19.3.09

WITOLD GOMBROWICZ Y VIRGILIO PIÑERA


Por Juan Carlos Gómez

El primer gombrowiczida polaco que apareció en Francia fue el Príncipe Bastardo, y el primer gombrowiczida hispanohablante que apareció en la Argentina fue Virgilio Piñera aunque, hay que decirlo, Gombrowicz ya tenía algunos admiradores en el país.Gombrowicz designó a Piñera como presidente del comité de traducción de “Ferdydurke”, un trabajo que la mayor parte del tiempo se realizó en el café Rex: —Joyce dispuso de una sola persona para traducir su Ulises, yo dispuse de veinte para traducir mi “Ferdydurke”.

Antes de llevar adelante esta empresa Piñera ya se había hecho una composición de lugar respecto a Gombrowicz en las mesas de café: —Así que usted viene de la lejana Cuba. Todo muy tropical por allá, ¿no es cierto? ¡Caramba, cuántas palmeras!

El misterio del origen del vocablo “Ferdydurke”, en los tiempos del Rex en que se traducía “Ferdydurke”, resultaba impenetrable para Piñera, tanto como la verosimilitud de la historia que le contaba sobre su viaje a la Argentina. Pero mientras que para el vocablo tenía una versión única: no significa nada, para la historia tenía varias. El relato del viaje era el primer plato de la conversación con Gombrowicz y fue escuchado por todas las personas que se acercaban al autor de “Ferdydurke” en aquellos años.

Destacaba que en el barco era invitado de honor, que almorzaba en la mesa del capitán con el que sostenía conversaciones filosóficas y al que le daba consejos místicos. Repetía hasta el cansancio que no le había gustado Río de Janeiro porque su vegetación era demasiado verde y porque los morros eran muy dudosos, y tantas veces como lo de la vegetación, repetía que no había regresado a Polonia por los intensos estudios del alma sudamericana que había iniciado el día anterior a la partida del barco.

“Cuando apareció ‘Ferdydurke’, llovió sobre él el fuego graneado de los gramáticos. En general, tenían razón. Las objeciones de Sabato, de Capdevila, y tantos otros, se fundamentaban en argumentos contundentes. No creo, sin embargo, que por haber empleado mal algunas palabras, o de haber tomado otras en una acepción bastante discutible, la traducción fuese absolutamente mala. Sin que pretenda justificar esas faltas lo cierto es que tales errores se debieron a que fue imposible, en vista a la inminente aparición del libro, hacer una revisión al microscopio. Yo no creo, sinceramente, que a pesar de que uno que otro adverbio haya sido mal empleado, o de que un sustantivo haya sido usado impropiamente, la versión española de “Ferdydurke” resultara ilegible”.

Toda esta historia había empezado cuando el maestro Paulino Frydman, director de la sala de ajedrez del café Rex, consiguió milagrosamente traer un ejemplar polaco de “Ferdydurke” a la Argentina, pero ni Piñera ni las otras personas que ayudaron a Gombrowicz a poner en español a “Ferdydurke” pudieron comparar las dos versiones pues no sabían polaco. Los polacos hispanohablantes observaron después que Gombrowicz había creado una versión más fácil de la novela para atraer la atención del lector al contenido del libro.

Por medio de la eliminación de las partes difíciles y estilísticamente más extrañas, reemplazadas por un breve sumario del sentido del fragmento faltante, los autores de la traducción se propusieron no desalentar a los lectores en el mismo comienzo de la obra.

Por otro lado, los traductores de Gombrowicz, jugando con una mezcla de estilos y variaciones del castellano y sin atender demasiado a la corrección, crearon un lenguaje tan fuera de lo convencional que irritaron a los puristas. El lector no sabía descifrar muy bien a “Ferdydurke”, pues no sabía en qué grado el lenguaje dependía de las licencias poéticas del autor o de la traducción misma. Por eso no podía juzgar adecuadamente el trabajo de los traductores, ni aún el mismo libro. El motivo general del rechazo a “Ferdydurke” no fueron sin embargo las cuestiones lingüísticas, sino la inmadurez por parte de los lectores para entender el aspecto filosófico del libro.

Virgilio Piñera define a la obra como la realización de un análisis espectral, como un examen de conciencia que todavía hacía falta en la cultura.

Ve a “Ferdydurke” como una sátira y la compara con Don Quijote. Según Piñera, a través de lo grotesco y lo absurdo Gombrowicz muestra los mecanismos de la forma, y gracias a su madurez en el oficio, no cae en la trampa de la pura dialéctica que mataría la poesía de la obra. Hasta aquí estamos viendo a “Ferdydurke” con la mirada de Virgilio Piñera, ahora vamos a ver un poco “La carne de René” con la mirada de Gombrowicz.

Hay naciones que miran y otras que se sienten miradas. En la época de Gombrowicz, las capitales del cuadrilátero de la cultura: País, Roma, Inglaterra y Berlín, se pasaban la vida mirando, mientras otras capitales del mundo se sentían miradas con desdén.

El que es mirado suele maniobrar en forma defensiva, Sudamérica pertenecía al gran mapa de les regiones periféricas que se sentían miradas, no podían luchar con esa mirada desdeñosa, era una tierra fértil para el cultivo del gran absurdo.

Después de leer “La carne de René” Gombrowicz se ocupa de Piñera en los diarios y lo pone bajo la lupa con la que observa la rebelión inmadura sudamericana contra la cultura europea.

“Piñera, al sentirse impotente, rinde homenaje al gran absurdo, que lo aplasta; en su arte la adoración del absurdo es una protesta contra el sin sentido del mundo, hasta una venganza, una blasfemia del hombre ofendido en su moralidad. ‘Si el sentido, el sentido moral del mundo, es inaccesible, me dedicaré a hacer payasadas’; tal es el aspecto aproximado que tomaban la venganza de Piñera y su rebeldía”.

Pero fue en la región central de las miradas donde aparecieron por primera vez las miradas absolutas y también el gran absurdo. Kierkegaard, en su famoso “¡O esto o aquello!”, crucifica a la razón para aceptar la paradoja absoluta que él ve en Cristo.

Como su tiempo no quiso aceptar su esto o aquello, se rebeló contra la sociedad, contra su propia iglesia, y contra el mismísimo matrimonio, porque, conforme a su exigencia de una pureza absoluta, la procreación le parecía pecaminosa.

Y el Roquentin de Sartre se rebela contra el mundo porque el mundo no es como debiera ser de acuerdo a sus postulados absolutos. El hecho de que Kierkegaard fuera teísta y que Sartre fuera ateo, resulta de la menor importancia, ya que lo que ambos tienen en común es mucho más esencial: la demanda de lo absoluto en un mundo relativo, y la actitud de rebelión contra ese mundo que no se pliega a sus demandas absolutas.

Piñera, díganos qué impresión le causa Gómez; —Es un joven muy conversador; —No, Piñera, háblenos de los defectos; —No sé qué defectos tiene, Gombrowicz, no lo conozco; —¿No le parece que a veces le falla el lenguaje?; —Sí, lo he notado; —Le falla porque es joven, naturalmente; —Sí, es muy joven.

Virgilio Piñera es uno de los grandes escritores cubanos. En febrero de 1946 viajó a Buenos Aires donde residió, con algunas interrupciones, hasta 1958. Aquí trabajó como funcionario del consulado de Cuba, como corrector de pruebas y como traductor.

Para llevarle la contraria a “Aurora”, la revista de la resistencia que había creado Gombrowicz, fundó la revista “Victrola”, y para llevarle la contraria a Lezama Lima, con quien había polemizado agriamente, fundó la revista “Ciclón”, una publicación de gran importancia en la historia de la literatura cubana. En 1952 apareció su primera novela, “La carne de René”.

Colaboró con la revista argentina “Sur” y con las francesas “Lettres Nouvelles” y “Les Temps Modernes”. En 1958 abandonó la Argentina y se instaló definitivamente en Cuba donde murió en 1979. En los últimos años de su vida Piñera fue condenado al ostracismo literario por las autoridades de las instituciones culturales oficiales cubanas, en gran parte debido a su condición de homosexual, una condición que él nunca había ocultado.

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