24.2.09

WITOLD GOMBROWICZ Y DIONYS MASCOLO


Por Juan Carlos Gómez

Gombrowicz le ha dedicado en los diarios tantas páginas a Dionys Mascolo como a Sienkiewicz o a Dante, había encontrado un parentesco con ese francés conocido por su comunismo atormentado.

El interés que le despertó la lectura de “Le Communisme” quizás tenga algo que ver con el hecho de que se trata de un comunismo refinado, condimentado con todos los sabores elitistas, un comunismo para la aristocracia. Recordemos que Gombrowicz no fue comunista ni existencialista pero en ambos casos estuvo cerca de serlo, y no lo fue por su aversión natural a las ideologías y a los credos.

El objetivo expreso de este libro es poner en el primer plano del marxismo la teoría de la necesidad como base del materialismo dialéctico. Mascolo no era un creyente, era un intelectual que intentaba organizar su propia posición entre el comunismo y el intelectualismo clásico.

La mayor dificultad con la que se encuentra Mascolo es la de que el comunismo no es una idea ni el descubrimiento de ninguna verdad, es solamente un instrumento que le permite al hombre llegar a la verdad y a la idea.

El comunismo intenta liberar al hombre de sus dependencias materiales pues estas dependencias no le permiten pensar ni sentir correctamente de acuerdo a su verdadera naturaleza, y es esta correspondencia intensa entre el espíritu y la naturaleza el quid de “Le Communisme”.

“La contundente tesis sobre el paralelismo entre el espíritu y la materia, esta idea fascinante y reveladora, aparece aquí como Dios se le apareció a Moisés, y dicta su ley”.

Gombrowicz se sentía próximo a Mascolo, habían tenido los mismos maestros pero Mascolo, siguiendo el mismo camino de Gombrowicz, había llegado a otro lugar desde el que se apreciaba un panorama distinto.

A Gombrowicz le resultaba difícil oponerse al comunismo pues el pensamiento comunista era prácticamente se propio pensamiento, sin embargo en algún lugar esta inclinación intelectual se le volvía deforme, extraña y hostil.

No había respeto, autoridad ni afecto que lo pudieran frenar pues era libre, a pesar de esto rechazó el comunismo. A Mascolo le ocurrió algo parecido a Gombrowicz pero se quedó en el camino.

Para dominar el mundo Mascolo recurrió a un pensamiento más fuerte que el suyo propio, un camino que Gombrowicz evitó, pero como no pudo dominar este pensamiento, hacerlo verdaderamente suyo, el pensamiento lanzó a Mascolo contra el mundo. Como el cometido era superior a sus fuerzas intentó transformarse a sí mismo para ponerse a la altura del cometido, pero este intento convirtió a Mascolo en un instrumento de sí mismo.

Mascolo se transformó para Mascolo en un obstáculo más, de modo que ahora no sólo tenía que dominar el mundo sino también a Mascolo.

“Por eso su libro está escrito más para él mismo que para los demás: Mascolo transforma a Mascolo cortándole ante todo los caminos de retirada”.

Cuando alguien se corta la retirada se pone inmediatamente en la vereda de enfrente de Gombrowicz. Como un gato, anda buscando ese punto de ruptura donde el comunismo se le vuelve extraño y hostil. Gombrowicz está de acuerdo con el marxismo en que la necesidad está en la base del valor, pero esta relación entraña una dificultad que los comunistas no han podido resolver. El dilema que plantea la doctrina no es filosófico sino productivo, es decir, tiene como imperativo demostrar que es más eficiente para producir bienes y distribuirlos que el sistema capitalista; hasta que esta capacidad quede demostrada, todas las otras deliberaciones no son más que sueños.

Gombrowicz no puede inmiscuirse en este asunto, a él le importa la personalidad y no las ideas; él, en tanto que artista, se especializa en constatar cómo las ideas influyen en las personas pues una idea abstraída de su relación con el hombre no tiene valor. Las dos aporías que le plantea el comunismo, una, respecto al sentido moral, y la otra, respecto a su sistema productivo, sólo se pueden resolver escapándose de ellas: hay que retirarse de su exceso hacia una dimensión más humana. La capacidad que puede desarrollar un hombre para tomar distancia, para retirarse, escaparse, huir de una situación, de las ideas, de los sentimientos, de sí mismo o de lo que sea, es la única y verdadera libertad. No es que tenga que huir, pero tiene que tener la posibilidad de hacerlo.

Mascolo en cambio se precipita contra el cosmos estimulándose a sí mismo a correr cada vez más rápido, la realidad se le vuelve terriblemente fluida, y esa infinitud indefinida le crispa los nervios porque Mascolo, igual que todos los hombres, desea un mundo definido.

“Toda la dialéctica del desarrollo, del devenir, de la dependencia, es una sutil mentira que debe ocultar el único anhelo esencial del hombre, el anhelo de lo definido. Destruye la forma para imponer una nueva forma —sin la forma no puede existir—, y, cualquiera que sea esta nueva forma, desde el momento que la ha escogido, tiene que llevarla a la plena realización. ¿Por qué ha dicho A? No lo se sabe. Pero al haber dicho A tiene que decir B”.

De un viejo refrán aprendimos que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. No es el caso de Gombrowicz, no hay regla que no tenga su excepción, pero podría ser el caso de Mascolo. Nadie le puede regatear los méritos a este intelectual comprometido, pero es más bien recordado como compañero sentimental de Marguerite Duras.

No está nada mal que Gombrowicz haya puesto la atención en este marxista francés cuya existencia estuvo marcada por una rebeldía e inquietud innatas. “Le Communisme” es una obra en la que Mascolo refleja la contradicción de un espíritu que se atormenta entre la imposibilidad ser comunista y la necesidad de ser el comunista, una contradicción que tiene alguna analogía con la de Gombrowicz, pero al revés. Forzando un poco las cosas podríamos decir que Gombrowicz tenía una necesidad de ser el comunista que no era, pero le resultaba imposible serlo.

Mascolo se puso del lado de los estudiantes franceses en los acontecimientos de mayo de 1968, y firmó la condena de la Unión de Escritores de Francia que calificó a Gombrowicz de reaccionario.

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