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2.2.18

ES PALABRA DE DIOS. NOTAS A “MEA VULGATÆ” DE LUIS CARLOS MUSSÓ


Libro de Mussó en Cascahuesos Editores (2014)


Por: Javier Rivera*

“Des-hacer, des-crear,
es la única tarea que el hombre puede asignarse si aspira,
como todo lo indica, a distinguirse del Creador”.
E. Cioran


¿Quién vende su primogenitura por una página cada vez más en blanco?

La Biblia de Mussó tiene una invocación inicial que ha tenido a bien llamar canción de los libros y el desastre. Exalta al espíritu felino del ocaso y la oscurísima nada, invoca a ese misterioso cubo de rubik que es el mundo donde ocurre todo, el mundo de la palabra, del nombramiento, ese mundo escenario de todo milagro y maldición. Reinventa la Infancia a partir de volver a emocionarse con las heridas desde la cicatriz original, los recuerdos desde la porosa piedra de moler en la cocina de su madre. Sus imágenes están llenas de estremecimiento por la ternura en la evocación de recuerdos universales y el pulimento en el lenguaje, la exactitud de las formas y colores, la entrañable capacidad de tocarnos el pasado y establecer el lazo común de humanidades breves y unánimes.

¿Quién regresa a sí mismo fragmentado a flor de cuchillos?

Inicia su antiguo testamento con un triteuco bellísimo y salvaje, cuatro libros poético-sapienciales, paralipómenos, un libro histórico, las lamentaciones (de algún Jeremías) y un profeta menor en su mantra, Jonás. Los golpes de sílaba ilustran sonoramente la naturaleza de lo que definen (cosas como un caminar entrecortado o un encender discontinuo): camina en-tre-tuer-to o neón as.ti.lla.do. Mucho peso en la sonoridad, en el canto, como en las misas antiguas. Un sermón pulposo cantado en el mejor ecuatoriano que suena a tierra, agua, aire y fuego. Bendita palabra de Dios que destruye el mundo que nombra, cuando lo que nombra es esa pestilencia profunda que hiede en dirección a la inconciencia. La búsqueda de la voz, la lengua y el placer en los ecos, las resonancias, las vibraciones y retornos al origen de la palabra; no le llama cuerpo al cuerpo, lo lame y escupe, lo besa y mutila por su verdadero nombre, siempre el mismo adminículo erótico y siempre diferente mecanismo del goce. El nombre de Javiera vuelve a ser pronunciado en crónicas, es un nombre que acompañan la sangre y el miedo, como dos guardaespaldas del significante.

¿Quién une a neón el adjetivo as.ti.lla.do para que suene como se enciende?

Adiciona en el intermedio un documento apócrifo, desconocido por el propio Dios, que titula, con gran artesanía, profetas del exilio. mientras la cristalería me recuerde que me corresponde la sed más terrible, no queda sino preguntar en qué estabas pensando, cuánto terror te empujaba el cadavérico rostro cuando escribiste aquellas líneas que cambiaron el mundo… Dedicado al poeta, este libro expone las afiebradas líneas donde el creador dispone de las realidades paralelas y entramadas del pasado, presente y futuro y, de ellas, reclama la mayor verdad posible, reclama que los borran del censo nacional, de las crónicas del país, los subastan y los ve pastando en el prado de madrid, lejos de sus ojos, su voz y su lengua, regresando por un estrecho camino al francés en el québec. El elogio de la palabra es central porque alguien dice tormenta, laberinto, ciudad, palabra, casa y ocurren esas nuevas invocaciones que desatan presencias cáusticas y brillantes desde los cuatro puntos cardinales de los elementos con los que se des-crea el mundo y los sueños.

¿Quién plantea la teoría de la antimateria cómo una voz reflejada en el espejo?

Su nuevo testamento consta de tres libros de cartas, los hechos, sus disangelios y cierra el sagrado con apocalypse now de Coppola en África, de Conrad en Vietnam y de Mussó en Guayaquil. Con El corazón de las tinieblas en la mente nos parte de un flechazo el siglo XIX y toca con la punta 1979, homenaje al año de la película. La mala nueva del disangelio: El filósofo alemán Peter Sloterdijk ha señalado que vivimos en una época de ángeles vacíos o de nihilismo mediático, en la que nos hemos olvidado del mensaje a trasmitir mientras que los medios de transmisión se multiplican: Este es el disangelio propio de la actualidad, dice Sloterdijk. La palabra disangelio de Mussó, que Sloterdijk toma de Nietzsche, destaca, en contraposición a evangelio, el carácter vacío de los mensajes distribuidos por los medios y su capacidad de paralizar en el error y la muerte: el cementerio es el exilio que comienza donde la taberna me enciende. Nadie quiere sacarte del error, ni de tu mirada de sangre / ni dejar de estrellar astrolabios contra los muros.

¿Quién denuncia al delirante caudillo de acallar la voz popular en esa patria de la lepra?

El célebre poeta y lingüista peruano Mario Montalbetti ha comentado tres cosas que me parecen importantes de resaltar sobre Mea Vulgata (Arequipa, Cascahuesos Editores, 2014): “En el libro de Mussó el Verbo es el Verbo. Mussó lleva esto a su conclusión radical: si en el principio fue la palabra entonces en el final también lo será. Nada viene a salvarnos. Todo está aquí y ahora. El Mesías es la palabra misma. Solo hay salvación de la palabra mediante la palabra. Y es aquí, en la cirugía de la palabra por la palabra, que el arte des-hacedor de Mussó alcanza su verdad más sustancial”. Luego dice: “Mussó concluye su Vulgatæ con las siguientes líneas: “porque ya encontré mi ojo,/ y ahora me falta encontrar mi/ lengua” (Apocalipsis 8:7). Lo que ha ocurrido es que la palabra del poeta, contra todo lo que se ha dicho y predicado, no crea una lengua nueva, no inventa un lenguaje nuevo. No hay nuevas palabras para las antiguas. Son las mismas. El Mesías debe repararse a sí mismo y debe reparar sus propias faltas. El poeta des-hace y lo que obtiene es una visión (“ya encontré mi ojo”). Lo que le falta, lo que siempre le faltará, es una nueva lengua, una meta-lengua entendida como una institución que fuera del lenguaje garantice el buen comportamiento del nombre, ese buen comportamiento que nos asegura imposiblemente la corrección, control y buen manejo de nuestras significaciones”. Y finalmente: “Entonces, correspondiente al poeta que des-hace, necesitamos un lector que des-lea esta pequeña joya de inteligencia y lenguaje”.

¿Quién señala los peligros del monismo intelectual que al principio parecen tan inofensivos como una mantis religiosa antes de acoplarse?

Cómo todo texto que se sabe interior al caos, prácticamente no conoce de mayúsculas. Cuando las utiliza (muy poco) lo hace con el objeto de iluminar algún concepto: señalamiento, añoranza, deseo u orden que se solicite con premura o con ímpetu categórico: SUBE EL TELÓN EN MEDIO DEL VÉRTIGO Y EL ALZEHIMER/ MI ÚLTIMA PALABRA FUE TÚ, PERO ME REFERÍA AL ABANDONO EXHORBITANTE/ EL CONOCIMIENTO GENERA TRISTEZA/ ¿ESCRIBIR O VIVIR? y las hojas de tabaco me dicen lo mismo: IDOS MUCHO, PERO MUCHO MÁS ALLÁ DEL CARAJO. Las verdades reveladas en este formidable volumen se saben encorchetadas en la individualidad de quién las propone y no pretenden erigirse en grandes verdades absolutas a la humanidad, ni siquiera a su país ni a su tiempo, tal vez ni a su familia; sólo al profeta. Todo lo contrario, el libro es un gran y solitario sermón que acribilla las palabras mayúsculas y lo hace en fondo y forma.

¿Quién, en su sagrado génesis, mancharía las alas angélicas removiendo las aguas fundamentales para dar origen al origen?

Ars Poética: la poesía, ese oficio de matanzas: mueren desbrozadas las palabras viejas para cocinar un mapa con las nuevas. Enarbolando su crimen imperfecto, un sueño galopa con la densidad del mercurio.

dime, nuevo caín: ¿dónde diablos está tu hermano?

Arequipa, Setiembre del 2016


*Javier Rivera (1978, Arequipa-Perú). Escribe poesía desde los 14 años. Publicó su primer libro de poemas Cronopiáceos (2012) a manera de recopilación de sus escritos juveniles. Parasomnias y otras identidades del recuerdo (2015). Ha participado en diversos recitales de poesía y actividades culturales cómo la Caravana Poética 2015, el VI Festival de Poesía de Lima, Festival de Poesía Enero en la Palabra 2016, Festival Internacional de Poesía de Arequipa 2016 y el IV Encuentro Internacional de Escritores y Escritoras “La Hermandad de las Palabras” en Babahoyo y Guayaquil, Ecuador.

16.3.15

SOPOR: UN CUENTO DE LUIS FELIPE JARA


A Luis Felipe Jara lo conocí hace ya varios años, allá por el 2000-2001, cuando aún se deslizaba en el pequeño patio de la Escuela de Literatura en la UNSA. Fue Áxel Porras quién me lo presentó y horas después, esa misma tarde, terminamos bebiendo unas cervezas en el ya entrañable bar “La Piscina” del ahora enrejado parque universitario. Tiempo después, Felipe decidió abandonar los estudios y dedicarse a construir juguetes de madera los cuáles los vendía en el by pass de la Av. Ejército. Luego despareció y volvió a aparecer conduciendo una moto por aquí y por allá. Siempre estuve al tanto de su creación cuentística, y aunque ahora niega que siga en el ejercicio, de él (alias Pepino caracol) tengo guardados una colección de cuatro excelentes cuentos. Y aquí va uno de ellos. Espero no me demande por publicarlo.


SOPOR

Pero quizá sólo tengo que volver, para poder encontrarla de nuevo en el sopor extenuante en el que se sumerge la ciudad a eso de las dos de la tarde, cuando el sol, en plena intensidad, reflejándose en los edificios de sillar, hacía que al mirarnos nos invadiera esa melancolía de juventud, la sensación de lejanía y cómplice soledad. Quizá sólo regresando pueda volver a ser el estudiante de literatura que trabajaba por las mañanas mezclando azufre y carbón en el taller pirotécnico de mi tío, para ganar esos soles con los que sonriente la esperaba a la salida de la escuela de arte Baca Flor, rezando porque ella tuviera ganas de zambullirse conmigo en el calor soporífero de la calle, y terminar la tarde en un café presumiéndole de que yo sólo tendría que escribir un cuento para ser un escritor, y hasta famoso, por un día.

—Pero tiene que estar relacionado con las tradiciones y leyendas de Arequipa, así lo estipulan las bases —le explicaba, y ella sonreía. ¡Cómo sonreía!

—Y porqué no escribes sobre el palo seco que está en Santa Catalina, plantado por Sor Ana de los Ángeles, del que dicen que cuando florezca, pum, se acaba la ciudad para siempre.

—No, qué feo, ¿no tienes otras ideas?

—Ah, ya sé, escribe sobre la Mónica, la muerta esa, que vive en el cementerio y que sale de noche para llevarse a los chicos.

—No, ¿estás loca?, ¡qué miedo! ¿Y si se enoja y... me lleva?

—No, tarado, sólo se lleva a los chicos guapos —volvía a sonreír—. “Todos los poetas, son unos tarados, y han tejido notas para regalarme la marcha nupcial”, —cantaba.

—“Y tú, pretenciosa, guardas tus azahares para regalarte a los forasteros que están por llegar”, —le respondía, muerto de risa.

Y luego, nunca después de medianoche, vueltas y más vueltas por el cementerio general (en la moto recontramisia que me vendió mi primo), para encontrar tema de composición literaria, claro; pero no tantas vueltas porque daba miedo. Esas noches imaginaba que acompañado por Carmen Luisa, así se llamaba, no sentiría el mínimo temor, sintiendo sus manos rodeando mi pancita y apretándome cada vez que la moto describiera una curva, yo hubiese recorrido las inmediaciones del cementerio pasada la medianoche, y aún más, hubiese entrado, de su mano, claro; hasta dar con esa condenada, condenada Mónica, para hacerle, eso sí, una entrevista sensacional que me diera tema suficiente para ganar el concurso de cuentos y ser un escritor de verdad, aunque sea por un día, para ella, para Carmen.

Esperar a ver mi cuento publicado en el diario, y esperar a tener suficientes soles, y esperar a no tener ganas de ir una tarde a la universidad, y esperar, aún más, a que a Carmen le diera la gana de pasarse la tarde sin almorzar en su casa, para pasarla conversando conmigo, vagando por la ciudad. Porque ella estudiaba arte: pintura, escultura, esas cositas —no sé si ya se los dije—. Yo estudiaba literatura —eso sí ya se los dije, ¿verdad?—. Porque una ciudad con pretensiones turísticas requería personajes pintorescos, y personajes más pintorescos aún, dispuestos a pintarlos. Y en las mañanas yo trabajaba en el taller pirotécnico de mi tío —eso sí ya se los dije, estoy seguro—. Pero no ganaba mucho, pues eran tiempos malos en que los fuegos pirotécnicos se devaluaron a más no poder, y a los artesanos que los hacíamos se nos miraba como a bestias irresponsables; porque una noche de catorce de agosto una bombarda dio con un cable de alta tensión en el Puente Grau, y los arequipeños, no me quiero acordar, celebramos nuestro aniversario con más de una treintena de involuntarios sacrificios humanos. La culpa… de los pirotécnicos. Pero fue sin querer… Digo, ¿no?

Y los días que pasaban… Y el tiempo, barrendero de ilusiones (ay, qué bonito), nos bombardeaba con ráfagas de ausencia.

Y, riiinggg…

—Buenas tardes, me haría el favor de comunicarme con Carmen.

—La señorita Carmen Luisa no está, ha salido con el joven Pedrito.

—¿Pedrito…? ¿Ah, sí…?; y, ¿quién es ese huevón?

Riiinggg…

—Buenas tardes, me haría el favor de comunicarme con Carmen.

—Mira, chico, Carmencita no está, y ya sé que eres tú el que llama para decir groserías. Haz el favor de no volver a llamar.

—No, señora… se equivoca… ¿groserías, yo? Pero si yo nunca digo groserías… tal vez fue… Pedrito… Sí, ese Pedrito, ese huevón.

Porque recién ahora he entendido que los mitos y misterios de Arequipa, son los mismos mitos y misterios de cualquier otra ciudad, y que no hay cosa más mitológica ni más misteriosa que el amor, y que esas mismas Mónicas y las mismas Carmencitas, en Arequipa y en la China, se seguirán repitiendo en todos los idiomas, en todas las latitudes y en todos los tiempos, en una cruzada despiadada y vertiginosa que terminará por enloquecer de amor a todos los tarados de este planeta.

Pues en realidad, yo la conocía y la quería desde que teníamos trece años, por la más sólida e irrefutable razón que se puede articular en lenguaje mistiano: Porque sí. Y ella nunca me aceptó formalmente por una razón análoga. Y es que ¡Maldita sea! Qué culpa tendría yo de que mi nacionalísimo colegio: El poderoso, glorioso, antisísmico y dos veces campeón nacional de fútbol, Honorio Delgado Espinoza, quedara justo frente a su muy privado, primoroso y rosado colegio, Sagrado Corazón Sophianum.

…Más de una noche, desde los barandales del café del búho, vimos a la luna esconderse detrás de una de las torres de la catedral; torre que según los noticieros fue derrumbada por el último terremoto, pero eso tiene que ser falso: porque una torre (y todavía con campanas), detrás de la que se ocultaba la luna, no puede ser traída abajo por un terremotito, al menos yo no lo creo. Tal vez se trata de una exageración de algunos periodistas celosos que quieren ahuyentar de Arequipa “a los forasteros que están por llegar”; porque no había cosa mas chocante que escaparme de la UNSA, para ver a Carmencita, recorrer la calle Mercaderes en un estado cercano al sonambulismo rumbo a la escuela de arte Carlos Baca Flor, y encontrarla en las graditas de mármol de la Catedral “practicando su inglés” con unos gringos sonrientes y colorados que no hacían caso de mi xenofóbica cara (¡qué cólera!), y me extendían sus blancas y peludas manos gritándome: “¡Hola amigo!”. Pobres turistas, que seguramente imaginaban que yo, además de no entender ni jota de inglés, era sordo.

—Carmencita, qué acaso en tu casa no te han enseñado a no hablar con extraños, carajo!

Pero lo decía de puro picón, porque en realidad, los gringos eran muy simpáticos… Pero yo no quería gritar ni decir palabrotas… Yo sólo quería que ella viera mi nombre en letras de molde; pero por más vueltas que le di al cementerio general nunca encontré a la Mónica esa y, naturalmente, jamás escribí el cuento aquel. Y abandoné la carrera de literatura el día en que Carmen Luisa me hizo ver que la literatura no servía para nada, devolviéndome mis veintisiete cartas en sus sobre originales, y sin abrir. Pero lo hizo por “ahorrarme la vergüenza”, pues según le dijo su mamá: “Los huérfanos sin herencia, que se ganan la vida haciendo fuegos de artificio, nunca han sido buenos escritores”. Pobre criatura. Y decidí abandonar Arequipa la noche que el vigilante de su cuadra me contó: “que el papá de la señorita Carmencita la había sacado de la escuela de arte para mandarla a Argentina a estudiar una carrera de verdad”. Y también se la llevó, creo yo, porque el viejo ya estaba harto de los cholos feos que tocaban el timbre de su casa con cara de conejos asustados, impresionados por la placa que ostentaba cuatro apellidos peninsulares, y preguntaban con voz cavernosa: “¿Está Carmencita?”. Fue cuando las calles del centro de la ciudad, a eso de las dos de la tarde, se me hicieron realmente insoportables y entonces me asaltó la triste certidumbre de que en mi propia ciudad ya nunca sería feliz.

Pero quizás sólo tengo que volver, para recuperar mi juventud perdida, para tener nuevamente diecinueve años, volver a empaquetar pólvora en el taller de mi tío, encontrar el tema relacionado con las tradiciones, leyendas y misterios de Arequipa, reencontrar a Carmencita, llevarla al café del búho y, ahí mismo, ponerme a escribir un cuento para ella: “Había una vez, en una ciudad de fábula con habitantes de pesadilla, un aprendiz de poeta que…”.

Pepino Caracol

16.3.14

MARIO VARGAS LLOSA Y GEORGETTE PHILIPPART DE VALLEJO

Mario Vargas LLosa al lado de la viuda de César Vallejo.

Mario Vargas Llosa: El pez en el agua, 1993

…André Coyné tradujo «El desafío» al francés, pero fue Georgette Vallejo la que revisó y pulió la traducción, trabajando conmigo. Yo conocía a la viuda de César Vallejo porque iba con frecuencia a visitar a Porras, pero sólo en esos días, ayudándola en la traducción, en su departamento de la calle Dos de Mayo, nos hicimos amigos. Podía ser una persona fascinante, cuando contaba anécdotas de escritores famosos que había conocido, aunque ellas estaban siempre lastradas de una pasión recóndita. Todos los estudiosos vallejianos solían convertirse en sus enemigos mortales. Los detestaba, como si por acercarse a Vallejo le quitaran algo. Era menuda y filiforme como un faquir y de carácter temible. En una célebre conferencia en San Marcos, en la que el delicado poeta Gerardo Diego contó bromeando que Vallejo se había muerto debiéndole unas pesetas, la sombra de la ilustre viuda se irguió en el auditorio y volaron monedas sobre el público, en dirección al conferencista, a la vez que atronaba el aire la exclamación: «¡Vallejo siempre pagaba sus deudas, miserable!» Neruda, que la detestaba como ella a él, juraba que Vallejo tenía tanto miedo a Georgette que se escapaba por los techos o las ventanas de su departamento de París para estar a solas con sus amigos. Georgette vivía entonces muy pobremente, dando clases privadas de francés, y cultivaba sus neurosis sin el menor embarazo. Ponía cucharaditas de azúcar a las hormigas de su casa, no se quitaba jamás el turbante negro con que siempre la vi, se compadecía con acentos dramáticos de los patos que decapitaban en un restaurante chino vecino a su edificio y se peleaba a muerte —con durísimas cartas públicas— con todos los editores que habían publicado o pretendían publicar la poesía de Vallejo. Vivía con una frugalidad extrema y recuerdo que, una vez, a Julia y a mí, que la invitamos a almorzar a La Pizzería de la Diagonal, nos riñó, con lágrimas en los ojos, por haber dejado comida en el plato habiendo tantos hambrientos en el mundo. Al mismo tiempo que intemperante, era generosa: se desvivía por ayudar a los poetas comunistas con problemas económicos o políticos a los que, a veces, en tiempos de persecución, ocultaba en su casa. La amistad con ella era dificilísima, como atravesar un campo de brasas ardientes, pues la cosa más nimia e inesperada podía ofenderla y desencadenar sus iras. Pese a ello, se hizo muy amiga nuestra y solíamos buscarla, llevarla a la casa y sacarla algunos sábados. Luego, cuando me fui a vivir a Europa, me hacía encargos —que le cobrara algunos derechos, que le enviara algunas medicinas homeopáticas de una farmacia del Carrefour de l'Odéon, de la que era cliente desde joven— hasta que, por uno de estos mandados, tuvimos también un pleito epistolar. Y, aunque nos reconciliamos después, ya no volvimos a vernos mucho. La última vez que hablé con ella, en la librería Mejía Baca, poco antes de que se iniciara esa terrible etapa final de su vida, que la tendría años hecha un vegetal en una clínica, le pregunté cómo le iba: «¿Cómo le puede ir a una en este país donde la gente es cada día más mala, más fea y más bruta?», me contestó, refregando las erres con delectación…


* Tomado de la página de Facebook en homenaje a César Vallejo.

2.3.14

DE PASEO POR EL MUNDO DE UN ZÁNGANO

Los quehaceres de un zángano de Fernando Morote.

DE PASEO POR EL MUNDO DE UN ZÁNGANO


Transitando por el Jirón Camaná encontré un ejemplar completamente nuevo de Los quehaceres de un zángano (Bizarro editores, 2008) de Fernando Morote. Debo confesar que desconocía el título; sin embargo, el nombre del autor me resultaba familiar. No me equivoqué en mi sospecha. Sí, era el mismo personaje que se comunicaba conmigo a través de Internet y me solicitaba libros de autores peruanos reconocidos como por ejemplo: Oswaldo Reynoso, Enrique Congrains, Sebastián Salazar Bondy, etc. Mi oficio de librero coincidió con este escritor peruano radicado en Estados Unidos del cual desconocía totalmente. Era el año 2008 y mis preocupaciones literarias se enfrascaban en aprobar los cursos de teoría literaria; el libro de Morote-en esa época -había pasado totalmente desapercibido para mí.

Las primeras líneas de la obra me divirtieron notablemente; personajes de los que intuía su identidad, escenarios por donde transito diariamente, pequeñas historias dentro de la historia principal, un humor negro caracterizado por la limpieza de la prosa, elementos propios de los noventas que aún se mantenían en mis recuerdos y que poco a poco empezaban a tomar forma, posicionarse y aflorar nuevamente. Sin duda, todo ello, me dejó una satisfacción favorable. Aparte de esto, el texto está escrito con un lenguaje coloquial con el que sentí una rápida identificación. Entonces, surgió una idea: Hacer una reseña de esta novela que se veía prometedora y que había pasado desapercibida por la crítica literaria y por lo que hoy tal vez tenga mayor difusión: Las redes sociales.

Los quehaceres de un zángano se divide en dos partes: En la primera el autor refleja sus conflictos internos, hace un recorrido por sus años de infancia, nos muestra su transitar por algunas zonas burguesas de Lima. Existe alguna que otras muestras de embriaguez que terminan en alguna delegación policial y el posterior asedio de la Guardia Republicana. La busca de una identidad, el resentimiento familiar, la lucha por superar la dependencia a las drogas, el haber logrado ciertos triunfos personales; poco o nada importan para el personaje, pero sí a su familia. Deambular por algunas playas del sur plagado de pederastas, ser confundido con un senderista por llevar un libro de Mariátegui y por apellidarse igual que el número dos de Sendero Luminoso, acudir a centros de rehabilitación en donde es víctima de los peores insultos. Todo esto recrea un ambiente decadentista, pero a la vez interesante a fin de entender cómo se proyecta la realidad limeña burguesa de fines de los ochentas y mediados de los noventas.

Federico Barrionuevo es un hombre de mediana edad que empieza a hacer un recorrido de su vida; desde sus años de infancia hasta el año de 1996, el transcurrir de este señor está marcado por el alcohol, la carrera de Derecho en la UNFV y un tremendo rencor a medio mundo. El espíritu literario de nuestro héroe se ve reflejado en los años de la guerra interna y del primer gobierno de Fujimori; una novia radicada en Chile por la que se desvive y el deseo de superación personal reflejado en vencer sus antiguos vicios. En medio de estos conflictos logra desempeñar diversos trabajos como vendedor de carteras, estibador o funcionario de un banco .Su desencanto ante la vida es notoria, él sólo quiere ser escritor y subsistir en base a un trabajo relajado, excento de presiones y responsabilidades.

Dentro de este dentro de este deambular conoce a personajes entrañables de nuestro quehacer literario y cultural propio de los noventas y algunos que todavía están presentes. Podemos encontrar referencias a autores y editores desaparecidos como César Calvo, Julio Ramón Ribeyro, Antonio Cisneros, Reynaldo Naranjo, Jaime Campodónico. Los centros nocturnos de Lima-de aquella época-matizan el escenario narrativo y son de importancia referencial; la presencia de lugares como “Tutu Café” de La Molina, el local de la ANEA en el centro de Lima, “La huerta de los libertadores” de Jesús María; El Juanito, El Piselli, La Noche y El Ekeko de Barranco, etc. El reflejo burgués decadentista, la multiplicidad de escenarios, el elemento temático y la prosa de Morote hacen que el libro sea una vuelta entrañable a los años noventas.

La segunda parte de la novela es de tendencia personal y hasta tiene ciertos elementos de tipo confesionario. Existe un conjunto de cartas destinadas a un amor radicado en Chile, y un diario que muestra sus páginas de manera desvergonzada. Al leer esta segunda parte del libro se me vino a la mente la figura de dos monstruos de la literatura universal: El primero es Joyce cuando enviaba esas cartas tan íntimas a su esposa; cartas dotadas de una gran de una gran carga sexual, pero también de un profundo amor hacia ella. La segunda referencia va en relación este personaje creado por Nabokov —llamado Humbert Humbert—, en el que mediante un íntimo diario expone parte de sus revelaciones sexuales, miedos, conflictos, e insatisfacciones.

Los logros de la novela se enmarcan en la técnica utiliza a manera de collage, el humor frente a lo absurdo y lo caótico, la limpieza de la prosa y el estilo depurado hacen de la lectura un momento agradable; estos aspectos se pueden apreciar en lo que tal vez sean los pasajes mejor logrados: La erótica historia de Mamerto González y De paseo por el mundo de Kafka. Lo que se puede criticar al texto es la presencia de algunos lugares comunes, cierto desorden que aparece en la estructura de la primera parte, y que por momentos pareciera más un libro de índole personal que literario. Al margen de ello, la calidad de Morote está presente y visualiza el futuro de un narrador sin tapujos ni convenciones formales. De aquel tipo de narradores que son pocos, pero que quedan en nuestro presente y que sin duda nos divierten, sorprenden y agilizan el gusto por lo subversivo en la literatura.

Rubén Javier
Lima, 27 de febrero del 2014


*Librero, director de Librería Rashomon, bachiller en literatura peruana y latinoamericana por la Universidad de San Marcos.

2.2.14

EL BORDADO ORIGINAL DE CARRIÓN

Verbo (bordado original), reciente poemario del poeta ecuatoriano Ernesto Carrión.

Por Marcelo Báez Meza

Verbo (bordado original), recientemente publicado por Cascahuesos Editores de Perú y Rastro de la Iguana de Ecuador, es la reconfirmación de Ernesto Carrión como una de la voces poéticas referenciales en la lírica hispanoamericana.

Organizar toda la saga del poeta guayaquileño es una tarea compleja. Una pléyade de títulos son organizados bajo diversos rótulos. Hay un orden. Hay una intención de polígrafo de incluir cada título en un todo cohesivo.

Para entender mejor todo esto hay que coger con pinzas a 18 Scorpii, volumen final de la trilogía «∅» (símbolo matemático de vacío) que es el título globalizador de la ambiciosa saga de Carrión, conjunto que una vez concluido implicará que el poeta deje de escribir lírica (así lo ha declarado en algunas entrevistas). Este 18 Scorpii contiene al libro Verbo (bordado original) que en la secuencia de la saga «∅» viene después de Novela de Dios, recientemente publicado por La Caída Editorial de Argentina, poemario presentado en Montevideo, Quito y Guayaquil. Es importante esta referencia para facilitar el ingreso al lector, ya que aunque cada libro del volumen 18 Scorpii funciona igualmente por separado, dentro de la obra tiene un sentido orgánico que debe tratarse.

Planteadas las cosas, el libro Verbo (bordado original), inicia donde terminó Novela de Dios, con el texto “Ser (diagnóstico del verbo)”, donde se cuestiona al verbo como el instrumento organizador de la vida humana.

En este nuevo libro, el Verbo (el vocablo que indica el ser y el quehacer en el mundo) será puesto a prueba desde el comienzo. El autor lo agitará de tal forma demostrando que lo que persigue es que el verbo no haga lo que supuestamente debe hacer dentro de una oración (indicar acción y movimiento). El verbo no podrá entonces ejecutar el poema, quedando reducido a la intención de la voz que es quien ordena todo a su absoluta libertad o en busca de una absoluta libertad contra el mismo verbo. Igualmente los adjetivos, y los sustantivos se arremolinan dentro de lo que viene a ser un canto furtivo y escurridizo hacia los bordes de lo sensorial y llevándonos a despertar sobre una forma diferente de realidad.

Adentrémonos un poco en la estructura del libro. Está dividido en tres secciones. La primera titulada “El tigre nadador”, ubica de un modo narrativo los espacios del Paraíso, Infierno, 18 Scorpii, Purgatorio y El tercer cielo. Aparece la familia como eje organizador, el amor, los hijos, la amistad, el perdón y un nuevo posible planeta llamado 18 Scorpii que parecería ser una ola enorme. El título "El tigre nadador", alude a esa necesidad de agitar el verbo al libre albedrío de la voz poética dejándolo nadar, sumergirse y emerger por todas partes haciendo y no haciendo lo que debería hacer dentro de cualquier estructura gramaticalmente correcta. El segundo bloque de este libro, titulado “K.O.” es un knockout al verbo en el que la voz intenta, en un entramado de siete poemas, no utilizar un solo verbo, hazaña que recuerda a los grandes experimentos linguísticos del escritor francés Georges Perec.

El tercer bloque “La vida entera” da cuenta de la reconstrucción del presente a través de la palabra poética. Siete viñetas donde el hablante lírico recorre su pasado pero lo modifica a través del poema para así modificar (como si se tratara de un personaje novelesco) su propio presente alejándolo de aquellas situaciones que desembocaron en momentos existenciales dolorosos. El hablante viaja hacia el pasado de la mano del poema (se usa el flashback), y reconstruye su vida hacia delante (se recurre al flashforward).

La clave de Bordado original (Verbo) está quizá en el epígrafe del filme Bestias del sur salvaje que se consigna al principio: “Todos pierden aquello que los hizo”. No es gratuita la alusión a una película donde prima lo posthumano en el drama de una comunidad afroamericana que vive más allá del rio y entre los árboles. Ambos textos (filme y poemario) defienden el poder de la imaginación para defenderse de la catástrofe, ambos textos erigen al verbo como bordador de supra realidades. Como bien apunta Roger Santiváñez, Carrión “va más allá —incluso de los enjambres posmodernos— colocándose en una suerte de posthumanismo”.


Estamos, en conclusión, ante un conjunto de prosas poéticas que prefiguran a un narrador contenido y que ya anuncian que es hora de cambiar de género. Carrión está descubriendo que hay temas que piden otra estructura, otro formato que puede ser la narrativa breve o de largo aliento. Bordado original es una puntada más en la gran urdimbre de su inagotable poesía.

14.1.14

“GRITOS” DE JUAN CRISTÓBAL POR SEGISFREDO LUZA.

Gritos, el nuevo poemario de Juan Cristóbal.

*Nota aclaratoria de Juan Cristóbal: En 1968 comencé un libro titulado “Las cuevas”, en la cárcel de Lurigancho. Lo terminé en 1969. En ese mismo lugar estaba detenido el psiquiatra Segisfredo Luza, con el cual hicimos amistad. Al terminar el libro, a mediados del 69, le pedí un Prólogo, el cual lo hizo pero referido a “Las cuevas”. Después de 44 años publiqué ese texto, pero reestructurado, tanto en su forma física como temática, con el nombre de “Gritos” (2013). Lo que presento aquí son partes del Prólogo que tienen que ver con las ideas generales y esenciales del texto. Por ser de importancia para mí y para la comprensión de la obra, lo publico de la forma que indico.


“GRITOS”
Por Segisfredo Luza.


Toda crítica no es sino una máquina de convertir lo original a lo banal. Si nos interrogamos sobre el lenguaje, tendríamos que remitirnos a la lingüística y al psicoanálisis y esto es insuficiente porque al final de cuentas toparíamos con una concepción elaborada del hombre. Una filosofía total del ser humano depositada históricamente en el lenguaje cotidiano. Si renunciamos a analizar “nuestra bella lengua” y tratamos de captar lo subjetivo, estaríamos detenidos en el siglo XIX cuando la estética se dedicó a tratar el arte como actividad interior, dejando de lado el examen profundo y directo de la obra. Nicolai Hartmann pidió un cambio del pensamiento estético y por consiguiente de la crítica. Ya Víctor Hugo creía haber hecho la revolución al querer “poner un bonete rojo a los viejos diccionarios”. Y efectivamente este cambio ha sido la apertura de la literatura moderna, a través de Rimbaud, Mallarmé, Proust, Bretón, sin hablar de Becket, Ionesco, Genet, Joyce y Robbe-Grillet. Ellos han introducido el absurdo; el orden dentro del desorden. ¿Y la crítica? ¿Es posible desentrañar, indagar, las estructuras internas del acto creador sin atentar contra la obra misma? ¿Lo absurdo, lo deshilvanado, lo simbólico, tiene un sistema y una fenomenología?

No es este el instante de elaborar una metodología de la crítica, ni de estudiar las posibilidades de una fenomenología de la poesía moderna, ni del absurdo. Simplemente digamos que toda crítica es “una apuesta fatal” porque propone una evidencia, una hipótesis parcializada del problema del autor y en esta apuesta el crítico está introduciendo una ecuación personal en el sentido de Pascual. Y así nos coloca frente a un círculo vicioso. Una ronda infernal en la que no hay concordancia entre la significación de la obra y la objetividad de la misma.

Prescindamos, pues, de toda crítica y limitémonos a leer la obra sin introducir puntos de vista. Digamos que lo implícito está contenido en lo explícito. El genio del autor no es otra cosa que la presencia de su ser en la obra y a él nos acercaremos leyéndolo, del mismo modo que el oyente frente a la música. La partitura es distinta a la ejecución de la obra. Y el goce es una experiencia sin palabras. Ella habla de nosotros. Así para acercarnos a esta obra leámosla y tratemos de experimentar sin intención alguna, lo que surja en nosotros mismos. Si es asco o emoción; si alegría o tristeza; si aburrimiento o inquietud; si añoramos nuestro pasado ancestral o creemos haber descubierto el sentido de la vida. Todo ello es la obra. Luego la obra hablará en nuestra receptividad o impresionabilidad en forma impalpable. De pronto se anudará a nuestro interior según la índole de cada cual y objeto y sujeto será un todo inextricable.

Desde las primeras líneas lo caótico irrumpe en el discurso interior y no precisamente bordeando lo improbable sino revelando al hombre medular. Esta obra es un conjunto de piezas que habla del mundo de los impulsos primitivos, de las voces del silencio, del flujo sanguíneo, de todo aquello que en el hombre civilizado ha quedado sepultado bajo la razón y el concierto lógico. Empero, no se trata de un relato enajenado propio de los seres que han perdido la cordura y en quiénes el discurso ha perdido su línea directriz. Se trata de una liberación visceral que contiene la armonía de las formas ancestrales, de lo recóndito que asciende hasta lo sublime y que se expresa en la contradicción, en el contrapunto y en el ritmo oral que brota como una melodía inagotable de imágenes poéticas. Precisamente en esta prosa poemática reside su embrujo. Aquí no encontraremos un sistema de lectura…Desde el inicio ya estamos capturados por este resurgimiento vital que al entregarnos su intimidad está revelando la nuestra. Una especie de simbiosis, de amalgama expresiva, de comunicación sintética a través del retorno al acontecimiento primitivo.

Se ha dicho que el lenguaje es una forma de distanciamiento del ser. La expresión es a la vez opaca y transparente. El hombre se aliena al tratar de traducir sus vivencias en la palabra. El lenguaje perfecto equivale a la completa identidad del hombre y a la ruptura de los límites de la personalidad. Si el surrealismo plasmó las imágenes del ensueño y el acaecer subconsciente. Y si los expresionistas como Chagall pintaron un mundo onírico y sugestivo, Lautremont fue el maestro de lo horrible y cavernario. ¿En este texto hay una reminiscencia de todo esto? No lo sabemos. Sólo entrevemos un bullicio interior que no se deja capturar como una estructura que por pertenecer al hombre es una estructura inhallable.

Cuando leemos: “Maldito agujero congelado de pánico, has roto el horizonte de las calaveras derrotadas. Los cristales de espuma Los pequeños cangrejos de las alimentaciones orgánicas que tienen escasamente la cabeza corta. Has amputado las pinzas aprehensoras del miedo Sin embargo naces perfecta en la descendencia cultivada de los cielos impenetrables…”, la materia bruta, lo inorgánico, lo biológico, las vivencias, lo espiritual, lo telúrico, la realidad social, las especies vivientes, lo microscópico, lo sideral, es decir todo el complejo universal, se nos comienza a presentar como una cosmogonía antitética que habla por sí misma mediante las fuerzas que ascienden a la conciencia y que ingresan sin ser analizadas, ni enmascaradas, sino que nos penetran puras, como si ello significase inventar la creación: el hombre desnudo, conjunto explosivo que dentro de la inestabilidad dialéctica encuentra su razón de ser.

Y en este canto filogenético el hombre surge como expresión perfeccionada de lo viviente. Se enseñorea y trata de separarse de su origen desconociendo los impulsos que nos hermanan a los peces, a los invertebrados, al barro original. Pero resulta que este desprendimiento es generador de angustia, de desgarramiento, de lucha, de dicotomía entre la materia hecha cuerpo y el destino como alienación. Es el retorno del hombre a las fuentes primigenias, es un proceso inacabado, que procede de las vivencias elementales, de los impulsos ancestrales, de la vociferación, de la liberación, de la entrega al mundo; “un sacarse a sí mismo”, que se expresa poéticamente. Y para ello Juan Cristóbal se abandona al silencio y al retraimiento como queriendo beber de la imaginación y de la oquedad interior. Y así comienza a brotar su canto ininterrumpido que sin aliento ni pausa, se convierte en palabras enhebradas entre sí, explicándose unas con otras, como partes de un todo cuya coherencia se descubre en el canto mismo, en las letras que desfilan plenas de significado y en donde las mayúsculas y minúsculas son acordes plenos de fuerza y fugato o de adagio encantado.

En casi todos los poemas, que son expresiones poéticas de la misma coyuntura, aparece el hombre ancestral, enajenado y perdido en un mundo de formas vivientes, estremecido en su circuito vital, ángel caído, mono superior, pájaro y constelación, fuente y fin de todas sus culpas. Y en otros momentos el movimiento es devorador y alucinante; no da tregua, es caótico y se mueve como nebulosa naciente (…).


¿Y el tiempo? Dimensión real como la materia misma, cruel como la vida, implacable como la curva de los días, como el sueño y la vigilia. El tiempo que todo lo remite al pasado devorando el presente y donde el futuro sólo es proyecto insubstancial. El tiempo. En uno de los poemas sobre “Los meses”, marca el final de esta peregrinación del hombre a través de su trayectoria filogenética, despertando a la conciencia, viviendo en el tiempo y en los meses. Y no puede sino gritar y lanzar imprecaciones contra el calendario que acciona como hierro aprisionante. Ahí está la edad irrenunciable, la metamorfosis humana, los desvelos y frustraciones, los triunfos y desgarramientos y el sórdido mutismo de los dioses que no auxilian al hombre. Y en ese poema, al final exclama ¿Y el tiempo? Dimensión real como la materia misma, cruel como la vida, implacable como la curva de los días, como el sueño y la vigilia. El tiempo que todo lo remite al pasado devorando el presente y donde el futuro sólo es proyecto insubstancial. El tiempo. En uno de los poemas sobre “Los meses”, marca el final de esta peregrinación del hombre a través de su trayectoria filogenética, despertando a la conciencia, viviendo en el tiempo y en los meses. Y no puede sino gritar y lanzar imprecaciones contra el calendario que acciona como hierro aprisionante. Ahí está la edad irrenunciable, la metamorfosis humana, los desvelos y frustraciones, los triunfos y desgarramientos y el sórdido mutismo de los dioses que no auxilian al hombre, por eso exclama desafiante frente a lo irrenunciable, ante el destino que termina en la muerte; “Venid meses de hierro, aquí os espero, en el corredor aturdido de las noches separadas”, frase final de la trágica aceptación de vivir en el tiempo.

5.1.14

LECTURA DE ANDREA QUEROL SOBRE “NADA QUE DECLARAR” DE TERESA RUIZ ROSAS

El nuevo libro de Teresa Ruiz Rosas.

Lectura de Andrea Querol sobre Nada que declarar de Teresa Ruiz Rosas
(Presentación en el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán el 11.09.2013


A Teresa Ruiz Rosas la conocí hace sólo un par de años en marzo de 2011. Me contó que estaba escribiendo una novela con la trata de personas como tema de fondo. Conversamos largo sobre la situación nacional e internacional en relación al delito. Me llamó mucho la atención su enorme interés y su gran sensibilidad. Además, era evidente que tenía muchísima información sobre el tema y lo que ocurría en Europa y en el mundo. Hace algunas semanas me llamó y me pidió presentar hoy su novela y, la verdad, para mí es un honor.

Leer Nada que declarar, a pesar de conocer sobre el tema de trata y de saber y haber visto de cerca el sufrimiento de las víctimas, me ha conmovido; la novela me fue ganando: es entretenida, pero además muy bien documentada, entre otros temas, con relación al de la trata, haciéndome repensar algunas cosas con otra óptica… Lo interesante de esta novela, que puede ser cruda por partes, es que a la vez se entrelazan historias de amor, de amistad, que transmiten ese otro lado bueno de las cosas y de las relaciones humanas. Y está también la historia de Gastón Solís, el Hombre de los Libros Rojos, el peruano que en Alemania, en los años 60, imprime de manera clandestina libros prohibidos, progresistas, de las décadas de los veinte y treinta, que permiten a los jóvenes de la época informarse con libros del pensamiento contestatario.

En la presentación de la novela que hizo Marco Martos hace algunas semanas, dijo que se trataba de una novela río que se expande y en la que van surgiendo los personajes. Y, en efecto, es como él dice. A lo largo de la novela surgen no sólo los personajes, sino las historias, todas hilvanadas a través del personaje central, Silvia. Y cada historia, a medida en que se va desarrollando, va adquiriendo un sentido, que la vincula a la historia de violencia y dolor de Diana Postigo que se desarrolla en paralelo (una Diana que se llama Dianette en alusión al nombre de un tipo de sandalia). Y digo en paralelo porque mientras Diana confía y es engañada, encerrada y explotada, Silvia confía también, y toma riesgos (de hecho es más arriesgada que Diana y se respira el peligro al que se expone), sólo que en su caso, cada vez que pareciera que sufrirá las consecuencias, algo ocurre que mitiga o evita que se vea envuelta en una situación de violencia o de abuso; en el lector, va generando una sensación de suspenso, de angustia.

Esta noche quiero ante todo transmitir una serie de sensaciones, reflexiones e interrogantes que fueron motivadas por la lectura de la novela de Teresa. Me han pedido que el comentario sea en torno al tema de trata, y en eso me voy a centrar. Desde las primeras páginas se hacen presentes todos los elementos de la trata y, a lo largo del relato, nos encontramos con que los datos que recoge la autora son precisos. Aunque escoge a Diana, una peruana, para representar a la víctima de trata, también nos cuenta que en Europa no son las peruanas las más cotizadas, en todo caso no son las que llegan a Alemania. En 2010, CHS Alternativo hizo una investigación que permitió precisamente demostrar que llevan más víctimas de trata a Europa procedentes de otros países como Brasil o Colombia e incluso Ecuador. Pero a lo largo de la novela, Teresa también nos ofrece estadísticas, cifras sorprendentes: – por ejemplo, que en Alemania, para el 80% de la población la prostitución es algo normal; – o que hay en España ½ millón de mujeres con destino al mercado sexual, procedentes la mayoría de Nigeria, Colombia, Ecuador o el Este europeo. – O que en Alemania, de 360,000 mujeres en el mercado sexual, más del 60% son extranjeras. Todas, claro, cifras aproximadas, porque a las mujeres en el momento de los operativos, las esconden de la policía… (Más aún si son menores de edad). Y si son casos de trata, es aún más incierto. Así, encontramos información bastante precisa sobre la situación de las víctimas de trata en general: cómo son captadas, luego sometidas y explotadas, pero la autora también transmite con una enorme sensibilidad lo que es el sufrimiento de estas mujeres vejadas, aisladas y sin salida. Finalmente, el lado del tratante, del proxeneta, rufián, sus roles, su conducta violenta, abusiva, de cosificación de la mujer.

Quisiera recorrer algunos momentos (aspectos) de la novela que considero claves y compartirlos con ustedes:

1.- LA VIVENCIA DE LA PERSONA QUE SE ENCUENTRA EN SITUACIÓN DE TRATA: está muy bien plasmado lo que tiene que ver con el sufrimiento de las víctima, la desesperación de las mujeres, la rabia y la impotencia, la depresión que va minando las ganas de salir (p.156) o escapar, y que puede incluso llevarlas al suicidio: y cómo esto se repite una y otra vez en diversos casos. Son CICLOS.

Diana, engañada al ser seducida a los 17 años (justo antes de cumplir los 18) y que vive recluida sin dominar el idioma, sin conocer la ciudad, sin visa o documentos para facilitarle la huida, no se quita la vida, por su mamá y porque desea reparar el dolor que le puede haber ocasionado su ausencia. Esa es la esperanza que tiene. Hay esperanza. Jhinna, en la vida real, nos contaba a nosotros (en el CHS) que no se quitó la vida por su hija.

Teresa también describe claramente la situación de control absoluto de parte del tratante: incautación de documentos de identidad, DNI, pasaporte, la falsificación de documentos nuevos si fuera el caso, cómo la correspondencia pasa por el filtro del tratante, etc. Todo está allí. En el Perú observamos la misma realidad, salvo que en vez de controlar la correspondencia, es el celular o teléfono el que está controlado por el tratante. También el control de matones es un hecho, la permanente vigilancia, tuvimos un caso en Iquitos.

Y está la sensación de indefensión de las víctimas: el sometimiento, el miedo a la denuncia, el miedo a que las maten, el miedo a regresar a sus casas y a ser estigmatizadas, el miedo a no encontrar trabajo, o a no ser capaces de aprender otro oficio si lograran escapar…

Una de las principales formas de enganche de las víctimas (tanto para explotación sexual como laboral) es la servidumbre por deudas, que acá también está claramente descrita (p.154). Lo descrito es lo que ocurre: Los relatos de las víctimas que entrevistamos y atendemos, a veces parecen fantasiosos por lo terrible que surge cuando se entra en los detalles, pero a veces lo más simple (me engañó mi pareja, me fui con mi tía, mi mamá me dijo que vaya) revela situaciones difíciles de imaginar, y cuyo relato está impregnado de sufrimiento.

2.- LA TOMA DE CONCIENCIA DE LA REALIDAD (O LA NEGACIÓN DE LA MISMA): Silvia la traductora (el personaje principal) viaja en tren con cierta frecuencia a Düsseldorf sobre todo por motivos de trabajo, y eso es lo que le permite ver el Edificio una y otra vez (la primera vez en el 86), desde el tren se puede observar las ventanas numeradas con las chicas exhibiéndose, y el que quiere puede llamar incluso desde el tren para averiguar. Y ella ha escuchado a más de un grosero “gritando sobre las ventajas o desventajas de un número”, ventilando su machismo y soltando bromas, sin importarles la presencia de otros pasajeros. Un vuelo a Iquitos con trabajadores, por ejemplo, revela la misma actitud: en tren o avión, en Alemania o en Perú.

En efecto, el Edificio fue construido por el Estado en 1962, como nos informa la autora (p. 63-64), y la intención era aislar a las mujeres de vida ligera. Para ordenar y limpiar la ciudad: “moderno complejo habitacional de 4 bloques residenciales para jóvenes ligeras”. (cita Die Zeit). Para muchos, muy práctico porque se esconde el problema, y así uno se cree lo que quiere… y no ve lo que no quiere ver. Silvia, cuando se inquieta por lo que observa, y se pone en el lugar de las mujeres encerradas, pregunta a su alrededor, y confirma, que muchísima gente que pasa por allí, ni siquiera se ha fijado en el edificio, y si lo ha visto, no le ha llamado la atención. Recibe respuestas como: toda la vida ha sido así. ¡¡¡No lo vas a cambiar!!! Esto forma parte de la invisibilidad del problema: se camufla dentro de la tolerancia social, y se sombrean los casos de trata con los casos de prostitución. En el Perú es exactamente igual: el bar La Noche en Piura es un ejemplo claro de esto. Y Silvia cita a Albert Einstein: “nos advirtió antes de 1955 que el mundo no está amenazado por las malas personas, sino por quienes permiten la maldad.” (p.64 -65). Yo también recuerdo haber estado en Ámsterdam en la zona roja y haber tenido la sensación de que estaba rodeada de un mundo surrealista y no podía evitar preguntarme cuántas de esas jóvenes en las vitrinas eran mujeres que estaban siendo obligadas y estaban en situación de encierro. Quizás lo que más impacta es no sólo ver la cantidad de hombres, muchos de Europa del Este, en grupos, bebiendo y claramente yéndose de putas, sino a todo tipo de turistas observando con curiosidad y pasándola bien; y lo otro que impacta es darse cuenta de que uno forma parte de ese grupo de turistas que también observa pasivamente desde afuera. Eso está muy claramente graficado en la novela de Teresa: la pasividad de la población que simplemente se da porque la vida cotidiana hace muchas veces pasar por alto lo que ocurre a su alrededor.

3.- DÜSSELDORF: LA GRAN PARADOJA: En una Alemania que, como describe bien la autora (y además lo hace presente a lo largo de la novela), tiene un desarrollo intelectual, cultural y político tan avanzado, llama la atención de Silvia, cómo puede convivirse con tanta indiferencia con algo tan terrible como la trata de personas: con una avenida, la KÖ, que es la más cara y exclusiva de Alemania, y siendo la ciudad con más galerías de arte por habitante del país… Sin embargo, a pocas cuadras de la estación central: quienes entran o salen de la misma, pueden ver la edificación con sus 100 ventanas numeradas (como un calendario de adviento, sugiere Silvia Olazábal). Y entonces aparece la pregunta que obviamente está planteada: ¿la educación, la cultura son determinantes, importan para impedir la trata de personas? Pareciera indistinto… No es un tema de cultura, no es un tema de educación, no es un tema de poder adquisitivo. Es un tema de poder (como bien lo menciona Teresa en su libro), de un ser humano sobre el otro, (que es atractivo/adictivo para quien detenta el poder) y, esencialmente, un tema de poder económico. Además, es un tema que involucra la corrupción, y, por otro lado y por sendas separadas, es un tema de valores. Se da por igual: Düsseldorf o Iquitos, tren o avión. Profesionales (ingenieros) que se dirigen a Iquitos por semanas a trabajos de exploración, por ejemplo, que son gente preparada, leída, etc.

4.- LA LIBERACIÓN: En la novela se describen claramente los sentimientos encontrados de Silvia, cuando se encuentra por primera vez en la estación central con Diana Postigo, que acaba de escapar, y le pide ayuda. Se debate entre la sensación de tener que ayudar, y las dudas y los prejuicios ante la golfa, la prostituta. Estos son sentimientos y conductas que en efecto suelen estar presentes en las personas, en el ciudadano de a pie. Hay un estigma y se despierta un rechazo hacia la prostituta y que probablemente se darían en cualquiera que se encuentre en una situación similar. Y surge la pregunta de cómo puede entonces una víctima salir y buscar ayuda.

Hasta ahora, también en el Perú, las liberaciones están sujetas al azar y la suerte: Eso es lo que encontramos en muchísimos de los casos: la suerte de encontrar a alguien que las ayude a escapar:
– un cliente más sensible, que piensa en sus hijas, que se solidariza con el miedo
– un vigilante, que decide no hacerse cargo del sufrimiento de alguien que lo conmovió más que otro
– un tío que paga por rescatar a su sobrina y cuyos tratantes tienen mucho que perder si se resisten
– un descuido del tratante o los matones (se sabe de un caso en Iquitos, por ejemplo)
– el bolso lanzado por una ventana enrejada, con un papel escrito con lápiz de labios pidiendo ayuda (fue el caso de una peruana en Chile).

Pocas veces es un operativo policial bien planificado. La intervención del Estado se hace necesaria de manera sistemática. La policía sabe dónde están las víctimas y muchas de las menores de edad.

Preocupa lo que ocurre en Europa. Alemania se caracteriza por tener cifras importantes de víctimas de trata. (Por ejemplo, el mundial de fútbol llevó a cerca de 40 mil mujeres, ya desde el 2005 se había iniciado la campaña.)

En el Perú, específicamente en Iquitos, los policías nos han dicho que saben, pero no tienen dinero para el seguimiento, pagar informantes, o el operativo. Por ahora, ante la ausencia de la intervención del Estado, queda el azar. Las víctimas sales de su situación de cautiverio por esas circunstancias (el bolso en Chile, el tío que paga por el rescate, etc.)

5.- LA IMPORTANCIA DE COMUNICAR: El 8 de Marzo del 2006, Diana Postigo, de 20 años, escucha radio “La hora Latina en Radio Multicultural” y además de identificarse con la música de Susana Baca, (soñando con su libertad, y recordando su familia, su vida en el Rímac), sigue con enorme interés a la locutora (Lorena), que se convierte en manos de Teresa, en la voz amiga de Diana: se convierte en un personaje clave para ella, de soporte, que además le ofrece información, estableciéndose un vínculo fundamental para ella. La escuchó por primera vez un año antes: le hicieron una entrevista a una periodista. Alice Schwarzer, que dice “lo que allí compran los hombres no es sexo sino poder. Que lo que enciende a los clientes es su poder de mando y el servilismo de ellas: Esas dos frases, que Lorena Marín tuvo la precaución de repetir tres veces en español para que ninguna, ningún oyente quedara sin entender a cabalidad fueron el motor que acabaría cambiándole de nuevo la vida”.

Y Diana piensa que es increible: “que alguien sin conocerla ni en pelea de perros, le explicara a Dianette Pöstges lo que Dianette Pöstges hacía.

Y aunque Diana no sabe que se festeja el Día Internacional de la Mujer, algo mueve una fibra adicional en ella, que la motiva a seguir adelante, y pensar en salir de su situación de esclavitud.

Y en determinado momento Diana (p.17) se dice cuánta palabra difícil; tremendo vocabulario maneja la amiga Lorena. Y escucha atentamente, porque le gusta oír a Lorena, identificándose con el discurso que habla sobre la injusticia, informando, pero esencialmente denunciando la explotación de mujeres.

Se hace fundamental llegar y comunicar a la población vulnerable y a las mismas víctimas. La radio es un instrumento poderoso de prevención y de motivación para el escape: ¿por qué no? Debemos usarlo más, debemos tener un programa específico en alguna radio, que las mujeres puedan sintonizar, que poco a poco les permita escuchar teléfonos, tipos de ayuda, de otras realidades que las hagan sentirse más acompañadas. En nuestro medio, es fundamental: y no basta con un spot de cuando en cuando. Se requiere algo constante, de conversación (algo así como lo de Maestre), pero mínimo 1 vez a la semana, algo que llegue a nivel nacional. A las zonas alejadas, lo único que llega, con suerte es la radio. En castellano, en quechua, en aymara.

Y la comunicación debe darse también por escrito…

6.- EL LIBRO: Siempre he tenido claro que hay que llegar a la población vulnerable y de alto riesgo, con simpleza pero con claridad; para poder informarles, advertirles, alertarlos… Pero también es fundamental sensibilizar a todas aquellas personas que de una u otra manera pueden ser parte de la cadena de la trata: parte de la demanda, cómplice en el silencio y la indiferencia, permitiendo el sistema… Y eso, Teresa lo logra… A través de Diana, la autora le da voz al sentimiento de cualquier víctima de trata y entre otras cosas al deseo expresado por Diana a Silvia, de que su historia sea relatada, escrita, y pueda ser eventualmente seguida por sus compañeras de ventanas (p. 150). En la página 153 Silvia le dice e Diana que es optimista en cuanto a índices de lectura y yo pensaba que si el libro puede llegar por lo menos a manos de algunos habitantes en el sector de Düsseldorf del edificio, o a quienes que pasan en tren frente al ventanal y se sensibilizan frente al tema ya se está haciendo mucho, en términos de prevención.

Contar su historia es fundamental (hemos tenido los casos de Jhinna, Ashaninkas)
Es una manera de liberar algo, de dejar de esconderse, de dejar de tener vergüenza, pero también liberar la esperanza. De que se haga justicia, de que aparezcan sus hijos, de recibir la ayuda que requieren para salir adelante.

Éste es un libro lleno de reflexiones, de propuestas y análisis sobre la libertad, el involucrarse o no, el rol de los que “miramos”. Lo lleva a uno a identificarse con muchos sentires, y a preguntarnos nuevamente: ¿cómo llegar a prevenir la trata?

Como dice Diana finalmente: “a cuántas chicas se les prendería el foco si saben lo que he vivido; novela o no novela ya da lo mismo, la cosa es que vean el peligro, no pisen el palito cada vez, se ahoguen en el tarro de miel como moscas”.

30.10.13

JOSÉ VILLANUEVA CRIALES: UN LIBRO SOBRE UN DIVÁN (SOBRE “MI FAMILIA Y OTRAS MISERIAS” DE ORLANDO MAZEYRA GUILLÉN)

Nuevo cuentario de Orlando Mazeyra Guillén.

UN LIBRO SOBRE UN DIVÁN


Por José Villanueva Criales

Para leer el libro Mi familia y otras miserias de Orlando Mazeyra Guillén es aconsejable disponer de un cuarto ventilado y tranquilo con un diván y una silla, similar a la oficina de un psiquiatra. En la silla nos sentaremos nosotros y en el diván apoyaremos el libro. Luego, devotos de la rapsodomancia, abriremos una página a la suerte.

Las historias con las que nos toparemos; entre la crónica, la ficción y los recuerdos súper lúcidos del tercer día de la borrachera, tienen la habilidad de vaciarse en el lector poco a poco, con gran calma y parsimonia. Este es un libro que se absorbe por goteo, son pequeños alfileres los que pinchan las yemas de los dedos con una naturalidad premeditada que aleja totalmente la idea de un dolor trágico para convertirse en un complot de memorias exiliadas y reunidas por el autor. Mazeyra ha decidido liberarse de sus demonios poniéndoles títulos. El libro llora en el diván lo que él ya no quiere llorar en su casa en Arequipa.

Mi familia y otras miserias tiene la curiosa facultad de gritar silenciosamente una pesadumbre que rueda siempre más acá de los recuerdos. La lejanía, condición esencial en la obra, ha perdido su connotación temporal para ganar una nueva connotación narrativa. Si bien es claro que en el libro se habla sobre relatos del pasado que el autor ha vivido y mucho más importante: recuerda; nada hay más equivocado que pensar en esta obra como una galería de memorias tristes. El autor no ha evocado nada que no esté en su bolsillo en este preciso momento, nada que no lleve consigo todos los días como un bocio lleno de alcohol barato en el cuello. La lejanía habita la narración. Las historias son contadas de una manera tan ausente que, aun aberrantes y grotescas, es imposible pensar que no sigan transcurriendo ahora mismo y nunca dejen de hacerlo. La cura de Mazeyra es la eternidad. Sólo eternizando los momentos trágicos como si hubieran sido grabados con una cámara oculta es posible revisitarlos con serenidad; recuerdos que se hacen más claros y menos dolorosos.

Es muy latente el retrato de relaciones familiares intensas y descarnadas en la obra, pues para Mazeyra la familia se expone en tanto dimensión biológica, como un sino genético insalvable del que no se puede huir y cuyo estandarte se lleva siempre en un lugar profundo del cuerpo. Este pensamiento otorga al libro una de sus facultades más apreciables: la de no lamentarse. El libro es pesado como un tótem, y con este “pesado” no nos referimos a la complejidad narrativa o estilística del mismo, el libro es pesado porque si bien una versión final de su manuscrito ha sido entregada a la editorial Tribal, la versión original del autor ha sido rociada con alcohol y quemada. El último de sus puntos finales es una invocación al olvido. Si se sigue el consejo inicial se podrá probar que el diván ha quedado marcado por el peso de las palabras después de la sesión de lectura y el lector, atónito y conmovido, sólo podrá dar un último consejo: Señor Mazeyra, cuide mucho de sus hijos.


La Paz, octubre de 2013.

31.8.13

“PALACIO DE JUSTICIA”, UN CANTO VIOLENTO Y POLÍTICO

Nuevo libro de Dalmacia Ruiz Rosas.

Por Willy Gómez Migliaro

He seguido y he estudiado la trayectoria poética de Dalmacia Ruiz-Rosas Samohod desde hace más de veinte años, en ella su escritura sigue siendo un movimiento de composiciones estéticas y políticas que la han ido consolidando como una de las voces más originales de nuestra poesía, digo esto porque la construcción de su obra es el corpus total de un país imaginario (por tomar un  verso de Parra) y explicar mejor los lenguajes de los sujetos hablantes reinventándose desde sus decires y haceres propios, siempre desde la acción política o desde la convivencia de la violencia cuyos sujetos hablantes no hacen sino reafirmar sus procesos de identidad. Y todo ello desde la claridad del lenguaje, asumiendo una coloquial forma moderna y esencial del canto. La obra poética de Dalmacia Ruíz Rosas constituye, entonces, una pugna que violenta toda historia real en la composición de una épica urbana.

Pese a haber sido escrito hacia el año 81, Palacio de justicia de Dalmacia Ruiz-Rosas Samohod tiene la vigencia de un tiempo cíclico que ha ido marcando las convenciones del habla popular en busca de sus propias definiciones y significantes; y son los protagonistas fragmentados del libro: Amalia, Stella Puelles y Ana Laipe quienes emergen desde la intemperie para nombrarse y nombrar un tiempo destructor y un tiempo constructor, digamos, un alcance de liberación “cuya violenta autonomía destruye todo alcance ético”.

Palacio de justicia se enmarca dentro del conflicto de la violencia política que vivió el Perú hacia los años 80, es decir, de la guerra civil entre las fuerzas del poder y los grupos levantados en armas. La carga ideológica entre el pensamiento marxista-leninista y maoísta y la anarquía undergruond o subterránea que recorre el libro, no son sino otras de las “convenciones del lenguaje” que fija el mundo real creado, el tono difuso de un discurso privilegiado.

El discurso fragmentario en Palacio de justicia constituye una épica urbana (como lo he mencionado al comenzar) las protagonistas del libro interactúan entre una radical individualización y la otredad o su construcción a partir de la alteridad y la oposición. O sea, Amalia, Stella Puelles y Ana Laipe tratan de decirnos que el “Otro es aquello que nunca fuimos, o no somos y no seremos”. Incluso, en sus levantamientos y arrebatos de búsquedas de liberarse de toda opresión, parecieran decirnos que el “Otro es lo que no queremos ser”. Y entre estas nociones, los sujetos hablantes femeninos de origen popular en Palacio de Justicia buscan la redención frente a la violencia organizada del sistema, y es ahí que toda la obra se va construyendo a través de múltiples asociaciones que nacen de la imaginación y los sentidos del yo poético.

Estas protagonistas sufren, particularmente, de la opresión de un sistema y tienen a su vez la necesidad de constituirse en una fuerza decisiva para la victoria que es su propia emancipación; a partir de ahí viene primero el reconocimiento de su propia naturaleza y luego el accionar, o sea, la negación para golpear una sobre estructura moral, cultural e ideológica ampliamente ramificada, portadora de principios oscurantistas, reaccionarios y anti-femeniles como son la subordinación al hombre como condición natural, su función maternal y familiar primaria como asignación divina, el matrimonio indisoluble, la familia como centro de sus relaciones humanas, sociales y afectivas.

Todo ello sumado a la existencia de la propiedad privada y la explotación del hombre por el hombre, serán actos de subversión por parte de los sujetos hablantes femeninos, quienes en busca de la abolición de la esclavitud, no solo de la mujer, re-velarán sus propias individualidades, sus propias formas de organizarse y comprometerse en la construcción de una nueva democracia, pero serán ellas las que re-establecerán ese orden o desorden, mientras les sea restituida su dignidad.

Así, Amalia odia todo lo que oprime, Ana Laipe ama sus convicciones y Stella Puelles se enfrenta a sus insatisfacciones, pero en el palacio de la justicia o en el espacio de su propia liberación, estos sujetos, también, reconocen de que nada tiene sentido o significado; no se inclinan ante ninguna autoridad, no aceptan ningún “principio como artículo de fe”, en otras palabras, un nihilismo agresivo donde el ánimo colectivo o una proyección personal enfermiza, lidia con el significado de la existencia en ese desatarse de las opresiones de un mundo capitalista.

Depara a estos sujetos poéticos y femeninos, finalmente, un mundo productivo reconocible, donde una forma de reinserción autogestionaria las libera en sus procesos de identidad; así vemos y sentimos en ellas actos de organización, formación y fundación de un centro social donde extender esas batallas, pero sin divergencias.

Con Palacio de justicia, Dalmacia Ruiz-Rosas Samohod ha construido una de las obras más sólidas de nuestra poesía, y en este proyecto se inscriben los dilemas de la existencia humana desde el terror de la violencia que se incorpora a nuestro imaginario y nos confronta en la real ficción de lo ajeno para que podamos o no, tomar partido por las cosas o por la vida misma.

Bar Queirolo, Centro de Lima, julio 2013.

13.5.13

MIÉRCOLES 15: CONFERENCIA “JOSÉ MARÍA ARGUEDAS Y EL BOOM” DE CARMEN MARÍA PINILLA‏

Afiche.

CONFERENCIA
“JOSÉ MARÍA ARGUEDAS Y EL BOOM”


La socióloga Carmen María Pinilla ofrecerá la conferencia “José María Arguedas y el Boom” el miércoles 15 de mayo, a las 7:00 p.m., en el Centro Cultural Inca Garcilaso de la Cancillería (Jr. Ucayali 391, Lima), como parte de un ciclo dedicado al momento de auge de la literatura latinoamericana conocido como el “boom”, y a la literatura peruana frente a este fenómeno. EL INGRESO ES LIBRE.

Desde temprana edad José María Arguedas construyó un modelo de escritor que trató de cumplir a lo largo de su vida. Su contenido estuvo determinado por sus experiencias biográficas y por las lecturas que realizó desde los 14 años.

Carmen María Pinilla, socióloga, con maestría en Estudios Teóricos del Psicoanálisis (PUCP). Es una estudiosa de José María Arguedas. Desde el Archivo Arguedas de la Biblioteca Central de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) ha ubicado y publicado cartas y otros documentos de Arguedas bajo el sello del Fondo Editorial de la PUCP y del Congreso de la República. Ha formado parte de la Comisión Nacional Centenario José María Arguedas.

9.2.13

HACIA LA REPATRIACIÓN DE LOS MANUSCRITOS DE GAMALIEL CHURATA.

Existe mucha obra inédita de Gamaliel Churata.

Hacia la repatriación de los manuscritos de Gamaliel Churata.


Por Juan Zevallos Aguilar (Ohio State University).

Después de participar en el “Simposio Internacional sobre Estudios Transandinos” en la Ruhr-Universität Bochum, que tuvo lugar entre el 31 de enero y 2 de febrero, en un suburbio de la ciudad alemana de Dusseldorf, un grupo de participantes nos dirigimos a Berlín. La mayoría tenía el plan de visitar la legendaria biblioteca del Ibero-Amerikanisches Institut que conserva joyas bibliográficas sobre y de Latinoamérica que sólo se encuentran allí. Otros querían ver las películas que concursan para obtener los Osos de Oro del Festival de Cine de Berlín que se realiza durante esta semana. La primera noche en Berlín cenamos en el restaurant pub “La batea” donde se juntaban los exiliados chilenos en tiempos de la dictadura de Pinochet. Entre varios, Antonio Skármeta era un asiduo cliente. Los dueños, los Vergara, son chilenos y las meseras son guapísimas cubanas. La mayor parte de los clientes son alemanes que tratan de practicar su castellano con interlocutores bilingües. En una mesa cercana destaca una “top model” rubia que conversa en alemán y castellano con un hombre de la tercera edad que habla con acento boliviano. El menú es ecléctico. Contiene una selección de los platos más conocidos de los países latinoamericanos. Cuando los veo en las mesas aledañas, me doy cuenta que la fusión culinaria ha tenido lugar en todo el mundo. Noto que al lomo saltado y a la papa a la huancaína le han añadido otros ingredientes, quizás sauerkraut. En una mesa charlamos Riccardo Badini, el editor del libro “La resurrección de los muertos” (2011) de Gamaliel Churata, Marco Bosshard, crítico suizo de literatura latinoamericana, y quien escribe estas líneas. La mesera nos sirve con una cálida sonrisa y empezamos a comer empanadas de carne y queso, acompañadas de pico de gallo (salsa mexicana) y tomamos vino tinto chileno, en un afán de encontrar un pedazo de Latinoamérica en la fría y nublada ciudad de Berlín.

Continúan las conversaciones iniciadas durante el evento de Dusseldorf en “La batea”. Marco Bosshard se despide prometiendo un paseo a la Alexanderplatz al día siguiente. En la mesa quedamos Riccardo y yo. Con canciones de Willy Colón, Luis Miguel y Lucho Gatica de música de fondo, hablamos sobre Gamaliel Churata y pedimos una segunda jarra de vino tinto. De pronto irrumpe el tema de los manuscritos del autor de “El pez de oro”. Le cuento a Riccardo que corre el persistente rumor en el Perú de que él posee los originales y, cuando le llegue la época de las vacas flacas, los peruanos piensan que él los venderá a alguna biblioteca europea o norteamericana para asegurar una holgada vejez. Riccardo se incomoda, enuncia un “maremma maiala” que no entiendo, pierde su humor italiano y me aclara, con voz alta, que el rumor es tan falso como la honradez de García Pérez o la enfermedad terminal de Fujimori. Me enfatiza que los herederos de Gamaliel Churata no son tontos. Son conscientes del valor de la obra de su padre y atesoran sus manuscritos. A Riccardo sólo le permitieron sacar fotocopias y que si no se apura en estudiarlas las va a perder definitivamente. Añade, con melancolía, que las copias fotostáticas se hacen cada vez más borrosas con el paso del tiempo y, por el lento ritmo que ha adquirido su investigación por sus múltiples responsabilidades académicas, teme que sólo va a encontrar una ruma de papeles amarillentos en los próximos meses.

Luego de la aclaración, Riccardo está más calmado. Ha recuperado el humor. Le hago más preguntas y me cuenta una saga de cómo tuvo acceso a los manuscritos. Yo ya sabía parte de la historia después de leer entrevistas que le hicieron a Riccardo en varios medios. Le hago preguntas aclaratorias sobre los libros inéditos y los hijos de carne y hueso de Churata. Me da la primicia que con la ayuda de su colega sarda, Paola Mancosu, están elaborando la edición crítica de la poesía completa en la Universidad de Cagliari, Cerdeña. Me cuenta que Fedor Peralta, hijo mayor de Churata residente de la ciudad de Nueva York, falleció antes de la publicación de Resurrección de los muertos. Churata tiene varios nietos y todavía pocos biznietos. Los dos hijos sobrevivientes están en base siete. Estrella Peralta vive en la ciudad de Nueva York y Amaratt Peralta reside en Miami. No son tan afluentes como otros rumores los pintan.

Hablamos sobre el perdón que el congreso peruano le ha pedido a Gamaliel Churata a principios de febrero de este año. Recordemos que el autor de “El pez de oro” fue despedido y deportado por la dictadura de Sánchez Cerro en 1932. Cuando retornó al Perú en 1964 fue maltratado otra vez por las autoridades de la burocracia gubernamental. En este evento habló en nombre de la familia Estrella Peralta y leyó un emotivo discurso donde perdonaba al Estado peruano. Coincidimos con Riccardo en la apreciación de que fue un buen gesto del gobierno, pero si se quiere hacer un verdadero reconocimiento al autor de “El pez de oro”, el congreso peruano debería hacer las gestiones para repatriar los manuscritos. Los documentos deberían ser catalogados y conservados en la Biblioteca Nacional del Perú. Así estarán disponibles para los investigadores de todo el mundo.

Esta propuesta no es tan disparatada. El congreso y el gobierno peruanos ya están otorgando pensiones especiales y premios a artistas y escritores. En una época de bonanza económica, 100 mil dólares, por ejemplo, no son nada si contribuyen a la creación de un fondo del gobierno peruano y las corporaciones que están haciendo de las suyas en la exitosa economía neoliberal. Si los funcionarios de la Biblioteca Nacional no se apuran, una biblioteca europea o norteamericana va a comprar los manuscritos a sus herederos. Otra vez los ciudadanos peruanos residentes en su país se verán privados de la consulta de estos documentos que necesitan ser estudiados. Las novedades sobre nuestra cultura e historia vendrán desde afuera como siempre ha ocurrido. La repatriación de los manuscritos es urgente. Este será el verdadero reconocimiento que se merece uno de los más importantes escritores peruanos del siglo XX.

Berlín, 7 de febrero 2013.
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