22.11.08

JIMMY MARROQUÍN LAZO Y LA POÉTICA DEL ALBATROS


Por: Carlos Eduardo Quenaya

Hay poetas que hacen de la contención verbal y de la concisión estilística la cincelada cifra de su materia creativa; escritura que sometida al rigor del aliento artístico corre el riesgo de la extenuación y el silencio. Asimismo, otros poetas construyen su obra a partir de la opulencia imaginativa y de la ruptura del recipiente poético, ensayando versos que actúan como una corriente abrasadora cuyo principal peligro se halla en el despilfarro y el aderezo. A esta segunda especie de poetas pertenece Jimmy Marroquín Lazo. Ya en su primer libro, Dinámica del Fuego, Marroquín demostraba talento para el encabalgamiento lujoso y la exuberancia simbólica. No obstante, es en su segundo libro —Teoría angélica— donde Marroquín desarrolla mejor las posibilidades de su dicción, decantando su discurso a través de ciertas presencias poéticas modeladoras.

La edición de Teoría angélica ha tenido un proceso singular. Libro ganador del Copé de Plata en el 2002, esta edición reúne dos conjuntos poéticos que son susceptibles de una lectura en paralelo a la versión publicada por el autor en el 2006, edición que además de suprimir toda la segunda sección del poemario del 2002, añade una significativa cantidad de poemas que nos informan mejor de la voluntad de composición de Marroquín.

Nuestra lectura, entonces, deberá ceñirse a la referida segunda edición. El primer poema del libro “Balada para un ángel” pone de manifiesto la precariedad de la expresión poética. La permanente semiosis del discurso literario impide al yo poético asumir una actitud ingenua frente a lo que enuncia, haciendo problemática la emisión del discurso: El tiempo alterará el sentido de lo que digo/ y de lo que no digo también, con fingida benevolencia,/ trastocará palabra por otra, búsqueda por carencia,/ allí donde todo es visible impondrá levedad…

Animados por cierto hálito épico, en adelante los poemas tornarán una y otra vez sobre el tema de la creación y la compleja condición del artista. Así, serán numerosos los textos titulados “Teoría angélica” y “Balada para un ángel”, reforzando de este modo la imagen unitaria del poemario. El sujeto de enunciación se representará constantemente como un ser alado incapaz de volar, cuya identidad poética se advierte en continua descomposición, como en el poema “Autorretrato con siete dedos”: Aquí/ inerte/ me miro/ ajeno/ y me desdoblo/ en pos/ de ese otro/ que asume cómodo/ —ah espía intruso,/ ah vigía insaciable que no miro—/ la dudosa identidad/ que me condena/ a ser/ Otro/ Nadie/ Máscara de aire/ y muchos/ muchos dedos. En este mismo sentido, pensamos que es particularmente significativa la tercera “Teoría angélica” del conjunto: Estas alas que aquí veis crecen en mi cuerpo/ y no en el vuestro/ como rugosos alegatos de voces que amo, ignoro y no entiendo;/ estas alas calcinadas/ remedo de mis entrañas de madera, baten el aire inútilmente,/ ensayan levantar el vuelo, revolver la niebla con taimado yerro/ pero tan tiesas chamuscadas sin embargo…

Estos versos nos remiten casi inmediatamente al poema más famoso de Baudelaire: El albatros. El poeta no ostenta sus alas, pues constituyen —por el contrario— motivo de irrisión y zozobra. Leamos un fragmento del poeta francés: Apenas los arrojan allí sobre cubierta, /príncipes del azul, torpes y avergonzados,/ el ala grande y blanca aflojan como muerta/ y la dejan, cual remos, caer a sus costados./ ¡Qué débil y qué inútil ahora el viajero alado!/ Él, antes tan hermoso, ¡qué grotesco en el suelo!...

Marroquín se instala en la moderna tradición poética baudelaireana retomando y potenciando simbólicamente la imagen del poeta-ángel-albatros. Así podemos comprender mejor esta propuesta que se nutre del barroco hispanoamericano a través de Lezama Lima y de poéticas cuestionadoras de la propia actividad literaria como la de Enrique Lihn o la de José Emilio Pacheco.

Si bien creemos que Teoría angélica supone un paso adelante en la obtención de un lenguaje propio y de una concepción poética personal, es necesario señalar que no alcanza, como esperábamos, una regularidad expresiva a lo largo del libro. Una carga adjetival excesiva en los poemas menos logrados nos sugiere más la realización de ejercicios de estilo que de aciertos creativos. A su vez, la recurrencia de los mismos tópicos, sumada a la repetición de los títulos que referimos líneas arriba —aun cuando configuran la unidad del poemario— le confiere también un carácter redundante y monotemático.

Es misión de cada poeta luchar contra sus dones y buscar en los límites de sus posibilidades nuevas versiones de sí mismo. Creemos que la pugna de Marroquín consistirá en demostrarnos que los años pueden volvernos más severos con el arte y más atentos a las concesiones literarias, con el objetivo de marchar siempre a favor por el pedregoso camino de la poesía.

Teoría Angélica, 63 pp.
Jimmy Marroquín Lazo
Lago Sagrado Editores, Lima, 2006

15.11.08

ENRIQUE VERÁSTEGUI REAPARECE CON NUEVO LIBRO: "TEORÍA DE LOS CAMBIOS"


Uno de los más grandes poetas peruanos de los últimos tiempos, Enrique Verástegui (Lima, 1950), vuelve a la escena local con un nuevo texto que ya se encuentra en la imprenta bajo el nombre de “TEORÍA DE LOS CAMBIOS”. Este poemario saldrá en coedición de los sellos editoriales Sol Negro de Lima y Cascahuesos Editorres de Arequipa, y estará en circulación a partir de entre fines de noviembre y los primerso días de diciembre. Aún no hay datos de la cantidad de páginas o el diseño de portada, pero sí, como adelanto del libro, estos dos poemas que a continuación publicamos:
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MAITREYA

Me he sentado a esperar la vejez.
No pienso ni hago nada hasta que llegue otra generación
a desempolvar el brío, los libros dorados, las matemáticas,
el cuerpo, el alma, el universo,
todo ese conocimiento sepultado por el rencor,
la gnosis que demuestra que lo infinito
está en lo finito
donde está, realmente, el universo.

Florecí más que nadie
pero perfidia cayó sobre mí,
doblándome como una flor,
herrumbrándome, y fui silenciado.

Maitreya pasó desapercibido como una sombra por la vida, no dan ganas de llorar?


POESÍA PARA SEÑORITAS
-----------------------------------------------a Vanessa, mi hija científica

Cuando leas poesía
aprende a distinguir lo Verdadero de lo Falso
no todo lo que está bien escrito es Verdadero
y todo lo mal escrito es necesariamente Falso
el Criterio de Verdad es lógica impecable
Falsedad es absurdo más allá de cualquier palabra
así si distingues Verdad de Falsedad
serás una Princesa consorte, comerás uvas frescas
y acertarás cuando leas poesía.

10.11.08

NOTA DE ODI GONZÁLES SOBRE EL CAFÉ AYLLU DEL CUSCO


Queridos amigo(as): el legendario Café Ayllu del Cusco esta a punto de ser cerrado para que en su lugar funcione un Starbucks Cafe. Pienso que el hecho de estar viviendo en Nueva York no me excluye —como puede pensar alguien— de una situación así. Comparto con ustedes esta nota que escribí y que salio publicada en el diario peruano La Republica de ayer domingo:

«Hemos leído en el suplemento Domingo el reciente reportaje sobre el posible desalojo del Café Ayllu, en Cusco, y es como si hubiera recibido un latigazo en la nuca.

En las punas de Cusco, durante las heladas, vi languidecer carneros blanqueando los ojos. Nadie los socorría en aquellos páramos. Sólo la niebla los cubría con su frazadilla ligera. Y ese desamor, la lobreguez que cunde al reparar que algo se acaba de la manera más deplorable, es lo que siento ante esta situación.

En el Ayllu recitábamos El Credo en Quechua con mi compadre Pancho Atawpuma, de Q'eros, ante un celestial ponche de habas con ayrampo. Fue allí donde develamos con el pintor Luis Palao Berastain sus dibujos que acompañarían la edición bilingüe de la poesía de Kilku Warak’a. Allí, en el Portal de Carnes, corregí mis poemas sobre los lienzos de la Escuela Cusqueña y, entre los concurrentes mestizos, presentí al Anónimo de La Catedral, al Maestro de la Compañía. Desde allí, con Ricardo Valderrama y Oswaldo Chanove, escuchamos el tañido de la María Angola que se oye a cinco leguas a la redonda. Y allí conocí, de chico, a Luis Figueroa —pionero del cine peruano— con esa estampa de sonero cubano, y a Raúl Brozovich, poeta, viejo arcángel cascarrabias. Y allí, el pintor Manuel Gibaja —subrepticiamente sentado detrás del mostrador de maicillos— solía bocetar los rostros más subyugantes. Y es del Ayllu del que le hablé al poeta José Emilio Pacheco que, finalmente, aceptó la invitación de ir a Cusco. Le conté que junto a la Basílica Catedral había un café frecuentado por los feligreses del orbe. “Es nuestra Catedral” le dije.

Y ahora, cerrarán el entrañable Ayllu para rentarlo a un café transnacional.

Es legítimo que la arquidiócesis —dueña del local— quiera acrecentar sus caudales. Y yo no soy nadie para descolgar el zurriago con el que Jesús echó a los mercaderes. “¡Más valdría, en verdad, que se lo coman todo y acabemos!”, diría Vallejo. Pero no.

Como un peatón más de la Cuesta de los Afligidos, invoco al arzobispo y a sus adjuntos todopoderosos; al Señor de Los Temblores, humilde y desabrigado: no cierren el Ayllu, sus señorías; te lo pedimos, Señor».

Traten de difundirla, un abrazo, Odi Gonzáles.

8.11.08

BEDOYA Y CATALINA: 4 CUENTOS CORTOS (1)



· DARWIN BEDOYA (Moquegua, 1974):
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¿QUIÉN LLEGA EN LAS NOCHES?
A Giovanna

Apareció intempestivamente en el salón oscuro de la casa. Encendió el equipo de sonido. Puso en la bandeja un CD con una canción muy celebrada y empezó a reconocer el lugar. Traía un cuerpo maltrecho, casi inconcluso. En realidad era un despojo. Aunque las zapatillas estaban bastante nuevas, pero sus ojos no lo sabían; aún así pretendió mirar a todos los lugares hasta donde sus ojos le podían ayudar. Al rato encontró dos vasos whiskeros y el Jack Daniel’s al punto, sirvió en los vasos y luego se reclinó en el sillón de la esquina que tenía un decorado Kitsch, le dio un par de sorbos a su trago, dejó la copa vacía sobre una mesita que estaba entre los sillones. Puso las rosas al costado de la botella y sólo entonces decidió regresar. Le bastó caminar de prisa y atravesar la puerta que siempre estuvo cerrada.

Ahora que han pasado más de cien años, piensa volver nuevamente, por el recuerdo, por la música, por el lugar, por el reencuentro, por el Jack Daniel’s, casi por todo; sólo que esta vez hay un pequeño detalle: la casa no existe y ella tampoco.
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PLAZA DE ARMAS
A A. M.

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Era una clara señal de ejemplo. Daba la sensación de una increíble puntualidad; todos los días, antes de la salida del sol, la estatua ya estaba allí.


· FILONILO CATALINA (Puno, 1974):
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HISTORIA DE UNA HOJA



Esta era una hoja en blanco.


LEUZEMIA
No sé
si quererte con un puñal
o con una flor en las manos
con un puñal al menos sabría que estás viva.


Cuando despertó, lo primero que notó fue su ausencia, y volvió a hundir su rostro entre las almohadas, volvió a sentir esa amargura que, en una especie de masoquismo, disfrutaba —o aprendió a disfrutar desde hacia ya dos años—. Prendió la radio, se puso de pie y vio el mismo rostro frente al espejo, pensó que hacía demasiado frío para bañarse ese día y repitió el acto mecánico de todos los días: agarró el bisturí que había cambiado hacia dos semanas y se hizo un fino corte de forma horizontal, aproximadamente un centímetro en el costado izquierdo; luego se miró ese lado del cuerpo y mientras se pronunciaba un hilo de sangre recordó que era domingo y se volvió a tender en la cama; cerró muy lentamente los párpados y con las yemas de sus dedos repasó e intento contar una a una las cicatrices en la parte superior de su cuerpo. Cuando perdió por quinta vez la cuenta miró lo que alguna vez fuera una fotografía y con una dulce amargura hizo una raya más sobre aquella imagen desfigurada que pendía en la cabecera de su cama; en ese momento, cuando terminó de rasgar la fotografía, con el mismo bisturí que se había hecho el corte, le asaltó la repentina angustia de ¡qué iba a suceder cuando no quede ya más espacio en su cuerpo!; y se llevó una ves más los dedos sobre esa parte que aún quedaba intacta de su cuerpo.
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* Los textos de Darwin Bedoya han sido reproducidos de Aunque parezca mentira (Juliaca, Grupo editorial Hijos de la lluvia & LagOculto editores, 2007); y los de Filonilo Catalina, el primero es inédito, mientras que el segundo apareció en una primera versión en La canción de la cucaracha (Arequipa, Triángulo ediciones, 2003). En la imagen: Otro mundo de M. C. Escher.

4.11.08

LEJOS DEL ALCANCE DE LOS NIÑOS


Por: Darwin Bedoya

Forjar una antología puede ser más peligroso que hacer gárgaras con alfileres. Y a pesar que éstas nunca fueron ni serán completas y considerando que, a veces, los riesgos son los únicos medios que nos conducen hacia un buen punto de partida o una meta codiciada; sin duda, esta antología viene a cubrir un hondo vacío-olvido que alguien por ahí debió perpetrar. Y Walter Bedregal Paz (Tacna, 1969), no sólo llena ese vacío, sino que también lo cubre pulcramente; nos muestra una verdadera labor sin referentes en el medio: obvia la historia de los diversos movimientos y épocas o estilos poéticos (poquísimos realmente en Puno) y, en cambio, asume los postulados de Genette y Deleuze-Guattari, quienes enrumban teorías y estéticas hacia otros horizontes. Su visión literaria se pretende distinta, llegando a unos espacios que tienen rasgos o aperturas de conexión, heterogeneidad y principios de multiplicidad, tal como se señala en los núcleos que configuran los capítulos vertebrales de «Rizomas» y «Mil mesetas» de Deleuze-Guattari.

Este es un libro al margen de toda adversidad. Lejos de esos terribles ánimos de rasgarse las vestiduras o de dimes y diretes que en los últimos tiempos se ha vuelto pan de cada día en las letras puneñas —peor si de incluidos y excluidos se trata—. Por ello, más vale, en el caso de la presente antología, terminar con lo que dice Bedregal en su espacioso prólogo, «están los que deben estar». En este punto también hay que anotar que cada antologador, desde el momento en que publica una antología, estará al corriente de justificar a sus seleccionados, sabrá valorar los textos que estructuran su volumen, y sólo así será un genuino antólogo. Si estamos convencidos de que no existe arte sin malentendidos, también creemos que una antología poética debe multiplicar ese malentendido. Malentendido o pura semiosis, se puede elegir el término, al fin y al cabo, uno sabrá cómo denominar este espacio. Un lector-artista (y al revés) construirá sus lecturas, sus significados dentro del campo semántico que prefiera porque al final, ésas también serán lecturas en plena ebullición, y como sabemos, mientras más lecturas existan sobre un único texto, mejor.

En una edición muy cuidada y con una presentación que deja mucho lugar para la envidia, «Aquí no falta nadie, antología de poesía puneña» (Grupo Editorial Hijos de la lluvia & LagOculto editores, 2008, 302 pp.) reúne 21 poetas, con una breve bio-bibliografía de cada uno de ellos, más una especie de «poética» y una amplia, —muy amplia— selección de textos seleccionados. El prólogo, curiosamente titulado: «Las puertas se han cerrado» (a pesar de poseer cierta desorganización o, según Bloom, «desajustes» para el trabajo necesario del lector —o, tal vez, se haya tomado la propuesta de Ciorán y sus postulados de caos infinito, antes que orden—), es una extensa cavilación sobre la poesía y sus vínculos demostrados a través de la intertextualidad-fractalidad, además de una breve combinación de la temporalidad o proceso de la tradición poética puneña, incluida una interpretación de los textos de los seleccionados, obviamente según el autor de la antología. Y he aquí que se puede hallar el mérito de Bedregal el haber ensayado una teoría de la poesía en las voces puneñas que parten desde Alejandro Peralta y Oquendo de Amat hasta llegar a Luis Pacho, Rubén Soto, Edwin Ticona, Walter Paz, Filonilo Catalina y otros poetas de los noventa. Haber iniciado un nuevo itinerario para seleccionar textos poéticos y no haber claudicado en el intento, cuenta muchísimo en este volumen de poesía puneña.

La antología de Bedregal, creemos, sitúa en el lugar que les corresponde a las voces de Peralta, Oquendo, Miranda, Aramayo, Zaga, y una larga lista que conforman los 21 elegidos (al margen de que quien firma estas líneas pudiera haber sido incluido o no por cuestiones de «geografías», según los «eruditos»). Lo que Bedregal hace es alejarse de esos despieces generacionales consuetudinarios que la crítica literaria, aquella “común manera” que los estudiosos han convertido en canon para elaborar una selección, —es decir: clasificar unos textos, ponerle unas cuantas palabritas como prólogo y listo, ¡antología hecha!—, y en lugar de ello (aunque parezca mentira), como se puede comprobar, el antólogo de ANFN, emplea nuevos mecanismos. Es por ello que en este contexto deseamos ocupar nuestro discurso en tres aspectos que se desprenden de la antología de Bedregal: 1) el carácter intertextual y/o fractal de los textos de sus seleccionados, 2) la ausencia de voces femeninas y 3) de la poesía puneña misma, especialmente de su actual situación y su proceso evolutivo.

U N O:


Hablemos del carácter intertextual y/o fractal de los textos de la antología. Este es uno de los primeros libros de Bedregal, es decir uno de sus primeros sueños cumplidos. Porque la escritura parte de un sueño, de una aspiración que también tiene que ver con la poesía; no hay poeta que no haya basado su poesía en sus ilusiones, en sus sueños dormidos que un día despiertan en el papel a través de versos. Pues como dice el autor de ANFN: No existe otra forma para hablar de poesía sino aquella única que se llama sueño. Y la literatura, la narrativa o la poesía son sólo sueños. Así, en el texto «Habla memoria» el escritor Vladimir Nabokov dice: «he saqueado mis sueños más antiguos en busca de llaves y claves»; luego, en «Cuadernos de notas» Nathaniel Hawthorne escribió: «un hombre, en la vigilia, piensa bien de otro y confía en él plenamente, pero lo inquietan sueños en los que ese amigo obra como enemigo mortal. Se revela, al fin, que el carácter soñado era verdadero. La explicación sería la percepción instintiva de la vida», y en el libro «Un sueño de Armageddón» del celebrado escritor H. G. Wells podemos leer el siguiente diálogo: «ese libro —repitió él, señalando con un dedo enjuto— trata de sueños […] supongo… —dijo titubeando». Entonces, el carácter de los sueños según Nabokov y este fragmento sería la búsqueda de destinos y sinos en los mismos sueños. Mientras que para Nathaniel Hawthorne los sueños suponen el presentimiento de lo que va a suceder; en el caso de H. G. Wells, más cercano a nuestra visión, los sueños serían el contenido de los libros, puro sueños alcanzables y palpables como éste de Bedregal.

Coincidiendo con los planteamientos de Genette y su intertextualidad de parodia y homenaje, el viejo Borges parodiaba a Poe. «El Aleph» es una parodia general de la poesía; Borges parodia a Whitman y a Poe, a quienes consideraba como sus referentes más cercanos. ¿Homenaje? Ese es el rasgo intertextual y/o fractal de los textos. Bajo los postulados de Genette o las explicaciones de Deleuze-Guattari, ¿qué pueden significar estos versos de Walter Paz?: «La nostalgia es una abeja que vuela mil novecientos noventa y nueve veces para crear una rosa» frente a estos de Luis Pacho: «La lluvia era una gota que giraba mil veces para hacer una fiesta después de los crepúsculos», ¿son comportamientos aleatorios?, ¿dinamismos de parodia?, ¿plagio, pastiche, homenaje?; o simple y llanamente intertextualidad y nexos fractales. ¿Importa quién escribió antes o después? En el muy citado libro «Hipertexto 2.0», George Landow dice: «Foucault, Derrida, Deleuze y Guattari entienden el texto como un universo de letras que coincide, en horizontes y limitaciones, con el hipertexto que ha desarrollado la información virtual». Esta misma idea es revalidada por Carlos Soler en «Teoría literaria virtual: análisis del hipertexto». También Bakhtin, en sus planteamientos sobre la polifonía, analiza aspectos referentes al texto literario, coincidiendo en las ficciones hipertextuales en la que las voces individuales se asemejan a las lexias, sin permitir la existencia de una voz única y tiránica. Landow dice al respecto: «más bien, la voz siempre es la que emana de la experiencia combinada del enfoque del momento, de la lexia que uno está leyendo y de la narrativa-poética en perpetua formación según el propio trayecto de lectura». Esto supone que los textos y las consecuentes lecturas van formando una trama que al final hace una espiral llena de referentes y constantes aleatorias.

La irrupción de la teoría posmoderna, basada esencialmente en la filosofía, de esa que, tácitamente, nos habla Bedregal a través de los referentes de Venturi, Vattimo, Derrida, Lyotard, Jameson, Deleuze, Guattari, Almoror, Ducaren, Foucault, Althusser, Serres, Faye, Châtelet, etc., (incluyendo sus no pocos excesos y arbitrariedades frente a sus proposiciones) nos hace ver el otro lado de la realidad, esa con las fronteras y los territorios que se desplazan, donde se dan los cambios y los «sucederes» porque, en efecto, llegada la posmodernidad acontece lo que se da en llamar «la muerte del sujeto moderno» para emerger el «sujeto posmoderno». Con ello, caen también las teorías estéticas clásicas. Célebre es aquella frase de Vattimo que dice: «si con todo esto lo que hemos perdido es el principio de realidad, no es a fin de cuentas una gran pérdida». Su correlato en la ciencia se halla en lo que al parecer podríamos llamar «ciencia posmoderna», compuesta por diversas ramas como teoría de sistemas complejos, teoría del caos, teoría de las catástrofes, nexos de los fractales, etc., en las cuales el lector acreditado ha asumido que el modelo determinista, la «verdad» exterior al hombre que la ciencia debía encontrar, por utópica, es simplemente falsa: otro «gran relato». Al mencionar esto, hablamos de la necesidad inminente de un cambio un tanto radical, como en su día lo operaron las vanguardias, en el espacio de la creación poética y de donde justamente nacieron Huidobro, Girondo, Borges o Vallejo.

Así entonces se pretende o plantea la necesidad de que los estudios sobre la poesía o narrativa puneña no sean canonizados. Que quienes pretendan hacer una revisión de la literatura puneña empleen nuevas herramientas de tratamiento del texto, para que de ese modo se pueda proyectar una nueva visión, una auténtica lectura que pueda desvelar la intención del autor. Hablamos, en este caso, de la validez de este ensayo literario hecho por Bedregal, un ensayo con la aplicación de la intertextualidad-fractalidad, pero esta vez en la comarca de la poesía puneña.

D O S:

En segundo término está el caso del acierto con la no inclusión de voces femeninas (lejos de una acusación de machismo, como podría verse a simple vista, si nos salimos del texto). Sucede que el acto literario no es sólo producción, sino también recepción, por lo que se puede afirmar que uno de los aspectos logrados y que llama la atención en la antología de Bedregal es el silencio poético de las mujeres, lo cual, sin duda, no se debe a que ellas no hablen, sino que a veces no se las escucha o simplemente a que, en Puno, carecen del rigor necesario en la construcción poética. Otras antologías hechas en Puno, sí han considerado a otros nombres femeninos —no solamente a Gloria Mendoza—, pero casi por compromiso o amistad. Sin embargo, la recepción de la poesía puneña femenina se ha caracterizado por su insuficiencia de trabajo con la palabra y por una desmesurada dispersión, incluyendo esa especie de anonimato del que parecieran gustar las poetas de Puno.

Entonces, esto supone que, a diferencia de otras antologías, la de Bedregal rompe esa especie de consenso de incluir a todas las voces de este grupo, sin mayores exigencias y pretensiones. Hablamos por ejemplo de la necesaria ausencia de Mercedes Bueno y Mílida Castillo, (además de algunos nombres actuales); y más allá de lo que pudiera parecer un discurso patriarcal, y que las poetas de estas generaciones podrían ser llamadas «escritoras» —a pesar que su arte poético no pueda decir lo mismo—, esto no es más que un postulado valedero cuando de antologías serias se trata. Creemos que a ellas, las poetas, les faltó concluir su obra, dejaron su labor sin cubrir ciertos resquicios que permitan reconocer el poder de la palabra y les pueda dar creaciones nuevas y rotundas, tal vez, un poco más lejos de aquel discurso de las poetas del 70 (María Emilia Cornejo, Carmén Ollé), plagada de posiciones de sujeto, temas del cuerpo como objeto de placer y de deseo, fórmulas trilladas del amor sin trabas, etc., etc., y, más bien, debió darse la creación de un espacio discursivo propio, poblado de autenticidad y propuesta.

La revisión de Bedregal se convierte así en reconocimiento de invenciones culturales con nombre propio, esta revisión es el rescate —sobre todo, el redescubrimiento de voces olvidadas y, también, de textos no considerados propios de la poesía peruana—, la formulación de un tiempo no lineal con la aparición de un eterno presente, la permeabilidad del ser y la reciprocidad desjerarquizada en la relación con el otro son algunas de las claves que se desprenden de este volumen con las voces de 21 poetas. Sin duda, una antología como ésta, permitirá que los estudiosos del futuro dispongan de un material muy valioso para sus investigaciones. Eso nadie lo puede negar, por muy ciego que sea.

T R E S:


El aspecto más importante es la visión que uno puede tener de la poesía puneña después de leer ANFN. Esa poesía fraguada desde antes de la vanguardia hasta nuestros días. Desde esa antesala se puede alcanzar una visión muy importante, justamente debido a este aporte antológico. Voces como las de Alejandro Peralta y Oquendo son sin duda los nexos con la anterior y reciente poesía puneña, la cual nos permitirá discernir el proceso que ha tenido en todos estos años, casi un siglo, la existencia de una tradición literaria en Puno. Nos aventuramos a decir, por ejemplo, que no ha habido cambios sustanciales desde Peralta y Oquendo. Más bien, considerando el tiempo transcurrido, la poesía puneña se ha mantenido dentro de un «continuum», a pesar de los mínimos altibajos con dos o tres nombres. No hemos sido testigos de nuevas propuestas, de nuevos paradigmas o de voces descollantes. Todo parece haber acabado en las vanguardias, inclusive este síntoma puede alcanzar a la poesía de todo el Perú. No hay, volvemos a insistir, la presencia de un nuevo impulso, de experimentalidad o propuesta. Por el contrario, hay cierto conservadurismo. Nos hace falta, después de Oquendo, poetas que irrumpan con nuevos tonos, nuevos rumbos —una especie de Martín Adán o un Eielson puneño, por ejemplo—. Con leves oscilaciones: Filonilo Catalina es a la poesía de los 70 con una añadidura de cierto lirismo, sólo eso; mientras que los demás, casi todos, transitan por una poesía con matices extremados del aire intimista que por momentos alcanza una concreción híbrida, debido a sus rasgos retóricos, oníricos y hasta tradicionalistas. Todos parecen girar perpetuamente alrededor de un sol que podría ser Oquendo. Soto estaría un tanto alejado de lo consuetudinario con su minimalismo poético y su tratamiento rotundo del lenguaje como lingüista que es, nada más. Los otros (incluido el autor de estas líneas que, por cierto, sigue blasfemando de su inclusión en esta antología), mantienen un estatus metafórico insistente y, a veces, reiterativo. Tal vez en Puno, no tengamos más de cinco o seis poetas para una antología genuina. Para que nadie diga nada en el mundo entero.

C ODA:

En resumen, en la selección de textos para esta antología se ha considerado los poemas que verdaderamente han exigido un arduo trabajo a sus autores. Cualquier lector que se precie de haber leído buena parte de la producción poética puneña, indudablemente nunca podrá decir, en su sano juicio, que Bedregal no ha seleccionado textos que merezcan estar, perpetuamente, en una antología. Serán los propios lectores quienes puedan dar su juicio al concluir con la lectura de esta selección.

Hay que reconocer el ensayo intertextual-fractal de Bedregal (inclusive habría que hablar que en esta antología, efectivamente: no falta nadie, porque, como se podrá leer, desde el prólogo hasta los apuntes bibliográficos, están, aunque mencionados, todos los poetas del mundo, incluido el patriarca Homero y los alemanes, los ingleses, los italianos, los argentinos, los suizos, etc. En otras palabras, todos los poetas de antología); este es un nuevo estudio de la poesía y (que nos sirve para) la propuesta del (un) debate serio. Resulta atinado el detenimiento en la no inclusión de voces femeninas. Acertado y conveniente para el corpus. Hay sapiencia y gusto estético en la selección, igual que interés por mostrar la calidad y la realidad de la poesía puneña. El sueño o, el libro de Bedregal, deriva de lo que Borges, en su Arte poética decía: «Sentir que la vigilia es otro sueño / que sueña no soñar y que la muerte / que teme nuestra carne es esa muerte / de cada noche, que se llama sueño».

Para concluir estas líneas, el título de este comentario obedece simplemente a lo que alude Bedregal en su prólogo, cuando dice: «los poetas del dos mil en adelante todavía no han hallado su sueño». Sin embargo, parecen estar muriéndose, insisten en golpear las puertas del cielo, desde las cantinas, o desde las cabinas de Internet, al saber que su nombre no está en las páginas de ANFN. Al concluir la lectura de estas líneas, ojalá no se sepa de un próximo velorio. Por eso hay que poner esta antología lejos del alcance de los niños. Muy lejos o en una parte alta. No vaya a ser que les suceda algo malo de tanto estar al corriente de que no existen en este mapa, ni en los seleccionados, ni en la bibliografía, ni en ningún lugar. Como les ocurrió a ciertos escritores ya reconocidos... Ojala entiendan, algún día, que estar o no estar en una antología importa un carajo. A pesar de la antología. A pesar de la poesía.
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* En la imagen superior los hermanos Arturo (Gamaliel Churata) y Alejandro Peralta, gestores del grupo Orkopata, uno de los movimientos de vanguardia, renovadores absolutos de la literatura peruana. Es con el segundo de ellos (Alejandro) que Bedregal apertura su antología, pues su libro Ande (1926) fue muy aplaudido en su época, poco estudiado por la crítica, y casi olvidado por el canon oficial. La imagen ha sido sacada de aquí.

1.11.08

3 POEMAS DE “HISTORIA SECRETA” DE PAUL GUILLÉN


Como un adelanto de su próximo libro Historia Secreta que saldrá dentro de algunas semanas en la Muestra poética del 2000 - Colección Piedra / Sangre, que Lustra Editores, —y bajo el auspicio del Centro Cultural de España— está publicando, Paul Guillén (Ica, 1976) nos ha permitido publicar estos 3 poemas:
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[Tú respirabas de una forma...]
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Tú respirabas de una forma malsana - era la manera perfecta de no soportar más el mundo - converso solo con mis zapatos en la noche y es el frío que susurra en mis huesos la perfecta unión entre las estrellas y mis ojos pero esos pasos que escucho a lo lejos me hacen ser un animal enjaulado con mucho miedo mucha hambre mucha sed - unidad de la materia y el espíritu - permaneces en la orilla sin tomar un rumbo ajeno a las constelaciones - prefieres caminar hasta la cima del monte más alto y negarte a vivir - a morir - nadie escucha tus lamentos - eres Pachacutek II - pero nadie lo sabe - nadie voltea a verte - ahora escribirás en tu libreta de notas una especie de diario en la ciudad que no conoces pero odias tu historia comienza en la cocina donde diseccionas varios animales menores los huesos de las víctimas están regados por todas partes pegados a las paredes formando una masa espectral de humus y mierda que sólo tú puedes respirar nos gusta vernos a los ojos y comer de esos desperdicios esa energía vive en mí o no quiere salir de mí voltea hacia otra parte tu sable reluce junto a los árboles del Waytapallana viajar para nunca volver es tan triste todo esto la cuestión es no hablar de la muerte sino del sufrimiento unos 1000 ó 2000 años de constante sufrimiento una lucha que empieza en la tierra llega al mar y asciende al cosmos confío en avanzar hacia las batallas más sangrientas a finales del año 2011 unas voces me dicen que no lo escriba - un perro rueda junto a los semáforos y se deleita viendo los colores al caer - es como un suicidio voluntario que no permito - avanzo hacia la noche - cuándo alguien vendrá a rescatarme de este miedo - todos los poetas son homosexuales - tú quieres llorar - no encajas en ninguna parte - solo buscas alcohol para no seguir en este mundo - no piensas en nada - profundas crisis- no sabes que hacer ni donde ver - no piensas más - la realidad se deforma y deforma tu rostro - estás viejo y cansado como toda tu generación - tienes que hacer algo por tu generación - tal vez romperte una tibia y no dejar de sufrir - nunca más hablar de poesía… cómo salir de aquí sin heridas - sin tatuajes - sin insolación - este sol que nos cae de frente en la boca y entra como las ondas del mar en la boca del ahogado - retrocede - no mires más - no quieras morir ahora y darme un balazo - ese canto shakesperiano se repite como una bomba en mi cerebro y la historia de la guerra étnica - pero yo reparto los volantes con mi nombre - con mis ideas y mis fotos - nadie cree que sea el verdadero Pachacutek II - de donde habré sacado ese nombre - toda la vida has mentido - ahora tienes que dejar de hacerlo - esos poemas con el nombre de “Diario de Pachacutek II” se perdieron para siempre - no recuerdo ninguna línea y tú los perdiste - no los guardaste junto a tus vestidos - tus cosméticos de niña engreída - pensaba que podrías comprender algo - pero lo perdiste todo - este viaje por el interior de la tierra me tiene exhausto cómo decirte que quiero gritar pero ya no puedo - cómo salen las palabras sin sonido - cómo en mi mente retumba el sonido de las letras cuando salen del cerebro - porque hacer tantos problemas de nada - la historia del Perú es un manicomio de poetas - ahí están todos los necios y no tan necios - los cisnes y los incendiarios - un poeta que tenga heridas por dentro o que hable del peso y del zapato - no veo más que las ondas musicales y repito una canción de Patty Pravo no quiero llegar al final - tengo que retomar el camino - mi equipaje es tan pesado - lleva contigo lo que más necesites - una nueva mente para expandir tu mente maltrecha - de nuevo respiras con angustia y no quieres repetir la última frase E Dimmi Che Non Vuoi Morire - no la repitas más y cuenta tu historia secreta hasta los días en que empieza la guerra - nunca retrocedas - no vaciles en decir la verdad - tú debes decirlo como si retomarás un metro griego o latino - dilo con todas tus fuerzas y busca en esos libros antiguos las expresiones que desafíen tu mente - revuelve el pasado con una vulva en tus manos - sólo así comprenderás lo que digo - no voltees más y regresa por donde viniste - mi Winchester es una plaza llena de balas con avenidas y fosas comunes - sueña una canción - en la farmacia de los ángeles ebrios - inyecta tus ojos con pentotal - y empieza tu orgía en un film de 16 milímetros.


NINGÚN LIMBO BAJO EL SOL

“Tanto te soñé desnuda que he perdido el Sol”
1.

El revés de las cosas pierde su realidad y se convierte en un cable pelado, un sol que alumbra las estaciones se detiene en la ficción de lo existente, la luz del día girando en el poema.

Imagina lo blanco sobre lo blanco, su sombra, su contorno, el perfil de la materia y la trilogía del mar, una galaxia entera fallece entre los restos de tu rostro pétreo.

En el prado: la música, los insectos, las lágrimas caen sobre los pétalos y vomitan sobre un rosal sanguíneo y curvo.

Tus ojos ven la ebullición de una espina en la córnea, y el poema empieza a sangrar y desfallece de nuevo. Y en el incendio de esta fiesta pienso y me consumo aguantando el mundo que me aprisiona y me asfixia - no poder arriesgar el seso ni las manos menos el silencio, si me acompañaras una noche por este camino verías que lo obsceno es más negro que mis venas. En este instante no desarmes mis palabras no desarmes mis instancias mis esencias de oro verde.

La herida estalla como un látigo en el poema, el dolor se acrece en los pantanos, pero tu dolor inasible bajo las formas del absente vive en esa boca callada - evocas la combustión de los planetas ese corazón putrefacto que se quiebra a pedazos gélidos, humana Capital de las dolencias, derruida en el recuerdo y el absurdo.

Pero tú vuelves al poema.

No puedo rendirme en conseguir la imagen perfecta debo pronunciar miles de palabras para encontrarte o perseguirte: “y, sí, Amor es una bella palabra”. Desde el amor, el poema se niega a seguirme, se aleja cada día más negando la convicción que antes tenía, desde el silencio, se niega en arribar a la otra margen. Ese cable pelado que destila la ponzoña del mundo - nudos que contradicen la armonía de los crepúsculos ¿para qué seguir nombrándote y seguir sufriendo en el poema?


7.

Uñas de vidrio o un cuerpo que se desplaza desde tu pelo hasta los más remotos planetas por la historia secreta, despacio, muy despacio. El balbuceo toca tu lengua, tu tráquea, tu transición. El místico marcado por las pústulas de un encierro en el Convento de las Descalzas. Un mamífero afiebrado por su deseo de ser otro. En la penumbra, sientes los grilletes que te aprisionan, no podrás llegar a la otra margen. El cervatillo de plata jamás lo hará. En la madrugada, los alaridos del marqués rompen la mañana en cautiverio. Tu cuerpo desnudo es como un cristal fuerte, afiebrado y sin revés.
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*En la Imagen, el poeta Paul Guillén y Reynaldo Jiménez, en el III encuentro de Poesía Latinoamericana actual Poquita fe - 2008 realizado en Santiago de Chile. Extraída de Sol Negro.

31.10.08

ABUNDANCIA DE LA BREVEDAD: LAS NUEVAS POSTALES DE JOSÉ GABRIEL VALDIVIA


Por: Carlos Eduardo Quenaya

Luego de que en el 2003 apareciera Funesta Trova, libro que reunía toda la producción poética de José Gabriel Valdivia, habíamos esperado una nueva entrega que nos confirmara la presencia literaria de una de las voces más rigurosas y personales dentro de la nómina de poetas aparecidos en Arequipa en la década del 80.

Postales (Cascahuesos Editores, 2008) es una orgánica colección de poemas breves, cada uno de los cuales se inscribe dentro un registro de acendrado lirismo y expresivo desamparo, como si el curso de los años hubiera afianzado una dicción que encontrara en el despojo la verdadera sustancia de la creación poética.

Sólo tengo tiempo para decir lo que no quiero decir… (fax para Anaís). Distancia y duda sobre el oficio. El poeta sabe que libra una pugna con los límites de lo comunicable, por eso en el poema liminar declarará: Qué difícil expresar ternura en esta angustia tiznada de estrellas a la manera de un cuerpo en la desgracia (prólogo).

Una zozobra cierta, una búsqueda de fraternidad y de verídico amor recorren las cinco partes en que se halla dividido el libro. La primera sección, Rondas Infantiles, nos traslada al advenimiento inminente de un nuevo ser: Como un vocerío de huesos rotos su llanto en las calles se avecina Tu pecho se ha de partir en dos para ser madre… (capullo de estrella). El hablante poético debe admitir también los ciegos avatares que aguardan al recién llegado. En memoria del corazón, podemos leer: Ni tus palabras ni tus actos han de ser su memoria ni su historia Ni tus deseos ni tus miedos Ni sus triunfos ni canciones Han de ser tu infortunio ni destino

La segunda sección de Rondas Infantiles aborda el tema del amor filial, la infancia resurge como un espacio de protección y gozo: Recostado en tu vientre escucho el girar del universo como un sollozo de niebla en el patio… (mamapacha).

Las siguientes secciones, Homínicas y Ecológicas, nos confrontan con una realidad hostil, el yo poético ha abandonado el cálido refugio de la infancia y se ha instalado contemplativo y taciturno en su nuevo entorno: Cuando pienso entristezco (0). O en este otro poema: Los pájaros pían sobre las tumbas y gotas de lluvia destapan los ojos desenterrados de los inocentes… (6). Asimismo, el contacto con la naturaleza aparece aquí como una súbita donación de nuestro júbilo perdido: Que tus manos acaricien el agua la hierba los pájaros las piedras como si fueran los talles perfumados de flores de las muchachas que ames (5).

Las últimas dos partes del libro llevan títulos más nítidamente literarios: Madrigales y Coplas. El primero recoge el tema amoroso y un anhelo de fraternidad con los otros: Un abrazo hondo i tierno como una mirada llevada por el viento o el paladear de un recién nacido en el pecho. Coplas constituye, en cierto modo, la cifra de lo que el sujeto poético nos ha estado diciendo a través de cada una de las secciones del poemario.

Aun cuando José Gabriel Valdivia demuestra un manejo sólido de la brevedad y la elegancia poéticas, pensamos que algunos disfuerzos verbales acusan un excesivo control sobre la materia artística, restándole frescura a algunos poemas del libro. No obstante, por todos los aciertos señalados, creemos que Postales nos devuelve a una propuesta que con el paso de los años ha ido afirmando una vocación ajena a las premuras editoriales y a las agendas literarias de moda, erigiéndose con solvencia en medio del actual desconcierto de la producción poética peruana.

Postales, 85 pp.
José Gabriel Valdivia,
Arequipa, Cascahuesos Editores, 2008

30.10.08

ANTES DEL SUEÑO: UN CUENTO DE PORFIRIO MAMANI MACEDO


ANTES DEL SUEÑO

Como todos los días, antes de meterme en la cama, tenía la costumbre de cambiar el agua a las flores que había sobre la mesa. Hace ya un año, que no realizo este rito a causa de un viento muy fuerte que entró en la casa, abriendo la puerta, envolviendo una sombra humana, doblada hacia adelante. Yo no esperaba a nadie, pero la sombra entró tropezándose con sus propios pies, y dijo casi ahogándose entre la lluvia y el viento:

—¡Me retrasé a causa de la lluvia!

Yo no le dije nada, aunque me dio ganas de empujarlo hacia afuera; sin embargo, me quedé mirándola cómo llegaba, casi llevado en vilo por el soplo del viento que entró con él. Luego de encontrarse junto a la mesa, tambaleando como si estuviese ebrio o atolondrado, empezó a quitarse su negro saco mojado, los zapatos llenos de barro y las medias húmedas que las tenía pegadas a los pies, los cuales aparecieron desnudos, humedecidos como corchos arrugados. Fue dejando caer al piso cada cosa con disgusto y resignación, por algo que tal vez ya lo estaba destruyendo interiormente.

—Me retrasó la lluvia —volvió a decir, mirándose los dedos desiguales de sus pies.

Luego dejó caer su cuerpo como una piedra pesada sobre la silla. No me atreví a decirle nada, por temor a que descargara su angustia endemoniada conmigo. No entendía por qué azar se encontraba en mi casa, y por qué me repetía la causa de su retraso, pues yo no esperaba ni a él, ni a nadie.

—La lluvia, es a causa de la lluvia —la voz nuevamente se expresaba desde un túnel, lejana, ronca y solitaria.

Las cosas que yo miraba en el piso, y que él había dejado ahí, formaban un montón de trapos viejos, que alguien había abandonado para siempre. Pero él estaba allí, viéndolos, o quizá sin verlos. Quedó con la cabeza metida entre las palmas de sus manos sin darse cuenta dónde, ni en qué circunstancias se hallaba. Pensé que se había vuelto loco mientras regresaba a su casa.

—Llegué demasiado tarde —dijo una vez más.

Me acerqué a él para ver si podía reconocerlo. No. Me era extraño y lloraba. Se le caían las luminosas lágrimas en la oscuridad. Viendo su rostro acongojado, por un momento lo confundí con la muerte. Retrocedí un poco más para verlo mejor en la poca luz que alumbraba la habitación. Distinguí una cara envejecida, y su barba crecida le daba una apariencia de decrepitud. Las abundantes y silenciosas lágrimas que brotaban de sus ojos, me impedían dimensionar su dolor.

—¡Esta maldita lluvia! —dijo dando un fuerte golpe con los talones en el piso.

Un silencio imprevisto súbitamente se apoderó de nosotros. Nada, en circunstancias parecidas, es definitivo.

—Yo no he querido llegar tarde —resonó su voz en lo amplio de la habitación, como si deseara que todas las cosas lo escucharan.

La puerta se había quedado abierta, y a ratos me daba la impresión que la luz del foco se iba a apagar con el viento, confundiéndola con la luz de una vela, por lo cual la cerré. Hice correr el pestillo para más seguridad, seguridad que sólo mi mente podía concebir. El hombre se paró y se puso a caminar lentamente por la habitación, arrastrando una sombra pálida que producía la luz débil, dejando las huellas húmedas de sus pies en el piso. Yo me quedé pegado junto a la puerta, viéndolo andar como fantasma, con las manos en los bolsillos. De vez en cuando se las llevaba a la altura de la cara, y allí las juntaba en señal de una súplica o muestras de una desesperación extraña. Su frente se fruncía, y sus ojos se hacían grandes como si estuvieran viendo un abismo. Me daba miedo interrumpirlo en su divino enfrentamiento.

—La lluvia, la lluvia —repetía de rato en rato, mientras su cuerpo se desplazaba de un lado a otro.

Subrepticiamente me deslicé hacia el lado de la ventana para ver si nada anormal estaba ocurriendo afuera. Nada. La calle estaba dormida en la incipiente noche lluviosa de otoño. Algunas ramas de los árboles se movían con el viento. Cuando me di la vuelta para verlo, estaba arrodillado en un rincón. Sólo podía verle su curvada espalda y sus pies desnudos. Oí que lloraba. Este incidente me hizo sentir ligeramente incómodo y extraño en mi propia casa. No sabía qué hacer con este hombre desconocido. Me daba piedad echarlo a la calle, pues afuera caía una lluvia torrencial. En la mesa tenía un vaso con flores, aquel mismo vaso que yo le había obsequiado a mi mujer, hace ya más de diez años. Las flores me hacían recordar el primer día que las traje. Era la fecha de nuestro encuentro. Un día como hoy. Me quedé pensando en esas flores y en la forma en que fui recibido por mi mujer, quien, desgraciadamente ya no estaba conmigo. Le prometí que cambiaría las mismas flores hasta el final de mi vida. Promesa que he cumplido siempre. Me acerqué más a las flores y allí vi la sombra pálida del hombre que las cubría enteramente. Levanté la vista y el hombre no estaba tan cerca, pero me estaba mirando con recelo. Volví a escuchar su voz cavernosa, que salía de su cuerpo antiguo. Las manos le colgaban de los hombros como frágiles ramas muertas.

—La lluvia, es a causa de la lluvia. ¿No oye cómo suenan las gotas afuera? Hoy parece ser el único día que ellas pueden expresarse a la vida. Ahora que la oigo, la siento caer en mi cuerpo, la siento que perfora mi alma.

Imposible saber si me hablaba a mí, a las flores, a su sombra o a alguien que estaba imaginando. De pronto un impulso muy fuerte se apoderó de mí, el que me incitaba interiormente, a echarlo a la calle, o por lo menos a preguntarle quién era y qué hacía en mi casa.

—Estoy mojado y no tengo sed —dijo la voz monótona, retrocediendo hacia su rincón.

Seguí parado cerca de las flores frescas y su aroma me tranquilizó un poco, pero no impidió que le dijera:

—¿Quién es usted y qué hace en mi casa?

Escuché mi voz como nunca antes la había escuchado: seca y pastosa. Sólo recién me di cuenta que me había quedado sometido a la voluntad de un ser extraño.

—Yo no tengo la culpa de nada —dijo él.

Su voz quedó ahogada en su garganta.

—¿Quién es usted? —volví a repetirle, pensé que se trataba de un enfermo mental. Pero en el fondo de mí mismo, tenía esta definida voluntad de echarlo a la calle. No podía seguir soportando esa presencia indeseada. Felizmente que sus labios se abrieron para decirme:

—Soy Onel.

Respiró un poco y continuó:

—¿Qué piensa hacer conmigo?

En esos momentos yo no pensaba en nada, tenía la cabeza vacía. La sangre se me había agolpado a la cara. Quedé con las manos tensas, y los labios se me habían secado.

—Me llamo Onel —dijo—. Como estaba lloviendo, llegué demasiado tarde. No sabía qué hacer allí, por eso me puse a errar por las calles sin darme cuenta adónde me dirigía. Sólo quería alejarme de allí, era lo único que quería hacer: alejarme.

Mientras hablaba, se sentó en la silla y volvió a ponerse los zapatos y los calcetines tal como estaban. Ya no se le notaba las lágrimas del principio. Había logrado dominar su desesperación. Le dije que podía quedarse por esa noche o al menos hasta que la lluvia disminuyera. Parecía que no me escuchaba.

—Ya no deseo nada —dijo—, ahora es demasiado tarde para todo.

Le dije que esperara un poco mientras le preparaba algo caliente, pensando que la lluvia calmaría. Murmuró algunas palabras que yo no entendí. Me fui a la cocina y lo dejé, ahí, parado como un tronco, mirándome con sus ojos negros. Cuando regresé, ya no estaba, se había ido. Dejó la puerta abierta; y hacia ella me precipité con la taza de café en la mano. Afuera no había nadie. Ya no llovía. Cerré la puerta y me acerqué a la mesa: habían desaparecido también el vaso con las flores. Ahora del vaso sólo queda una huella circular en el centro de la mesa, y las flores, a mi mujer, se las llevo a su tumba.

*Porfirio Mamani Macedo (Arequipa, 1963) es Doctor en Letras en la Universidad de la Sorbona. Ha publicado poemas y cuentos en varias revistas de Europa, Estados Unidos y Canada. Ha publicado los libros : Ecos de la Memoria (poesía) Editions Haravi, Lima, Pérou, 1988. Les Vigies (cuentos) Editions L’Harmattan, Paris, 1997. Voz a orillas de un río/Voix sur les rives d'un fleuve (poesía) Editiones Editinter, 2002. Le jardin el l’oubli (novela), Ediciones L’Harmattan, 2002. Más allá del día/Au-delà du jour (poemas en prosa), Editiones Editinter, 2000. Flora Tristan, La paria et la femme Etrangère dans son œuvre (ensayo) L’Harmattan, 2003. Voix au-delà de frontière, L’Harmattan, 2003. Un été à voix haute (ensayo) Trident neuf, 2004. Poème à une étrangère, Editions Editinter, 2005. Ha enseñado en varias universidades francesas. Actualmente reside en París. Imagen superior, fotografía del autor sacada de aquí.

28.10.08

BALDOMERO ALEJOS EXPOSITION / EXPOSICIÓN EN BERLÍN


Para quienes no se habían enterado, además de estos fotógrafos geniales: el cusqueño Martín Chambi y los arequipeños hermanos Vargas, en Ayacucho se hizo, hace algunos años, el descubrimiento de otro, también genial, fotógrafo: Baldomero Alejos, cuyo “legado artístico, de más de 60,000 imágenes, es el testimonio visual más completo, documentado y valioso de más de 50 años de vida social, cívica, religiosa y cultural de la sociedad ayacuchana durante los tiempos de paz previos a la guerra civil”.
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Y ahora, inagotable, sus fotos están siendo expuestas en museos de varios países del mundo entero. Ahora le tocó a Alemania (la nota es de Lucia Alejos quien administra el Archivo Baldomero Alejos):

“El 4 de Noviembre se inaugura la exposición de Baldomero Alejos en el Museo de la ciudad de Berlín. Luego de exitosas exposiciones en la Universidad de Harvard y en París, las fotografías continuan su camino a una mayor difusión tanto nacional como internacional.

La exposición, que cuenta con el apoyo de diversas instituciones y la Embajada de Perú, forma parte del mes de fotografía en la capital alemana.

El Archivo Fotográfico Baldomero Alejos consciente de su gran valor, no sólo como pieza artística, sino social e histórica, está llevando a cabo un proyecto para digitalizar las imágenes. De esta manera, queremos contribuir con un Archivo Fotográfico más participativo y, así, logre sus objetivos como instrumento de reconstrucción de una memoria histórica e identidad para el pueblo ayacuchano”.
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Si quiere enterarse más de este genial fotógrafo, y ver gran pate de su obra, visite la web del Archivo Baldomero Alejos, o visite esta página donde también se le rinde culto.

26.10.08

MIRTHA NÚÑEZ CUEVA: HABITANTE DE TIERRA LÁCTEA


Por: Carlos Eduardo Quenaya

Imágenes en dispersión continua, restos de un naufragio interior contemplado desde lejos. El primer poemario de Mirtha Núñez se percibe opaco y meditado, provisto de un lenguaje profuso, reacio a las interpretaciones fáciles y expeditivas. Tierra láctea (AQP Libros, 2006), anuncia desde el título su materia simbólica: humus, arena, grava, sedimento, savia, agua, etc. configuran este mundo poético que convoca a la naturaleza desde la mudez y la ocultación.

Decía Hesíodo que “antes que todas las cosas fue Caos; y después Gea la de amplio seno…” Esta parece ser también la consigna que animan los poemas de Mirtha Núñez. La Tierra, madre de todos los dioses, cobija además una materialidad que precisa ser escuchada: Oigo la madera susurrando/ Quizás es ella levantando alas de sidra/ envenenada (de Savia). Por eso en Reflejo vítreo, el yo poético declarará: Escucho el agua paseando por las habitaciones de la casa/ zambullendo las bardas/ los animales/ las criaturas paganas como en una bíblica/ historia de mares levantados. Solo que, a diferencia del poeta griego, las fuerzas naturales son, acaso, los vestigios de un orden antiguo o de una civilización en ruinas: Tiempo de lluvia en los meandros de este cuaternario desierto. Es decir, no aburrida descripción del paisaje sino atractiva plasmación de la oscura animación vegetal y humana.

Asimismo, ya en el primer poema —Gránula— asistimos a la desintegración del sujeto poético: Desmembrada/ vencida por el agua aglutinada/ disgregada, entre los dedos hundiendo/ multiplicando sus formas subterráneas/ arena lamiendo el soplo del poniente incendiado en sus fragmentos. Cada poema se enunciará a partir de la descomposición, de la pérdida de un centro que vertebre estas imágenes donde la cotidianidad asoma como la disolución de sí misma: Tu cuerpo se escurre incoloro/ Acoplado al tenue sembrío urbano.

Ni proclama ecológica ni narciso recogimiento, la animación de la naturaleza que se desenvuelve en estas páginas es, en mayor medida, una inédita posibilidad del ser, de esa otredad secreta en la que el sujeto poético proyecta su existencia.

A pesar de lo dicho, y de hallarnos aquí a kilómetros de la ya inviable poesía de género, esta propuesta no llega a convencernos del todo. Ciertos tropiezos rítmicos, un excesivo uso de gerundios, un fraseo desprolijo en los poemas menos logrados, nos dan la impresión de encontrarnos frente a una poeta que no hubiera madurado lo suficiente. La inconsistencia formal de no pocos poemas enturbia los logros expresivos del conjunto. Sin embargo, pensamos que es lícito sostener que Tierra láctea —una vez superados los desaciertos estilísticos y afianzados la intensidad y la libertad artísticas— puede constituir un paso significativo en la conquista de un lenguaje y una voz que, quizás, en el futuro nos revele una sugestiva mirada de la condición humana de nuestro tiempo.

Tierra láctea, 60 pp.
Mirtha Núñez Cueva,
Arequipa, AQP Libros - Fondo editorial, 2006

24.10.08

I ENCUENTRO SUR PERUANO DE ESCRITORES “Lampa: El lugar de mis sueños” 2008


El Honorable Concejo Provincial de Lampa del Departamento de Puno, invita y se adhiere al desarrollo de la literatura mediante la convocatoria al I Encuentro Sur Peruano de Escritores “Lampa: El lugar de mis sueños” 2008, con la finalidad de promover la cultura en el entorno del sur del país.

Ciriaco I. Díaz Aréstegui
Alcalde de la Municipalidad Provincial de Lampa

LUGAR:

SALÓN CONSISTORIAL DE LA MUNICIPALIDAD PROVINCIAL DE LAMPA

PARTICIPAN:

Tacna, Moquegua, Arequipa, Cusco y Puno.

CONVOCATORIA:

La Comisión Organizadora presidida por la Municipalidad Provincial de Lampa, el Grupo editorial “Hijos de la lluvia” & LagOculto editores, convocan a todos los narradores y poetas del Sur del país (con carácter de invitados especiales), con motivo de desarrollarse del 27 al 30 de noviembre el I ENCUENTRO SUR PERUANO DE ESCRITORES “Lampa: El lugar de mis sueños” 2008.

La fecha límite para enviar sumillas vence el 23 de noviembre, luego se enviará una respuesta para el envío de ponencia el 24 de noviembre de 2008. Una vez notificada la aceptación de ponencia, el participante deberá confirmar su participación antes del 26 de noviembre de 2008 para que pueda ser incluído dentro del programa.

Se contemplará un cobro de inscripción que otorgará derecho a participar de todas las actividades académicas, culturales y de integración, así como a certificados, carpeta, credencial, papelería, materiales y beneficios que por convenios obtenga la gestión del evento. Los cobros por inscripción varían entre 20.00 y 30.00 nuevos soles de acuerdo a la procedencia o nivel profesional del participante. Toda consulta o duda sobre estas pautas se deberán presentar a la Comisión Responsable del Encuentro al correo mencionado.

TEMARIO GENERAL:

Las ponencias a presentar deben circunscribirse a la siguiente propuesta metodológica:
1. Problemática de la teoría literaria Sur peruana.
2. Discursos canónicos (narrativa, poesía, teatro y ensayo).
2.1. Discursos no canónicos (discursos híbridos, literatura infantil, literaturas étnicas, testimonio y performance).
3. ¿Existe una crítica para revalorar la literatura Sur peruana?
4. ¿Cuáles son los criterios para escribir la historia de la literatura andina?
5. ¿Cuáles son los escritores importantes en la literatura andina contemporánea?
6. ¿Cuál sería el esquema adecuado para escribir una nueva literatura Sur peruana?
7. Análisis de la literatura y problemática social en el Sur del Perú.
8. Literatura regional.
9. Narrativa breve en el sur del Perú: el cuento
10. Literatura y testimonio
11. Literaturas sur peruanas contemporáneas: los 90 y el post dos mil.

ESPECIFICACIONES SOBRE LAS PONENCIAS:

Los ponentes deberán enviar un disquete con una copia del archivo conteniendo su ponencia íntegra, con una sumilla de su trabajo que los organizadores compilarán para la publicación correspondiente en formato impreso como testimonio del I ENCUENTRO SUR PERUANO DE ESCRITORES “Lampa: El lugar de mis sueños” 2008. Caso contrario, al momento de la lectura, cada ponente deberá entregar una copia de su ponencia, respetando el siguiente formato:

1. Título explicativo.
2. Descripción de la ponencia (entre 15 o 20 líneas).
3. Propuesta de la ponencia (máximo 10 líneas).
4. Bibliografía básica (5 títulos).
5. Palabras clave (máximo 5).
6. Reseña del autor (apellidos y nombres, lugar de origen, institución, grado académico, correo electrónico, teléfono).

CONTACTOS:

22.10.08

JUICIO: UN CUENTO DE LUIS ORMACHEA AZPILCUETA


Continuando con el "II Concurso Literario de Poesía, Cuento y Ensayo Breve 2008" que organizó el semanario El búho, el ganador del género cuento fue el poeta Luis Ormachea Azpilcueta, y gracias también a su gentileza, nos ha proporcionado el relato con el que logró dicho galardón. Bon appétit!


JUICIO

El viejo estaba acostado, una venda cubría su cráneo hasta la altura de la nariz; le escocían las cavidades donde habían estado —durante ochenta años— sus ojos; tenía sed. A tientas, apoyándose en los bordes del velador adormecido por la noche, puso primero un pie en el piso de losetas heladas, luego el otro. Caminó cauteloso, extendiendo los dedos, las dos manos a la altura de sus rodillas, mientras un zumbido cada vez más intenso le cerraba los oídos.

No tuvo que tocar la suavidad de la cama desocupada frente a él para saber que existía, y se alegró por ser capaz de sentir, aún así, inundado como estaba por las sombras. No supo explicarse cómo era que un rectángulo abierto en la pared y, más allá, las puertas verdes, se dibujaban con toda claridad en su mente.

Un aplomo inusitado se apoderó de su voluntad. A su derecha —supo—, los ascensores, las gradas. A la izquierda, las enfermeras. Felizmente las sandalias de goma apagaban el sonido de sus pasos. Sabía que era el cuarto piso, ¿lo habría escuchado? No importaba. Sorteó fácilmente al ascensorista que, adormilado y cubierto por la frazada y el pasamontañas de lana negra, en esa caja de metal entreabierta que nadie requeriría hasta el día siguiente, dejó que una voz susurrante se perdiera escaleras abajo.

El escozor y unas intensas llamaradas en todo su cuerpo comenzaron a hacerse insoportables. A lo largo de los vendajes que dejó atrás, una mancha rojiza se repetía como si la hubiesen impreso, como distintivo de fábrica. Estaba atontado por la fiebre.

Siguió con la mano la baranda tubular, descendió por una trabajosa espiral de peldaños anchos, contó ocho semicírculos antes que el frío le mordiera la espalda y, de pronto, lo viera todo con claridad: la letra g del aviso de emergencia que parpadeó rutinariamente sobre los autos estacionados, el guachimán, marrón como un muñeco de chocolate, los cipreses de forma animal, las estrellas tras nubes ya descargadas, las ondulantes líneas del aire en el que se debatían papeles y plásticos, los faros de los vehículos, veloces en la avenida. ¡Lo primero que haga, lo primero! Pensó, anhelando poseer siquiera una moneda cuando la vendedora de emolientes saludó enchalinada, respetuosa ante esos párpados hundidos. Con la mano alzada, sudoroso ya, detuvo un taxi: pago en mi casa. La sed y las avenidas avanzaron rápidamente.

La fotografía de un transeúnte nocturno, las bolsas de basura desparramadas por los perros, y el brillo de los colores —algo atenuados por la hora alta de la helada luna de mayo—; cada cosa afincada en la noche había recobrado para él toda su sorprendente singularidad. Aquella, por fin, era la esquina conocida, la de los diarios y el pan: a su derecha, la de tres pisos, ordenó. Esta es. El chofer, atónito, quiso ayudarlo, pero él se zafó con una mueca autosuficiente.

Oprimido con tenacidad, el alboroto metálico del timbre; tuvo que dar varias vueltas sobre las camas de los dormidos para que por fin regresara a su centro en el silencio de la casa. ¡¿Qué haces aquí?! ¡Dios mío! Gritó la nieta al abrir. Pero, aunque les pareció a todos que realmente había recuperado la vista, entre el extravío de los papeles del seguro social, el error de las piernas al vestir una sola bota del pantalón por la prisa y los gritos ofuscados al teléfono, esa misma madrugada, el viejo se murió de sed y de una septicemia fulminante: aún no se sabe si ganarán el juicio que han entablado por negligencia contra medio mundo.

* Luis Manuel Ormachea Azpilcueta, (Cusco, 1974), Actualmente radica en Arequipa. Finalista en la XIII Bienal internacional de Poesía premio COPE, 2007. Ha publicado Índice (Arequipa, edición del autor, 2004), Bóveda (Arequipa, Grita ediciones, 2005), Apología del absoluto cotidiano (Arequipa, Editorial Dragostea, 2007), y Tela de juicio (Arequipa, Editorial Dragostea, 2008). En la imagen superior "Lautre cote" litografía-1984 de Gerardo Chávez extraida de Sol de Guernica.

21.10.08

POESÍA DE CROMWELL CASTILLO CABREJOS


La última poesía peruana es todavía un territorio inexplorado, un magma verbal sujeto al cambio y a la discusión. Y es que, en poesía, sólo debiera importarnos lo esencial, aquello que —en obediencia a nuestro más riguroso hábito de lector— realmente merece llamarse poesía.

Cromwell Pierre Castillo Cabrejos (Lambayeque, 1981) es autor de “Agua”, serie de poemas compleja y lúcidamente vertebrados, dueños de una meditada densidad artística, un impecable trabajo formal y una inquietante hondura. “Agua” logra eso que Maquieira reclamaba para el quehacer poético: fotografiar lo desconocido. (Carlos Eduardo Quenaya).


AGUA

1

Esta vez
su disposición adquiere la forma de mi lenguaje,
es decir,
su aspecto se hace universal desde mi boca.
De todas sus posibles determinaciones,
aquí, en lo habitable,
sólo se espera su adaptabilidad;
después de esto,
quizá ella deba ser algo que no comprenda.
Pero lo no comprendido
se explica también a partir de mi desorden:
Silenciosa ventaja suya
la de enturbiar mi contenido.
Todo forma y se deforma
magníficamente
a partir de su espacio,
entonces,
de mi voz a lo insondable,
ella
es un poema
transmutando
sus abismos.


2

Al representarla,
también esta hoja mimetiza su apariencia
y se torna transparente:
No hay nada aquí que no se advierta,
no hay nada aquí que no contenga su curso
y fluya
desde su impenetrable hondura.
A veces ella,
en este fondo blanco,
no resiste su propia densidad
y pareciera
recortarse
a medida
que tocan
sus giros,
mis palabras.
Pero no,
siempre desde estos trazos
desbordará su cualidad a más imágenes,
entonces su retorno
seguirá siempre cambiante
y escurridizo entre mis manos.
Hay suficiencia en su tocante sencillez.
Contemplo cercana su multiplicidad
tan influyente como entrañable.
A partir de toda representación,
incluso ella, en sí,
frecuentará su mimética apariencia
para afluir aquí, a cada instante,
Agua.


3

Enigmática
caracola: Poesía,
donde siempre se escucha mi voz
como mar enfurecido.
En ti, el Agua
también vive fantasma,
desencadenando sonidos
de palabras,
que a veces,
jamás escribo.


4

Más allá, en mí,
correspondo al impulso súbito
de parecer Agua:
Ella tiende a sublimarse;
yo asisto a esa evasión.
Cuando ocurre,
mi canto en lo alto prolonga ceremonias
pero no es escuchado:
No hay nada más allá arriba,
sólo ella hablándome,
imperturbable acaso y apartada
de nuestra vida circular
entre todo lo inexacto.
Por eso,
allá en la cima,
no contiene ninguna respuesta:
Es la respuesta.
Y desde esta sencilla superficie
blanca,
solemne se la puede escuchar.


5

Sentado a su orilla,
he fijado en mí, la fascinación de un pozo.
Es breve y minúsculo
en comparación con mis sueños,
excepto
cuando lanza variaciones semejantes
desde lo inalcanzable.
Tocar
por un instante sus designios,
es desfigurar con certeza
lo que aún no sé
(círculos encierran mi tacto
en señal de un limitado roce heredado,
a su proximidad).
Su extraña superficie es tolerante,
el Agua ágil y serena que la habita
me devuelve otra vez imágenes
y una perspectiva clara
entre lo que no se ve. Ahí estoy yo,
sumergido también
desde su origen olvidado y engañoso.
Intento opacarla nuevamente
sin algún temor discutible,
pero con la sospecha de no saber
con exactitud,
quién me llama de su posible profundidad.


6

Ella lanza quebrado paso;
como un espejo surge,
recorta el tiempo
y no supone lo difusa
que ha de verse en su sentido.
Cae en su reflejo.
Sigue cayendo
verticalmente
cada segundo
en la espesura
del abismo.
Sin embargo hay días
que redobla su cauce,
se despeja
y cristalina ha de verse en su corriente.
Agua:
Gota, charca,
río, catarata,
porción de mar
se oculta en su costado.
Como el humo se dispersa,
avanza ágil
y no sabe su trayecto
a las puntas del espacio…
Al suelo lo condensa en su caída:
Vertiginosa,
en declive su salto máximo,
cae
y es principio contenerla.


7

Si estoy aquí
es por el Agua.
¿Cómo no
transfigurarla más
cuando desciende?
Esta vez
discurre desde mí
bajo la forma
de lágrimas.


8

Aunque su orientación
siga siendo la misma,
se han primitivado mis palabras
buscando apariciones en lo absoluto.
Huyen mortalmente como imágenes
sedientas de esta superficie:
Desde aquí,
desplomarse en círculos
como un poema hondo.
Después de todo este tiempo,
en todo lo que surge de mí,
no han dejado de allanarse
a partir de mi tintura: Agua oculta,
inmanente,
confirmación de todo lo extraviado
en mi desorden.
Pero al ser yo quien las escribe,
yo quien merodea en torno
a esta superficie incalculable,
soy una especie de Agua oscura
que observa otra
sin sentido aparente
para intentar escapar de las palabras,
que también me escriben;
entonces
sucumbe la forma de lo que no se ve
entre lo que está dispuesto a frecuentarme.
Soy yo
la misma búsqueda de siempre.
La misma aparición en lo transcurrido.
Lo mismo.


9

Si la nombro,
toda emisión que origina la palabra
es oquedad, y me habita:
Compleja indiferencia la del lenguaje.
Complejo su envío que toda sed organiza.
Puedo saber que al papel le sucede lo que al agua,
advertir el desplome que contiene
cada página en blanco sin tocar el golpe.
Comprendo en mí su precipitación.
Es posible todo desde algún lugar:
Lugar exacto yo
destinado al precipicio.
Desde allí,
frente a cada rumor que admita,
toda caída
se irá fragmentando
en gotas.


10

Quizá
haya más certeza en su interior
que en mis palabras
(la hay en lo transcurrido).
Con ellas
me incomunico en ellas
y mi única perspectiva
es la dispersión a la altura
que es incierta.
Pero el Agua
habita hasta lo que no conozco
y yo, sospecha constante,
soy lo impreciso en toda emisión.
Me contiene sólo
cuando escondo intenciones
que nacen a partir de mi descenso.
El descenso se transfiere.
Su generalidad sujeta.
Aquí
no es el Agua una cuestión semántica.

20.10.08

LUZGARDO MEDINA EGOAVIL POR MARCO MARTOS:

A fines de Julio viajé a Lima para asistir a la 13ª FIL 2008, y el viernes 1 de agosto a las 7:00 de la noche se llevó a cabo la presentación de libros ganadores de la XIII Bienal de Poesía “Premio Copé Internacional 2007”: El zoo a través del cristal de Rocío Castro Morgado, Entre la sombra y el fuego de Juan Carlos Lázaro, Bajas pasiones para un otoño azul de nuestro amigo Luzgardo Medina Egoavil, así como la antología de los finalistas. Disertó Pedro Granados y casi terminando la presentación fué Marco Martos quien hablo —elogiosamente— sobre este tercer lugar:

«[Luzgardo] ha merecido también el COPE de Bronce en este concurso. Y, yo tuve —realmente—, el placer de encontrar, de descubrir, —para mí—, este… a un poeta de fuste ya en 1993. Y, a lo largo de estos años, he ido viendo poemas suyos en algunas revistas, y ahora me doy con la sorpresa de este libro suyo: Bajas pasiones para un otoño azul. Y él consigue aquí algo que no es muy frecuente en la poesía aunque sí en la novela, —en algunas novelas—. Se ha dicho —hablando de la novela— que una de las cosas más difíciles para un novelista varón es describir los sentimientos de una mujer, y viceversa. En las novelas de mujeres, a veces, los hombres parecen comparsas, entonces —en realidad—, hay que hacer un esfuerzo muy grande como el que hacen los dramaturgos, —por ejemplo—, de poner las voces justas en varones o mujeres, en obras de teatro o en novelas. Pero lo mismo ocurre en poesía y casi nadie intenta, a veces, hablar con voz de otros sino con su propia voz. Es Marguerite Yourcenar la que ha señalado que la mente del mejor creador es andrógina; es decir, que el creador que se esfuerce más tendrá que poder hablar como mujer o como hombre, como niño o como anciano, como adulto o como adolescente; todas las voces deben tener la capacidad de entrar en el estro de un poeta de fuste; y aquí Luzgardo consigue hablar —en algunos poemas—, con tono femenino. Según me decía un miembro del jurado —conversando posteriormente en estos días—, me dice: “todos preguntaban quién será esta poeta, de qué país será” (porque este […] concurso ya era internacional), y era un poeta de Arequipa que había sabido poder meterse en piel femenina en algunos de estos poemas magníficos».

Al finalizar la ceremonia y luego de comprame un par de paquetes de la colección: los tres primeros lugares más la antología de los finalistas (que estupendamente costaban sólo s/ 5.00 nuevos soles), nos tomamos algunas fotos junto a Lolo Palza, el mismo Luzgardo, Filonilo Catalina, Oscar Limache y Lenin Velarde Paredes con quien fui a celebrar por el premiado amigo (pues Luzgardo tenía que regresar esa misma noche por motivos de trabajo) con un delicioso vino en Pueblo Libre. (José Córdova).

*El vídeo fue grabado y subido a youtube por mi amigo Lenin Velarde Paredes.

18.10.08

TRAPECISTA: POEMAS DE FILONILO CATALINA


En este "II Concurso Literario de Poesía, Cuento y Ensayo Breve 2008" que organizó el semanario El Búho, resultó ganador el poeta Filonilo Catalina, y gracias a su gentileza, nos ha proporcionado el conjunto de poemas con el que logró dicho galardón. Bon appétit!


( I )
Pongo el mar sobre éste poema y el agua se rebalsa

Soy
Ese animal disecado
Que no sabe que murió hace tiempo

Mi país mide lo que miden mis zapatos

Todo árbol tiene
Un pájaro aprisionado en su pecho
Y
Si no cito un ave en éste poema
Es / porque
No quiero que esta hoja se vaya volando.


( II )

Voy a contarles
Del secreto temor que guarda mi bolsillo derecho
Y de cómo
Me era fácil adivinar la edad de una flor encontrando mariposas muertas
[a su alrededor

ESTAMOS HABLANDO DEL DOLOR
Colgar animales vivos de los pies
E / instruirse en el arte de las flores secas

Recuerdo
La risa discreta que tenía la puertaycalle de la casa
--------Y la imposible mueca de una flor

LES HABLARÍA DE MI ZAPATO
PERO ESTE POEMA NO TIENE COMO TEMA LA TERNURA

ESTAMOS HABLANDO DEL temor
Y de cómo duerme disecada en mi cama una emoción

Pero un poema solo es un poema
Mejor / hablar de ternura
Y tocar —de una vez Y PARA SIEMPRE— mis zapatos
Que cargan todo el día con éste corazón.


( III )


Te he visto desnudo en los mercados
Maldecirte
Y NO poder llorar
Ese animal que todos llevamos dentro
TE HE VISTO
Calcular el peso de la luna por las calles
Sobre la banca de los parques
En cada una de tus manos
Sobre la rama más alta de los árboles
·
CALCULAR
La diferencia de tu corazón —en Kg. Masa— con un astro
E intentar / una fórmula que resuelva la intensidad de la pena

Te he visto------------------------------------------------------------------------------------ Al final del día
Desatar tus zapatos
—y también tu corazón—
Para descansar
DESPERTAR
Sin percatarte
De los días que te miran como animales mansos
Salir sin peinarte y decir “buenos días” en la calle

Ajustarte los zapatos
Acordarte del corazón
Desnudarte con paciencia
Y
ESPERAR...


(IV)

Yo sé lo que te cuesta
Arrastrar tus sueños por la calle
Luchar —a cada paso—
Contra la fuerza de la gravedad
Conozco
—aun cuando escondas en los bolsillos—
El más descarnado gesto de tus manos
A veces
Hemos roto la luna en nuestros ojos
Y el olfato nos dijo que siempre sería peor
Sé / del gris color que te espera cuando estás solo en tu cuarto
Del filudo metal que pende sobre tu cabeza mientras sueñas
Cuando sueñas
Lunas / que se pierden en los ojos redondos de las niñas
Que alargan su mano / señalando
Un camino que siempre está ausente de tus pasos.


(V)
Yo he visto
Crecer la soledad como la flor más rara en aquel macetero de tu cuarto
Y luego / te he visto cosecharla con esmero
Por ello te propongo
Dejar / que se derrita la luna en nuestros pechos
Todos los días / asistir al desfloramiento del mar
Salir de nuestro cuerpo y
Abrazar / ese astro que desaparece en el espacio
Pintarnos / de violeta el corazón
¡Pero no sigas llorando! que mojas el más bello de mis sueños
No llores / que me recuerdas / a un girasol muriendo
¡Pequeño ángel ebrio que inaugura las mañanas!

Mantén abierta la palma de tus manos
Y deja
Que los sueños choquen a toda velocidad con la luz de los semáforos
Es de noche / hace frío
La ciudad vomita toda clase de zapatos
Las calles
Se sacuden los pasos del amanecer y se colocan su abrigo clásico

Quizá este sea el último pajarito de papel que tiro al espacio
... extiende / la palma de tu mano.

En la imagen: el autor.
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