidad. Encerrados en su metro cuadrado de ego olvidan detalles que han ocurrido en los últimos diez años por dar una cifra, la aparición del correo electrónico, los llamados a concursos nacionales e internacionales publicados en webs, la existencia de los e-books, de las editoriales independientes y cartoneras en otras regiones, las que aceptan obras o que son modelos a seguir y algo más de tipo local, la existencia del Perú y Bolivia a un par de horas y lucas de distancia. Países con ciudades dotadas de proyectos escriturales, universidades, imprentas y editoriales, ciudades con una nutrida existencia de escritores y redes de diálogo, crítica y lectores dispuestos, centros que además de Santiago son interesantes de conocer cuando al final, si lo pensamos, toda capital no pasa de ser otra provincia o suma de provincias con los mismos problemas de silencios y dilaciones y para que seguir nombrando la presencia de blogs y revistas digitales que llaman a publicar o la posibilidad de gestionar un concurso sólo por el amor a la escritura más que al sólido aunque suene idealista y en definitiva, pensemos con una mano en el pecho en cualquier intento básico de autogestión e interés por lo que se hace más allá de la pose y la tomatera.

Son estos mismos dueños de la verdad y sufridos románticos empedernidos de la escritura con capa y sobrero alón o zapatito de charol y pinta de Jazzista, los que no descienden de su Olimpo personal para ir a una lectura, ciclo de cine, obra teatral, recital de poesía, charla con un conferencista interesante, congreso o taller gratuito pues prefieren evitar la fatiga o sienten que ya nada pueden aprender puesto que nacieron bendecidos con un Aleph incrustado en su cerebro. La pasividad Zen de estos seres ejemplares e iluminados resulta inspiradora.

4. En la ciudad de Arica y sus alrededores, escritores, editores, autoridades y toda la fauna literaria tienen un enredo conceptual básico y sumamente perjudicial. Se piensa por ejemplo que la función de una editorial equivale sólo a imprimir el libro y armarlo, se deja de lado lo más importante, la calidad y el cuidado de la edición que pasa por la existencia de un comité editorial, una línea de publicación, encargados de diseño y corrección de estilo. Hablamos en definitiva de un personal calificado, profesionales dedicados que cuidaran el proyecto y si eso se quiere pasar por alto, aún falta nombrar el tema de distribución y difusión, el colocar el libro en vitrinas o catálogos lo cual va más allá de un lanzamiento. O de qué sirve una obra publicada si no va a ser leída, claro uno no escribe para publicar, eso es válido, son asuntos separados, pero algo si es seguro, si uno decide publicar, invierte se desgasta en esa tarea, es algo lógico pensar, aquí debe haber una intención por parte de este ser que quiere llevar su trabajo a otros, de seguro se ha hecho preguntas clave como ¿Por qué escribo? ¿Para qué escribo? ¿Con qué finalidad escribo? ¿Cómo escribo? ¿Qué escribo? ¿Qué tal escribo? ¿Tengo un estilo, de no ser así, debo tenerlo? ¿Cómo puedo mejorar? ¿He mejorado o al menos cambiado en todo este tiempo? ¿Para quién escribo? ¿Debo escribir para alguien? Son preguntas básicas que forman parte del ejercicio de autocrítica mencionado en el punto dos y que alguien que dice escribir y sobre todo busca publicar en algún grado debe tener en cuenta para no dar la hora.

Pues si escribo para mí y decido editar mi obra con cinco ejemplares para mi satisfacción y la de algunos amigos como Kafka que leía sus historias en un círculo íntimo, no tiene sentido pensar en una editorial y una distribución por el contrario si tu plan es invadir el marcado y sacar miles de copias, primero piensa qué mercado y qué impacto tendrás o piensas dejarlas bajo la cama, quizá tu idea es regalarlas o si eres ambicioso y en justa medida quieres una retribución por lo que consideras tu producto, buscaras venderlas pero ¿Qué implica eso? ¿Cómo puedo hacerlo?, ¿Quién me puede ayudar? si no soy vendedor, soy escritor. Estas son cosas por pensar. Y por último, si sacas un tiraje de cinco ejemplares, cosa usual en la ciudad de la eterna primavera (Arica), tengan la decencia de no considerarse al nivel en ventas de Isabel Allende y en impacto y trascendencia con Neruda, ojo no hablo de calidad al poner esos ejemplos de Allende y Neruda sólo de recepción del público, de percepción tanto de quien escribe y recibe. La autora de La casa de los espíritus y el poeta de la boina, ganada tienen su fama y popularidad, independiente de si nos gustan o no como escritores o si compartimos los modos en que manejaron y manejan su éxito.

En cuanto al tema de calidad, este pasa desde luego por uno y por la alteridad. Yo puedo creerme Munch y pintar palotes o haber escrito el próximo Ulises y no ser entendido por los que me rodean, ya que están acostumbrados a leer Condorito con el alto respeto que me merece Pepo y sus destinatarios. En síntesis, hay cosas que vale la pena limpiar y aclarar pues en Arica y sus alrededores, hace tiempo nadie pasa un paño por las ventanas y tampoco trapea el piso de lo que se entiende por literatura.

En este punto hay que mencionar además a las queridas autoridades de cultura y sus políticas, los fondos y becas y las actividades que se planifican como fomento a la lectura y escritura.

Los gestores y encargados de cultura de la región por lo general no tienen ningún conocimiento del área o competencia para determinar qué actividades son mejores para fomentar el proceso lecto-escritural, de hecho muchas veces no se dan el trabajo de distinguir entre quienes aportan en la región y quiénes son los dueños de la pose que se menciona en el primer punto y por lo mismo evalúan el mundo de la escritura comparándolo bajo la misma vara que corresponde a teatro o música. Si pensamos en un recital poético o lanzamiento de un libro a menos que sea Neruda vuelto a la vida, Gonzalo Rojas o Parra o un autor con un apoyo de mercadeo como Ampuero o Simonetti e incluso ellos, creo que cincuenta máximo cien invitados en una sala o espacio en una provincia, es valorable no estamos hablando de Mick Jagger por eso no podemos pensar en grupos humanos como los que convocan los Tres, los Jaivas o la Noche, son factores e intereses distintos, es claro que escuchar poesía, un cuento leído por su autor una clase magistral, diálogo o debate puede ser valioso pero demanda un esfuerzo intelectual y atención que no todo el mundo está dispuesto y no tiene por lo demás que estar dispuesto a bancarse. Aunque suene elitista el asunto, creo que las disciplinas al final convocan de distinta manera a públicos diversos por eso no podemos pensar en la literatura como un circo sin embargo los encargados de cultura siguen haciéndolo en desmedro de esta y por eso pretender poner algún esperpento foráneo o showman que aglutine a las masas algo así como un encantador de serpientes con libros publicados no sirve y eso, cuando estas autoridades existen, pues ha habido periodos en que el cargo dentro de la municipalidad ha estado vacante y por lo mismo el apoyo resulta nulo lo que sumado a una nula autogestión de los divos de la escritura entrega en la operatoria un rotundo cero.

Y hablando de divos podemos atender acá a los poetastros, bohemios trasnochados, explotadores de sus experiencias e infantes terribles, los niños malos e irreverentes de la escritura con sus respectivos grupys y mojados que se arrastran como rémoras cumpliendo sus caprichos esperando una y otra vez como fans enamoradas que vuelvan mientras acumulan con la cuenta de facebook o el fotolog emoticons y besitos virtuales; en su defecto, estos arribistas literarios se valen de cualquier otro escritor de alguna ciudad externa en especial esos de la capital que pasan y pisan la ciudad a fin de que los bendiga con su toque salvador y mágicamente por cruzar un par de palabras o mirada, una copa o elogio al aire, su escritura alcanza las cimas de un clásico.

Lo mismo ocurre con los talleres en que se debaten tres ideas añejas una tarde de jueves entre cinco tipos, incluido el escritor invitado a la región (del cual nadie ha leído nada pero todos son fanáticos) y al terminar todos son un poco más bellos e inteligentes. Y en cuanto a los fondos en Arica (las becas escriturales) podemos pensar en los precoces escritores destinando los fondos a sus bajas pulsiones las que hunden lo que parecía un futuro promisorio en eso… una promesa jamás cumplida y en cuanto a esos que se dicen clásicos, presentando por diez años la misma obra, re-editada hasta el cansancio con lo cual ya suman en una década cincuenta ejemplares que en realidad nunca ven la luz o desaparecen tan rápido como reciben el cheque.

Obras y propuestas que finalmente son tan fantasmales como la escritura de los espectros ennoblecidos. Y vamos atiborrando así una lista de infamia con becas de creación de espectaculares proyectos que de escritura y aporte solo dejan la firma cruzada y el rut en el documento bancario y la justificación de una prorroga al infinito para esa gran obra que definirá a la región, al norte grande y al universo y más allá pero que lamentablemente nunca… se escribió…

5. Finalmente en la ciudad de Arica y sus alrededores mucho se dice y poco se hace. Hay demasiado pavoneo y todo queda en intenciones, intentos de revistas, intentos de talleres, intentos de libros, intentos de recitales, intentos de programas de cultura, intentos de concursos e intentos de escritores que sólo servirán para seguir empedrando el camino al infierno, en ese tránsito los dimes y diretes pueden ser ocurrentes y divertidos pero cuando se repiten hasta el hartazgo tienen tanto sentido como una misma palabra que se pronuncia por horas tornándose ilegible. La suma sólo deja estrellados y rencillas no resueltas entre egos heridos y orgullos candentes. En cuanto a obras y talentos, estas se pueden contar con los dedos de media mano de manera que amigo lector, si ha tenido la paciencia y determinación de llegar hasta este punto puede que este preguntándose y ¿quién escribe esto? y ¿qué lo autoriza a hacerlo?, bueno un simple hecho, el mismo que motiva y constituye la médula del texto, el redactor es un escritor, alguien que escribe y se de la paja de leer, observar, interpretar y desentrañar quién es quién dentro de este panorama atiborrado por poses y simulacros y en esa medida procura aunque sea de esta forma, quizá la más apropiada, con un escrito, promover el diálogo entre todos esos que dicen preocuparse por el arte literario. Como cierre a la transmisión, los dejo con la siguiente cita de “El miedo a la libertad” obra de Erich Fromm que nos ayuda aterrizar y priorizar las responsabilidades en juego: “el yo es fuerte en la medida en que es activo”. Es imprescindible ser autor.
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